Esta variable ambiental se ha desarrollado con detalle en el apartado 3.8 de la Memoria de Información Ambiental del presente Plan General, incluida en el Tomo I del Documento de Información.
Fauna vertebrada terrestre
La elevada antropización de la porción del municipio que no se encuentra incluida en el Parque Narural de Tamadaba mengua la diversidad de ámbitos ecológicos y limita el desarrollo de la fauna vertebrada. Los grupos representados son aves, anfibios, reptiles y mamíferos.
Aves
Aves cuya nidificación está asociada a la presencia de acantilados y escarpes
Incluye los hábitats constituidos por acantilados y roquedos de la franja litoral y por escarpes que se internan en el territorio municipal. Todas estas formas de relieve sirven de soporte a la nidificación de aves que muestran una elevada fragilidad.
Aunque no existe constancia que en la actualidad el guincho (Pandion haliaetus) nidifique en Agaete, numerosas fuentes citan su antigua presencia en sus cantiles costeros.
Algo similar ocurre con el petrel de Bulwer (Bulweria bulwerii). Aunque no existen pruebas fidedignas de su cría en la isla, en las últimas décadas han sido observados algunos ejemplares en el litoral del municipio, en el Valle de Agaete y en el pinar de Tamadaba.
Si se ha confirmado la cría de unas cinco parejas de charranes (Sterna hirundo) en las inmediaciones de Roque Partido, junto al Dedo de Dios. No se descarta que la especie nidifique en otros enclaves del litoral del municipio.
En los escarpes del Barranco de Agaete y en los acantilados próximos a la localidad de El Risco se consignó en la primera mitad del pasado siglo la presencia del halcón tagorote (Falco pelegrinoides), otra especie estrechamente ligada a los cantiles y a las vertientes escarpadas, donde en condiciones óptimas forma colonias que agrupan numerosos individuos. El nido lo confecciona en una pequeña depresión en el suelo emplazada en pequeñas oquedades y repisas de lugares inaccesibles. En los últimos años se han observado parejas en algunas localidades de la costa occidental. Se estima que la población de la isla ronda las 10 parejas.
Resulta más frecuente el avistamiento de pardelas cenicientas (Calonectris diomedea) y de gaviotas patiamarillas (Larus cachinnans), que forman colonias en los acantilados que jalonan el litoral del término municipal y en las más inaccesibles vertientes de los tramos inferiores de los mayores cursos hídricos que lo surcan. Larus cachinnans es una especie marcadamente oportunista, como se constata al observar su presencia alrededor de vertidos orgánicos. La especie recorre durante el día considerables distancias para, al anochecer, regresar a sus nidos. Su carácter agresivo la convierte en ocasiones en un depredador temible de otras aves y en un fiero competidor por el control de las áreas de cría.
Algunos acantilados y los escarpes de los mayores barrancos que atraviesan el municipio sirven de soporte preferente a la nidificación de la lechuza (Tyto alba alba), una especie que, en Gran Canaria, ha sufrido una merma significativa de sus poblaciones. Se trata de un ave que suele frecuentar los campos cultivados e internarse en pueblos y ciudades. La lechuza es un depredador de roedores, aunque en ocasiones puede especializarse en la captura de pequeñas aves. Su espectro alimenticio incluye también reptiles, anfibios e insectos.
El ratonero común (Buteo buteo insularum), denominado aguililla en el archipiélago, presenta en estas islas una subespecie endémica. Se trata de una de las rapaces más abundantes de Canarias. Se encuentra ampliamente distribuida, aunque muestra preferencia por sobrevolar áreas abruptas y accidentadas. En Agaete es común en torno a sus mayores barrancos. Aunque no desdeña los
ambientes forestales, se le observa con mayor frecuencia en la orla inferior del monteverde y en los pinares. En cotas muy bajas y poco accidentadas escasea o se halla ausente.
El cernícalo (Falco tinnunculus canariensis) es la rapaz más abundante del archipiélago. La subespecie es un endemismo de las islas centrales y occidentales, de las islas Salvajes y de Madeira. Se trata de un ave que ha desarrollado tonalidades del plumaje que facilitan su mimetización. Es abundante en áreas de la orla costera y de las medianías del municipio e, incluso, no resulta difícil avistarla planeando sobre sus asentamientos de población.
