6 CAPACITOR INSTALLATIONS
6.4 Ripple Control And Harmonic Blocking
La Última Cena se había celebrado el jueves seis de abril, y Jesús fue crucificado el viernes siete de abril.
Jesús fue duramente flagelado, lo que le produjo graves laceraciones en forma de rayas y considerable
44 Paul Winter escribió un libro dedicado a comprobar que no fue condenado a muerte por el Sanhedrín, sino por un tribunal ro- mano y como consecuencia, fueron las autoridades romanas las que decidieron sacrificarlo. (El Proceso de Jesús. Muchnik Edi- tores, S. A. México, D.F. 1974).
45 Se ha dicho por algunos profesores estudiosos universitarios que los culpables son Caifás y Pilato y que Cristo en el cumplimien- to de su destino y las escrituras precipitó su muerte con su pasi- vidad en su defensa y con acciones que inducían a su muerte (su entrada triunfal a Jerusalén, su amenaza de destruir el Templo y la expulsión del Templo de los vendedores), lo que representaría una participación pasiva y activa de la víctima en el hecho.
pérdida de sangre, lo que probablemente contribuyó al shock hipovolémico, como se evidencia por el he- cho de que estaba demasiado débil para cargar la cruz hasta el Gólgota. Jesús no tenía fuerza suficiente para cargar la cruz hasta el lugar de la crucifixión, entre seiscientos y seiscientos cincuenta metros, por eso le ayudó Simón.
Jesús cargó la cruz ya integrada, no solo el trave- saño como lo hacían algunos, pues generalmente pe- saba trescientas libras. Los dos ladrones sólo cargaron el travesaño.
Sus muñecas fueron clavadas al patibulum según
el Sudario de Turín.46 Sus pies también fueron clava-
46 El Síndone o Sábana, que se conserva en Turín, ha despertado una gran polémica, pues algunos lo consideran como una pintu- ra de la Edad Media, otros como fraude y la mayoría como un auténtico sudario que cubrió el cuerpo de Jesús después de su muerte, el que ha sido sometido a rigurosos estudios científicos que le otorgan un porcentaje muy elevado de autenticidad. Es considerado como el quinto Evangelio, pero no un dogma que haya reconocido la Iglesia, la cual sigue fiel a los Evangelios. Se sometió a modernos análisis químicos, físicos, matemáticos, anatómicos, fotográficos y de computadoras. No es este el lu- gar de estudiar su historia, pero sí señalar los principales exá- menes que apoyan su autenticidad: a) La imagen o impronta en el Síndone o Sábana Santa es clínicamente exacta pues repre- senta la de un hombre realmente crucificado. La perfección de la imagen fisiopatológica hace imposible la falsedad en la Edad Media por el atraso de la medicina en ese entonces. La imagen es producto de una proyección fotocóspica, una radiación ter- moluminosa uniforme, emanada del propio cuerpo en forma fu- gaz, pero suficiente para dejar la huella impresa sobre la Sába- na en forma tridimensional. b) Esta comprobado que existe san- gre en la tela. d) Se encontró polen de los lugares donde estuvo el Sudario y de Palestina. e) No aparecen partidas las piernas. f)
dos al poste (estípete). Los clavos que se usaron fuera
de cinco a siete pulgadas.
Se usaron tres clavos: dos en las muñecas y uno en los pies, se clavó el pie izquierdo sobre el derecho. No se le puso el sedile para apoyar los pies.
El mayor efecto patológico de la crucifixión era la interferencia en la respiración. La muerte resulta bási- camente del shock hipovolémico y la asfixia. Su muerte fue asegurada con una punzada de lanza en su costa- do. La medicina indica que Jesús estaba muerto cuan- do fue bajado de la cruz.
Estudios recientes fundados en conocimientos científicos, el avance de la medicina, el Sudario de Turín (considerado como la tela con que envolvieron a Jesús), los descubrimientos arqueológicos, ponen más claro el mecanismo de la muerte de Jesús y sobre la práctica de la flagelación y la crucifixición.
Jesús era un hombre sano que viajaba a pie a tra- vés de Palestina.47 Sin embargo, durante las doce ho-
Encima del párpado derecho (para que no se cayera) aparece una moneda romana (leptón) que corrió en el tiempo de Tiberio y Pilato. g) La herida de lanza en el costado le fue infligida después de muerto. h) No muestra señales de corrupción. i) Nunca fue desenvuelto. Coinciden estos datos con los Evange- lios. Fue sometida la Sábana a la prueba del carbono, pero no fue correcta la fecha que arrojó (700 años de antigüedad) por- que se trataba de un objeto irradiado y contaminado por multi- tud de bacterias que no se eliminaron en el cálculo de la fecha. 47 De los estudios de los expertos de la NASA sobre la imagen electrónica del Hombre de la Sábana se deduce que era de ex- traordinaria belleza masculina, media 1,78-1,83 metros de altu- ra, tenía una perfecta anatomía, era masatícefales, rostro alar- gado, frente amplia, nariz rectilínea, pómulos grandes, cabelle- ra espesa partida en dos.
ras entre las 9:00 p.m. del jueves y las 9:00 a.m. del viernes, sufrió enorme tensión emocional, sudoración de sangre, abandono de sus discípulos, el castigo físi- co, el desvelo, la caminata de cuatro kilómetros de un lugar a otro donde se celebraron los juicios. Todas es- tas condiciones contribuyeron a que los efectos de la flagelación fuesen más duros de lo normal.
