Action Plan
Outcome 06: Safe and suitable premises Theme: Effective Services
institucional que nace a partir de la llegada de la televisión a nuestro país, por aportar a los ciudadanos contenidos de calidad y que les permitieran un acceso a la educación extra escolar además de ofrecer entretenimiento y productos novedosos, deja al descubierto la importancia que tiene la televisión en la construcción social de nuestro país además de ayudar con el avance no sólo tecnológico sino cultural.
La visión de multiculturalismo, permite abarcar la gama de necesidades que la televisión cultural debe reflejar en sus contenidos pero sobre todo, la inclusión de la diversidad etnológica y cultural de nuestro país.
La televisión como herramienta social, que permite la inclusión en actividades y contenidos a los que no se tendría acceso por otras vías, debe permitir al televidente acceder a contenidos de calidad que le ayuden y le permitan hacer parte de una acción social activa dentro de su entorno. Esto mismo lleva entonces a la reflexión sobre cómo la televisión nacional pero más puntualmente la cultural ha dejado a un lado, muchos de estos puntos de vista y ha permitido que la televisión privada tenga una mayor aceptación ante el público en general.
En este capítulo se estudiara, el acercamiento de los espectadores a la televisión cultural, el acceso al capital cultural a partir de la televisión cultural y como podría la globalización además del contexto social que tenemos hoy en día aporta a la construcción de la televisión en nuestro país.
LOS ESPECTADORES FRENTE A LOS CONTENIDOS
Nos enfrentamos a una crisis de contenidos, donde la oferta de programas se limita al espectáculo y de alguna manera a los contenidos basura, en los cuales la prioridad es el entretenimiento y no la educación y la formación ciudadana; sumado a esto, la falta de promoción en los contenidos de la televisión pública no permiten el acercamiento de los televidentes a este tipo de ofertas televisivas.
En este punto, nos encontramos entonces, con el principal problema de la televisión cultural en nuestro país. Aún cuando los contenidos evidentemente están relacionados y pensados para la formación y la mejor estructuración de la cultura y el arraigo de la misma, el problema comienza en la falta de promoción y publicidad para este tipo de contenidos, puesto que al no existir fuentes de ingresos destinados a la publicidad de los mismos, estos no pueden mantenerse al aire y terminan por ser retirados de la parrilla o producidos para un lapso bastante corto en la pantalla.
Esto termina por ser una herramienta subutilizada en la televisión, puesto que si un porcentaje de la población, logra identificarse con el programa o encuentra algún tipo de gusto por el contenido, este termina por ser violentado al no encontrar constancia en los programas y aún más al no ser tenido en cuenta.
Sumado a esto, el manejo de entes gubernamentales encargados de la regulación de este tipo de contenidos y de los mismos programas, juegan un papel fundamental en la construcción de este tipo de televisión. Los televidentes, necesitan ser tenidos en cuenta a la hora de la elaboración o por lo menos de los contenidos de los mismos, para de este mismo modo construir una participación activa no sólo a la hora de la realización sino de la construcción cultural.
Tal y como dice la Ley de cultura general, donde se busca incluir a los ciudadanos en la construcción de cultura a partir de espacios como en este caso, el televisivo; “el estado impulsara y estimulará los procesos, proyectos y actividades culturales en un marco de reconocimiento y respeto por la diversidad y variedad cultural de la Nación Colombiana” (Ley general de cultura, 1997. Pg.67 ), de este modo, la construcción de programas culturales, en este caso puntual, están en el deber de crear espacios de participación donde los espectadores tengan la oportunidad de opinar y aportar. Sin duda alguna, esto se ha
mal entendido, creando espacios como los hechos por la Comisión Nacional de Televisión, donde los ciudadanos expresan sus quejas y se da la creación de espacios de opinión pero, ¿Hasta qué punto esto si está construyendo televisión y los ciudadanos están aportando?. Dado su contenido y la misma presentación del programa, este tipo de espacios no trascienden más allá de una simple puesta en escena donde se debate con “expertos” en el tema, sobre las dudas y las opiniones de los espectadores, sin tomar una verdadera acción y un cambio radical en la producción y diseño de los contenidos en las parrillas televisivas. Este tipo de espacios, como se dijo anteriormente, nacen desde el afán por dejar ver que si se está teniendo en cuenta al espectador, pero sin duda alguna no crean realmente un espacio de construcción dinámica real, estos “estudios de público adquirieron un vigor inusitado impulsados por la competencia voraz de las industrias culturales” ( Ana Rosas Mantecón,2002. Pg. 257.). Esto refuerza entonces, la idea de la inclusión de los televidentes en el contenido y su participación ante los mismos.