Las áreas de enérgico relieve del municipio también sirven de soporte a la nidificación del cuervo (Corvus corax canariensis), que en Gran Canaria ha sufrido una drástica reducción de sus efectivos, hasta el punto de encontrarse en peligro de extinción, como revela la constatación de que en poco más de 10 años se ha pasado de contabilizar 162 parejas, a las poco más de 20 que han sido censadas recientemente. Existen citas, que se remontan a 1958, de la presencia en Tamadaba de grupos de esta especie que alcanzaban los 48 individuos. Al menos hasta 1971, el cuervo era abundante en el mismo Puerto de Las Nieves.
Aves asociadas a matorrales y pastizales xerófilos y xerotermófilos
Los matorrales xerófilos del municipio sirven de soporte al desarrollo de una comunidad ornítica muy característica. Son frecuentes el alcaudón real (Lanius excubitor koenigi), un ave de tamaño medio y pico poderoso que depreda pequeños reptiles, ratones y pajarillos, a los que ensarta en arbustos espinosos, y la curruca tomillera (Sylvia conspicillata orbitalis), que muestra preferencia por asentarse en tabaibales y matorrales xerófilos de sustitución, aunque no desdeña las áreas cultivadas, los jardines y los espacios periurbanos. El bisbita caminero (Anthus berthelotii), considerado el ave más común de Canarias, confecciona el nido en el suelo, al amparo de matorrales, entre gramíneas o al abrigo de piedras, al igual que lo hace la subespecie del alcaraván presente en Gran Canaria (Burhinus
oedicnemus distinctus), un endemismo de las islas centrales y occidentales del archipiélago que
prefiere asentarse sobre llanos pedregosos y parcelas de cultivo abandonadas del litoral y de las medianías bajas, al norte del Valle de Agaete, en torno a Las Moriscas y a Las Rozas.
La presencia de la perdiz roja (Alectoris rufa) es el resultado de las introducciones llevadas a cabo tras la conquista de la isla. También fue incorporada con fines cinegéticos, pero más recientemente, la perdiz moruna (Alectoris barbara koenigi). Ambas especies pueden ser avistadas sin dificultad en las medianías bajas del municipio.
La abubilla (Upupa epops) es también un elemento propio de entornos áridos que, en el municipio, puede ser observado de forma esporádica.
En los llanos de Las Moriscas ha sido constatada la existencia de poblaciones de terrera marismeña (Calandrella rufescens). La especie muestra afinidad por asentarse sobre llanos pedregosos, parcelas de cultivo abandonadas y bordes de malpaíses, siempre con un cierto desarrollo del estrato arbustivo y herbáceo.
El camachuelo trompetero (Bucanetes githagineus amantum) es una rareza endémica del archipiélago. Su hábitat se circunscribe a entornos rocosos y a parcelas agrícolas abandonadas, inmersas en ambientes áridos. Hasta las primeras décadas del siglo XIX su presencia quedaba restringida a las islas de Fuerteventura y Lanzarote, desde donde se ha ido expandiendo por el resto del archipiélago. En Gran Canaria, casi relegado a la mitad meridional de la isla y al espacio comprendido entre Agaete y Gáldar.
El triguero (Miliaria calandra calandra) frecuenta estos parajes. La especie estaba considerada hasta los primeros años del pasado siglo una de las aves más comunes de Canarias. Su hábitat se circunscribe a zonas abiertas del piso basal y de las medianías del norte de la isla, aunque puede alcanzar terrenos que se encuentren en torno a los 1.500 metros de altitud. Su población experimenta marcadas fluctuaciones. En años secos se ve drásticamente reducida. Requiere gran cobertura en el estrato herbáceo.
Aves asociadas a barrancos con vegetación higrófila y a la presencia de láminas de agua de riego. Invernantes regulares en la franja litoral
A lo largo de cursos hídricos que albergan acequias, o en los que discurren de forma esporádica o frecuente agua corriente, y en torno a las terrazas aluviales que los flanquean, se desarrolla una formación vegetal de elevada cobertura que prospera a costa de la humedad edáfica y ambiental que se genera. De este modo, se articula un ecosistema singular, que se constituye en soporte de una comunidad ornitológica en la que participa la alpispa (Motacilla cinerea canariensis), una subespecie endémica del archipiélago, estrechamente ligada a la presencia de agua dulce que, en los últimos años, viene sufriendo las consecuencias del entubamiento del agua que circulaba por las acequias y el creciente desuso de los estanques.
