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Gould (1967, p. 152), citando a Sexto Empírico, señala que el único acuerdo aparente entre los defensores de las cuatro diferentes definiciones de las condiciones de verdad de un enunciado condicional en la lógica estoica era que “una proposición condicional es verdadera (…) cuando su consecuente se sigue de su antecedente” (traducido del inglés, Sexto, Adv. Math. viii. 112, citado por Gould, 1967, p. 152). Gould concuerda con Mates (1953, 1961) en que el ejemplo de condicional diodóricamente verdadero ofrecido por Sexto Empírico: “si los elementos atómicos de las cosas no existen, los elementos atómicos existen”, expone con claridad la conciencia que tenían los antiguos de las paradojas de la implicación diodórica. Según la tercera definición, que prima facie coincide con la de la implicación estricta, ni los ejemplos de condicionales verdaderos en la definición filónica, ni los de condicionales verdaderos en la definición diodórica serían verdaderos con la definición de la “teoría de la conexión” (sunartesis) del condicional. En ésta versión, dice Gould (1967, p. 153), un ejemplo que satisface a la definición sería ‘si es de día, es de día’, lo cual sugiere que posiblemente sólo los condicionales cuyos antecedente y consecuente son el mismo pueden cumplir con el criterio de verdad de la teoría de la conexión. Esto es lo rechazado por la cuarta definición del condicional.

Gould (1967, p. 156) considera que hay muy fuertes razones para creer que la tercera forma de implicación descrita por Sexto es la crisípica y para ello remite a una cita de la obra Sobre el Destino de Cicerón realizada por William y Martha Kneale en su libro

El Desarrollo de la Lógica que sugiere tal adscripción; además cree que el tipo de

incompatibilidad mencionada en esa definición es de naturaleza empírica y no lógica. Gould indica que sostener esto requiere tener en cuenta la doctrina crisípica de la causación y de la adivinación. Para Crisipo, dice, todo sucede según el destino, el cual es la cadena causal que lo permea todo, es decir, que todo suceso está causalmente determinado y que la ciencia de la adivinación es aceptable y funciona gracias a esto. Entiéndase adivinación en su uso estoico, sugiere Gould, como la inferencia de nuevos sucesos a partir de otros ya continua y repetidamente observados en la experiencia (base empírica). De nuevo con referencia a Cicerón, Gould expone un ejemplo de regla

astrológica en forma condicional: “si alguien nace en la salida de la Estrella del Perro, no morirá en el mar”, expuesta por aquél que, dado el destino, sería inevitable, y con la cual Cicerón expuso su deseo de que Crisipo no desistiera en el debate con Diodoro. Mientras que Diodoro sostenía que lo posible era aquello que o bien es o bien será verdadero, Crisipo sostenía que en algunos casos lo posible no era ni llegaba a ser verdadero; aunque los dos concordaban en que todo suceso pasado verdadero era necesario. Parece que Cicerón estaba sugiriendo, con su deseo de que Crisipo no dimitiera frente a Diodoro, que había un conflicto entre la doctrina crisípica de la posibilidad y la creencia de Crisipo en el destino (Gould, 1967, p. 157), ya que para ese tipo de fatalismo sería imposible una afirmación falsa sobre el futuro, pues si se supone que lo que ocurrirá es inevitable, toda afirmación que se haga sobre el futuro será necesariamente verdadera, luego no puede ser que “h sucederá” sea falsa; mientras que la noción crisípica de posibilidad abarcaría a tal afirmación falsa sobre el futuro. Gould (1967, p. 158) infiere que el criterio de verdad que satisfaga el condicional astrológico es el mismo aprobado por Crisipo.

Para determinar de cuál criterio se trata, Gould reconstruye el argumento de Cicerón sobre el análisis del condicional astrológico en relación con el tercer tipo de condicional indicado por Sexto y explicitando el supuesto de la posibilidad diodórica, para concluir que las afirmaciones falsas sobre el futuro son imposibles. Pero, señala, la reconstrucción y análisis del argumento de Cicerón explicita que “las afirmaciones falsas sobre el futuro son imposibles” es una premisa y no una conclusión en él y que, de hecho, la formulación adecuada sería “las afirmaciones sobre el futuro son falsas”, además de mostrar con esto cómo Crisipo saldría bien librado de la contradicción que se le imputa al señalar que su noción no diodórica de posibilidad no se contradice con el fatalismo moderado de que las afirmaciones sobre el futuro sean falsas. Pero esto no implica, diría Gould (1967, p. 159), que el argumento de Cicerón deje de arrojar luces sobre la implicación supuestamente crisípica, pues la conjunción, en mi paráfrasis de Gould, “A nace en la salida de la Estrella del Perro y A morirá en el mar”, en la cual “A morirá en el mar” es la negación del consecuente del condicional astrológico, no es lógicamente incorrecta sino, con mayor seguridad, la conjunción de dos sucesos empíricamente incompatibles. El condicional astrológico seguramente sería formulado como una conclusión en un proceso de inferencia adivinatoria, ésta en el sentido previamente

explicado, tal que afirmar el antecedente y negar el consecuente de dicho condicional sería como negar la naturaleza de ciertos sucesos observados regularmente. La imposibilidad en el condicional del tercer tipo sería relativa en el sentido aclarado por Lewis y Langford en su obra Symbolic Logic, y no en sentido absoluto, es decir, entendiendo ‘imposible’ como “no consistente con los datos o con lo que ya se conoce” (traducido de la cita de Lewis, C. I. y Langford, C. H., p. 161 realizada en Gould, 1967, p. 160) y no como lógicamente incompatible. Al respecto, y cosa que es relevante para este estudio, Gould (1967, p. 160) en su nota a pie de página número 35 dice que “se hace evidente que, en nuestra visión, la implicación crisípica no es la implicación estricta de Lewis”, además de resaltar que también difiere de la filónica porque ésta “no expresa conexiones en la naturaleza” (Gould, 1967, p. 160) o entre objetos en la naturaleza como sí lo está destinada a hacer la crisípica. No sobra aclarar que, partiendo del supuesto de que no es seguro que el tercer tipo de condicional sea de Crisipo, la incompatibilidad en cuestión puede ser lógica y, sin embargo, no decidirse si se trata de la implicación estricta lewisiana o no.

Gould dice ser consciente de un problema que surge en su argumento y que consiste en que dada la interpretación que él hace del tercer tipo de condicional no habría diferencias prima facie entre los condicionales crisípicos y los diodóricos, puesto que, como interpreta Mates en su libro Stoic Logic, los condicionales diodóricos también expresan leyes naturales y se supone que entre Crisipo y Diodoro había una disputa por la mejor definición del criterio de verdad de un condicional. La solución que Gould evalúa es la de considerar analítico, en un sentido amplio del término, al condicional atribuido a Crisipo, pero lo malo de ésta es que supone atribuirle a los clásicos ser conscientes de una distinción entre la imposibilidad lógica y la empírica con un alto riesgo de equivocarse.

1.8 Un posible vestigio de la implicación estricta como

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