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5. RESEARCH METHODOLOGY

5.3 RESEARCH DESIGN AND METHODOLOGY

5.3.4 Sampling

Lo que había supuesto, para Heidegger, lo aprehendido de Emil Lask, a saber, que, si existe una pluralidad de formas, la materia misma tendría que haber servido como principio de individuación, o lo que es lo mismo, que ningún objeto podría ser reducido a un concepto lógico, puede ser explicado, desde otra perspectiva, bajo el horizonte de la intuición categorial42. Grosso modo, Husserl había comprendido que la

hito histórico de la Segunda Venida de Cristo resucitado, a Heidegger le servirá para fundamentar, de una manera fenomenológica, que todo fenómeno es histórico. Véase la definición de lo histórico en el citado curso: “Algo es histórico cuando la materia de lo inmediatamente experienciado provoca en nosotros un determinado efecto afectivo, cuando nosotros nos vemos afectados por él” [Etwas wird historisch dann,

wenn der Stoff des unmittelbar Erfahre nen in uns eine bestimmte Gefühlswirkung auslöst; wenn wir von ihm getroffen werden]. (Cfr. GA 60, p. 42).

40 Esto nos recuerda a lo que Ortega y Gasset explicita en relación con la circunstancia, ya que si no salvo

a ella, no podré salvarme a mí (Cfr. “Meditaciones del Quijote”, en: Obras Completas, vol. 1., Madrid, Revista de Occidente, 1966, p. 322.). También a lo que el mismo Heidegger en el curso de invierno de 1930 dice sobre la diferencia entre seres humanos, animales y plantas (Cfr. GA 29/30, pp. 261-264; 274- 532.). Precisamente, la intencionalidad es una característica del modo por el cual se lleva a cabo el comportarse del Dasein.

41 Este horizonte, más tarde, será comprendido como ex-sistencia (Cfr. GA 9, pp. 313-364.).

42 El descubrimiento de la intuición categorial es de importancia capital para la fundamentación de lo pre-

teorético como ciencia originaria (Cfr. Husserl, E., Logischen Untersuchen, vol. 2., pp. 657-693; GA 1, p. 403. Muy importantes ha sido la interpretación dada por: Tugendhat, E., Der Wahrheitsbegriff bei

Husserl und Heidegger, Berlin, Walter de Gruyter, 1970, pp. 11-136; Sokolowski, R., The formation of Husserls concept of constitution, Den Haag, Martinus Nijhoff, 1970, pp. 65-71; Ströker, E.,“

Husserls Evidenzprinzip. Sinn und Grenzen einer methodischen Norm der Phänomenologie als Wissenschaft”, en: Zeitschrift für Philosophische Forschung 32 (1), Frankfurt a. M., Vittorio

intuición no puede estar, necesariamente, supeditada a la experiencia sensible, que ésta no es capaz de discernir, plenamente, el amarillo del ser-amarillo. ¿Qué hacemos con este “ser-amarillo”, si no es demostrable empíricamente? ¿lo obviamos, menoscabamos su relevancia en un desprecio por su constitución metafísica? Para impedir tal furibunda banalización, por cierta parte del cientificismo más agrio, fue necesario, por así decir, ampliar el ámbito de relevancia de la intuición fenomenológica. Heidegger, por su parte, lo aprendió muy bien de su maestro Husserl43, pues, dilatará los mecanismos empíricos

