• No results found

Chapter 3: Can issue attributes explain different mechanisms of policy diffusion?

3.3 Linking issue attributes to diffusion mechanisms – an exploratory model

3.3.2 Salience

UNIVERSIDAD HUMANISTA

El hombre en sí, cualquiera que sea su posición, rol y rumbo en el Cosmos, nace en el paraíso, vive sin lograr definirlo y paradójicamente muere en él sin saberlo ¡Qué gran contradicción es la vida del hombre! Semejante situación se presenta en el pensamiento filosófico, sobre todo cuando se evalúa a sí mismo y observa los estadios de decadencia (desgracia y miseria), prosperidad (felicidad) y renovación (esperanza) humana, en su macro y micro Cosmos. Esta situación se desarrolla en función de la desesperada búsqueda del ansiado paraíso del ser pensante, que al mismo tiempo informa lo que perdió de él a su muerte.

Teódulo J. Santos Cruz.

ador. Fuente: Laboratorio del Investig

RESULTADO N° 2 UNIVERSIDAD CIENTIFICA

Vista cultural de la U.N.T. Institución material del Estado Peruano

Laboratorio biogenética Producción asistida de técnica y ciencia.

Representación fotográfica del bienestar de la población. Fuente: Laboratorio del investigador.

RESULTADO N° 3 UNIVERSIDAD DEMOCRATICA

Asamblea ciudadana institucional

Proceso electoral

DISCUSIÓN

DISCUSIÓN DEL RESULTADO N°1: UNIVERSIDAD HUMANISTA 1. El hombre en la búsqueda de su paraíso

El hombre busca siempre relacionar las ideas de la vida y el movimiento. Pero los hechos de la vida, la vida misma y el movimiento no son siempre tan sencillos como parecen ser. Para que en el hombre como ser organizado exista vida, en función del movimiento, se requiere una serie de condiciones especiales como:

ƒ Irritabilidad o capacidad de reaccionar entre sí a los estímulos externos como la luz, el calor, la humedad, la presión, etc.

ƒ Nutrición o capacidad de asimilar materias necesarias para subsistir.

ƒ Respiración a través de unos órganos especializados, porque el ser vivo absorbe oxígeno y expele anhídrido carbónico.

ƒ Excreción o expulsión fuera del organismo vivo de las materias nocivas o inservibles.

ƒ Crecimiento o desarrollo físico del propio ser, vinculado al espacio, al tiempo y al movimiento.

ƒ Reproducción para perpetuarse como especie en el universo.

Sin embargo, es sintomático y contradictorio que muchos seres vivos no cumplan alguna de estas condiciones básicas. Por ejemplo, los microbios anaeróbicos mueren en contacto con el oxígeno, la facultad de reproducción no existe en los híbridos, como los mulos, y hay muchos animales, como ciertas tortugas, capaces de pasearse un año sin ingerir alimento.

Por su lado, en una curiosidad científica para cuestionar lo afirmado, Aristóteles con sutileza sostuvo que hay algo que posee estas características, pero que no tiene vida: se nutre, se reproduce, deja elementos de desecho y crece sin ser un cuerpo viviente; ese algo es el fuego. Pero a las llamas le falta la tendencia, la finalidad, la organización, que es carácter indispensable a los seres vivos.

Separar el mundo inerte del mundo organizado parecía, hasta hace pocos lustros, una tarea muy sencilla. Hoy se discute si el supuesto mundo inerte, inorgánico tiene vida, movimiento, audición y en qué puede diferenciarse de lo orgánico, y si este último salió del primero por el movimiento; Un elefante es un ser vivo, una roca no. Mas, al profundizar en el conocimiento de los seres infinitamente pequeños, se generan dudas y se ve como algo sumamente confuso la línea divisoria entre los dos mundos.

Hay cuerpos en los que es posible determinar de un modo claro si son seres vivos o moléculas inorgánicas muy complicadas. Los virus, por ejemplo, son microbios

sumamente pequeños. El productor de la poliomielitis, mide una centésima de micra. Son necesarios, por tanto, 100, 000 de ellos puestos en fila para cubrir la distancia de un milímetro. Se comprende que sólo el microscopio electrónico haya sido capaz de hacerlos visibles. Las nucleoproteínas, sustancias químicas formadas por moléculas sumamente complicadas, en algunos casos se comportan exactamente igual que los virus y existen dudas si son seres vivos o sólo compuestos químicos, por tanto inorgánicos.

Los doctores Frankel y Williams, de los Estados Unidos, afirmaron que habían obtenido en sus laboratorios nucleoproteínas vivas por síntesis, es decir, habían creado vida, pero en una forma tan rudimentaria, que sólo podían existir sobre otras materias vivas. Se trataba, por tanto, de algo que está en la borrosa línea, tan difícil de precisar, que separa lo vivo de lo inerte. Pero esa estimación o creación de vida simplísima en el laboratorio está a gran distancia de la complejidad de un ser vivo, tan sencillo como puede ser una ameba o un hongo.

