D.2 GuidanceItf.java
5.29 Example of a multi-node task flow
El género narrativo ha sido objeto de diversos estudios en las últimas décadas y con ello cobra importancia para la experiencia educativa, tal como se mencionó anteriormente. Una de las razones que llevó a esta situación es el hecho de que todos los seres humanos tenemos una historia que contar, tanto maestros como estudiantes son contadores de historias, siendo el ámbito de la escuela donde confluyen y se expresan esos relatos que pasan a ser parte de la vida del sujeto que narra dicha historia. A este conjunto de relatos o historias de vida narradas se le conoce como género biográfico
que, a su vez, hace parte de la Narrativa. Dicho género se presenta entonces como el espacio en el que confluyen los diversos relatos que se realizan acerca de la propia vida y la de otros, es por esto, que se vale de varios métodos para “contar” las historias: la autobiografía, la entrevista, el diario íntimo, las cartas y hasta la misma biografía.
Teniendo en cuenta lo anterior, hay una forma de entender la biografía como un género del que hacen parte diversidad de metodologías, entre las que se encuentra la autobiografíaque, en el caso de esta investigación, se presenta como el relato que hace una persona de sus propias experiencias ubicando los hechos más significativos de su vida en una línea de tiempo que le permite elaborar una trama y darle sentido a una historia, teniendo como resultado, la construcción de una identidad narrativa tal como lo plantea Ricoeur (1999). (Ver apartado 2.3)
ámbito de esta investigación, hallar puntos de encuentro en temáticas y formas de expresión de relatos realizados por estudiantes escolares. Pero, más allá de la autobiografía como parte de un género literario más amplio, esto es, el biográfico, ésta también debe pensarse como la posibilidad del ser humano de entrar en un proceso de construcción de sí mismo. De este modo, puede decirse que la biografía se piensa como un género narrativo que contiene diversas maneras de contar las historias o relatos, entre los que se encuentra la autobiografía como forma de contar la propia vida.
Para esta breve reflexión sobre la autobiografía, el referente teórico principal es Phillippe Lejeune (2001), este teórico francés dedicó gran parte de su vida intelectual a la investigación en torno al tema de la autobiografía, tanto en la precisión conceptual como en el estudio de grandes relatos autobiográficos y, posteriormente, de los diarios de personas no conocidas. Sus estudios comienzan en 1969 y se enfocan en postular a la autobiografía como un género literario. En el comienzo de sus estudios, refiere a Rousseau y a sus Confesiones, escrito que, según el autor, marca una ruptura profunda en la historia pues, el pensador de Ginebra, es el primero en emprender la tarea tan peligrosa que supone el contarlo todo sobre sí mismo.
En palabras del autor francés, “llamamos autobiografía al relato retrospectivo en prosa que alguien hace de su propia existencia, cuando pone el acento principal sobre su vida individual, en particular sobre la historia de su personalidad” (Lejeune, 2001: 160). Esta definición está claramente ligada a lo que significó la obra de Rousseau y, tal como el mismo Lejeune lo expresa,
la autobiografía no puede ser simplemente un relato agradable de recuerdos contados con talento: debe ante todo tratar de mostrar la unidad profunda de una vida, debe manifestar un sentido obedeciendo a las exigencias a menudo contradictorias de la fidelidad y de la coherencia. (Lejeune, 2001: 161)
La autobiografía supone entonces que el autor, que es a la vez el protagonista de la historia, realice un ejercicio sincero y reflexivo acerca de su propia vida. Pero quizá, más que la concepción de autobiografía, el gran aporte de Lejeune consiste en el concepto de “pacto autobiográfico” pues introduce que, además de la figura del autor, es el lector el encargado de determinar la veracidad y funcionalidad de la obra. En una entrevista realizada en 2004, el autor redefine esta concepción y le otorga una nueva funcionalidad: el pacto autobiográfico
[…] es la promesa de decir la verdad sobre sí mismo. Uno se compromete a decir la verdad de sí mismo tal como uno mismo la ve. Su verdad. Esto provoca en el lector actitudes de recepción específicas, que yo diría “conectadas”, como en la vida cuando alguno nos cuenta su existencia. Uno se pregunta si la persona dice la verdad o no, se equivoca sobre sí mismo, etc. Uno se pregunta si le gusta. Lo compara con su propia vida, etc. (Lejeune, 2004).