Jesús oró siete veces desde la cruz. Estas frases cortas fueron difíciles y dolorosas porque el habla ocu- rre durante la exhalación. Son las “siete palabras”.
Como a las 3:00 p.m. del viernes, Jesús clamó a gran voz, inclinó la cabeza y murió.
El Sanhedrín no deseaba que los cuerpos perma- necieran en la cruz, después del atardecer, comienzo del día de reposo, por lo que pidieron a Pilato que ade- lantara la muerte de los tres crucificados. Los solda- dos quebraron las piernas de los dos ladrones, pero como vieron que Jesús ya estaba muerto no le partie- ron las piernas. En cambio, uno de los soldados le atra- vesó el costado con una lanza lo cual produjo un flujo repentino de sangre y agua. El costado donde se pro- dujo la herida no fue indicado por Juan, pero se reco- noce que fue al lado derecho. La lanza perforó el pul- món derecho, el pericardio y el corazón.
La crucifixión es uno de los métodos de la pena de muerte más crueles y degradantes y se reservó única- mente para esclavos, extranjeros, revolucionarios y los más viles criminales. En Roma no se le aplicaba a los ciudadanos romanos, con excepción de los soldados desertores y otros.
La crucifixión comenzó entre los persas. Alejan- dro El Grande la introdujo en Egipto y Cartago. De
éstos la tomaron los romanos y la perfeccionaron para producir una muerte lenta, con máximo dolor y sufri-
miento.
La flagelación era un preliminar legal para toda ejecución romana.
El instrumento para flagelar era un azote corto con varias tiras de cuero entrelazadas de diferente longi- tud, a las cuales se ataban pequeñas bolas de hierro o trocitos de huesos de oveja. Para flagelar a la persona se desnudaba y sus manos atadas a un poste. Eran azo- tados en la espalda, las nalgas y las piernas y se debi- litaba la víctima a una situación próxima a la muerte, los soldados se burlaban de sus víctimas después de la flagelación. Cuando la flagelación era fuerte y repeti- da se desgarraba la piel en tiras y se causaba pérdida de sangre que producía un shock hipovolémico.
Jesús fue severamente azotado en el pretorio. 48 La
Ley Judía se limitaba a treinta y nueve azotes. En el Sudario de Turín se comprobó que le propinaron aproxi- madamente ciento veinte azotes por dos soldados dies- tros a un metro de distancia. La flagelación se la dieron en la espalda, piernas, pecho, vientre, nalgas y la re- gión genital. Se le causaron seiscientas contusiones y heridas. La nariz aparece rota y desviada a la derecha.
48 La película de Mel Gibson “La Pasión de Cristo”, rodada en Italia, es un ejemplo del sufrimiento y duros azotes y golpes que recibió Jesús. Jim Caviezel, el que hizo de Jesús, acciden- talmente fue azotado y sintió un profundo dolor. Fue dos veces azotado y le causó una herida de 14 centímetros en la espalda. El filme está bastante ajustado a los Evangelios.
Después de condenado, los soldados condujeron a Jesús al Palacio del Gobernador, le quitaron su vesti- do, le pusieron la capa de color rojo, le colocaron una corona de espinas en la cabeza y en la mano derecha una caña.
Los soldados se burlaban de Jesús, se arrodillaban ante Él y le decían “viva el rey de los judíos”, le escu- pían la cara, le quitaron la caña y le pegaron en la ca- beza.
Posteriormente le quitaron la capa de soldado, le pusieron su ropa y se lo llevaron al Gólgota para cru-
cificarlo.
La triste procesión salió a las ocho de la mañana y llegó al Calvario antes de las nueve. Las tiendas, ba- zares y mercados estaban cerrados por ser día de Fies- ta Santa. En las calles ya se estaban formando filas de gentes y a medida que se avanzaba se sumaban, es- pecialmente mujeres que lanzaban gemidos y lamen- tos como muestra de simpatía y compasión. Pero la mayoría del pueblo, incluyendo personas que eran sim- patizantes se unieron a la muchedumbre que lo insul-
taba y humillaba.