Esto nos lleva entonces a analizar, además de lo anterior, los contenidos que se estructuran en los programas de televisión cultural y como el mismo contexto social en el que se encuentre el país afecta a estos mismos.
TELEVISIÓN Y CONTEXTO SOCIAL
En un contexto social como el nuestro, la mayoría de producciones audiovisuales dispuestas para el mercado de la televisión, tienen falencias desde la misma concepción de los mismos. La distribución de la información y del mismo mensaje que quiere transmitirse se basa por lo general en la suposición de lo que el consumidor final quiere, es decir todas las expresiones culturales televisadas parten del hecho de lo que la mayoría consume y necesita; siendo consientes en este punto que estas “necesidades” la mayoría de la veces han sido creadas a partir de lo que se muestra y expone en la televisión, las modas y las adaptaciones de consumo extranjero en el territorio nacional; se parte de la suposición pero no realmente desde las necesidades, gusto y curiosidad del espectador, cayendo pues en el error de la exclusión una vez más de lo que el televidente quiere. Estos problemas nacen, del mismo modo, desde los procesos gubernamentales que se impulsan en el momento político por el que atraviese el territorio, en este caso Colombia; de este mismo modo cabe entonces ver como nuestro país atraviesa por un proceso de
Tratados de libre comercio no sólo con países como estados unidos y de algún modo Europa, que están bombardeando nuestra televisión con productos que reflejan nuevas sociedades y culturas pero sobre todo nuevas necesidades que poco a poco empiezan a adaptarse en el país como propias, lo que sin duda alguna permite el desligamiento de las raíces culturales propias.
Tal y como se dijo al inicio de este capítulo, en los inicios de la televisión en Colombia “se afirma que la televisión debe llegar a todas las regiones del país, que su misión es educativa y cultural, que los resultados – buenos o malos- dependen de la calidad de su programación y que está será tan variada que ofrecerá << temas agrícolas para campesinos y agricultores, temas técnicos para industriales y obreros. Además los temas cívicos tendrán el cuidado que merecen. El arte y la ciencia serán difundidos por intermedio de innumerables películas>>. (Guillermo Orozco,2002. Pg. 117.)
Esto vislumbra la necesidad de una televisión enfocada en la educación del pueblo, se ve en la televisión la mejor herramienta para el crecimiento del país y el arraigo de su cultura y sus costumbres ofreciendo o mejor, planteando como idea inicial contenidos que incluyan a todos y tengan presentes las necesidades y condiciones en las que vive la población, integrando la cotidianidad del espectador como una vivencia del aprendizaje a través de la televisión.
De este mismo modo “lo cultural tendrá diferentes momentos, ya sea en la propuesta de una televisión educativa, en la construcción de un melodrama nacional, en la circulación de las regiones o en la ubicación de la cultura propia dentro de la mundialización” (Guillermo Orozco,2002. Pg. 121.), incluyendo de este modo la herramienta fundamental de los contenidos nuevos que mantengan la visión globalizada de la televisión, que contenga en sí misma, propuestas estéticas nuevas pero sobre todo renovadas que le permitan al público sentirse más a gusto y en un contexto mucho más contemporáneo. Por esto mismo, se haría “incuestionable que la televisión es el más poderoso medio de comunicación del que puede valerse el hombre” ( Guillermo Orozco,2002. Pg. 127.), de este modo ¿Por qué entonces es a su vez el medio que más se desaprovecha? Y ¿Por qué se ha desaprovechado en la construcción de la identidad cultural? Es simple, la visión de la función de la televisión se desvirtuó en el mismo momento en que se vio en ella la mejor
solución de la comercialización y de la venta del consumo a través de ella. El panorama es menos alentador cuando analizamos los contenidos que se muestran en la pantalla, pues estos le quitan cada vez más su valor real, alejan a las nuevas generaciones de una construcción social y cultural activa pero sobre todo; contenidos basura que no aportan nada al intelecto de los espectadores. La televisión se convirtió en la mejor forma de “idiotizar” al pueblo, de mantenerlo absorto en una realidad efímera que lo ayuda a de construir la sociedad pero sobre todo las culturas autóctonas de nuestro país.
La globalización trae consigo además, la inclusión de costumbres que hacen perder la identidad de los ciudadanos más rápido que la misma deconstrucción del país por la mala imagen que se ha generado del mismo en los últimos años, reality shows, telenovelas y programas concurso adaptados, para citar sólo algunos, separan del objetivo esencial de una televisión de calidad, por sus contenidos vacios.
