• No results found

Chapter V: Substantive Effectiveness

5.2 The Scope of the Substance of the Convention in the Constitutional Provisions

La segunda fase del comercio electrónico se caracteriza por el “establecimiento de sistemas de pago que permitían la compra y venta de productos de modo instantáneo” (Briz y Laso, 2000: 151). Las compañías comenzaron a darse cuenta que cuanta más información sobre sus productos y servicios volcaran a la red, mayor era el interés de los usuarios por adquirirlos. El siguiente paso era, por tanto, poner a disposición de los usuarios estos productos para su compra.

Carlos De la Guardia (2000) hace especial hincapié en la importancia de las condiciones tecnológicas para llegar a esta fase. En un principio, las aplicaciones web se limitaban a libros de visitas, formularios, herramientas de búsqueda poco desarrolladas y envío masivo de correos electrónicos no solicitados (SPAM). Poco a poco, surgieron nuevas aplicaciones que permitían mayor interacción usuario-sistema como bases de datos y sistemas de cobro por tarjeta. De hecho, una vez consolidada la infraestructura, las empresas más audaces tardaron poco tiempo en comenzar a operar en Internet.

La idea preponderante era vender, al tiempo que se buscaba disminuir los costes y mejorar los sistemas de atención al cliente. Como el tamaño de la empresa no es un factor definitivo a la hora de comerciar en red, muchas PYMES se adelantaron a la hora de crear sitios de venta virtual de todo de productos. Uno de los ejemplos que más se mencionan en el caso del e-commerce español es el de www.barrabes.com, empresa fundada por Carlos Barrabés, y especializada en venta de equipamiento para actividades de montaña. La compañía, con sede en un pueblo de Huesca, consiguió llegar a un nicho de mercado antes no explorado y pronto se convirtió en líder del sector, generando sustanciosos beneficios para sus creadores.

En esta misma etapa, también apareció el concepto de “centro comercial virtual” o Marketplace. En este caso, un proveedor aportaba la infraestructura tecnológica necesaria para crear una tienda electrónica y vendía espacio en la misma a diversas compañías interesadas en poner en venta sus productos en Internet.

Sin embargo, el mayor fenómeno acaecido en esta fase fueron los denominados negocios de Internet puro (e-pures). Empresas creadas desde cero para vender productos o servicios sólo y exclusivamente a través de Internet. El caso más notable es el de Amazon, de hecho, su modelo ha sido imitado hasta la extenuación. En el caso de los viajes online, dos empresas radicadas en norteamericana, Expedia y Travelocity, son las primeras que se posicionan en el mercado. Su modelo de negocio es exportado a Europa y en nuestro país surgen las primeras empresas de venta de viajes en Internet a partir del año 2002.

Durante esta época surgieron todo tipo de empresas amparadas por inversores dispuestos a ofrecer millones para el lanzamiento de nuevos negocios. De hecho, durante un tiempo, cundió la falsa idea de que cualquier idea de negocio, por extravagante o absurda que fuese, era factible de convertirse en un próspero negocio en la red.

Con tantos negocios en línea, la venta de publicidad pasó a ser un negocio importante y las webs con más tráfico comenzaron a inundarse de piezas promocionales como banners o ventanas emergentes (pop up Windows).

El asombroso crecimiento del comercio electrónico en esta etapa, llegó a su punto culminante a finales de los años noventa del siglo pasado, antes de padecer una estruendosa caída que alteró considerablemente la concepción y viabilidad de los negocios electrónicos.

En 1999, uno tras otro de cientos de negocios de Internet fueron cayendo en la bolsa de valores tecnológicos (Nasdaq). Los precios de acciones de algunas compañías, que llegaron a estar valorados en cientos de millones de dólares, bajaron en algunos casos hasta menos de un dólar. Muchas empresas tuvieron que declararse en quiebra y, a finales de ese mismo año, casi nadie aportaba dinero para nuevos proyectos en la red.

Pablo Garrido Pintado

102

Visto con perspectiva, este fenómeno tiene una explicación concreta. Resultaba hasta cierto punto insultante que empresas que tan sólo contaban con una decena de empleados y cuya viabilidad económica era dudosa, cotizaban muy alto en bolsa. Incluso Amazon, un caso ejemplar de éxito en el e-commerce, se había mantenido durante años pese a que nunca alcanzó el equilibrio financiero.

Sólo algunos sitios web como Yahoo, lograban sacar provecho de la venta de publicidad. Docenas de portales y páginas únicamente sustentadas por la inversión publicitaria tuvieron que someterse a la fusión con otros más fuertes o, directamente, cerrar su negocio. Los prometedores “centros comerciales virtuales” nunca pudieron despegar y sufrieron la misma suerte que las webs citadas anteriormente.

Este gran batacazo no supuso el fin del comercio electrónico. Aunque las e-pures pasaron por momentos de gran debilidad, muchas de ellas resistieron. De hecho, las empresas de viajes que, (gracias al empuje de una audiencia cada vez más fiel y a la venta de unos servicios que mejoraban considerablemente la versión offline), no sufrieron demasiado los efectos del estallido de la burbuja Internet. Otras compañías tradicionales amparadas por una larga trayectoria fuera de la red, emergieron como alternativas sólidas y modelos de éxito seguro en el negocio virtual.

2.2.2.4.3 Cuarta fase: integración completa del comercio electrónico y desarrollo