6.3 Evaluation Methodology
6.3.1 Retrieval Effectiveness
De acuerdo a lo observado hasta el momento, el estudio de la CdV posee vertientes metodológicas de índole objetiva y otras de raigambre subjetiva. Para el autor de este trabajo, la dimensión subjetiva debe ser comparada pero no asimilada con respecto a la dimensión objetiva. Se rechaza, entonces, la incorporación de variables subjetivas al interior de la formulación y construcción metodológica de un índice de calidad de vida. Los desfases entre “medición” y “percepción”1 del universo de análisis pueden revelar situaciones de similitud y, al mismo tiempo, contradicción. Estas pueden devenir como resultado de falencias en los instrumentos de medición empleados, o pueden tornarse también, manifestaciones de la elaboración subjetiva -imaginario colectivo- de ciertos grupos sociales que, ante una dura realidad, construyen mecanismos de defensa para evadir las adversidades experimentadas (Velázquez, 2006: 43).
Inmediatamente surgen dificultades respecto de cómo evaluar esas interpretaciones subjetivas. Todas ellas se agrupan en torno de la naturaleza del error, pues resulta difícil identificar y explicar la posibilidad de conocer la interpretación que se hace de la
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calidad de vida como realidad objetiva a través de una herramienta que considera valoraciones subjetivas de esa misma realidad (García y Velázquez, 1998).
Sin embargo, a menudo se hacen hipótesis donde se postula que las mejoras en los indicadores objetivos de la CdV están asociadas con mejoras en la experiencia subjetiva de CdV cuando se sabe poco sobre la fuerza empírica de estas asociaciones. No deben ser considerados como dos medidas de la misma cosa, la distinción entre indicadores objetivos y subjetivos es útil debido a que uno se refiere a la experiencia pública de la CdV y otro con el aspecto privado e individual (Cummins, 1998).
Como señalan algunos trabajos metodológicos (Olave Farías, 1995) el concepto de CdV requiere contemplar, entre otras dimensiones, a la perceptiva. Ella consiste en evaluar, de acuerdo con las opiniones de los habitantes, el nivel de satisfacción y su preferencia habitacional y espacial, entre otras. La dimensión perceptiva sería así una perspectiva explicativa y complementaria de muchas de las variables objetivas.
Para Abalerón (1998), es posible encontrar al menos dos corrientes de autores con distintas visiones, que definen a la CdV desde extremos opuestos donde un primer grupo adhiere a una visión cuantificable, medible, objetiva. Indagan en el ambiente externo a las personas toda una gama de bienes y servicios que, potencialmente, deben estar a disposición de los individuos para la satisfacción de sus necesidades materiales e inmateriales. El segundo grupo defiende una postura cualitativa, no mensurable y subjetiva. Enfatiza el ambiente interno de las personas, culminando en aspectos exclusivamente perceptivos de contento o descontento ante diferentes dimensiones de la vida en general, y de aquellos bienes y servicios en particular.
En este sentido, Tonon citando a Vitterso, (2008) plantea la necesidad de separar los componentes objetivos y subjetivos de la CdV, considerando que el bienestar personal es un concepto más restringido que el de calidad de vida y es un vehículo para entender a los sujetos, sus sentimientos, motivaciones, pensamientos y acciones.
De esta manera propone una clasificación de los investigadores en CdV teniendo en cuenta el nivel de estudio y la unidad de análisis con los cuales trabajan, resultando cinco grupos:
a. Quienes investigan a nivel macro (societal) y conceptualizan la CdV a nivel de países, es el típico caso de los economistas;
b. Los dedicados a focalizar su trabajo en comunidades o regiones geográficas determinadas que permitan conocer las diferencias y/o similitudes entre distintos espacios socio-territoriales;
c. Los dedicados al estudio de la CdV y a la constitución de los determinantes de la calidad de vida en grupos específicos (por ejemplo niños, adultos mayores, pacientes, etc.);
d. Los que focalizan su trabajo en la esfera familiar; y e. Los que focalizan su trabajo en la esfera personal.
Estas clasificaciones han sido tenidas en cuenta en la organización de las mesas temáticas que se desarrollan en las Conferencias Internacionales anuales que organiza la ISQOLS, en distintos lugares del planeta.
Existen pocos trabajos que planteen de forma empírica la configuración espacial de la CdV y menos son los que estudian la combinación conjunta de las dos vertientes. Se pueden mencionar tres estudios donde queda demostrado el contraste entre los dos tipos de indicadores: el de Mc Rea et al (2006) en el cual por medio del uso de SIG queda plasmado el bajo nivel de correlación entre ambos. Igualmente, a nivel local Lucero, et al (2008) combina aplicaciones cualitativas, en este caso una encuesta, con los resultados de un índice de calidad de vida elaborado con anterioridad. Por otra parte, García y Velázquez, 1998 también acuerdan un índice objetivo con otro subjetivo elaborado sobre la base de encuestas para la ciudad de Tandil con resultados mixtos. Consecuentemente, la asociación de configuraciones espaciales con datos de base cuantitativa y cualitativa demuestra, generalmente, discordancia entre las distribuciones obtenidas. Sin embargo, es importante destacar que las evaluaciones analizadas exhiben dos aspectos sustancialmente diferentes: la primera remite a la presencia o ausencia de satisfactores considerados válidos desde el punto de vista social en un momento determinado; la segunda conlleva la vivencia propia de cada persona, a manera de balance general del nivel de satisfacción sobre sus experiencias a lo largo de toda su biografía.
Estas observaciones llaman la atención sobre el cuidado que debe prestarse al evaluar la CdV de la población, y sobre el aporte específico que es posible realizar desde la disciplina geográfica, en el sentido de lograr territorializar la dinámica socioespacial con
el uso separado de técnicas cualitativas y cuantitativas para el análisis, con el fin de acceder a la complejidad de los fenómenos sociales y del bienestar de la población.