En sus libros El próximo paso: Dictadura con respaldo popular y De Cristóbal Colón a
Fidel Castro, Bosch traza las estrategias a seguir para confrontar el poder
pentagonista apoyándose en la historización de las diversas luchas en el Caribe
55 Algunos de estos grupos como The Revolutionary Action Movment (RAM) además, establecieron vínculos no sólo con China, sino también con la Cuba socialista como parte de una misma coalición no blanca antiimperialista (Helley 14).
contra las fuerzas imperiales. Partiendo del postulado de que la unidad caribeña viene dictaminada por la base común que sobre ella ejerció el imperialismo (Maingot 162), la militancia violenta contra ese poder supone la única posibilidad de agencia para la región. Su óptica marxista lo lleva a concluir que “the only way to confront this imperialism throughout the Caribbean was revolution” (Maingot 162). Así, De Cristóbal Colón a Fidel Castro, constituye una teleología liberadora en la cual la revolución haitiana inaugura una tradición efectiva de resistencia que tendrá su culminación en la revolución cubana. Bajo esta premisa, Bosch recupera importantes figuras históricas como la de Boves o la de Christophe, exaltando su popularidad por sobre sus rasgos autoritarios (Maingot 162). Con este gesto, Bosch legitima la instauración de una suerte de dictadura populista en detrimento de las premisas liberales encarnadas en el sistema político de la democracia representativa. Ésta última no sólo había demostrado ser inadecuada para la realidad dominicana, sino que además facilitaba su pentagonización.
Para Bosch, la democracia representativa era el sistema político propio de la sociedad burguesa, una sociedad que según él era inexistente en la República Dominicana puesto que todos los proyectos modernizadores habían sido frustrados por la alianza de las oligarquías internas y la dominación imperialista. La “arritmia histórica” que Bosch expone en Crisis de la democracia de América en la República
Dominicana; entendida como la incapacidad de la isla de ajustarse exitosamente en
los esquemas de la sociedad occidental, estaba determinada desde sus inicios por la empresa colonialista de Cristóbal Colón (Balcárcel 323). Al igual que sus pares
tragedia (San Miguel, “Premodernidad” 264)56. La diferencia sin embargo, en relación a la anterior generación pesimista, estriba en que las causas de la deformación social dominicana provenían casi exclusivamente de los efectos nocivos de las diversas invasiones externas (San Miguel, “Contar” 173). En la segunda mitad del siglo XX, la ingerencia norteamericana tenía tal magnitud, que las oligarquías criollas aparecen como meros apéndices del poder pentagonista. Así pues, con la ausencia de una burguesía nacionalista y concentrados todos los medios de producción en manos extranjeras y en una oligarquía dependiente, ‘el próximo paso’ de la revolución dominicana no podía ser el de la democracia representativa (Dictadura 114). La dictadura del proletariado tampoco se ofrecía como alternativa viable. La deformación de la sociedad dominicana había sido tal, que no existía conciencia de clase en los sectores más bajos de la sociedad (García Cuevas 76). La solución a este dilema político la encontró Bosch en la formulación teórica de un nuevo sistema de gobierno: La ‘dictadura con respaldo popular’ que, en 1973, pasará a conformar los lineamientos del PLD. La dictadura con respaldo popular consistiría en “un régimen con justicia social y al mismo tiempo con libertades auténticas y de respeto a la voluntad de las mayorías, que no llega, sin embargo, al límite de aniquilar el pequeño núcleo de la burguesía nacional” (Dictadura 114). Es claro para Bosch que, a diferencia de una visión marxista más
56 Al respecto San Miguel explicita que: “Narrada como tragedia, la trama de la historia dominicana es una secuencia de fracasos en la formación de una clase dirigente que organizase la sociedad a tono con los principios burgueses. En Bosch hay una nostalgia por una burguesía, clase a la que adscribe la capacidad de lograr la modernización de la sociedad y el Estado” (“Premodernidad” 264).
ortodoxa, el papel de la burguesía era esencial para la lucha antipentagonista57. Desde su propia posición burguesa, Bosch articuló un proyecto revolucionario cuyas bases populares serían lideradas por personalidades ilustradas como él mismo. Si la lucha contra el pentagonismo tenía su retaguardia en los movimientos negros afroamericanos, esta nueva alianza populista propuesta por Bosch vendría a constituir la vanguardia de esa lucha.
La dictadura con respaldo popular viene a ser entonces, la antítesis del régimen político norteamericano, esto es, la antítesis de una democracia liberal caracterizada por la pasividad del pueblo estadounidense y la ausencia de líderes con valores espirituales y formación intelectual. La alternativa dominicana y latinoamericana por el contrario, será el fruto de la lucha activa, violenta, de un pueblo despentagonizado bajo la dirección de una burguesía autorizada por su superioridad intelectual y espiritual58. Esta diferencia auguraría el éxito de las luchas revolucionarias en toda América Latina:
Si este mundo ha visto un pueblo duro para adquirir conocimientos humanos – no científicos―, ese pueblo es los Estados Unidos. Allí pululan los técnicos en relaciones públicas, pero no hay entre ellos dos que se hayan dado cuenta de que la América Latina es, en términos de sensibilidad, una unidad viva (Bosch, “Recuerdos” 202).
57 La valoración positiva de una burguesía nacional en la lucha antiimperialista lleva a Bosch a rescatar la figura de Trujillo como el único gran personaje burgués nacionalista en el siglo XX dominicano ya que, según