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Chapter 5: Research Methodology

5.6 Data Collection Procedures

5.6.1 Sample Design

Algunos filósofos como Kant aunque no tratan de manera directa el tema del diálogo como elemento de comunicación, se enfocan más a la intención del mismo. Profundizan en el “¿para qué? del diálogo. Le dan importancia a la posición que toma cada persona al comunicarse. Su perspectiva es hacia el aspecto moral del encuentro. Aquí se puede ver la finalidad que tiene el diálogo para él.

Para Kant las categorías que permiten el conocimiento de los objetos están en los pensamientos, en el entendimiento. La realidad social se entiende en función de las manifestaciones que se dan en la naturaleza y las costumbres de los seres humanos.

“Es un deber tanto hacia sí mismo como hacia los demás, impulsar el trato entre los hombres con sus perfecciones morales, no aislarse […] no precisamente para fomentar lo mejor del mundo como fin, sino sólo para cultivar la comunicación recíproca, los medios que indirectamente conducen a

ello, la amenidad en sociedad, el espíritu de conciliación, el amor y respeto mutuos (la afabilidad en el trato y el decoro), agregando de este modo la gentileza a la virtud; cosa que es incluso un deber de virtud”. (Kant, Metafísica de las costumbres 350)

En cuanto a la variable proceso de comunicación propone como criterio de acción el llamado Imperativo Categórico que dice que el hombre debe actuar teniendo como criterio de validez el hecho de que sus acciones puedan tener el carácter de universalidad, es decir, que todos los individuos puedan actuar de manera semejante; lo cual tiene que ver con el encuentro o relación con los demás. Esto nos lleva a la moralidad y ésta se aplica cuando uno se encuentra con el otro. El diálogo en este pensador es una oportunidad para practicar las normas de convivencia y por ende de moralidad. Para Kant es conveniente valorar y tomar en cuenta todo aquello que influya en el desarrollo del mismo, lo bueno o lo malo, las decisiones tomadas, la forma de entenderse, la iniciativa de los involucrados.

“…el modo de enseñar dialógico cuando el maestro pregunta su razón o bien el catequético cuando pregunta únicamente a su memoria. Porque si alguien quiere preguntar algo a la razón de otro no puede hacerlo más que dialógicamente, es decir, de modo que el maestro y los discípulos se pregunten y respondan recíprocamente. El maestro preguntando dirige el curso del pensamiento de su discípulo […] el discípulo que descubre así que él mismo es capaz de pensar, da pie con las preguntas que plantea a su vez, para que el maestro mismo aprenda cómo tiene que preguntar bien”. (Kant, Metafísica de las costumbres 354)

Si bien para Kant al hombre le obliga convivir con otros en sociedad, cada individuo llega con una carga de criterios, normas del deber, que determinan su relación con los demás. Cada persona siente la obligación de actuar en libertad, de

convivir con los demás, de expresar sus ideas, pero también de guardarse otras que lo pudieran poner en riesgo de conflicto de intereses. El conjunto de deberes está para que cada ser experimente la satisfacción de su cumplimiento y al mismo tiempo pruebe lo que se podría denominar como felicidad. El deber obliga a identificar la noción de felicidad de los demás, pero en franco respeto a la autonomía, cada cual debe asumir el logro de su compromiso moral y de su felicidad. “Por tanto, cuando se trata de la felicidad, de aquella que debe ser para mí un deber fomentar como un fin mío, entonces tiene que ser la felicidad de otros hombres, cuyo fin (permitido) hago yo con ello también mío. A cargo de ellos queda dictaminar lo que pueden considerar como su felicidad”. (Kant, Metafísica de las costumbres 240)

En la propuesta dialógica de Kant y Jaspers existen una serie de similitudes: una sería la exigencia de libertad. En Kant la libertad es el factor determinante para asumir la noción del deber y de su correspondiente actuación ética; en Jaspers la libertad es una condición para entrar en diálogo con el otro y sólo así, madurando la participación en el proceso de comunicación, se pueda llegar a experimentar la comunicación existencial, es decir, la más grande posibilidad de conseguir la aclaración de la propia existencia. En Kant todo encuentro entonces es un asunto ético en razón de entrar en contacto con otras nociones del deber y de autonomía; en Jaspers, todo encuentro desencadena compromiso, mutuo cuidado de él sí mismo propio y el del otro, los cuales son asuntos de carácter ético. Y que ambos aclaren su propia existencia. Hay una diferencia en la forma de percibir el compromiso ético; mientras que en Kant aunque uno descubra su deber y se dé cuenta de que los demás lo han descubierto para sí mismos, dicha obligación vale para cada uno sin que alguno de los humanos se apropie de la responsabilidad de los demás. En Jaspers sucede de manera diferente, el compromiso de uno no deja de ser propio, pero incorpora el cuidado de que el otro asuma su compromiso, mantenga su independencia y vaya descubriendo su ser sí mismo de tal manera que

el desarrollo, crecimiento, la aclaración de la existencia no sea unilateral sino mutuamente responsable.

Este análisis comparativo ha sido realizado con el afán de encontrar y hacer un recorrido doctrinal que pueda aportar sustento, referencias, explicaciones, contrapunto de la propuesta Jasperiana en torno al diálogo con el otro. Como podemos ver en cada una de estas perspectivas se encuentra una parte del trasfondo de la filosofía de Jaspers. Por un lado, lo que tiene que ver con la interacción humana y la necesidad de ésta que como seres humanos se tiene para sobrevivir. Por la propia naturaleza el ser humano es imprescindiblemente social. Por otro lado, los beneficios o fines que se pueden tener al interactuar con los demás. Desde un desarrollo intelectual como lo propone Sócrates, hasta un desarrollo espiritual como las ideas que presenta Tomás de Aquino. El diálogo puede involucrar a dos o más personas y para ello es conveniente recurrir a las normas de convivencia que propone Kant, para que se logre el entendimiento. Además, es un proceso que con el apoyo de la mayéutica de Sócrates permitiría alcanzar la sabiduría. Pues todo esto tan valioso que han dejado estos filósofos clásicos se puede encontrar de alguna manera, en el proceso de comunicación existencial que sugiere Karl Jaspers.

Capítulo II El desencuentro como alternativa que distorsiona el mutuo