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Chapter 5: Research Methodology

5.11 Semi-Structured Interviews

5.11.1 Sampling in Semi-structured Interviews

Para Nietzsche al igual que para Hobbes, el encuentro humano no trae beneficio alguno. Sin embargo, a diferencia de Hobbes, para Nietzsche el otro no es para tenerle miedo, sino que simplemente no se necesita porque lo considera superhombre. Para él hay dos tipos de hombre el Apolinio y el Dionisiaco, ambos tienen una característica tanto en lo personal como en cuanto a la comunicación o el diálogo que establecen. Este último, el Dionisiaco está más orientado al disfrute de la vida, al encuentro como cosificador y utilitarista. Señala en su texto El Anticristo: “¡Que los débiles y los fracasados perezcan! Primer principio de nuestro amor a los hombres .Y que se les ayude a bien morir.” (Nietzsche, Humano, demasiado humano, 14) Piensa que el hombre debe de convertirse en el súper hombre y en su obra Humano, demasiado humano menciona las recomendaciones sobre una táctica de la conversación para todos aquellos que tienen la misión de liberarse de las ataduras del deber y así transformarse en hombres libres. Aquí se identifica la finalidad del encuentro humano en Nietzsche. “Táctica de la conversación. Después de una conversación con algunas personas, se halla uno bien dispuesto hacia su interlocutor, si ha tenido ocasión de desplegar ante él su espíritu, su amabilidad, en todo su brillo. Es lo que aprovechan los hombres malignos que quieren predisponer a alguien en su favor, procurándole en la conversación ocasiones de hacer una frase, etcétera”. (Nietzsche, Humano, demasiado humano 221)

Como se puede ver, para este autor es mejor estar solo, el hombre es capaz de salir adelante por sí mismo y no necesita de los demás que solamente le quitan su libertad. Un concepto de este pensador que refiere lo anterior es aquél que él llama el estado dionisiaco, que consiste en ser un hombre carente de necesidad del otro,

autosuficiente y de pleno desarrollo por lo que la única necesidad de comunicación aparece cuando se enfrenta con el otro que es débil e imperfecto. Para Nietzsche el hombre no requiere de otros hombres para sobrevivir, es tan poderoso que puede ser autónomo, éste es el “superhombre” del que habla y que es dueño de sus actos y pensamientos. Sin embargo, este concepto tiene un elemento que limita su intención: el sentimiento de compasión. Si el superhombre emerge de las limitantes de su historia, la compasión lo amarra a lo que haya ocurrido en el pasado: el pecado original, el estado de hombre caído, incompleto. La dependencia que lleva al humano a necesitar de alguien que lo levante, se convierte en una atadura. La liberación de las imperfecciones requiere de un lavado espiritual que purifique el interior para poder emerger y ser autosuficiente. En estas ideas se identifica la variable proceso del encuentro humano.

Para Nietzsche la moral y la religión son un retroceso para llegar al estado de superhombre. Todo lo que sea estar sujeto a las normas y a las creencias no permite el proceso de autentificación. Si bien no es aceptable la religión y la moral, éstas aparecen en la historia de cada hombre y son el punto sobre el cual habrá que liberarse, serán la partida para la superación. “El superanimal.- La bestia en nosotros quiere ser engañada; la moral es una mentira harto necesaria para que seamos arrancados de ella. Sin los errores que residen en los cálculos de la moral, el hombre habría permanecido animal. Por ese medio se ha tomado por algo superior y ha impuesto leyes más severas. Tiene por eso, odio contra los grados que han quedado más próximos a la animalidad; por esta razón debe explicarse el antiguo desprecio al esclavo, como a ser que no es aún hombre, como a una cosa”. (Nietzsche, El Anticristo 54)

El hombre siempre está en búsqueda de una autenticidad y al no encontrarla se le hace más fácil copiar a otro que con su originalidad ha conseguido ser aceptado y reconocido por la sociedad, a sabiendas de que nunca dejará su estado

de inferioridad. “294.Copias.- No es raro encontrar copias de hombres de consideración, y la mayor parte de las personas, como sucede con los cuadros, tienen mayor aprecio por las copias que por los originales. (Nietzsche, El Anticristo, 153). En estas ideas es posible encontrar una contradicción porque si el ser humano para Nietzsche es un superhombre, ¿para qué necesita de otro para copiarlo? ¿No que se basta solo? Habla del aprecio, entonces ¿requiere del aprecio de los demás? Para Nietzsche no es necesario ser original y por lo tanto, no se necesita de otro para ser auténtico. Simplemente el otro viene a ser alguien a quien copiar.

