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CHAPTER FOUR: AGGRESSIVE OR EXPECTANT MANAGEMENT OF EARLY, SEVERE PRE-ECLAMPSIA

4.2 Scarce advanced (extra-ordinary) resources

Aunque obviamente diferentes entre sí, la ideología y la denda se parecen en algunos respectos. En ambos casos hay comunidades de practicantes vinculados entre sí por lazos personales y organiza­ tivos, así como por flujos de informadón. En los tdos casos estas comunidades forman parte de sodedades que estimulan o inhiben los pensamientos y las actividades de dichos practicantes, quienes a su vez ejercen una influenda sobre el resto de la sodedad. En uno y otro caso hay dominios o universos de discurso más o menos pre-

dsos y constituidos, al menos en parte, por entes concretos. Hay también una visión general que guía o extravía a los miembros de la comunidad; una colección más o menos rica de herramientas for­ males; una problemática cognoscitiva o práctica; un cuerpo de cono­ cimientos más o menos verdaderos; un conjunto de objetivos, y otro de métodos para alcanzar estos últimos; y, en el caso de la ideología, también hay un sistema de valores. (Recuérdese las definiciones de «ciencia» y de «ideología» propuestas en los capítulos 2 y 9, res­ pectivamente.)

Las únicas diferencias ostensibles entre la ideología y la ciencia parecerían radicar en el fondo de conocimientos que una y otra to­ man prestado de otros campos, y en el sistema de valores. En efecto, la ciencia como totalidad o sistema no da nada por sentado: para ella todo es cuestionable. (Por el contrario, toda ciencia particular, con excepción de la lógica, supone otras ciencias. Por ejemplo, la matemática presupone la lógica, y la biología da por sentadas la química y la física, la que a su vez presupone solamente la matemáti­ ca.) En cambio, la ideología presupone (utiliza sin cuestionar) el co­ nocimiento ordinario y, además, incluye un sistema de valores. (En esto último se parece más a la tecnología que a la ciencia: recuér­ dese nuestra definición de la primera en el capítulo 3.) En resumen, a primera vista la única diferencia ostensible entre la ciencia y la ideología es que, para caracterizar la segunda, necesitamos dos coor­ denadas más (a saber, E y V) que para definir a la primera. Sin embargo, ésta es una impresión superficial. .

De hecho las diferencias entre ciencia e ideología son muchas y profundas, como se advierte examinando el contenido de las compo­ nentes que las define. Primera, en tanto que los miembros de una comunidad científica son investigadores, los de una comunidad ideo­ lógica son básicamente creyentes. Segunda, mientras la comunidad científica es hoy día internacional, las ideologías están circunscritas geográficamente. Tercera, en tanto que el impacto de la ciencia sobre la sociedad es bastante débil e indirecto, la ideología es ella misma una fuerza social.

Cuarta, muchas ideologías incluyen en su dominio o universo del discurso objetos cuya existencia no puede establecerse por medios científicos; en compensación, la ciencia trata de algunos objetos, ta­ les como los quarks y las afasias, sin interés ideológico. Quinta, la filosofía inherente a la ciencia difiere de las filosofias incluidas en casi todas las ideologías en los siguientes respectos: a) no supone entes inmateriales ni hechos ilegales; b) no admite la autoridad ni la revelación como fuentes de conocimiento, y c) su código de conduc-

138 Patte III ta es d de la libre búsqueda de la verdad, no el de la defensa de dog­ mas ni de intereses creados.

Una sexta diferencia entre la ciencia y la ideología es que, mien­ tras la primera supone la lógica y hace amplio uso de la matemática, el fondo formal de la ideología suele ser modesto y a veces nulo. (En particular, el misticismo y el nazismo rechazan la lógica.) Sép-' tima, las ideologías comúnmente admiten el conocimiento ordinario, que para la ciencia no es sino un punto de partida a superar. Octava: la mayoría de los problemas de que trata una ideología son prácticos antes que teóricos: en este respecto la ideología se parece más a la tecnología que a la ciencia. Novena: casi todas las ideologías incluyen mitos en su fondo de conocimientos, p. ej., el mito de la raza o clase elegida.

Décima diferencia: al par que los fines de la ciencia son estric­ tamente cognoscitivos — describir, explicar y predecir con ayuda de teorías que incluyen leyes— los de la ideología son casi todos prác­ ticos. (La ciencia básica utiliza la acción como medio, y la limita al laboratorio. La tecnología, no la ciencia, es una herramienta concep­ tual para modificar la realidad.) Decirnoprimera: algunas ideologías emplean métodos, tales como la oración y el exorcismo, cuya eficacia no ha sido convalidada ríentíñatm eote; y otras recurren a acciones, tales como la legislación y la movilización popular, ajenos a la prác­ tica científica, Decimosegunda: los valores científicos son intrínse­ cos (se refieren a ideas o procedimientos) y estrictamente cognosci­ tivos (p. ej., verdad y profundidad). En cambio, los valores ideoló­ gicos son extrínsecos (se refieren a objetos que no pertenecen a la ideología misma) y son prácticos (p. ej., la vida eterna o el poder político) o morales (p. ej., la pureza o la justicia).