Desde que a comienzos del pasado siglo se constató la cría en Gran Canaria y Tenerife del chorlitejo chico, o zarapico (Charadrius dubius curonicus), una especie que hasta entonces era exclusivamente migrante e invernante, parece haberse ido extendiendo por presas y charcas de orillas fangosas. Nidifica en una pequeña depresión del terreno, revestida con abundantes piedrecillas, emplazada en llanos próximos a las superficies acuáticas, aunque en ocasiones lo hace en los muros de contención de los embalses del norte del municipio.
Los avistamientos de garzas blancas (Egretta garzetta garzetta) y de garzas reales (Ardea cinerea
cinerea), dos migrantes regulares, son frecuentes durante los meses de invierno. Aunque estas
especies muestran preferencia por ocupar los bajíos costeros, no desdeñan las charcas y presas del norte de Gran Canaria. La estrecha franja litoral del municipio también sirve de soporte a otros invernantes de paso regular, como sucede con el chorlitejo grande (Charadrius hiaticula), avistado sin dificultad en los meses de invierno, y con el vuelvepiedras (Arenaria interpres), que con su pico voltea pequeños callaos en busca de alimento.
Aves asociadas a matorrales y bosquetes termoesclerófilos, y a relictos de monteverde
En torno a los palmerales y a los rodales de almácigos y acebiches, restos de los antiguos bosques termoesclerófilos que cubrían las medianías bajas del municipio, se desarrolla una comunidad ornítica en la que participan el canario de monte (Serinus canarius), un endemismo macaronésico que también se introduce en los relictos de monteverde, en los pinares e, incluso, en los campos cultivados. A diferencia del canario, el pardillo (Acanthis cannabina meadewaldo) evita las áreas boscosas. La subespecie es un endemismo de las islas centrales y occidentales del archipiélago que resulta común en sectores que albergan matorrales desarrollados y en terrenos de cultivo.
Las currucas cabecinegra (Sylvia melanocephala leucogastra) y capirotada (Sylvia atricapilla heineken) muestran afinidad por áreas que contengan matorrales y bosques termófilos. A causa del drástico retroceso que en el municipio han registrado estas formaciones vegetales ambas especies, paulatinamente, han ido ocupando otros entornos. La primera, un endemismo canario, se ha ido extendiendo por parajes xéricos, relictos de monteverde, donde llega a ser común, y áreas cultivadas. Además, no resulta raro avistarla en los rodales de tarajales de la franja costera. La curruca capirotada posee una mayor capacidad de adaptación, aunque exige cierto desarrollo del estrato arbóreo. No es raro observarla en jardines y parques, en cultivos de frutales, en relictos de monteverde y en cauces de barranco con presencia de vegetación arbolada. Su presencia en pinares, siempre con un notable desarrollo del sotobosque, es ocasional.
La población canaria de búho chico (Asio otus canariensis) constituye una subespecie endémica. Esta rapaz nocturna, ampliamente distribuida por la isla, tiene su hábitat óptimo en las medianías bajas orientadas al norte, aunque llega a ocupar todos los ambientes, que incluye los núcleos urbanos. Resulta escasa en el ámbito potencial del monteverde.
La subespecie de herrerillo (Parus caeruleus teneriffae) que aparece en la isla es un endemismo de Tenerife, La Gomera y Gran Canaria. Aunque se trata de un elemento que muestra preferencias por asentarse en relictos de monteverde y en pinares, se interna en campos de cultivo, próximos siempre a entornos boscosos, e, incluso, llega a alcanzar, a través de los barrancos, los tabaibales y cardonales, siempre que muestren un adecuado desarrollo.
El mirlo (Turdus merula cabrerae) presente en la isla es una subespecie endémica de los archipiélagos macaronésicos de Madeira y Canarias. Se trata de un ave tremendamente oportunista que, si bien tiene por hábitat natural los relictos de monteverde y de pinar húmedo, muestra afinidad también por entornos de marcada antropización, como sucede con parques, jardines, campos de cultivo, donde se constituye en plaga, y núcleos urbanos. Su presencia ha sido detectada, incluso, en las tarajaledas próximas a la franja litoral del municipio.