Se conocen las manifestaciones de la vida y se señalan sus notas características, pero los científicos no logran saber qué es en sí la vida. Porque ésta presupone, además de una cierta organización de los elementos que forman el cuerpo vivo, la unidad de intención, es decir la tendencia por la que todas las partes contribuyen a una finalidad. En un huevo, por ejemplo, se encuentran una serie de sustancias (azúcares, grasas, proteínas y agua), que son los compuestos orgánicos indispensables para que exista la vida. Éstos tienden a transformarse en un polluelo, que es un microcosmo complicadísimo en el cuál billones de células trabajan ordenadamente para cumplir ese fin o tendencia que da por resultado un pollo adulto. ¿Por qué no se descomponen dichas sustancias y originan carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y pequeños rastros de fósforo, azufre, calcio, etc? ¿Por qué tienden a la creación de formas más complejas y no a descomponerse? En esta tendencia a crear formas más organizadas se encuentra oculto el gran secreto de la vida eso es el paraíso del hombre. El paraíso del hombre está rodeado de una complejidad biológica que no es fácil entenderlo.

El nacimiento del hombre no es casual, menos todavía podríamos afirmar que está predestinado a sufrir. Si embargo, éste termina inexorablemente en la muerte. Él nace en un paraíso provisto de todo, dueño de todo, con poderes sobre todo, con la suficiente capacidad para conocerse a sí mismo. Estos atributos constituyen el paraíso en sí del hombre. Esto se convierte en el suceso del nacimiento cuando el hombre, en sí de por sí, se diferencia de los demás seres vivientes. Reconoce que ambos salen de un ancestro cósmico y que él ha sido elegido y ungido como el privilegiado para pensar, trabajar y que

gracias a este atributo supera todas sus debilidades materiales y espirituales. De no ser así, su paraíso de nacimiento en sí y para sí, hubiera seguido el triste y lamentable rumbo de los animales y otros seres con vida. El paraíso del hombre es su ser biológico como es y las grandes e infinitas posibilidades espirituales y humanizantes que posee..

En el desarrollo del hombre, su propia belleza y posibilidad como tal le llevan a confundirse en el seno mismo de su paraíso. Esta confusión estriba fundamentalmente en un atributo natural: la inteligencia. Ésta genera no sólo el conocimiento del poder, sino la posibilidad y probabilidad del dominio del micro y macro mundo; pero, paradójicamente, también pretende destruir el paraíso en el cual nació y construir uno nuevo para canjearlo con otros mundos que se ha propuesto conquistar. Por ello, vive en lo que se llama etapas de felicidad, etapas de crisis y autodestrucción, así como esperanzas de corregirse a sí mismo, de enmendar su rumbo y aspirar a un nuevo modelo de vida. La inteligencia del hombre es su naturaleza biológica, pero también es la posibilidad de construir o destruir su mundo o perfeccionarlo a su favor.

A pesar de todo, el hombre en su vida, aun cuando no cree vivir en el paraíso, a su muerte individual, como género, especie en grande, cataclismo natural o como obra humana queda su obrar, su tránsito terrenal, su ambición y desesperación como la gran obra de su propio paraíso y vive eternamente en ese paraíso porque siempre se tendrá presente lo que hizo en sí y para sí, como humano en el tránsito por el cosmos.

Ante todo esto: ¿Qué nos interesa del hombre en el proceso de encontrar su propio paraíso? Nos interesa la etapa de cuando el hombre se cuestiona a si mismo en función valorativa, Y esto es un asunto de reflexión en diversas corrientes humanistas, aun cuando las mismas no hayan satisfecho totalmente todas las interrogantes al respecto.

Así, pues, en el pensamiento filosófico humanista nos encontramos con determinadas corrientes filosóficas que afirman la decadencia, la crisis de la vida humana y el posible panorama sombrío y desolador que le espera. El hombre ha recorrido desde hace siglos los caminos que son su paraíso: la aventura y el peligro. Ambos son la esencia del paraíso del hombre. Toda su vida está marcada por el riesgo que asume, por el peligro que enfrenta, siempre buscando, curioseando como un aventurero que cree que siempre hay una curiosidad que satisfacer. En este proceso histórico ya no puede retroceder al camino de peligro y aventura al que se ha sometido. Frente a este carácter, las profecías humanistas lo sitúan en el acabamiento, en la hecatombe inevitable de la especie.