que, para parte de la fenomenología, tenía la intuición, comprendiendo que la intuición categorial es, por esencia, “algo ante-predicativo” [vorprädikativus Etwas]. Lo que subyace a la comprensión teórica y, por ende, empírica y naturalista, es este horizonte previo, pre-teórico, que hace de la realidad no un objeto de estudio -como en el caso de que convirtamos la realidad en naturaleza, es decir, la vida en un objeto universal-, sino un horizonte abierto donde se establece el modo de ser del ente que se pregunta por las cosas, posibilitando la comprensión de las mismas, su aprehensión: el Dasein, definido en tanto comportarse44. La realidad es el cuadro donde se dan y establecen las relaciones derivadas del comportarse. Justamente, en este punto nodal, late el sentido mismo de la ciencia originaria de la vida: ya que lo que define a la realidad no es la posibilidad de que, en un acto virtuoso, un sujeto-trascendental “ponga” [setzen] ahí un “objeto” [Gegendstand], o en la posibilidad de que, como buenos metafísicos, seamos capaces de adaptarnos al a priori subyacente a toda empiria, sino que la definición de realidad, y por tanto, también, de lo real, radica en lo abierto a través del Dasein. Y este modo de ser, de estar sostenido en lo abierto, es llamado por Heidegger el “comportarse” [Verhalten-sich]. La tarea de la ciencia originaria estribará, por ende, en establecer cómo aparecen las categorías de la intuición. La misma posibilidad de que se establezca un cómo aparecen las cosas, señala la posibilidad de que todo aparecer le venga acompañado un nexo relacional, un horizonte, que es llamado ante-predicativo porque,

Klostermann, 1978, pp. 3-30. Hay autores, a la par, muy críticos con esta concepción fenomenológica de la intuición: Soldati, G., “Rezension von: Dieter Münch, Intention und Zeichen”, en: Philosophische

Rundschau, 41,1993, p. 273.

43 ¿No es precisamente la fenomenología el único camino de acceso, el único método científico, que

permite, más allá de concepciones cientificistas, abrir el horizonte de toda presencia? ¿Acaso no es la fenomenología la ciencia de ciencias, el saber del saber, aquella que brinda la posibilidad de conocer a las cosas mismas? Y, por último, ¿es contraria la propuesta de Heidegger de comprender estas cosas mismas a partir de lo pre-teórico de la vida misma?

44 Cfr. Rickert, H., Die Grenzen der naturwissenschaftlichen Begriffdbildung. Eine logische Einleitung in

die historischen Wissenschaften, pp. 363-367. Heidegger en una carta a su amigo Karl Jaspers le dice a

éste: “Hay objetos que no se tiene, sino que se es; más aún, el que de estos objetos descansa en que son” (Briefwechsel 1920-1963, Klett-Cotta, Stugartt, 2000, p. 26), esto es, en su cómo.

entre tanto, estamos ya en él, no es algo que podamos determinarlo, ni tan siquiera a posteriori: “(…) cada objeto tiene un nexo relacional, incluso si sólo es cuestión de ser idéntico consigo mismo y distinto de otro”45.

Podríamos explicarlo fenomenológicamente: lo que se da en el aparecer de los entes, no es más que una expresión objetiva -es decir, teorética- de los diferentes modos en los que el Dasein, la conciencia para Heidegger, el “estar-despierto” [Wachsein], está referida, volcada, intencionada, comportada en las cosas, que se presentan y rodean nuestra vida. La relevancia que, para nosotros, tiene la dilucidación de un en estriba, esencialmente, en esta evidencia de carácter ontológico: toda conciencia, ante de ser- consciente de un correlato noemático, se comporta con las cosas, los entes, que se le presentan. Y esto es precisamente lo más esquivo, pues vemos fácilmente que se nos dan, se nos regalan, los árboles, el sol y hasta la tristeza, pero el modo cómo nosotros estamos-ya en ellos es velado y soslayado por la experiencia más cotidiana46. ¿Qué es lo velado, lo soterrado, por la experiencia ordinaria? Aquello que se olvida es el “contexto trans-lógico”47 [translogischen Kontext], naciente y nutriente, donde se arraiga, y radica, todo aparecer. Lo primero, más inmediato para nuestra experiencia, no es el yo, el cogito, sino la “ocupación”48 [Besorgen], en la que nos vemos entregados y embargados en nuestro vivir cotidiano.