Los dos ladrones estaban a la derecha y a la iz- quierda de Jesús. El mal ladrón maldecía e insultaba a Jesús y el buen ladrón estaba tranquilo y pensativo.
En el camino49 doloroso50 encontraron a un hom-
bre llamado Simón, originario de Cirene, y lo obliga-
49 Jesús hizo un recorrido doloroso hasta el Calvario para su eje- cución, escrita en versos de la manera más bella por Enrique Fernández Morales. Son doce las estaciones registradas: Pri- mera estación: Jesús sentenciado a muerte. Segunda estación:
ron a cargar la cruz de Jesús, quien, además de los suplicios recibidos, no había probado alimento o bebi- da desde la comida de Pascua.
Al llegar al Gólgota ofrecieron a Jesús vino mez- clado con hiel (mirra) que según algunos autores qui- zás signifique cierta forma de analgésico, pero se negó a beberlo. Le quitaron su ropa y se la rifaron entre los soldados. Por orden de Pilato encima de su cabeza habían puesto un letrero que decía: “Jesús es el Rey de los Judíos”. Según parece el letrero lo llevaba un cen- turión.51
La crucifixión de Jesús se realizó a las nueve de la mañana y su muerte a las tres de la tarde. Pero existe duda porque se calcula que su muerte ocurrió entre tres y seis horas52 después de la crucifixión.
Jesús con la cruz a cuestas camina en la calle de la amargura. Tercera estación: Jesús cae por primera vez. En esta caída le vuelven a poner la corona de espinas que se la habían quitado mientras llevaba la cruz. Cuarta estación: Jesús cae por segun- da vez junto con la cruz al tropezar con una piedra. María cae de rodillas ante Jesús, pero los soldados la apartan. Quinta esta- ción: Jesús cae por tercera vez y el Cirineo es obligado a ayudar a cargar la cruz. Sexta estación: La Verónica enjuga con un lienzo el rostro ensangrentado de Jesús que aparece en todos sus deta- lles. Séptima estación: Jesús consuela a las santas mujeres de Jerusalén. Octava estación: Jesús es despojado de sus vestidos. Novena estación: Jesús es clavado en la cruz. Décima estación: Jesús muere en la cruz. Onceava estación: Jesús es bajado de la cruz. Doceava estación: Sepultura de Jesús. Según Emmerich, Jesús cayó siete veces. La Iglesia Católica registra de catorce a quince estaciones. Registro doce porque el encuentro de Jesús con su madre la inscribí en la segunda caída y la ayuda del Cirineo en la tercera caída.
Los que pasaban por el Calvario insultaban a Je- sús, diciéndole que si derribaba el templo y lo reedifi- caba en tres días, que se librara del suplicio de la cruz si era el hijo de Dios.
50 Mientras Jesús era conducido a Pilato, la Virgen, Juan y Mag- dalena recorrieron todos los lugares en los que Jesús había esta- do desde que lo prendieron. Volvieron a la casa de Caifás, de Anás, por Ofel, Getsemaní, al huerto de los Olivos y en todos los sitios donde Jesús había caído o sufrido. Se paraban en si- lencio, lloraban y sufrían. La Virgen besó la tierra donde su hijo había caído. Este es el origen y principio del Vía Crucis. (Emme- rich. Ob. cit., pág. 124).
51 En el recorrido de la crucifixión se designaba a una persona que llevaba una placa de madera blanca que anunciaba la índole del crimen. Se acostumbraba seguir el camino más largo y pasar por las calles más concurridas para atraer la atención del públi-
co, pero esto no fue puesto en vigencia con Jesús. Sin embargo, según Emmerich, Pilato formaba parte de la marcha precedido por un escuadrón de caballería y seguido de trescientos solda- dos para evitar la sublevación popular, un joven llevaba la ins- cripción que éste había mandado a escribir para la cruz. Una trompeta se tocaba en todas las esquinas y se proclamaba la sentencia. Ob. cit., págs. 158 y 159.
52 Los crucificados podían morir en horas (3 o 4 horas) o en varios días (3 a 4 días). Pilatos se sorprendió por la forma rápida en que murió Jesús. Médicamente contribuyeron varios factores, el cansancio y el sufrimiento, particularmente el shock hipovo- lémico, asfixia por agotamiento y agudo paro cardíaco. Pero era el Hijo de Dios y Él podía decidir su momento. Fue un acto de voluntad. Él le había dicho a sus discípulos: “Yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar” (Juan 10:17,18).
Los jefes de los sacerdotes, los jefes de los judíos y los maestros de la ley lo insultaban: has salvado a otros y no te puedes salvar; si eres rey de Israel baja de la cruz y creeremos en ti; si Dios te ama y eres hijo de él que te libere.
