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The Role of Faculty in the Online Learning Process

Recibí flores hoy! No es mi cumpleaños o ningún otro día especial; tuvimos nuestro primer disgusto anoche y él dijo muchas cosas crueles que en verdad me ofendieron. Pero sé que está arrepenti- do y no las dijo en serio, porque él me mandó flores hoy. No es nuestro aniversario o ningún otro día especial; anoche me lanzó contra la pared y comenzó a ahorcarme. Parecía una pesadilla, pero de las pesadillas despiertas y sabes que no es real; me le- vanté esta mañana adolorida y con golpes en todos lados, pero yo sé que está arrepentido; porque él me mandó flores hoy. Y no es día de San Valentín o ningún otro día especial; anoche me golpeó y amenazó con matarme; ni el maquillaje o las mangas largas po- dían esconder las cortadas y golpes que me ocasionó esta vez. No pude ir al trabajo hoy, porque no quería que se dieran cuenta. Pero yo sé que está arrepentido; porque él me mandó flores hoy. Y no era el día de las madres o ningún otro día anoche el me volvió a golpear, pero esta vez fue mucho peor. Si logro dejarlo, qué voy a hacer? Cómo podría yo sola sacar adelante a los niños? Qué pa- sará si nos falta el dinero? Le tengo tanto miedo! Pero dependo tanto de él que temo dejarlo. Pero yo sé que está arrepentido, por- que él me mandó flores hoy. Hoy es un día muy especial: Es el día de mi funeral. Anoche por fin logró matarme. Me golpeó hasta morir. Si por lo menos hubiera tenido el valor y la fortaleza de dejarlo. Si hubiera aceptado la ayuda profesional.... hoy no hubiera recibido flores!...

EL DUELO

La mayoría de pérdidas significativas se producen en el contexto de una unidad familiar, por lo tanto es importante, considerar el impacto de una muerte en todo el sistema familiar.

Se han identificado los factores específicos que afectan al proceso del duelo y que influyen en el grado de desorganización familiar, son: los roles que desempeñaba el fallecido: el poder, el afecto, los patrones de comunica- ción y los factores socioculturales.

Un duelo inadecuado puede entorpecer la dinámica familiar. No es suficiente tratar a cada componente familiar por separado, hay que relacio- narlo con toda la familia. Las características de los miembros individuales ayudan a determinar el carácter del sistema familiar, el sistema relacional es, la suma de sus características individuales.

Las familias varían su capacidad para expresar y tolerar sentimientos, si los sentimientos no se expresan abiertamente, se pueden producir diferen- tes tipos de conductas, que sirven como equivalentes del duelo. Si se expre- san abiertamente, hacen comentarios abiertos sobre el fallecido.

Un duelo no resuelto, puede servir no sólo como factor clave en la patología familiar sino que puede contribuir a relaciones patológicas a lo largo de distintas generaciones.

Cuando se evalúan los distintos sistemas familiares y el duelo, se han de considerar al menos tres áreas principales.

La primera es la posición o el papel que desempeñaba el fallecido/a, si el fallecido/a tenía una posición funcional significativa, su muerte va a crear más desequilibrio. Los niños juegan también roles importantes en la familia y su muerte altera el equilibrio familiar. La muerte de uno de los padres, cuan- do la familia es joven, puede tener efectos muy amplios, no sólo perturba el equilibrio familiar, sino que elimina la función de mantenedor de la familia o la de la madre, en el momento que estas funciones son más importantes.

En una familia bien integrada se podrán ayudar más unos a otros a afrontar la muerte, con poca ayuda externa. En una familia menos integrada

pueden menos reacciones de duelo en el momento de la muerte, pero más adelante pueden responder con diversos síntomas físicos o emocionales. Hay que entender también el valor que las familias dan a las emociones y al tipo de patrones de comunicación, si éstos se expresan o no.

LA MUERTE DE UN HIJO

Una de las posiciones más difíciles en que los padres ponen a los hijos supervivientes es la de sustitutos del hijo perdido. Esto implica dotar al hijo superviviente de cualidades del fallecido. Las familias sanas son capaces de reconocer la pérdida de un hijo sin esperar que otro ocupe su lugar. Algunas familias afrontan la pérdida suprimiendo los hechos que rodean a esta, de modo que los hijos no sepan nada del hermano muerto.

Los niños pasan momentos difíciles intentando saber qué deben de decir a los amigos y cómo afrontar el malestar que sienten, tienen miedo de jugar o de estar contentos, porque no quieren que los demás piensen que no les importa la muerte de su hermano. Es importante que los padres disipen el pensamiento mágico y erróneo respecto a la muerte para poder establecer un vínculo emocional entre ellos y los hijos que quedan. Siendo este un momen- to crucial que puede afectar su desarrollo personal y la capacidad para man- tener relaciones futuras.

Perder un hijo de cualquier edad es una de las pérdidas más devastadoras que existen y su impacto persiste durante años. Se supone que los hijos deben de sobrevivir a los padres.

Sobrellevar la pérdida de un hijo es más difícil, cuando los padres es- tán separados, se reúnen en este momento de crisis y esto puede evocar fuertes emociones. Para muchos padres que han perdido hijos, la realidad de la pérdida es una lucha entre creer esta pérdida o no creerla. A veces mantie- nen la habitación del hijo intacta durante muchos años después de su muer- te. Sin embargo es posible para algunos padres recolocar al hijo perdido, llevándoles a una autoconciencia importante y a un posible crecimiento perso- nal, consecuencia de esta difícil experiencia.

HIJOS CUYOS PADRES MUEREN

Cuando la pérdida se produce en la infancia o en la adolescencia, el hijo puede fracasar a la hora de elaborar el duelo adecuadamente, presentándose

más tarde como síntomas de depresión o de incapacidad para establecer re- laciones íntimas durante la vida adulta.

Hay distintas opiniones sobre si los niños pueden elaborar el duelo o no, hay psicoanalistas que dicen que sí, y otros que dicen que no. El autor asume una tercera posición; que los niños elaboran el duelo y que lo que se necesita es encontrar un modelo de duelo que encaje con ellos en vez de imponerles un modelo adulto.

El profesional de salud mental ha de tener en cuenta varias cosas cuan- do trata con niños que han perdido a sus padres:

• Los niños elaboran el duelo, pero las distintas elaboraciones están determinadas por su desarrollo cognitivo y emocional.

• La pérdida de los padres es un trauma pero, en sí misma no lleva a la detención del desarrollo.

• Los niños entre cinco y siete años, son un grupo particularmente vulnerable, pueden comprender las ramificaciones de la muerte, pero tienen poca capacidad de afrontarla.

• El trabajo del duelo puede que no acabe igual para un niño que para un adulto. El duelo por una pérdida en la infancia se puede revivir en muchos momentos de la vida adulta, cuando lo reactivan acontecimientos vitales importantes.

• Es importante que el profesional de salud mental, desarrolle enfoques preventivos para los niños que han perdido a sus padres.