Ahora bien, una vez afirmado la relevancia fenomenológica de lo pre-teórico y/o ante-predicativo, podríamos preguntar: ¿es este contexto trans-lógico de lo pre-teórico, una forma encubierta de irracionalismo? ¿si de lo que se trata es de una cosa más allá de la lógica, es ésta susceptible de ser conocida? Obviamente sí. La respuesta es obvia: somos capaces de conocer este contexto trans-lógico porque estamos-ya en él, ocupados, “absorbidos” [sickern], en este “mundo de la vida” [Lebenswelt] en el que, de continuo, nos movemos, charlando aquí o allí, tomando una cerveza, viendo el partido

45 GA 1, p. 381: … jedem Gegenstand hat es eine Bewandtnis, und sei es nur die, daß er identisch mit sich

selbst und verschieden von einem anderen ist.

46 Para solventar y poner a desvelo lo velado por la cotidianidad, Heidegger se propondrá realizar una

fenomenología hermenéutica (Cfr. GA 63). En el escrito del año 1915, maniestará (GA 1, p. 319): “Las formas no son otra cosa que la expresión objetiva de los diversos modos en los que la conciencia está referida intencionalmente a lo concreto”. [Die Formen sind nichts anderes als der objektive Ausdruck der

verschiedenen Weisen, in denen das Bewußtsein intentional auf das Gegenständliche bezogen ist].

Recuérdese cómo comenzamos el capítulo (Cfr. supra., 1).

47 Cfr. GA 1, p. 405. 48 Cfr. infra., 3 (II Parte).

de fútbol del fin de semana. Hay una razón práctica, cumplida mediante la praxis49, que ha de ser aprehendida de forma propia por todo ser humano viviente.

La filosofía, por tanto, no es una ciencia especulativa, sino una ciencia pre- teórica, su finalidad es la de transparentar el modo cómo se comporta, o se relaciona, el Dasein con las cosas, su mundo, su siendo-en-el-entorno. Este mundo entorno, aunque podamos pensar que está cargado de teoría y prejuicios -como cuando se dice que los gigantes de Don Quijote no existen, reduciendo el campo de la manifestación del sentido a una objetividad de carácter cósico- es para el Heidegger de 1919 la única posibilidad que le queda a la fenomenología -ese gran descubrimiento- de poder adentrarse en lo no viciado de teoría, lo previo a cualquier modificación abstracta. Heidegger pone en duda el principio de neutralidad valorativa husserliano, considerándolo producto de una actitud abstracta y epistemológica, anclado en el prejuicio de la racionalidad moderna. La crítica heideggeriana hacia su maestro es evidente, el uso de expresiones como: “mundea” [weltet], “acontece” [es ereignet sich] o “algo originario y premundano” [vorweltliches Uretwas], así lo atestiguan. No estaríamos muy equivocados si comprendemos este hecho, más que como una refutación hacia Husserl, como un horizonte complementario, quizás más radical y extremo, de la posibilidad del principio de todos los principios de la fenomenología:

no hay teoría concebible capaz de hacernos errar en cuanto al principio de todos los principios: que toda intuición originariamente dadora es una fuente legítima de conocimiento; que todo lo que se nos ofrece en la “intuición” originariamente (por decirlo así, en su realidad en persona) hay que aceptarlo simplemente como lo que

49 Gracias a la lectura, sobre todo del libro VI de la Ética a Nicómaco aristotélica, Heidegger va a

recuperar la importancia, para todo ser-en-el-mundo, de la praxis, ya que el ser humano es el ser que se ocupa en las cosas, antes de un observador imparcial. Para una visión de tal influencia, véase: Bernasconi, R., “The Double Concept of Philosophy and the Place of Ethics in Being and Time”, en: Research in

Phenomenology 18, 1988, pp. 41-57; Brogan, W., “Die Frage nach der Zeit in Heideggers Aristoteles-

Interpretation. Auf dem Weg zu Sein und Zeit”, en: A. Denker, G. Figal, F. Volpi, H. Zaborowski (eds.),

Heidegger-Jahrbuch 3: Heidegger und Aristoteles, Freiburg/München, Karl Alber, 2007, pp. 96-107;

Buren, J., “The young Heidegger, Aristotle and Ethics”, en: A. Dallery, Ch. Scott (eds.), Ethics and

Danger. Essays on Heidegger and the Continental Thought, New York, State University Press, 1992, pp.

