4 Data Collection and Validation
4.5 River Lee and Brent Data
—Sí... Liv también se va a ir. Va a visitar a sus padres.
—Sí, ya me lo ha dicho. Y luego Rayne y ella van a pasar unos días en Inglaterra. Vaya, vaya, conociendo ya a los padres. Te lo digo yo: esto va en serio. —Tenía los ojos en su plato y no captó la expresión mal disimulada de dolor que tenía Evelyn.
—¿Va a ir con Rayne?
Los ojos oscuros se alzaron y Lorenz tragó a toda prisa. —¿No lo sabías?
La pelirroja hizo un gesto negativo. Luego se volvió para mirar por la ventana. El cielo se había nublado a lo largo del día y las primeras gotas de lluvia golpeaban el cristal.
No, no lo sabía. Pero lo había sospechado. En las dos últimas semanas Liv había pasado un total de tres noches en su piso, normalmente cuando tenía un examen al día siguiente o si Rayne estaba trabajando hasta tarde en el bar y el horario de trabajo de Liv no era el mismo.
Pero... Evelyn suspiró en silencio. Había algo en esos ojos verdes... no era solamente el amor que las dos sentían de forma evidente la una por la otra (cualquiera, ya fuera sordo o ciego, podría darse cuenta de eso) ni la felicidad que se veía en cada sonrisa y que se veía cada vez que sus ojos se encontraban... Liv parecía contenta. Las cejas rojas se fruncieron. Pero ésa tampoco era la palabra adecuada para describir lo que veía cuando miraba esos rasgos delicados.
En una ocasión estaban sentadas en su sala de estar. Era tarde y fuera una tormenta doblaba los árboles. Sus furiosos aullidos eran un ruido espeluznante
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que de vez en cuando interrumpía su conversación. Habían bebido vino y estaban disfrutando de su mutua compañía, hablando de todo y de nada, y en un momento dado Liv la miró y tras dudar un momento, le preguntó si creía en el destino.
—Pues... no, la verdad —dijo ella, sin saber muy bien cómo interpretar la pregunta, pero Liv ya había apartado la mirada y contemplaba la copa de vino que tenía en la mano. El líquido rojo intenso se movía levemente con cada gesto. —Yo creo que a veces las personas están destinadas a conocerse. Ya sabes... que saben que ahí fuera hay alguien que las está buscando con la misma desesperación que ellas. Es como... —Hablaba suavemente, en apenas un susurro. Sus ojos no se encontraban con su propia mirada desconcertada—. Es como si dentro faltara algo. Una pieza que complete tu alma. Alguien que encaje. Y entonces esos ojos levantaron la vista y se encontró con un dolor y una soledad antiguos como el tiempo que la miraban. Tragó saliva, incapaz de decir nada. —...que encaje aquí... —Liv se tocó el pecho y en su voz se oyó el dolor que había visto en los claros ojos verdes.
Evelyn respiró hondo, agradecida de que Lorenz se estuviera concentrando en la comida y en un libro que estaba leyendo.
Liv y ella no hablaban así desde hacía mucho tiempo. Desde Rayne...
Y en el fondo de su corazón, Eph reconoció que Liv había encontrado a esa persona.
Que encajaba. Dentro.
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Otro suspiro silencioso. Pero reconocerlo le dolía, y levantó la mirada. Sus ojos azules se posaron en los marrones.
—¿No crees que esto va muy deprisa? O sea, lo de Liv y Rayne.
Lorenz se encogió de hombros. Cruzando los brazos encima de la mesa, se echó hacia delante.
—¿Deprisa?... Mmm. ¿Sabes que lo creo?... Creo que son perfectas la una para la otra. O sea, míralas. Tienen una química estupenda cuando están juntas. Klaus también lo ha dicho. Sólo las ha visto una vez, en la fiesta, y me preguntó si había algo entre ellas. —Se rascó la mejilla, recordando, una vez más, que tenía que afeitarse—. Y Liv es feliz de verdad. Y eso es lo que cuenta.
Sus ojos oscuros observaban a Evelyn con seriedad y ésta sonrió.
—Lo sé. —Volviéndose de nuevo hacia la ventana, soltó aliento despacio—. Lo sé...
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Los muros que rodeaban el puerto estaban plagados de gaviotas y otras aves a la espera de que regresaran los pesqueros de arrastre, con la esperanza de conseguir restos de pescado.
Sus profundos ojos oscuros estudiaban el agua, esperando pacientemente cualquier señal de movimiento, preparados para salir volando y caer sobre cualquier pez lo bastante incauto como para nadar demasiado cerca de la superficie.
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El hondo sonido de la sirena de un barco se dejó oír por encima del ruido y las filas de coches que esperaban para subir al ferry empezaron a moverse. Voces impacientes y risas de niños. Música de varias radios.
El aire estaba cargado de un fuerte olor a sal y carburante, pintura y asfalto caliente. El cielo era un muro gris de nubes y un fuerte viento rozaba las carrocerías inmóviles de los coches que hacían cola.
—¿Nerviosa? —Una voz suave.
—Qué va... ya he estado en un barco. —Un tono grave y guasón.
Una carcajada suave y luego una cabeza rubia se apoyó en un hombro ancho. —No me refiero a eso y lo sabes.
