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Appendices Cover Note

Appendix 5 Sample Event Safety Checklist

Como recuerda Tusón conversar es algo que todos hacemos y algo que hacemos con frecuencia. De ahí, que muchas veces se considere que no hay mucho que estudiar acerca de la conversación. Sin embargo, gracias al AC se ha podido observar que la conversación no es una actividad nimia y que su comprensión exige el desarrollo de modelos teóricos de alta capacidad explicativa y descriptiva. De acuerdo con esto, se debe formular, en primer lugar, una definición que le haga justicia a la complejidad de este fenómeno.

Para Tusón la conversación es una actividad en la que las personas interactúan verbal y en algunos casos, además, no verbalmente (1997, pág. 38). Este es un buen punto de partida, pues se ofrece una definición clara y amplia. A partir de aquí es posible empezar a precisar y refinar el concepto de conversación. Una definición más precisa indica que la conversación es una actividad interactiva del lenguaje verbal oral en la que participan dos o más personas de forma coordinada (ibíd.). Esto quiere decir que la conversación es un tipo de acción social organizada, lo cual indica que en la conversación los individuos producen y comprenden el comportamiento (sentido) con arreglo a métodos o principios compartidos por ellos (Pomerantz, 2000, pág. 108).

De este modo, algunas de las cuestiones que se estudian en el AC tienen que ver con aquellas cosas que acuerdan quienes conversan y también con el modo como se llega a tales acuerdos. Entre las cuestiones que se acuerdan podemos contar: en primer lugar, aspectos tales como iniciar y finalizar una conversación. Nadie inicia una conversación sin más, sin la colaboración y el acuerdo de otro, pues éste debe reconocer los indicios de quien le habla y, además, aceptar la actividad propuesta: iniciar o finalizar una conversación. Otras cuestiones acordadas o negociadas son: el tono – grado de formalidad o informalidad –, la

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imagen social – el rol que asumen los participantes –, el tema, la finalidad, las presuposiciones y en general el sentido producido y comprendido por los participantes (Tusón, 1997, pág. 42).

En este sentido, Pomerantz dice que ―El objetivo del AC es explicar los métodos compartidos que utilizan los interactuantes para producir y reconocer su propia conducta y la de los demás.‖ (Pomerantz, 2000, pág. 108) Esto es explicar los mecanismos, por medio de los cuales los individuos interactúan significativamente. Haciendo énfasis en los aspectos lingüísticos, se puede decir que el AC se ocupa de explicar los mecanismos que hacen posible la producción e interpretación del sentido en una interacción.

Los métodos o mecanismos de los que habla Pomerantz, apoyados en Tusón, podemos pensar que son, en gran parte, los indicios contextualizadores apuntados por Gumperz (Tusón, 1997, pág. 40) (Tusón, 2002, pág. 138). Es decir, elementos fónicos, léxicos, kinésicos o proxémicos cuya presencia indica el inicio de una conversación, el cambio de un tema o su finalización. Entre estos se cuentan también mecanismos de orden pragmático como las máximas conversacionales de Grice.

De este modo, podemos decir que uno de los temas fundamentales del AC es la explicación del modo como se produce e interpreta el sentido en una interacción. Recuérdese que desde esta perspectiva el estudio del sentido hace parte del estudio de la acción, pues como señala Searle el lenguaje es una forma de acción. Así pues, estudiar el lenguaje es estudiar una forma de acción, cuya característica principal es que es significativa.

Ahora bien, el problema del sentido es abordado y explicado en AC desde un enfoque pragmático e interactivo. No es posible entender el modo como los hablantes producen e interpretan el sentido, sino considerando que éste depende del contexto en el que es producido. El sentido no habita en las palabras ni en las oraciones, son los usuarios del lenguaje, por medio de actos de habla, quienes lo producen en el marco de interacciones concretas.

Según Pomerantz el contexto se entiende por lo menos de dos modos. Por una parte, hace referencia a ―(…) la organización temporal de las acciones y la interacción. (…) El aporte de cada interactuante está determinado por lo que acaba de decirse o de hacerse, y es

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entendido en relación con lo anterior.‖ (Pomerantz, 2000, pág. 108). Así, el sentido de una emisión lingüística depende del lugar que ocupa en una interacción concreta, por lo cual no puede ser comprendido al margen de esta.

Por otra parte, hace referencia a aspectos como la identidad de los participantes, el lugar y el momento en el que transcurre la interacción. El contexto entendido en esta forma no es algo que preceda a las interacciones, por el contrario es un tipo de realidad social que los participantes van creando y produciendo. Las personas no llegan a contextos formales e institucionales, sino que por el contrario, son sus acciones las que producen un contexto de habla formal o informal. La identidad de género o la afiliación política pueden ser o no ser relevantes en una determinada conversación, su relevancia no viene dada antes del encuentro, sino que se configura o no lo hace en éste (Pomerantz, 2000, pág. 108).

En resumen, no es posible hacer un estudio del sentido, sino en el marco de las interacciones en las que este se produce. Estudiar el sentido de un acto de lenguaje significa describir su función comunicacional. Para esto es necesario tomar en cuenta, aspectos diversos que van desde el conocimiento que tiene el propio analista como usuario del lenguaje hasta la consideración de los factores contextuales y las interpretaciones que realizan los participantes de la conversación, de ahí, en suma, que el estudio de la producción y comprensión del sentido esté unido a la descripción de la situación de comunicación y de la organización interlocutiva.

2.5.1. La organización interlocutiva.

Como se ha observado hasta aquí, el estudio del sentido en la conversación, exige que se considere el modo como se estructura esta actividad. Según Briz (2000) la conversación se estructura en dos formas básicas: por una parte, en unidades ―monologales‖ y ―dialogales‖ y, por otra parte, en unidades que dan orden y progresión a la conversación. Entre las primeras se encuentran: el acto de habla, la intervención (unidades ―monologales‖), el intercambio y el diálogo o interacción (unidades ―dialogales‖). Las segundas hacen

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referencia a los turnos de habla, intervenciones por medio de las cuales una conversación progresa bajo la forma de cierto orden.

El acto de habla es la unidad mínima de análisis de la estructura conversacional. Es la unidad mínima de comunicación, como señaló Searle. Por lo tanto, en una conversación son actos de habla cada uno de los enunciados emitidos con cierta fuerza ilocutiva, preguntas, promesas, peticiones, etc.

La intervención se reconoce como la máxima unidad monologal. Esta es el aporte que hace cada uno de los participantes en un determinado turno de habla. Así pues, la intervención puede estar constituida por uno o más actos de habla.

El intercambio hace referencia a la unidad de análisis compuesta por dos intervenciones distintas, intervenciones relacionadas como en el caso de los pares adyacentes. En este sentido, el intercambio es la unidad mínima desde el punto de vista dialogal.

El diálogo o interacción es el resultado de dos o más intercambios. Tusón propone agrupar los intercambios de forma temática, dando origen así a la secuencia como unidad de análisis. Según esto, es más apropiado decir que los intercambios forman secuencias y que las secuencias forman o constituyen una interacción completa.

En resumen, las unidades estructuradoras de la conversación, en orden, son: acto de habla, intervención, intercambio, secuencia e interacción (Tusón, 1997, pág. 62).

Con respecto al concepto de turno de habla, Briz (2000) señala que cierta concepción intuitiva lo identifica con la intervención, lo cual es problemático porque si bien todo turno de habla se halla constituido por una intervención, no toda intervención es un turno de habla. Esto quiere decir que un turno se da si y sólo si una intervención es valorada y reconocida, es decir, cuando aporta al desarrollo y progreso de la conversación.

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