Pero hay más, y es que la relación entre la ciencia y la ideología no es simétrica: mientras toda ideología puede ser estudiada cien­ tíficamente, no hay tal cosa como el estudio ideológico de la cien­ cia. Una ideología puede valerse de la ciencia, pero no está equipada para estudiarla. En cambio, existen la psicología, la sociología y la historia de las ideologías. Más aún, la ciencia puede convertirse en su propio objeto de estudio: ésta es, precisamente, la ciencia de la ciencia. (Recuérdese el capítulo 1.)

3. (Senda y religión

La denda difiere de la tecnología, de las humanidades y de las artes, pero no se opone a ellas. No hay incompatibilidad entre hacer química y aplicarla a la industria, o entre estas actividades y escribir

sobre filosofía o hacer música. Los cuatro sectores son mutuamente compatibles y, más aún, en ocasiones se solapan. Por ejemplo, la física experimental de las altas energías exige una tecnología refina­ dísima; la arquitectura y el diseño industrial unen la tecnología con el arte; y la CCT hace de puente entre las humanidades, por una parte, y las ciencias y tecnologías por la otra.

No ocurre así con la ciencia y la religión: éstas se excluyen mu­ tuamente porque hacen afirmaciones mutuamente contradictorias, por ejemplo, que la vida se originó espontáneamente, o que fue creada; y porque la una niega la validez de métodos, p. ej., el recurso a sa-

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¡radas escrituras y la oración, que emplea la otra. Es verdad que

a ciencia y la religión coexisten en el cerebro de algunos individuos, al modo en que un individualista por temperamento puede simpa­ tizar con el socialismo (como es el caso de quien escribe), o un devo­ to cristiano puede vivir en pecado. La coherencia perfecta es un ideal, no un hecho corriente en la vida humana. Galileo y Descartes, así como Newton y Maxwell, y muchos más, tuvieron creencias re­ ligiosas; más aún, Bolzano y Mendel fueron monjes. Pero ninguno de ellos mezcló la ciencia con la religión: Dios no figuraban en sus fórmulas o experimentos. Como hombres modernos que eran, se cui-

amon de mantener perfectamente separadas su ciencia de su reli­

gión . Si hubiesen invocado la intervención divina para explicar los hechos naturales que estudiaron, serían considerados charlatanes, no

eminentes científicos.

Para convencerse de que la ciencia excluye a la religión basta

recordar los puntos siguientes. Primero, los miembros de una iglesia

se mantienen unidos por com partir creencias y prácticas que no han

sido consagradas por la investigación científica. En cambio, los miem­

bros de una comunidad científica están unidos por una actitud crí­

tica y exploratoria, así como por un fondo de conocimientos que

han pasado pruebas conceptuales y empíricas. Segundo, toda religión

incluye dogmas acerca de entes sobrenaturales que, por definición,

están fuera del alcance de la ciencia; también incluye dogmas acerca

de procesos, tales como la resurrección y la reencarnación, tenidos

imposibles por la ciencia. Tercero, el pensamiento religioso no hace

uso de. la matemática, salvo en el caso de la numerología de los pita­ góricos y cabalistas, que es un caso patente de seudodencia. Cuarto, la religión no hace el menor uso de las riendas fácticas. Por el con­ trario, muchos dogmas religiosos — p. ej., que la Tierra es plana, que el sol gira alrededor de ella, que las especies biológicas fueron creadas, y que el alma es separable del cuerpo— han sido refutados concluyentemente por la investigación científica. Quinto, por libe­ ral que sea, toda teología contiene dogmas antes que teorías o datos

140 Parte III corregibles. Sexto, todo sistema de valores religiosos está dominado por la creencia en entes sobrenaturales, en lugar de confiar en el poder del hombre para alcanzar la verdad por la investigación, y los fines deseados por la acción. Séptimo, la eficacia de las prácticas religiosas, tales como el sacrificio y la oración, nunca ha sido com­ probada experimentalmente. (Lo único concebible es que, en algu­ nos casos, estas prácticas sean beneficiosas para el creyente por vía de autosugestión; peto en otros casos pueden destruirlo.) Octavo, la fe religiosa descansa sobre la autoridad, la revelación, y el estado de gracia, ninguno de los cuales es científicamente aceptable. En resu­ men, la ciencia y la religión no son meramente diferentes, sino que son antitéticas.