CHAPTER 2: STUDIES 1 AND 2 (SUBGROUP GENERATION)
4. Study 2
4.4 Results
Son muchos los estudios relevantes sobre la incorporación de las TIC en los centros, que tratan de determinar el estado de la cuestión sobre los factores y procesos de integración de las TIC en diferentes ámbitos.
Sin embargo, y como recogen Martínez y Gutiérrez (2011), “las nuevas tecnologías precisan de unos requisitos, o mejor prerrequisitos, sin los cuáles no puede hablarse de incorporación de las mismas a ningún ámbito de la enseñanza” (p. 21), (ver figura 9).
Figura 9. Necesidades ante las nuevas tecnologías. Fuente: Martínez y Gutiérrez (2011)
A partir de esta premisa, se proponen diversas definiciones de integración curricular de las TIC que la literatura especializada nos proporciona según diferentes autores y sociedades. Sánchez (2003) define la integración de las TIC como el proceso de hacerlas enteramente parte del currículum, como parte de un todo, permeándolas con los principios educativos y la didáctica que conforman el engranaje del aprender. Ello fundamentalmente implica un uso armónico y funcional para un propósito del aprendizaje específico en un dominio o una disciplina curricular.
Necesidades ante las nuevas tecnologías
Acceso técnico
Acceso práctico (disponibilidad de tiempo) Acceso operativo Acceso criterial (tecnológico) Acceso relacional: Científico Metodológico
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De esta manera, la integración curricular de las TIC implica: - Utilizar transparentemente las tecnologías.
- Usar las tecnologías para planificar estrategias para facilitar la construcción del aprender.
- Usar las tecnologías en el aula.
- Usar las tecnologías para apoyar las clases. - Usar las tecnologías como parte del currículum.
- Usar las tecnologías para aprender el contenido de una disciplina. - Usar software educativo de una disciplina.
Diversos autores plantean la necesidad de la integración curricular de las TIC expresada en una planificación curricular de aula, de forma que su uso responda a necesidades y demandas educativas. Así, Reparaz, Sobrino y Mir (2000; Escudero (1992); Vásquez y Martínez (1997) señalan que una adecuada integración curricular de TIC debe plantearse, no como tecnologías o material de uso, sino como tecnologías acordes con los conceptos y principios generales que rigen las acciones y los procesos educativos. Si nos preguntamos por qué tenemos que integrar las TIC en la educación, podemos indicar, tal y como afirma Marqués (2012), que se debe a tres principales razones: la primera sería la necesaria alfabetización digital de los alumnos, ya que todos deben adquirir las competencias básicas en el uso de las TIC; en segundo lugar, por la productividad, para aprovechar las ventajas que proporcionan realizar actividades como: preparar apuntes y ejercicios, buscar información, comunicarnos (e-mail), difundir información (weblogs, web de centro y docentes); y, en tercer lugar, para innovar en las prácticas docentes, es decir aprovechar las posibilidades didácticas que ofrecen las TIC para lograr que los alumnos realicen mejores aprendizajes y reducir el fracaso escolar.
Lo relevante debe ser siempre lo educativo, no lo tecnológico. Las TIC no tienen efectos mágicos sobre el aprendizaje, ni generan automáticamente innovación educativa (ni se es mejor o peor profesor, ni los alumnos aumentan su motivación, interés, rendimiento...)
Es el método o estrategia didáctica, junto con las actividades planificadas, las que promueven un tipo u otro de aprendizaje (recepción, descubrimiento...)
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Los alumnos deben hacer cosas con la tecnología. Las TIC deben usarse tanto como recursos de apoyo para el aprendizaje académico de las distintas materias curriculares, como para la adquisición y desarrollo de competencias específicas en TIC. (Marqués, 2012, p. 12).
La Sociedad Internacional de Tecnología en Educación (ISTE) define la integración curricular de las TIC como,
La inclusión de las TIC como herramientas para estimular el aprender de un contenido específico o en un contexto multidisciplinario. Usar la tecnología de manera tal que los alumnos aprendan en formas imposibles de visualizar anteriormente. Una efectiva integración de las TIC se logra cuando los alumnos son capaces de seleccionar herramientas tecnológicas para obtener información en forma actualizada, analizarla, sintetizarla y presentarla profesionalmente. La tecnología debería llegar a ser parte integral del funcionamiento de la clase y tan asequible como otras herramientas utilizadas en la clase (ISTE, 2015).