De alguna manera, el lector no debe cumplir una función pasiva ante el escritor, sino que el pacto consiste en que, en la medida que yo escribo un relato verdadero, ese relato es susceptible de ser interpretado, resignificado y revivido por el otro. De esta forma, puede encontrarse una funcionalidad en la autobiografía que se sale del ámbito personal.
Para Christine Delory-Momberger (2009a) y Leonor Arfuch (2007), en una autobiografía se toman tanto aspectos individuales como colectivos que pertenecen a quien relata la historia, su historia; con este nuevo elemento de Lejeune, la autobiografía se piensa también como la posibilidad de conectar historias, de reconocer al otro y de identificarlo consigo mismo.
En una interpretación realizada por Leonor Arfuch acerca de la obra de Lejeune, rescata el papel de la autobiografía en este sentido: “más allá de la captura del lector en su red peculiar de veridicción, ella permite al enunciador la confrontación rememorativa entre lo que era y lo que ha llegado a ser, es decir, la construcción imaginaria del “sí mismo como otro” (Arfuch: 2007, 47). En clara referencia a Ricoeur, la autobiografía permite al autor pensarse y repensarse y, de algún modo, el lector también interviene con una tercera posibilidad de pensar su propia vida a través de ésta.
Ahora, con todo lo anterior, es importante retomar la relación de la investigación biográfico- narrativa con la educación y pensar en la aplicación de la autobiografía en el ámbito educativo. Ya se ha dicho que la autobiografía hace parte de las formas narrativas del “yo” y se presenta como la escritura de la propia vida luego de haber entrado en un proceso de “biografización”o, lo que es lo mismo, y siguiendo la propuesta de Delory-Momberger, en el trabajo por el cual una historia toma forma al ser narrada (Ver apartado 2.4).
Ahora bien, como espacio de experiencia para la formación, la autobiografía cobra sentido en la medida que es un proceso que involucra al individuo desde su propia capacidad de reflexión, autoformación y construcción de identidad y, además, desde la posibilidad de relación y reconocimiento de los otros, construyendo una historia o varias. Es justo en este punto donde la relación con la educación se hace evidente pues en el ámbito escolar, más que en ningún otro, se hace necesaria la reflexión que permita la construcción de la identidad y que, a su vez, permita conocer y reconocer al otro como mi igual, quien también tiene una historia de vida que merece ser escuchada.
A lo anterior, se le puede sumar la posición de la investigadora argentina Leonor Arfuch que en su libro El espacio biográfico (2007) afirma que en la actualidad, ante la proliferación de narrativas del “yo”, deben pensarse no sólo las formas tradicionales del diario íntimo o la autobiografía, de la historia de vida o el testimonio, sino que también deben explorarse medios actuales como el blog, el reality show o la autoficción que, a mi modo de ver, se transforman en nuevos medios autobiográficos, pues esta mezcla de géneros es la que pone su sello en la actualidad y lleva a que éstos, como parte de lo narrativo, se piensen en lugares distintos pero, de igual forma, permitiendo la construcción de sí mismo.
Ante este panorama es lícito preguntarse si todo lo que escribimos en redes sociales, blogs o cuadernos hace parte de nuestra autobiografía y de una construcción de sí o si una autobiografía requiere el relato detallado de todos los acontecimientos de nuestra vida o sólo de los más significativos. Para esta investigación, la autobiografía como metodología de investigación y como forma de construcción de sí, debe estar ligada a una (auto)reflexión de lo narrado, es decir, generar una reflexión sobre la propia historia que, sin necesidad de abordar todos los aspectos de la vida de una persona, se centra en aquellos que de forma particular cambiaron o afectaron el curso de su vida. Todo lo anterior, bajo la premisa de que narrar los acontecimientos de la propia vida nos ayuda a comprenderla mejor, facilitando la construcción del propio proyecto ético y elaborando mejores planes para el futuro (Medrano y Cortés, 2007a: 22). Esto último, es de vital importancia cuando se construyen historias de vida de adolescentes, pues en un momento tan definitivo de sus vidas, la narración autobiográfica se convierte en la plataforma que les permite no tanto recordar el pasado, sino reconstruir su pasado para mirar hacia el futuro.
2.3. La Identidad Narrativa de Ricoeur y su importancia en la escritura de una