El petirrojo (Erithacus rubecula superbus) se presenta en la isla con una subespecie endémica que comparte con Tenerife. Es un ave eminentemente forestal que tiene su hábitat preferente en los relictos de monteverde, aunque también es común en la porción húmeda del pinar de Tamadaba. A causa de la tala masiva del monteverde de la isla, se ha establecido, además, en los castañares y en las áreas limítrofes con el bosque, e incluso se expande por los tramos inferiores de los barrancos, donde la vegetación conserva cierta exuberancia. Su presencia ha sido consignada, también, en el dominio termoesclerófilo.
El pinzón común, (Fringilla coelebs canariensis) muestra una llamativa afinidad en su distribución con la especie precedente. La subespecie es un endemismo de Gran Canaria, Tenerife y La Gomera. Es un ave común en el monteverde, en la porción húmeda del pinar de Tamadaba, en los castañares y en áreas de cultivo aledañas a estas formaciones. También es abundante en pinares de repoblación. En el municipio de Agaete se extiende hasta las inmediaciones de la franja costera, siguiendo los cauces de los barrancos que albergan saucedas y cañaverales.
La chocha perdiz (Scolopax rusticola) es una especie de hábitos nocturnos y crepusculares. Esta circunstancia, unida a su eficaz mimetización, gracias a un plumaje que se confunde con la hojarasca, y a su costumbre por permanecer completamente inmóvil ante la presencia de personas, ha dificultado el conocimiento de su distribución y el estado de sus poblaciones.
La especie muestra preferencia por ocupar relictos de monteverde, castañares, pinares húmedos de exposición septentrional, incluso de repoblación, matorrales de leguminosas de las medianías altas, zarzales y pastizales, como los que se extienden en torno a las cumbres de El Sao, al Hornillo y a Tamadaba, donde en 1996 fue localizado un ejemplar juvenil muerto.
Aves asociadas a los jaguarzales (jarales), escobonales y retamares de Teline
Sobre matorrales de notable densidad se desarrolla una comunidad avifaunística conformada, entre otras especies, por el mosquitero común (Phylloscopus canariensis), una de las aves más abundantes y ubiquistas de Canarias. Ocupa una gran diversidad de hábitats, desde la franja litoral hasta el matorral de leguminosas de las cumbres del municipio. Sólo evita las áreas más xéricas, con muy escaso desarrollo de la vegetación. Esta especie es un endemismo de las islas centrales y occidentales del archipiélago.
Aves asociadas a los pinares
En los pinares con sotobosque patente y de apreciable riqueza florística, que tienen en las cumbres de Tamadaba una excelente muestra, se articula una asociación de la avifauna de llamativa singularidad. Es este el hábitat del pico picapinos (Dendrocopos major thanneri), un endemismo grancanario estrechamente ligado a los pinares más desarrollados de Pinus canariensis. Por el borde inferior puede internarse en áreas cultivadas. Resulta muy común en el pinar de Tamadaba. A diferencia de la subespecie tinerfeña es corriente avistarla fuera del pinar, en zonas cultivadas, en castañares, e incluso en palmerales y cañaverales. Llega a nidificar en el monteverde, donde parece haberse asentado en los últimos años.
Una de las rapaces más emblemáticas de la isla corona los cielos de Tamadaba. Se trata del gavilán, cuya subespecie (Accipiter nisus granti) es un endemismo de Canarias y Madeira, que tiene su hábitat preferente en relictos de monteverde y en los pinares húmedos, de exposición septentrional, con presencia de abundante sotobosque.
Tamadaba alberga una de las joyas ornitológicas del archipiélago: el pinzón azul de Gran Canaria (Fringilla teydea polatzekii), una subespecie que se diferencia de la especie clásica, que tiene su hábitat en la isla de Tenerife (Fringilla teydea teydea).
