A W ITHIN S TUDENT A PPROACH IN T HREE S UBJECTS
3.3 Estimation Strategy
3.4.2 Sample Selection and Descriptive Statistics
Comúnmente el término competencia se emplea para referirse a individuos o grupos sociales que han alcanzado metas consideradas como difíciles, hecho por el cual se les califica como exitosos. Además, son capaces de dominar en su campo de actividades la evolución del entorno y continúan firmes en su capacidad para seguir alcanzando metas.
Podemos partir de considerar a las competencias como un ―sistema bastante
especializado de habilidades y capacidades necesarias o suficientes para alcanzar una meta específica. (Weinert, 2001).
Propone Weinert que la competencia es siempre más que sólo conocimiento o experiencia, puesto que ser competente hace suponer el uso del conocimiento para la aplicación de criterios en la solución de problemas difíciles.
Además, considera que las personas o grupos sociales competentes son capaces de convertir las experiencias adquiridas en plataforma base para la aplicación y desarrollo de la misma competencia.
En el ámbito educativo, según su nivel de amplitud, las competencias se dividen en genéricas, particulares y específicas. Las genéricas, que son de interés para el presente escrito, ―agrupan las capacidades, destrezas, habilidades y actividades del ser, del saber y del hacer profesional, se caracterizan por la integración cognoscitiva, metodológica y técnica, que conforman un perfil profesional. (Gómez).
Se plantea que las competencias genéricas pueden concebirse como cualidades
integradoras que estimulan el desarrollo de las capacidades humanas y su potencial, lo cual implica que los individuos poseedores de estas reflejan su pensamiento en sus actitudes; su competencia fluye del interior y se aplica en la modificación del entorno. Esta acción se traduce en una interacción afectiva (del individuo) con el ambiente. (Weinert, 2001).
Por lo antes expuesto, se propone al docente poseedor de competencias genéricas ético profesionales como una fuente permanente para la formación de hombres de bien,
portadores de una educación ética y moral formadora de sus virtudes. Señala Chateau que estas reflexiones inquietaban desde en los tiempos de Platón, quien consideraba necesaria una paidea o educación básica general que guiara las razones de la acción. Este
conocimiento es el saber más alto, la cumbre de la educación general, de la paidea. Sin él, la moralidad tradicional, reducida a una opinión vacilante, no podría ser regenerada; y la instrucción matemática o los estudios dialécticos solo conseguirán formar técnicos sin alma o políticos sin escrúpulos.‖ (Château, 2000: 19-20).
Si el nivel medio superior cuenta con profesores portadores de competencias ético profesionales, se despertará en los educandos la voluntad y el interés profundo y nato de su ser por el bien, condición básica y determinante para la posibilidad de la educación integral humanista; ―La voluntad no es otra cosa que la voluntad de un sujeto consciente, que la actividad esclarecida por la representación y el juicio, y no puede librarse de la
determinación mediante el juicio. Nadie puede querer lo que juzga contrario a sus intereses más profundos, lo que considera sinceramente como un mal e, inversamente, nadie puede considerar un objeto como un bien sin que esta consideración lo determine a escogerlo; cualquier bien, reconocido como tal, es por esta misma causa, deseado. En esta
determinación de la voluntad por el conocimiento descansa la posibilidad de la educación ética y la formación integral]; la acción recta procederá infaliblemente, en efecto, de un juicio lúcido. (Château, 2000).
Propone Château también, una extensión a lo social de lo anteriormente señalado, ―cualesquiera que sean las incertidumbres de la conciencia colectiva, las variaciones de la opinión, la subjetividad de las preferencias individuales, es posible llevar al sujeto
consciente hasta reconocer que existe un ideal que se impone incondicionalmente a la reflexión, a la voluntad razonable, que hay valores independientes de la prevención individual o social, de los prejuicios o del egoísmo, y que responden a la más profunda aspiración del ser que piensa. En este sentido es como la virtud puede ser enseñada, como los valores pueden convertirse en objeto de ciencia: una ciencia que no logra, ciertamente, expresarse de un modo directo mediante fórmulas exteriores, ya estereotipadas por la
transmisión, pero que se consigue por la reflexión interna y exige una verdadera conversión (Château, 2000).
La práctica de las competencias ético profesionales del docente en el nivel medio superior se propone como alternativa para el problema que visualiza González, el cual ―consiste de nuevo en unir el conocimiento científico al humanístico, y en éste el conocimiento político, el moral y el social como claves de una heurística del ―interés general‖ hecho de muchos intereses generales… la construcción de las organizaciones y estructuras para un mundo hecho de muchas democracias no excluyentes. (González, 1998).
Proponemos la necesidad de contar en el nivel medio superior con docentes
poseedores, en su perfil, de las competencias en cuestión, por la difícil etapa de transición emocional y psicológica que viven los educandos, quienes transitan por un pensamiento egocéntrico. En la opinión de diversos autores, esta forma de pensar, típica del adolescente, se caracteriza porque se concede un gran poder a la reflexión y a la abstracción. Tiende a supervalorar las ideas como agente de cambio social, se cree que el mundo debe adaptarse a sus ideas y no sus ideas a la realidad.
2.2.2. 12. Competencias del docente del siglo XXI
El mundo está experimentando cambios constantes, cambios que estamos presenciando día a día, estos diversos procesos sociales, políticos, tecnológicos y
económicos, están produciendo en el mercado laboral internacional, nacional y local con nuevas competencia profesionales, donde los nuevos docentes del siglo XXI, deben reunir una serie de características, habilidades y experiencias para lograr un espacio oportuno en esta sociedad de la información, el conocimiento y del talento humano.
En medio de estos grandes avances, el mundo laboral educativo ha cambiado su esquema, cada día se hace más complejo y explosivo, porque las demandas y los
estándares en la calidad educativa necesitan contar con equipo de gestión en lo interno de su estructura de organización, hacer profesionales proactivos, eficientes, creativos que acepten los cambios y los retos de las nuevas prácticas y las exigencias del mercado laboral global.
El docente del siglo XXI, debe poseer un conjunto de competencias tales como:
- Ética y Valores - Hermeneuta - Autodidacta - Autocritico - Comunicación - Liderazgo - Visión sistémica - Trabajo en equipo - Conocimiento de las Tic - Empatía- Sinergia. - Aprendizaje. - Motivación
- Aprendizaje Continuo y Situacional. - Humanista
- Facilitador y no un dificultador de conocimiento - Orientador hacia las transformaciones.
- Acompañante del estudiante a través de todo el proceso de enseñanza – aprendizaje.
Además de esta competencias son necesarias la denominadas competencias especializadas propuesta por De los Rios, D.; Herrera, J.; M.Letelier y otros (2000) Paradigmas y competencias profesionales.