169-185; Taminiaux, J., “Poiesis et praxis dans l’ articulation de l’ontologie fondamentale”, en: F. Volpi (ed.), Heidegger et l`idée de la phénoménologie, Dordrecht, Kluwer Academic Publisher, 1988, pp. 107- 125; Volpi, F., “Dasein as praxis: The Heideggerian Assimilation and The Radicalization of the Practical Philosophy of Aristotle, Ch. Macann (ed.), Martin Heidegger. Critical Assements II, London/New York, Routledge, 1992, pp. 91-121; “Being and Time: A Translation of the Nicomachean Ethics?”, en: J. Buren, Th. Kisiel (eds.), Reading Heidegger of the Start: Essays in his Earliest Thought, New York, State University of New York Press, 1995, pp. 195-212; “Heidegger und der Neoaristotelismus”, en: A. Denker, G. Figal, F. Volpi, H. Zaborowski (eds.), Heidegger-Jahrbuch 3: Heidegger und Aristoteles, Freibug/München, Karl Alber, 2007, pp. 221-136.

se da, pero también sólo en los límites en que en ella se da. Vemos con intelección, en efecto, que ninguna teoría podría a su vez sacar ella misma su propia verdad sino de las daciones originarias50

Y es que hay que poner entre paréntesis, más si cabe, la actitud teórica en la que, de una manera cuasi espontánea, estamos. Hacer epojé de la neutralidad de la conciencia, no es una opción, es una condición necesaria si se quiere, realmente, “transparentar”51 [durchscheinen] la cosa misma, preocupación por excelencia de toda

fenomenología que se preste. Esta cosa misma es la vida fáctica. Una vida que es para “todo ente” [allgeimeinen], universal, susceptible a todo principatum. Este es el objeto de la ciencia originaria. Pero, ante esta sibilina tarea, debemos de guardarnos de comprender la vida, exclusivamente, bajo el signo de nuestro tiempo. La verdadera tentativa consiste en la captación de este suelo -llamado por nosotros el cómo del aperecer52-, porque el Dasein es un ente que tiene que vivir, habitar, antes de angustiarse por su muerte. Lo primero es la vida, su habitabilidad, el modo en que se constituye su medialidad, en relación con el mundo. El “ser-en” [In-sein].

A continuación, pasaremos a esclarecer este cómo del aparecer, con la ayuda primordial de la obra de 1919: La idea de la filosofía y el problema de la concepción del mundo.

50 “Doch genug der verkehrten Theorien. Am Prinzip aller Prinzipien: dass jede originär gebende

Anschauung eine Rechtsquelle der Erkenntnis sei, dass alles, was sich uns in der “Intuition” originär, (sozusagen in seiner leibhaften Wirklichkeit) darbietet, einfach hinzunehmen sei, als was es sich gibt, aber auch nur in den Schranken, in denen es sich da gibt, kann uns keine erdenkliche Theorie irre machen” (Husserl, E., Ideen zu einer reinen Phänomenologie und phänomenologischen Philosophie I, p. 52).

51 Para una definición de esta noción empleada por Heidegger y su relación con la mismidad en Ser y

Tiempo (Cfr. infra., nota 528).

52 El filósofo español Ramón Rodríguez, mutatis mutandis, denomina este aparecer en tanto “lugar

estructural”, adonde se producen las diversas, y peregrinas también, “concepciones de mundo” [Weltanschauung] (Cfr. La transformación hermenéutica de la fenomenología: una interpretación de la