6.3 Evaluation Methodology
6.4.1 Retrieval effectiveness
Aunque el término calidad de vida es un concepto asociado a las últimas décadas del siglo XX y principios del nuevo milenio, las medidas iniciales destinadas a incrementar la CdV de la población tuvieron sus primeros esbozos en Gran Bretaña a mediados del siglo XIX. Las estrategias estaban orientadas hacia los aspectos sanitarios con la finalidad de “mejorar las condiciones de vida de los pobres”2 y, en particular las asociadas al alojamiento, que a raíz de la Revolución Industrial presentaba situaciones deplorables. A su vez, la reivindicación de mejores situaciones de higiene y vivienda (conocido como ambientalismo obrero) fue una de las primeras demandas organizadas de mejoras medioambientales. Sin embargo, otro grupo conformado por intelectuales liberales, médicos humanistas y filántropos procedentes de la clase media y burguesía, presionaron al parlamento británico para mejorar la calidad de las aguas para evitar futuras epidemias de cólera que no distinguía clases. Por tanto, el éxito que tuvo esta corriente hay que buscarlo en el hecho de que la salubridad urbana afectaba tanto a los ricos y poderosos como a los pobres, dado que las enfermedades infecciosas podían desarrollarse entre ellos sin distinción, por lo que era objetivo común poner los medios necesarios para evitarlas (Naredo, 1994: 242).
Asimismo, estos sectores aristocráticos fueron los defensores iniciales de los espacios naturales contra las afecciones causadas por la industrialización. Sin embargo, el interés no respondía a principios ecológicos (noción que todavía no existía) sino al temor de no poder continuar realizando prácticas deportivas tradicionales como la pesca y la caza, además del desarrollo del incipiente turismo. De esta manera aparece la génesis de la conservación que se traduciría en la creación de los primeros santuarios de la naturaleza que evolucionarían hasta convertirse en parques o reservas naturales (Richmann y Fernández Buey, 1994).
De todas maneras, habría que esperar hasta la década del setenta del siglo pasado para que la cuestión ambiental alcanzase gran popularidad hasta convertirse en una temática de moda que trascendió los ámbitos académicos para llegar a todos los sectores de la sociedad.
La primera discusión mundial sobre la relación entre desarrollo y ambiente se dio en la Conferencia sobre Ambiente y Desarrollo organizada por Naciones Unidas en 1972 en
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Estocolmo. La misma fue, en realidad, la primera Cumbre de la Tierra y quedó de manifiesto, por primera vez a nivel mundial, la preocupación por la problemática ambiental global. En ese mismo año se publicó el informe Los límites del crecimiento preparado por un equipo de investigadores de Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT, en inglés) que estudió la relación de la población humana con la explotación de los recursos naturales a partir de la elaboración de proyecciones demográficas hasta el año 2100. Entre los resultados se destaca una drástica reducción de la población de todas las especies vivas del planeta, a causa de la contaminación, la pérdida de tierras cultivables y la escasez de recursos energéticos.
En 1983, la Asamblea General de las Naciones Unidas creó la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CMMAYD) la cual tuvo su primera reunión al año siguiente, 1984, y emitió una agenda global para el cambio. En el año 1987, en el
Informe Brundtland denominado Nuestro Futuro Común, elaborado por la CMMAYD,
se formalizó por primera vez el concepto de desarrollo sostenible que lo define como aquél que logra satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de satisfacción de las futuras generaciones. Al considerar el futuro, expresado como solidaridad intergeneracional, el Informe Brundtland estaba definiendo un límite en las posibilidades de consumo de las generaciones presentes, es decir, reconoce la existencia de límites últimos para el crecimiento económico.
También en la década del sesenta comenzaron a aparecer publicaciones destinadas al público general que alcanzaron el rango de best-sellers tal es el caso de La Primavera
Silenciosa de Rachel Carson. Consiguientemente la problemática se instala
definitivamente en la sociedad, superando los círculos académicos en la que se desenvolvía hasta entonces. Por último, la conferencia de Río de Janeiro, donde nace la
Agenda 21, realizada en el año 1992, acaparó una atención mediática pocas veces
igualada. En esa reunión se modificó la definición original del Informe Brundtland, centrada en la preservación del medio ambiente y el consumo prudente de los recursos naturales no renovables, hacia una idea basada en tres pilares que deben conciliarse en perspectiva del desarrollo sostenible: el progreso económico, la justicia social y la preservación del medio ambiente. Desde entonces la cuestión ambiental alcanzó una repercusión que no ha mermado y se ha hecho muy frecuente encontrar en los medios masivos de difusión referencias a problemas ambientales (Olivier, 1983). Sin embargo, ha generado una visión parcial ya que algunos fueron tomados como emblemáticos,
acaparando una atención mediática muy superior a otras cuestiones. Consecuentemente, muchos individuos están más informados acerca de la deforestación del Amazonas o del calentamiento global que de temas más inmediatos y cercanos a la realidad cotidiana, tal es el caso de la calidad del agua que se utiliza en sus viviendas.
En septiembre del 2002 se desarrolló la Conferencia Mundial sobre Desarrollo Sostenible (Río+10, Cumbre de Johannesburgo), donde se reafirmó al desarrollo sostenible como el elemento central en la agenda internacional y se dio un nuevo ímpetu a la acción global para la lucha contra la pobreza y la protección del medio ambiente.