El análisis del poder desarrollado en varias disciplinas ha creado una vasta bibliografía. Algunos de los trabajos recientes incluyen estudios de Dahl (1957, 1961), Debnam (1984), Galbraith (1985), Lukes (1974, 1986), Milliband (1983), Mills (1956), Therborn (1980), White (1976) y Wrong (1979), entre muchos otros y la mayoría de ellos se desarrolla dentro de las fronteras de la sociología y la ciencia política. Pero, puesto que en este capítulo no podemos dedicarnos a revisar o resumir esta rica tradición, hemos seleccionado un número de propiedades del poder social y las he- mos reconstruido dentro de nuestro propio marco teorético. Sin em- bargo, debe comprenderse que, en nuestra opinión, no es posible dar cuenta de la compleja noción del poder por medio de una única defini- ción. Para ello necesitamos una madura teoría interdisciplinaria que nos permita captar sus implicaciones y aplicaciones más importantes. Las propiedades del poder más importantes para nuestro análisis se pueden resumir del modo siguiente:
1. El poder social es una propiedad de la relación entre grupos, clases u otras formaciones sociales o entre personas, en su condición de miem- bros de la sociedad. Aunque podemos hablar de formas personales de poder, ese poder individual tiene menos pertinencia en nuestra ex- ploración sistemática del papel que cumple el poder en el discurso en- tendido como interacción social.
2. En un nivel elemental, pero fundamental, de análisis, las relaciones de poder sociales se manifiestan característicamente en la interacción. Así es como decimos que el grupo A (o sus miembros) ejercen poder so- bre el grupo B (o sus miembros) cuando las acciones reales o poten- ciales de A ejercen control social sobre B. Puesto que la noción misma de acción abarca la noción del control (cognitivo) ejercido por agentes, el control social sobre B que provocan las acciones de A da
por resultado una limitación del autocontrol de B. Dicho de otro modo, el ejercicio del poder por parte de A tiene como consecuencia la limitación de la libertad de acción social de B.
3. Excepto en el caso de la fuerza corporal, el poder que ejerce A sobre las acciones reales o posibles de B supone que A debe tener control sobre las condiciones cognitivas de las acciones de B, tales como sus aspiraciones, sus deseos, sus planes y sus creencias. Por las razones que sean, B puede aceptar o estar de acuerdo con hacer lo que desea A o con acatar la ley, las reglas o el consenso para obrar de acuerdo con (los intereses de) A. En otras palabras, habitualmente el poder social es indirecto y opera a través de la «mente» de las personas, por ejem- plo, mediante el manejo de la información o las opiniones necesarias que requieren las personas para planificar o ejecutar sus acciones. La mayoría de las formas de poder social que se ejercen en nuestra so- ciedad implican este tipo de «control mental», que por lo general se consigue por intermedio de la persuasión u otras formas de comuni- cación discursiva o como resultado del temor a las sanciones que pueda aplicar A en caso de que B no cumpla los deseos de A. En este punto, adquiere particular pertinencia nuestro análisis del rol del discurso en el ejercicio, es decir, el mantenimiento o la legitimación del poder. Nótese, sin embargo, que esta «mediación mental» del po- der también da lugar a grados variables de libertad y resistencia de quienes están sometidos al ejercicio del poder.
4. El poder de A necesita una base, es decir, recursos que socialmente lo autoricen a ejercer el poder o la aplicación de sanciones en caso de no acatamiento. Estos recursos habitualmente consisten en atributos o posesiones socialmente valorados pero distribuidos de manera no equitativa, tales como la riqueza, la posición, el rango, el estatus, la autoridad, el conocimiento, la idoneidad o los privilegios o hasta el mero hecho de ser miembro de un grupo dominante o mayoritario. El poder es una forma de control social si su base está conformada por recursos socialmente importantes. Generalmente, A ejerce el poder intencionada o inadvertidamente para poder mantener o ampliar esa base de poder propia o para impedir que B adquiera la suya. Para de- cirlo en dos palabras: habitualmente A ejerce el poder en su propio beneficio.
5. Un aspecto esencial del ejercicio o el mantenimiento del poder es que, para que A ejerza un control mental sobre B, este último debe cono- cer los deseos, las apetencias, la preferencia o las intenciones de A. Aparte de la comunicación directa, por ejemplo, de actos del habla ta- les como órdenes, solicitudes o amenazas, B puede inferir este cono- cimiento de las creencias, normas y valores culturales, a través de un consenso compartido (o disputado) dentro de un marco ideológico u observando e interpretando las acciones sociales de A.
6. En las sociedades occidentales contemporáneas, el control social to- tal está más limitado por el campo y el alcance del poder con que cuen- tan los agentes del poder. Es decir, los agentes del poder pueden ser poderosos en una única esfera social: la política, la economía o la edu- cación o en situaciones sociales específicas como la que se da en un aula o en un tribunal. De modo parecido, el alcance de sus acciones puede estar limitado a unas pocas personas o se puede extender al conjunto de una clase o grupo de personas o a acciones específicas. Y, finalmente, los poderosos pueden tener asignadas responsabilidades especiales en su ejercicio del poder. Además de esta forma de distri- bución del poder, que también abarca varias formas de ejercicio com- partido del poder, está la importante dimensión de la resistencia. Los grupos dominados y sus miembros rara vez carecen absolutamente de fuerza. En determinadas condiciones socioeconómicas, históricas o culturales, tales grupos pueden comprometerse en diversas formas de resistencia, o sea, en el ejercicio del contrapoder que, a su vez, pue- de restar poder a los poderosos y hasta puede hacerlos vulnerables, como sucede cuando se produce una revolución. Por lo tanto, el ejer- cicio del contrapoder no es sencillamente una forma de acción, sino también una forma de interacción social.
7. El ejercicio y el mantenimiento del poder social supone un marco ideológico. Ese marco, que consiste en cogniciones socialmente com- partidas fundamentales relacionadas con los intereses de un grupo y sus miembros se adquiere, confirma o cambia principalmente a tra- vés de la comunicación y el discurso.
8. Aquí deberíamos insistir en señalar que el poder se debe analizar en relación con las diversas formas de contrapoder o de la resistencia que ofrecen los grupos dominados (o los grupos de acción que represen-
tan a tales grupos), lo cual también es una condición para el análisis del desafío y el cambio sociales e históricos.