4 Designing the benchmark instrument
4.1.2 Scope of the benchmark instrument
Se caracterizó porque esta fase es una tentativa de compromiso y acuerdo entre la burguesía liberal, la aristocracia y la monarquía. La idea es que éstos dos acepten los cambios que se estaban llevando a cabo en varios ámbitos de la realidad.
Se inicia por algo que no es exactamente una revolución, sino un movimiento antiabsolutista protagonizado por los aristócratas. El clima es de tensión social y de crisis económicas, ante la cual el rey decide exigir a los estamentos privilegiados una contribución a la hacienda pública: les exige el pago de impuestos en el peor
momento, dada la tensión a la que acabamos de aludir en el plano social.
Ante esto, se produce la revuelta privilegiada anteabsolutista, rechazando impuestos y la tentativa de la centralización y concentración del poder a la que aspira Luis XVI. Dicho de otro modo: reclaman sus privilegios. El monarca reacciona decidiendo la reunión de los estados generales. Los estados generales era una institución medieval que no se había reunido en Francia desde 1614. Es una reunión de representantes de los tres estamentos, y no tiene un poder proactivo, sino una función consultiva. El monarca intenta solucionar y resolver la oposición que habían planteado los
estamentos privilegiados. No obstante, esa reunión se vuelve contra el rey a través de los cuadernos de quejas:
1. El primer y el segundo estamento proponen un voto por estamento. 2. Proponen la defensa de sus privilegios.
3. Rechazan el pago de la deuda.
4. El tercer estamento, lejos de ser sumiso ante la monarquía, propone el voto por representante, y no por estamento, así como la abolición de los impuestos excesivos que recaía sobre ese estamento. Además, sugiere la abolición de los privilegios.
Las medidas de los dos primeros estamentos es un claro ataque a la figura del rey. Las propuestas del tercer estamento suponen exigencias al monarca antiprivilegiadas. La solución que diseña Luis XVI se vuelve contra él, ya que el problema se agrava, poniendo en su contra al tercer estamento.
Ante esto, se produce un acontecimiento: el tercer estado se retira y se reúne
independientemente de los otros dos en el Salón del Frontón. Algunos sectores de los otros dos estados se unen al tercer estamento, creando el germen de una institución nueva que se va a crear: la Asamblea Nacional Constituyente o Asamblea Nacional
Legislativa. Esta es la semilla del proceso político de la Revolución Francesa. Estamos en la primavera de 1789.
Entre el 2 de mayo y el 5 de julio delibera esta Asamblea. Sucede entonces algo: las masas se incorporan al proceso revolucionario. La Asamblea supone la sustición de una soberanía del monarca por una soberanía nacional, que no popular. Se trató en este proceso de deliberaciones de llevar a cabo una revolución estrictamente política, no una social todavía.
Para ello, se propone al monarca una colaboración: no se oponían estos
revolucionarios abiertamente a la monarquía como institución. La Asamblea respeta el prestigio de la monarquía, de modo que se orienta hacia una monarquía
constitucional.
Lo que define a esta primera fase es la tentativa de establecer un consenso entre sectores burgueses y liberales por un lado, y sectores aristocráticos y monárquicos, por otro. Esto va a fracasar, como veremos a continuación.
La Asamblea, entre mayo y julio, estudia la posibilidad de desarrollar una reforma. La idea inicial era transformar la política sin que se diera una convulsión social. Pero en este intervalo los acontecimientos se precipitan por la crisis económica que hemos descrito en el punto anterior. Es en ese contexto político dubitativo que se da en la primavera del 89 cuando las masas salen a la calle. El 14 de julio llegan hasta la Bastilla, el símbolo de la arbitrariedad de la monarquía, de modo que estalla la insurrección urbana y campesina.
Fue ese gesto el que impulsó el triunfo de la Asamblea y de la burguesía en el poder, además del inicio de las reformas revolucionarias de 1789. Al mismo tiempo, hay que considerar ese movimiento popular como una radicalización del proceso. Estamos asistiendo en este punto a un ejemplo de los dos caminos que encontramos en las tres fases de la Revolución Francesa y que continuarán durante el XIX: el camino de la transformación política de la Asamblea y el de la radicalización de la revolución representado en las protestas populares, que coincidirán y se separarán según el momento que pongamos bajo el microscopio.
Hay tres acontecimientos que nos sirven para ver la doble cara de la Revolución Francesa, así como comprender el carácter moderado de esta primera fase:
1. El 4 de agosto, hay una primera decisión que será importante: la supresión de los derechos señoriales, pero la aristocracia sigue manteniendo sus posesiones. Así, no se habla de un reparto de la riqueza.
2. El 26 de agosto, se produce la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, pero se distingue entre ciudadanos activos y ciudadanos pasivos. 3. Entre el 2 de noviembre y el 20 de diciembre del 89, se va a iniciar el proceso de
confiscación de los bienes de la Iglesia, pero estos bienes inmuebles y artísticos se pondrán a la venta en subasta pública: la tierra sigue sin repartirse. Este proceso continuará en otros estados liberales burgueses. En el caso español, el más célebre es el de la desamortización de Mendizábal de 1836.
Estas tres grandes medidas aportan el tono, el fondo y el sentido que desde la burguesía liberal se quieren imprimir en el proceso revolucionario: no quieren demonizar a la aristocracia y a la monarquía, sino convivir.
Las Constituciones van separadas por dos años: 1791, 1793 y 1795. En la primera, la del 91, nos encontramos con una declaración de derechos donde se afirma la liberta de expresión, de movimiento, de reunión pacífica, pero no libertad de asociación. Se promulga una ley, la llamada Ley Le Chapelier, de 1791, que prohibe la libertad de asociación. Esta norma se retomará en sucesivas fases de la historia de Francia y servirá de modelo para otros estados liberales. Esta ley abolía los gremios artesanales, incluso.
Los gremios eran, en el AR, quienes tenían el control del mercado de trabajo. Si se pretendía una liberalización de la economía, había que ir en contra de los gremios. No obstante, bajo ese argumento también se impide la libertad de asociación, que será uno de los instrumentos que van a tener los sistemas liberales moderados para controlar la acción colectiva.
El derecho a la propiedad también se articula en la Constitución de 1791, así como el derecho estrella de este texto: el derecho a la libertad. En la Constitución del 93, será la igualdad, y en la del 95 el gran derecho que se crea es el de la propiedad. Ahí hay un reflejo de cada una de las tres revoluciones que se entrelazan —moderada, radical y moderada—. El derecho en la igualdad está presente en la Constitución del 91, pero no es hasta la del 93 cuando cobra peso.
Hablamos de una igualdad jurídica y fiscal, así como igualdad para tener cargos públicos en función de la valía, no de la cuna. En el 91 se promulga la división de poderes, pero con derecho a veto por parte del monarca. Hablamos de importantes atribuciones al poder Ejecutivo, con lo cual no hablamos de un liberalismo
autoritario, pero sí de un liberalismo doctrinario, que a su vez es un liberalismo censitario, ya que la Constitución del 91 distingue como hemos dicho entre
ciudadanos activos, con voto, y ciudadanos pasivos, sin voto. Es un reconocimiento de la soberanía nacional, visto así.
En definitiva, la constitución del 91 define un sistema político acorde con los intereses de la burguesía. Se suprimen los señoríos, se liberaliza el comercio, se sustituye la heterogeneidad de privilegios con un sistema constitutivo igualitario y se lleva a cabo una reforma eclesiástica, por la que abolen las órdenes religiosa. Hablamos una importante pérdida de recursos para esas órdenes religiosas.