Desde el mediodía hasta las tres de la tarde el sol se ocultó y todo el país oscureció53 Jesús decía con voz
fuerte: “Elí, Elí, lamá sabractani, lo que quiere decir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Algunos de los presentes decían que estaba lla- mando a Elías. Alguien con una esponja empapada de vinagre en la punta de una caña le ofrecía de beber; pero otros le decían “déjalo, veamos si viene Elías a
liberarlo”.
Jesús expresó: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” y con un fuerte grito expiró y entregó su espíritu.
Junto a la cruz estaban su madre, María, esposa de Cleofás y María Magdalena, lo mismo que Juan. Su madre sufrió intensamente la Pasión de su hijo.
En seguida la “cortina” o velo54 que cerraba el
Santuario del Templo y la tierra se partieron en dos;
53 La presencia de un eclipse de sol es descartado porque era tiempo de luna llena. Fue un fenómeno sobrenatural. Pero no se des- carta un eclipse de luna, la cual se pone roja. Algunos eclipses han coincidido con sucesos desastrosos o muerte de grandes hombres, como César.
54 Se expresa que los velos tenían enormes dimensiones y grosor, requerían hasta de trescientos hombres para manejarlos. Pero algunos consideran que es exagerada esa apreciación. La corti- na se rasgó porque las dos columnas que la sostenían se separa- ron por el terremoto.
los soldados y el Centurión romano, al ver el terremo- to expresaron que verdaderamente Jesús era Hijo de Dios;55 los sepulcros se abrieron y resucitaron varias
personas santas, las que regresaron a sus sepulcros después de la resurrección de Jesús. En la Ciudad Santa estos muertos se aparecieron a mucha gente, princi- palmente a los que contribuyeron a condenar a Jesús.
Muchas personas pensaron que habían condenado a un inocente.
Los Evangelios Apócrifos aseguran que sobrevino un terremoto y se derrumbó el Santuario y el Pináculo. Las Siete Palabras de Cristo no fueron parte de las concesiones que suelen darse a los que serán ejecuta- dos. Son las últimas que como hombre y con impulso divino pudo dirigir al mundo. Estas son: Primera pala- bra: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Pide al Señor el perdón a los soldados, a los que parti- ciparon en su suplicio y de todos los pecados de la hu- manidad porque se convierte en el Redentor. Por otra parte, rechaza la venganza y la ley del Talión (ojo por
ojo, diente por diente) contemplada en el Derecho he- breo. Segunda palabra: “En verdad te digo que hoy
mismo estarás conmigo en el paraíso”. Se dirige a Di- mas, el buen ladrón, por haberse arrepentido. Confir- ma que el arrepentimiento consciente y sincero lleva a la salvación. Tercera palabra. Al referirse a Juan, su discípulo, le dice a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Después le dijo a Juan: “Ahí tienes a tu madre”. Se deja claro que María, su madre, es la madre de la Iglesia, de sus dirigentes y de sus fieles y de toda la
humanidad. De aquí el culto a la Virgen en sus diferen- tes manifestaciones: Virgen del Pilar, Virgen de Gua- dalupe, etc. Cuarta palabra: “Tengo sed”. Es una sed del cuerpo y del alma para cumplir la misión de redi- mir a la humanidad. Quinta palabra: “Padre mío, ¿por qué me has abandonado?” Son expresiones en el extre- mo de la agonía que marca el fin del sufrimiento de cristo, cuya culminación fue el abandono de Dios y la agobiante soledad. Sexta y Séptima palabra: “Todo está consumado”. “Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Estas expresiones nos dicen que Jesús ter- minó la misión que el Padre le encomendó en la tierra. Jesús fue crucificado junto con dos ladrones, Ges- tas (el mal ladrón) y Dimas (el buen ladrón). Según los Evangelios Apócrifos, Gestas mataba a los vian- dantes, a otros los desnudaba, colgaba a las mujeres de los tobillos cabeza abajo para después cortarles los pechos, tenía predilección por beber la sangre de miem- bros infantiles, nunca conoció a Dios, no obedecía a las leyes y era violento. Dimas era galileo y tenía su posada, le robaba a los ricos y les ayudaba a los po- bres, sepultaba a los muertos, saqueaba las tumbas, robó los libros de la ley en Jerusalén, dejó desnuda a la hija de Caifás, que era la sacerdotisa del santuario. Dimas se arrepintió y Jesús le dijo que estaría con él en el Paraíso. Por el contrario Gestas lo insultó.
José de Arimetea fue donde Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús y enterrarlo. Fue bajado de la cruz y después preparado para su entierro. Nicodemo ayuda en esta labor. Posteriormente, fue depositado en un se- pulcro cavado en una roca y después la entrada en la tumba fue cerrada con una piedra grande. Fue enterra-
do en el huerto de José. Se encontraba allí María Mag- dalena y María, madre de Jesús.
A petición de los sacerdotes y fariseos, Pilato or- denó que el sepulcro fuera vigilado por soldados por-