Este humanismo afirma axiomáticamente que el hombre de hoy deberá renunciar a la aventura y al peligro. De no ser así, éste ya no volverá a ver la pintura, a escuchar la

música de gran estilo, menos todavía observará las formas arquitectónicas como las creadas en el renacimiento. En medio de la deshumanización actual, creada por el sentido del paraíso, el hombre tiende a perder todo lo humano. Acaso, ¿es otro modo de hacer humanismo, de vivir el humanismo? ¿O es que el paraíso es vivir el pasado? Suponemos el pasado pletórico de lo bueno e insuperable. Si esto último es cierto, ¿las generaciones que nos sucederán verán su presente menos humano que el actual, que el nuestro?

Sin contradecir a Klages ni a Spencer, porque el suyo es su forma de pensar en la aventura y peligro que entraña el desarrollo del hombre, el hecho de volver a ser planta, pegado al terreno, reconcentrado y duro, un nuevo labrador, que engendra hijos y sepulta la semilla en el seno de la madre tierra, no es valorativamente una idea aterradora, esa forma de vida no ha sido superada por la actual. Mucho de lo que consideramos superado y ajeno al presente todavía sigue vigente, aún es actual. La modernidad no ha matado el llamado a la tierra. Antes bien, en el presente, el hombre nace y se desarrolla débil, enjaulado, en un laberinto de fierro y cemento como una fiera con la mayor condena, en la cual no es dueño de un paraíso, sino el animal de granja, esperando ser vendido en el mercado, para ser consumido como cualquier producto industrial, tanto por las armas como por las epidemias o las guerras, o en todo caso consumido lentamente en los conglomerados industriales o financieros mundiales.

Hammacher nos dice:

“Lo que nos enseña la cultura moderna es sólo ejemplo de la decadencia que hasta ahora ha efectuado a todo pueblo después de alcanzado su apogeo, y esta realidad es, a su vez, sólo un caso particular de lo que constituye en general la esencia de lo vivo, a saber que las mismas condiciones que llevan a la madurez preparan al mismo tiempo el final”.

Ante estas afirmaciones que sepultan la posibilidad del hombre, surge la acuciante pregunta: ¿Se debe detener todo este proceso social en el cual supuestamente el hombre pierde? O ¿se tiene que alentar el normal desarrollo histórico del ser humano? Para nosotros no se puede detener o variar la aventura y el peligro propio del paraíso. La naturaleza esencial del hombre es el paraíso, aun cuando lo que encuentre por paraíso sea su propia muerte. En verdad, desde nuestro particular punto de vista, el pensamiento filosófico que posibilita felicidad al hombre en la época presente, a partir del debate entre la victoria y la muerte, parece superada con nuestra propuesta filosófica de que el hombre vive en un paraíso en el cual se ha perdido y se busca a sí mismo en forma incesante a través del desarrollo científico y tecnológico con la aventura y el peligro de

autodestruirse, peor si esa destrucción lo coloca en el paraíso eterno, en ese histórico recordar de lo que hizo, visión de la Universidad Humanista.

Sin embargo, dando cabida a la propuesta de Ortega y Gasset:

“El hombre del presente siente que su vida es más que todas las antiguas o dicho viceversa, que el pasado integro se le ha quedado chico a la humanidad actual. Esta intuición de nuestra vida de hoy anula, con su claridad elemental, toda elucubración sobre la decadencia”.

Ortega y Gasset tiene razón, pero habría que agregar a su pensamiento que esto se explica por la necesidad imperiosa del hombre de propender a la aventura y al peligro, al paraíso, que el desconoce. Y aun cuando la realidad le sea adversa, su satisfacción está en participar del paraíso, a pesar del ayer o del mañana.

Por otro lado, está el pensamiento filosófico que pretende explicar la racionalidad y la mecanización del hombre como un desarrollo positivo sobre la base del perfeccionamiento del alma, como una alegría creadora, responsabilidad y sentimiento de la solidaridad, no en el sentido de la sociedad de intereses, sino en el de la comunidad humana. En ella uno está al servicio de todos y todos al servicio de uno. El mismo pensamiento filosófico conlleva a una nueva estructura humana, social, económica y política del mundo. En este sentido, su importancia radica en la posibilidad de reorientar la crisis o decadencia del desarrollo humano y evitar el regreso a las eras ya superadas, a los modos de vida de barbarie y ausencia de civilización. Esta crisis histórica que postula la referida corriente filosófica y que supone una contradicción ya existente entre la inteligencia y el alma, Rathenau lo resuelve proponiendo la identificación de esta contradicción. Por tal razón postula lo siguiente:

“El conjunto de pensamientos que la sociedad y el individuo llevan en sí acerca de la naturaleza y fin del hombre en el mundo, si no resuelve el problema de la contradicción entre la inteligencia y el alma, expresando en la racionalidad y la mecanización, nos acerca a tal solución y nos invita a postular una noción filosófica que no sólo resuelva esta contradicción, sino que calme la preocupación de la decadencia y consolide la posibilidad abierta de la vida que nos habla Ortega y Gasset. Entonces nuestra teoría resolutoria propuesta hoy al mundo es la cultura del deber humano, sobre la transformación de la conciencia del hombre, teniendo como herramienta principal y órgano directriz al cerebro, cuya formación biológica e histórica generó las funciones que dieron nacimiento al hombre en el gran paraíso de su macro y micro cosmos”.