“En su mayor parte, los medios electrónicos convencionales no han conseguido aportar a las comunidades, no sólo una realimentación positiva sino cualquier tipo de realimentación o de información relevante” (M.L Defleur y S. Ball-Rokeach, 1982. Pg. 156.), esto sin duda alguna demuestra el gran valor de la televisión institucional que, mal que bien, gracias a las leyes sobre televisión cultural, mantienen la defensa de los buenos contenidos y esto trae consigo la responsabilidad de mantener además de vigentes los contenidos, una renovación en su lenguaje pero sobre todo la responsabilidad de atraer espectadores hacia ella.
Este mismo punto, trae al análisis cómo los elementos de la televisión comercial ayudarían en el enriquecimiento de la televisión pública, “dentro de esta comprensión, lo comercial vendría a ser claramente lo contrario a lo cultural, cuando no su enemigo” (Guillermo Orozco,2002. Pg. 131.). En este caso, dejando a un lado la falta de contenidos enfocados a la educación de la televisión comercial, hay que analizar de estos, la manera de encontrar un equilibrio en la televisión cultural, entre el entretenimiento y los buenos contenidos y como punto importante, como se dijo anteriormente, la publicidad para la promoción de estos mismos.
Entramos en este caso, en el análisis de la gran debilidad de la televisión cultural, la falta de promoción de sus programas y contenidos pero sobre todo la poca inversión en tecnología que enriquezca la estética en la elaboración de los mismos, puesto que lo que
marca la diferencia en cuanto a avance en la transmisión y el contenido de estos, está ligado sin duda alguna a la tecnología.
TECNOLOGÍA Y TELEVISIÓN CULTURAL
Se ha hablado de tecnología, no sólo en el uso material de máquinas, cámaras, mejores equipos y demás, sino en el enriquecimiento estético que estos mismos darán al producto final que pretende ofrecérsele al espectador.
Es bien sabido por la mayoría de la audiencia como, los recursos tecnológicos del extranjero permiten en sus programas, a los cuales la población puede acceder gracias a la televisión por suscripción, que los componentes tecnológicos den un nuevo sentido, no simplemente en cuanto a narrativa audiovisual sino en montaje y composición de planos y de enriquecimiento de la imagen. Este tipo de elementos son los que con el paso de los días los televidentes comparan entre la televisión de formatos de otros países y los propios como los de la televisión privada, con los canales públicos.
Esto hace que “la diferencia fundamental entre ambos modelos se centra en el tipo de financiación, que repercute en la programación.”(Pere-Oriol Costa,1986. Pg. 35.) Demuestra esta comparación entre la televisión pública y la privada como, al inyectar capital a la hora de la producción de contenidos, hace la diferencia entre contenidos y la calidad de los mismos y evidentemente el uso de mejor o peor tecnología para la realización de estos; hace parte también del valor estético y el cuidado de los contenidos, puesto que en el momento que la población tiene acceso a programas extranjeros que le muestran una calidad estética mayor a los de la televisión pública, este se aleja y a su vez impide la pronta identificación con los productos nacionales pero sobre todo con los de la televisión cultural.
Por esto sin duda alguna, “la calidad de la programación también está en función de que se obtengan los recursos necesarios para poder financiarla.”(Pere-Oriol Costa, 1986. Pg.82.) y de este mismo modo se determina como, la inclusión de la publicidad juega un papel relevante en el momento de la inyección de capital para el mantenimiento de las producciones y la compra de tecnología. El problema de la inclusión por parte de la publicidad, es la dependencia que esto crea en el mantenimiento de la audiencia y la misma esclavitud que esto crea tanto para la televisión pública y los televidentes; puesto
que entraría a jugar en ese mismo momento, la clase de contenidos que deberían transmitirse ya que en la medida que el control sobre estos mismo se pierda, la distracción del televidente sobre lo primordial, se perdería totalmente.
En este caso, el control estatal o del ente regulador encargado de la revisión y parámetros dentro de los contenidos de la televisión pública pero, sobre todo en la televisión cultural, tendría que establecer reglas claras y un control contundente sobre los contenidos tanto de los programas, como en las pautas publicitarias para no perder su esencia en cuanto a construcción cultural, social y educativa se refiere.
Por tanto la publicidad es útil “ para afrontar los grandes presupuestos que requiere la progresiva sofisticación de las técnicas.” (Pere-Oriol Costa,1986. Pg. 35.) Además de la ayuda que brindan para los presupuestos estas “… tienden en todo momento a captar el máximo número de espectadores.” (Pere-Oriol Costa,1986. Pg. 35.) trayendo consigo no sólo una renovación a la televisión cultural sino además permitiéndole a ella misma, crear una nueva estructuración alrededor de la promoción de sus programas que le permita a estos, tener un mayor cubrimiento en cuanto a población además de crear una forma llamativa para que el público cree un interés por sus contenidos y el seguimiento de los mismos.