Rayne se rió por lo bajo y volvió la cabeza, depositando un delicado beso en el pelo rubio.
—Lo sé... y sí, estoy nerviosa. ¿Y tú?
Un leve suspiro le calentó la piel a través de la camisa que llevaba.
—Un poco. Quiero que les caigas bien. Y... y me da un poco de miedo cómo vayan a reaccionar, así que...
—Mmm. —Rayne mantuvo los ojos al frente y metió la marcha cuando la cola en la que estaban empezó a moverse hacia la boca abierta de par en par del ferry. La tripulación estaba al lado dando instrucciones o gritando de vez en cuando a las personas que no se movían todo lo deprisa que debían—. ¿Has hablado con tus padres?
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—Sí. Ayer llamé a mi madre. Le dije que Torben y yo hemos roto, así que ya sabe que no va a venir conmigo.
Los ojos claros la miraron, con las cejas oscuras fruncidas en un ceño inconsciente. Liv sonrió y alargó la mano, alisándoselas con una caricia suave que bajó por los rasgos marcados.
—Pero les dije que me traigo a una amiga.
—Ya sabes que no tienes por qué decírselo. Es decir... puedes esperar un tiempo. La cabeza rubia apoyada en su hombro hizo un gesto negativo.
—No, no quiero eso. Quiero ser sincera con ellos... ¡y no quiero ocultar lo que siento por ti! Te amo... ¡y quiero que lo sepan!
Rayne no consiguió reprimir del todo la sonrisita de felicidad que le bailaba en los labios, ni ignorar la sensación de intenso alivio que la atravesó.
—Vale —dijo, volviendo la cabeza un momento para mirar a los sonrientes ojos verdes—. Me parece bien.
Liv se echó a reír y se arrimó un poco más, mordisqueando un lóbulo que era demasiado tentador para no hacerle caso.
La mujer más alta dio un respingo y estuvo a punto de salirse de la rampa que llevaba al segundo nivel de la zona de embarque del ferry. Oyó los gritos iracundos de varios tripulantes.
Miró ceñuda a una cara que la miraba a su vez con inocentes ojos verdes. —Tienes suerte de que te quiera.
Liv suspiró devotamente y asintió. —No creas que no lo sé.
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Se echaron a reír y Rayne sacudió la cabeza morena, rindiéndose con felicidad. Sí... este viaje podría acabar siendo muy divertido después de todo...
El viaje desde Sassnitz, una ciudad portuaria del Mar Báltico, hasta Trelleborg, una de las ciudades situadas más al sur de Suecia, duraría cinco horas. Si hacía buen tiempo, la cubierta solía llenarse de turistas que disfrutaban del sol o del mar en calma.
Las cosas se ponían algo espinosas si el mar y el viento decidían divertirse con el gran barco que cruzaba el agua oscura.
Efectivamente, el barco se agitaba de un lado a otro en las aguas turbulentas y más de un pasajero avanzaba por los pasillos buscando desesperadamente un cuarto de baño.
La tripulación intentaba convencerlos de que comer algo y mantenerse ocupados los ayudaría a vencer el mareo, pero no tenía mucho éxito. Ni siquiera un camarero joven y muy alegre que ofrecía galletas y bocadillos cada cinco minutos obtenía la reacción que probablemente esperaba.
—Me voy a morir.
El lastimero quejido procedía de un asiento junto a una ventana donde una pequeña figura estaba acurrucada pegada a una figura alta y morena.
—No, no te vas a morir. —Oh, sí... ¡me voy a morir!
Otro estremecimiento sacudió al barco y por un momento la pequeña figura se quedó rígida. Pero entonces una mano grande y caliente se posó en su tripa y empezó a acariciársela en círculos lentos y suaves.
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—Tranquila... ¿Por qué no me dijiste que te mareas?
Unos cohibidos ojos verdes miraron los bellos rasgos que estaban por encima de ella.
—Es que no suelo. Pero cuando hace un tiempo como el de hoy... Es el movimiento, en realidad. Estoy bien cuando el mar está en calma.
Esos ojos azules se acercaron mucho de repente y por un momento Liv tuvo la extraña sensación de estar en el claro de un bosque, con una suave brisa que se movía alrededor y los pájaros cantando en lo alto. Hasta olía el aroma de las flores.
La sensación se pasó cuando unos labios suaves tocaron los suyos.
—Pues entonces creo que tenemos que encontrar un modo de distraerte, ¿verdad? —La voz grave resonó muy cerca de su oído y notó un agradable cosquilleo que le recorría la piel.
Cerrando los ojos, se rindió a la delicada caricia que seguía apaciguándole el estómago.
—...mmmm...
Rayne se rió suavemente y colocó el cuerpo más pequeño de Liv en una postura más cómoda apoyado en su pecho. Tomando aliento, se puso a canturrear. Un sonido profundo que Liv sintió más que oyó, y de algún modo...
Inclinando la cabeza, Rayne escuchó. En sus labios se formó una sonrisa cariñosa al oír los delicados ruidos que indicaban que Liv estaba dormida.
Depositando un suave beso en la frente de la pequeña rubia, volvió su atención hacia la ventana, sintiéndose extrañamente en paz y contenta...
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