Esta solución a la contradicción presentada recae en el pensamiento del hombre, en el desarrollo de la misma a través del conocimiento de la ciencia y de la tecnología, éstos son

los mecanismos para crecer como seres humanos en el concierto de la decadencia. Los agoreros que anuncian el fin del hombre no confían en esta facultad. Pero, en nuestro parecer, es tal la posibilidad de la misma para abrirnos el paraíso de la dicha del hombre. Pero, ¿qué solución le damos a esta contradicción?, ¿quién o qué institución nos lleva a resolver esta contradicción? La Universidad peruana, en nuestra óptica, es la institución llamada a tal propósito, pues ella es el medio natural para el desarrollo del humanismo. Y es éste el que debe caracterizar a cada claustro universitario que integra nuestro sistema universitario peruano. Nosotros entendemos esta universidad como la academia de Platón, como el liceo de Aristóteles y si retrocedemos más, como el pórtico de los estoicos, la ciudad de Elea para los eleatas o la comunidad misma de Sócrates; la escuela de la Edad Media y los colegios que integraron el nacimiento de las primeras universidades a partir del siglo XI de la Era Cristiana.

Hurgando los fundamentos filosóficos de la Universidad encontramos las concepciones humanistas como el escenario natural para la filosofía sobre la naturaleza, la sociedad, el trabajo, el hombre y el pensamiento. De esta manera, la Universidad constituye en sí misma, de manera espontánea o prevista, un proyecto humanista para la búsqueda del paraíso. Un medio para resolver la contradicción entre los cambios consustanciales a la naturaleza humana y evitar la degradación de la naturaleza y del hombre como efecto de estos cambios. Pero, también la universidad es una manifestación de un proyecto de desarrollo humano, que busca el mejoramiento humano en medio de las contradicciones ya establecidas. Por antonomasia, el desarrollo humano propugnado por la Universidad está imbricado dentro del desarrollo de un país. Y ésa es también la naturaleza de la Universidad.

2. Evolución histórica de la concepción humanista:

A continuación, presentamos la expansión del humanismo como modelo filosófico en el pensamiento universitario, a partir de los grandes problemas filosóficos sobre el hombre como agente protagónico del macro y micro cosmos, en su tránsito y muerte como fin de su existencia.

2.1. El humanismo en la Edad Antigua

El marco general de este humanismo es el sentido que el “cosmos” y el hombre están íntimamente entrelazados y el estudio de uno siempre repercute sobre el otro.

¿Qué es el humanismo en la Edad Antigua? Humanismo procede de la palabra latina humanitas, que significa educación del hombre en cuanto tal, de su formación de acuerdo con la verdadera forma humana, con su auténtico ser. Para estos hombres el

término humanista es la traducción de lo que en griego representaba la paideia, apareciendo como sinónimos de nutrición intelectual.

¿Cómo nace el humanismo? Nace con el auspicio de los estados griegos, promoviendo un desarrollo pleno e integral de sus capacidades. El hombre no sólo debe satisfacer sus necesidades vitales, sino también las intelectuales, morales, artísticas, religiosas y políticas, etc.

El humanismo helénico se apoya sobre la base de la unidad indisoluble del hombre con la comunidad, la cual es la fuente de los ideales de la cultura que esculpen en toda su plasticidad al animal político. Todo futuro humanismo, esencialmente orientado en la educación griega, se basa en el hecho de que la humanidad, el “ser del hombre”, se halla esencialmente vinculado a las características del hombre considerado como un ser espiritual, creador y comunitario.

2.2. El humanismo en la Edad Media

El estoicismo, como escuela filosófica surgida a fines del siglo IV d.n.e., sobre la base de la cultura helenística, la difusión de ideas cosmopolitas e individualistas y el desarrollo de la técnica sustentada en los conocimientos matemáticos y filosóficos, también tuvo una noción humanista.

Los estoicos definen el lugar y el papel de las ciencias por ellos cultivadas: La lógica es la cerca; la física, la tierra fértil; la ética, los frutos que esta tierra da. La tarea principal de la filosofía radica en la ética, porque el conocimiento no es más que un medio para adquirir la sabiduría, el arte de saber vivir conforme a la naturaleza. Tal