Aunque desde su descubrimiento, en 1905, el hábitat clásico de Fringilla teydea polatzekii han sido los pinares de Ojeda, Inagua y Pajonales, en 1958 su presencia es confirmada por vez primera en Tamadaba, donde siempre ha resultado escasísima. Las últimas citas del pinzón azul para Tamadaba datan de los años 1994 y 1995. Con posterioridad, en noviembre de 2002 se procedió a la reintroducción de 6 individuos en el marco del Programa Life.
Ver en el anexo la Tabla 8.1. “Inventario de aves del término municipal de Agaete”.
Mamíferos
De las tres especies de quirópteros citadas para la isla de Gran Canaria, el territorio municipal acoge dos de ellas: los murciélagos montañero (Hypsugo savii) y de borde claro (Pipistrellus kuhlii). Desde el inicio de los años noventa del pasado siglo ambos mamíferos han incrementado sus efectivos y sus poblaciones en la isla. En el municipio que es objeto de este análisis ambiental ocupan escarpes del entorno de las Casas del Camino y de los Berrazales, en el Valle de Agaete; del corazón del pinar de Tamadaba, y de las inmediaciones de la localidad de El Risco.
Las restantes especies que han sido consignadas en el municipio son de marcado carácter cosmopolita y han sido introducidas por el hombre. Algunas podrían estar usurpando nichos ecológicos de elementos de la avifauna que muestran escasa competencia en la colonización de áreas sensiblemente antropizadas. Sucede así con las ratas negra y gris (Rattus rattus y Rattus norvegicus), el ratón (Mus
musculus domesticus) y el gato asilvestrado (Felis silvestris catus). En entornos con un componente
natural más elevado aparece con frecuencia el conejo (Oryctolagus cuniculus) y el erizo moruno (Atelerix algirus). El primero fue introducido tras la conquista de la isla con una finalidad estrictamente cinegética, causando el deterioro de la flora autóctona y la merma de la producción agrícola.
Ver en el anexo la Tabla 8.2. “Inventario de mamíferos silvestres y asilvestrados del término municipal de Agaete”.
Reptiles
Tres especies endémicas, dos de distribución insular y otra macaronésica, con una subespecie también endémica de la isla, están presentes en el municipio. El lagarto de Gran Canaria (Gallotia stehlini), que con frecuencia supera los 50 cm. de longitud, muestra preferencia por ambientes pedregosos, cercanos a asentamientos humanos, aunque se extiende por toda la isla, desde zonas de poca altitud asociadas al cardonal-tabaibal y al bosque termófilo, hasta las cumbres del municipio. El perenquén de Boettger (Tarentola boettgeri) se distribuye por las islas de Gran Canaria (ssp. boettgeri), El Hierro (T. boettgeri
hierrensis), y el pequeño archipiélago portugués de las Salvajes (T. boettgeri bischoffi). En Madeira se
extinguió a principios del siglo XX. De hábitos nocturnos, es una especie abundante en la franja costera y en las medianías, rara por encima de los 750 m y ausente en cotas superiores a los 1.000 metros. La lisa (Chalcides sexlineatus), es un endemismo grancanario que muestra una elevada variedad morfológica. A pesar de tratarse de un reptil abundante, su comportamiento discreto no hace fácil su observación. En el municipio de Agaete puede observarse desde las localidades costeras hasta las cumbres del término municipal; sin embargo, presenta una mayor densidad en los enclaves de las medianías sometidos a la incidencia del mar de nubes que arrastran Los Alisios. Sorprendentemente, resulta rara en el pinar de Tamadaba.
Su atractiva coloración, la convierten en un reptil codiciado por terrariófilos y colectores. Esta circunstancia ha conducido a incluirla en el Catálogo Español Especies Amenazadas, con la categoría de Interés Especial.
Anfibios
Mientras la rana común (Rana perezii), está vinculada a la presencia permanente de agua, la ranita de San Antonio (Hyla meridionalis), abandona con frecuencia el entorno acuático; desarrolla parcialmente su vida en sectores de abundante humedad, y regresa al agua para su reproducción. Ambas especies han sido introducidas en el archipiélago.
Ver en el anexo la Tabla 8.4. “Inventario de anfibios del término municipal de Agaete”.
Categorías de protección de la fauna vertebrada terrestre
En la relación adjunta, a cada una de las especies cuya presencia ha sido constatada se le asigna los