A partir de la figura del superhombre, un beneficio por obtener, como un estado de máximo desarrollo, permite preguntarse si acaso el diálogo, el encuentro de comunicación con el otro yo cabe, tiene lugar, en este proceso de convertirse en superhombre. El camino único es la aniquilación del otro para llegar a ser súper hombre. “…la conversación con un amigo sólo producirá buenos frutos de conocimiento cuando el uno y el otro acaben por no pensar más que en la cosa misma y olviden que son amigos”. (Nietzsche, El Anticristo 153) En estas ideas se puede ver como una contradicción, cuando está hablando de amistad ya que para que haya una amistad forzosamente tuvo que haber un encuentro humano a través del diálogo. Sin embargo, puede ser que Nietzsche se refiera a cuando el hombre interactúa con otro sólo para aniquilarlo. La amistad es un camino, pero vuelve a aparecer la idea de que lo principal es conseguir aquello que se proponen, y para ello deben olvidarse de su supuesta amistad.

Para Nietzsche los interlocutores tendrán que estar al cuidado de todo lo que se constituya una amenaza, un riesgo: que alguno de los dos se compadezca del otro, que alguno de los dos muestre debilidades que el otro aproveche, que alguno de los dos intente incursionar en la interioridad y los secretos del otro, lo cual es una amenaza. Queda en claro que en el camino hacia el súper hombre, el otro se

convierta en un obstáculo, sea porque provoque distracción ocupando la atención de uno con sus limitaciones, sea porque quiera aprovecharse de las debilidades de uno. El otro se convierte en un espejo de las debilidades que uno tiene, provocando que se le ignore o se le trate a la defensiva.

“Amigos, no hay amigos. Se hará más bien ésta confesión: Sí hay amigos; pero es el error, la ilusión quien los ha conducido hasta ti y les es necesario haber aprendido a callarse para permanecer siempre amigos, pues casi siempre tales relaciones humanas descansan sobre que una o dos cosas no se dirán nunca ni serán tocadas jamás; pero esos guijarros ruedan, y tras ellos va la amistad y se rompe”. (Nietzsche, El Anticristo 225)

De que es inevitable el encuentro humano, no hay ninguna duda, la proximidad hace ineludible que uno se encuentre con el otro, pero es vano esperar, de acuerdo a Nietzsche, que el diálogo y la relación que se establece, vaya a provocar lazos de afecto, identificación, entre las partes, aceptación mutua y plena, estados de desarrollo de los afectos. Al parecer es lo contrario, cualquier señal de aceptación del otro se constituye como una debilidad, como un riesgo de caer en la dependencia afectiva, se constituye como una oportunidad de que el otro lo considere a uno como una inferioridad. No hay expectativas de establecer relaciones amistosas. Al contrario, queda la vigilancia rigurosa de no ser convertidos en objetos o sujetos de compasión, señal de estancamiento del proceso de convertirse en súper hombres.

“337. Despecho por benevolencia de otro.- Siempre exageramos el grado de odio o de temor que creemos inspirar, pues si conocemos a fondo el grado de nuestro alejamiento de una persona, de una tendencia, de un partido, éstos,

por el contrario, nos conocen muy superficialmente, y por esta razón nos odian superficialmente también. Encontramos a menudo una benevolencia inexplicable que nos ofende, porque muestra que no se nos toma bastante en serio. (Nietzsche, El Anticristo, 213)

La idea del súper hombre llevó a Nietzsche a hacer una manifestación de su vida entre su pensar y su actuar. La experiencia de derrota que vivió al perder el afecto de una mujer que pretendía en su juventud, la pérdida de su integridad física con una lesión en las piernas que no le impedía subir la montaña, es totalmente fiel a la figura del súper hombre de su pensamiento. Decidió quedarse solo con sus dificultades porque siempre pensó que no necesitaba del otro.

¿En qué se relacionan las ideas de Nietzsche con las de Jaspers?

Tanto en Nietzsche como en Jaspers se puede apreciar un proceso de desarrollo o de arrobamiento a un estado mejor. En Nietzsche el súper hombre, en Jaspers la aclaración de la existencia. Hay un punto de partida semejante, un estado inicial de no aceptación, En Nietzsche es el súper animal ligado a la moralidad y al sentimiento de inferioridad o de pecado el cual debe superarse y al mismo tiempo rechazar el que los demás permanezcan en este estado. El otro prójimo e inferior, no debe despertar un sentimiento de compasión. Mientras que para Nietzsche el otro es un obstáculo que impide al hombre ser autónomo y ser súper hombre. Para Jaspers hay un estado inicial semejante de imperfección, de afanes de posesión, de intenciones de manipulación: la existencia de comunicación empírica. Sin embargo, a diferencia del aniquilamiento del otro que propone Nietzsche, en Jaspers se inicia un proceso de mutuo crecimiento; de superación de los obstáculos y particularidades que impiden un crecimiento con vistas a la aclaración de la existencia.

Para Jaspers, el otro es el único camino, la única oportunidad de lograr el objetivo de aclarar la existencia. Puede ser el que permita aclarar su existencia. ¿Qué aporta Nietzsche al tema del diálogo? Todos los peligros en que puede uno caer al iniciar una comunicación con el otro. Además la posibilidad de quedarse en ese primer momento porque se cree que eso es suficiente, que no hay otra alternativa para al existencia más que moverse en el plano de la cosificación, de la interacción que no compromete sino que sacude y acaba con el otro.

2.3 La conquista del otro en Sartre. La dialéctica de la cosificación. La