Sin lugar a dudas “la rentabilidad de una empresa de televisión no se puede medir tan sólo por el resultado económico positivo; es necesario tener en cuenta y valorar si la actividad empresarial, ha cubierto los fines de la comunicación que constituyen su más importante objetivo.” (Pere-Oriol Costa, 1986. Pg.85.), lo cual recalca y recuerda cómo aun cuando lo económico es importante, no debe perderse de vista el contenido y la calidad del mismo, pues de este modo se caería en la misma equivocación de la televisión comercial; más sin embargo el éxito rotundo de la televisión cultural radica en encontrar el equilibrio entre el cubrimiento e inclusión de toda la población, la construcción dinámica de la cultura y por su puesto la estabilidad económica que le permita financiarse a sí mismo y financiar de manera optima sus proyectos y la misma inversión en tecnología.
CONSTRUCCIÓN DE CULTURA E INDUSTRIA CULTURAL.
Como ya se ha visto anteriormente, el punto radical y más importante en el desarrollo y diseño de un programa cultural, se basa en su contenido, pero sobre todo en la
herramienta social que este mismo constituye para la formación de sociedad y además de ciudadanos y espectadores más activos frente a lo que ven. Constituye entonces a la televisión cultural, la responsabilidad de la prolongación de la cultura, pero sobre todo de la integración, identificación y arraigo de la misma a partir, de propuestas innovadoras que no dejen a un lado, las políticas gubernamentales, ni la tecnología ni la opinión del consumidor final, como se dijo con anterioridad.
La televisión se ha convertido en el mejor dispositivo de industria y de capital cultural que el mundo contemporáneo tiene, claro está que tal y como la tecnología avanza en este momento, este mismo capital cultural se está convirtiendo en un capital globalizado que ha empezado a separar a la construcción de cultura de cada país de sus raíces pero, sobre todo de la identidad de los televidentes con su propia región. Este mismo efecto de la globalización que alcanza cada día dimensiones más astronómicas con ayuda de la televisión por suscripción, la internet y hasta los mismos tratados de libre comercio (TLC), ha llevado a las culturas, si se puede decir así, a ser consumibles y hasta moldeables y transformables, debido al gran bombardeo de información que se recibe a diario, con los programas extranjeros que venden modas, ideologías y hasta estilos de vida de famosos. Tanto acceso y libertad para consumir, retira cada día más a nuestra televisión de la competencia pero sobre todo, de la atención del consumidor.
Todo comienza con el afán del capitalismo por abarcar cada uno de los espacios dentro de los medios para poder acceder al receptor, en este caso el televidente, y poder sembrar en él la necesidad de identificarse con el contenido, enamorase de él, para finalmente consumirlo. Nuestra industria cultural ha estado mediada por procesos que ni siquiera nuestra cultura misma ha atravesado, pero con el tiempo se han adaptado como propias. La industria cultural, le permite a los espectadores acceder a los contenidos que este desee pero sobre todo que el sistema quiera ofrecerle, las necesidades que este mismo ha creado alrededor de lo que consume o lo que así mismo debería consumir; en este mismo orden de ideas esta, industria cultural, es la que ha permitido el ingreso de contenidos extranjeros, programas concurso, publicidad y este tipo de productos televisivos pero ¿Hasta qué punto realmente, este tipo de emisiones y de imaginario de industria cultural está bien enfocado a su real significado pero sobre todo, como real herramienta de construcción cultural?
Tomando la construcción general de la idea de industria cultural, para la aplicación sobre la televisión cultural, dejando de lado la alienación que la primera genera en los espectadores, podría desarrollarse de esta teoría la idea del acercamiento del público hacia cierto tipo de contenidos, la rápida identificación y simpatía sobre los productos además de la creación de la necesidades frente al público. Creando alrededor de la televisión cultural un tipo de construcción llamativa, que en vez de vender contenidos vacios venda y promocione la creación de cultural a partir del acercamiento a las diferentes poblaciones, costumbres e ideologías, siendo como su principal producto de venta la cultura pero sobre todo la participación activa del público, lograría reconocerse en la televisión cultural una nueva industria cultural que fortalece la educación y la sociedad de nuestro país.
LA TELEVISIÓN COMO USO Y GRATIFICACIÓN