Respecto a las fases en la integración de la tecnología en la educación, son muchos los autores que han hecho diversas propuestas (Dwyer, Ringstaff y Sandholtz 1991; Mandinach y Cline 1994; Rogers, 1995; Romagnoli, Femenías, y Conte, 1999; Sánchez, 2003; Noon, 2005 todos ellos recogidos en Reyes y Guevara (2009). Leister (2008) asesor de tecnología educativa en California, propone tres fases al integrar la tecnología en la educación (Cabello, 2015):
- Fase I: Uso de la tecnología para presentación de contenidos (estudiante es receptor). - Fase II: Uso de la tecnología para acceder a la información y resolución de
problemas (investigación basada en la Web, estudiante tiene un rol activo).
- Fase III: Uso de la tecnología para producir y compartir productos (estudiante es creador), que son resultado y evidencia del aprendizaje realizado.
Afirma que estas fases pueden coexistir, y no son exclusivas en sí mismas, sino que pueden servir de apoyo a las demás, e insiste en que existe un requisito indispensable para que pueda llevarse a cabo y esa es la competencia digital del docente.
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Además, las fases anteriores señaladas se pueden relacionar con otras fases de integración de las TIC con una escala de adopción tecnológica desarrollada para el proyecto denominado ACOT (Apple Classrooms of tomorrow) de Dwyer, Ringstaff, y Sandholtz (1991) recogido en Reyes y Guevara (2009):
1. Acceso: Se planteaba una duración aproximada de un año para esta fase. Los profesores aprenden el uso básico de la tecnología.
2. Adopción: Los profesores usan los ordenadores para hacer lo mismo que hacían sin ordenadores. La innovación didáctica es escasa, se usa la tecnología con fines principalmente expositivos, pero se inicia la adopción del uso de dispositivos tecnológicos.
3. Adaptación: Se integra la nueva tecnología en prácticas tradicionales pero aumentando la productividad, aumentando el ritmo y la cantidad de trabajo. Los alumnos empiezan a utilizar la tecnología para hacer lo mismo que hacían antes, pero con más opciones.
4. Apropiación: En esta fase los profesores comienzan a experimentar nuevas estrategias pedagógicas utilizando la tecnología, abriéndose a posibilidades que sin la tecnología no serían posibles. Docentes y estudiantes se van apropiando de la tecnología como importante medio que potencia y mejora las actividades de aprendizaje.
5. Innovación: A esta fase no llegan todos los profesores. Se utiliza la tecnología de una manera que antes no la había utilizado nadie. Los profesores innovan, crean cosas nuevas. Los estudiantes son parte activa en esos procesos.
Asimismo, Mengual y Blasco (2006), también destacan la importancia de la escala de adopción tecnológica desarrollada dentro del proyecto ACOT. No obstante, para su estudio, optaron por el Stages of adoption of technology de Christensen y Knezek desarrollada y valorada en 1998 y revisada en el 2001. Está compuesta por 6 niveles inspirados en los niveles descriptos por Rogers en 1995, afirmando que es la única escala que adapta su contenido y descripciones para hacer una evaluación del nivel de adopción tecnológica de los docentes.
En publicaciones más recientes Llorente, Cabero y Barroso (2015) proponen que “las TIC que utilice el profesor en su práctica docente deben ser percibidas, más que como elementos técnicos, como elementos didácticos y de comunicación” (p. 47). Así, Cabero citado por Llorente, Cabero y Barroso (2015) y Cabero (2015) señala que la
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incorporación educativa de estos instrumentos tecnológicos se podría hacer desde tres posiciones (ver figura 10), pero no entiende las tres posiciones como posturas contrapuestas, sino complementarias, requiriendo que el docente aplique sobre estos recursos educativos visiones y posiciones diferentes.
Figura 10. Tres visiones de aplicación de las TIC. Fuente: Cabero (citado por Llorente, Cabero y Barroso, 2015)
Aplicaciones que van desde la perspectiva de las TIC más centrada en los aspectos tecnológicos e instrumentales, pasando por las TAC en las que las tecnologías son vistas como herramientas para la realización de actividades para el aprendizaje y el análisis de la realidad circundante y por último la posición de las TEP perciben las tecnologías no como meros recursos educativos, sino como instrumentos para la colaboración de docentes y discentes. (Cabero, citado por Llorente, Cabero y Barroso, 2015, pp. 49-50).