• No results found

Este capítulo se basa en los resultados de mi propia práctica clínica. Se refiere a los efectos de la escucha analítica y la palabra, en la clínica infantil. Desde el psicoanálisis cualquier experiencia de análisis resulta particular e irrepetible. Cada sujeto se manifiesta a través de su propio lenguaje, un lenguaje que se estructura desde el inconsciente. Es por esta razón, que como analista, la posición es también única y particular. La escucha se suscribe a cada sujeto y la palabra que se devuelve es un decir que se entiende solamente desde ese lugar específico.

El valor que se da a la subjetividad, a eso único que solamente cada quien puede presentar es propio del psicoanálisis. Frente a esta crisis mundial donde la repetición, el parecido, la norma, los criterios diagnósticos resultan el estándar de bienestar social y salud mental el psicoanálisis tiene poco espacio. El psicoanálisis resulta incongruente con los actuales paradigmas médicos en los que el diagnóstico y el medicamento son los principales recursos en el tratamiento de niños y niñas.

El psicoanálisis habla del inconsciente, de un saber que no se sabe, de la sexualidad, de la dinámica familiar y el efecto en la vida del niño. Su objeto de estudio cala en la dimensión más profunda del sujeto, y a veces, para algunas personas resulta más fácil no saber de ello. Atreverse a iniciar un análisis siendo adulto, en la que es el sujeto mismo que quiere conocer más sobre su deseo, su inconsciente y de su verdad, implica un reto por sí mismo. Un reto sostenible en la medida que los elementos de un análisis se sostengan.

El psicoanálisis iría en contra de las premisas sociales actuales. Por lo tanto, no son solo los retos del psicoanálisis como tratamiento en sí mismo. Sería sino, la guerra ideológica que existe frente al psicoanálisis. Donde resulta poco probable, contemplarlo como una tratamiento más. El discurso médico se ha encargado de difundir que solamente ellos saben del paciente y solamente el medicamento puede curar. La psicología, la neuropsicología, la terapia cognitiva, la pedagogía, trabajan para la medicina y se someten a este discurso en el que el mensaje al paciente es que

éste no sabe nada de su condición. El saber sobre los padecimientos de un sujeto, según este discurso médico, queda a manos de médicos y los criterios diagnósticos de la psiquiatría.

El valor sobre el propio sentido de la vida, sobre el deseo frente a sí mismo y sobre la verdad particular de cada cual queda anulado. Si alguien calza en algunos de los varios criterios diagnósticos del manual de trastornos mentales vigente de la época, será diagnosticado bajo ese sistema, será medicado y posiblemente referido a un psicólogo que realizará terapia en la cual se transmitirán recomendaciones desde un lugar de saber también. El paciente queda excluido dentro de su propio proceso, ajeno al problema, el cual se reduciría a un problema neurológico. Bajo este tratamiento, la pregunta por la historia no resulta necesaria ya que este tratamiento responde a intereses de otros.

El diagnóstico médico psiquiátrico se realiza en una o dos sesiones, en las que se habla de los síntomas, los problemas de salud relacionados y el impacto que estos tienen en la vida cotidiana del paciente, el médico dice lo que tiene, realiza una receta para comprar un medicamento y en algunos casos el paciente es referido a atención psicológica. Por otro lado, desde el psicoanálisis, frente a un paciente que llega a consulta el psicoanálisis preguntaría por el origen, por la historia, por la palabra que no se ha dicho. Habría mucho que hacer y mucho que trabajar, y el diagnóstico no queda para el paciente, es un referente para operar desde otro lugar. El paciente descubre un decir, una palabra, una escucha atenta que le ayudará a entender mejor su historia y a partir de ahí se abrirá camino por sí mismo.

El psicoanálisis infantil se enfrenta con un panorama muy similar, solo que más grave, ya que los niños y niñas no escogen, no tienen poder de decisión y quedan en manos de las decisiones de los adultos, en temas como medicación y características de los tratamientos. Por lo tanto al enfocarnos en el tema del psicoanálisis infantil, surgen otros problemas por tratar. Fuera de los elementos que por sí mismos implican una dificultad en el tema del psicoanálisis, aparecen en escena aquellos que tienen que ver con lo propio infancia donde en general la palabra del niño y la niña no se escucha y se valida. En general, al niño o la niña no se le pregunta sobre su situación o condición,

simplemente se atribuyen diferentes razones según los adultos presentes y a partir de ahí se concluye algo.

Mucho más grave en el tema de diagnósticos psiquiátricos infantiles, en los que con una o dos horas de sesión, el saber y las palabras vienen de la madre o quien lleve al niño a consulta. Con el niño se cruzan algunas palabras, algunas preguntas y con base en eso se emite un diagnóstico psiquiátrico. Algunas veces acompañado de un tratamiento farmacológico. Este tipo de diagnóstico resulta ser lo que acompañará al niño y la niña. Con base en este se estructurará su dinámica de vida, el diagnóstico cumple una función de sentencia, en la que será más fácil sostener ese diagnóstico que enfrentar la verdad tras él. Podrán existir casos en los que realmente exista una condición orgánica, sin embargo son la excepción a la regla.

Frente a estos diagnósticos al niño no se le pregunta qué le pasa, cómo se siente, porqué se comporta así. Para muchas personas resultaría ridículo pensar en hacerlo, solo porque son niños y los niños no saben nada de lo que les pasa o porqué les sucede. Desde mi lugar en la clínica puedo afirmar que eso no es cierto. Los niños y las niñas sí pueden decir, si saben y si entienden y quieren entender mejor lo que les sucede.

El ámbito de la psicología educativa, resulta uno de los más propensos a intervenir en el tratamiento de los niños y niñas. La pedagogía atiende los síntomas en el área académica y si no resulta dicha terapia se remite al médico neurólogo o psiquíatra. Por lo tanto, los diferentes síntomas que aparecen en la infancia han quedado en manos ajenas al psicoanálisis infantil. La traducción del síntoma desde el lugar de la clínica, de la escucha, desde el saber propio del sujeto no se valida. Por el contrario resulta amenazante y señalado como poco eficaz.

La medicina se ha encargado de definir otros protocolos en el trabajo con niños. Protocolos donde el niño no es sujeto, es un objeto de sus padres o persona que consulta y donde la intervención queda en manos de voces y oídos de adultos. El niño queda atrapado en el silencio, solo, inmovilizado, por lo que se aferra cada día con más fuerza y resistencia a sus síntomas. La cura y el alivio nunca lo alcanzan, todo lo contrario, queda en firme la perpetua enfermedad.

El psicoanálisis trabaja diferente. A capa y espada se defiende la escucha y la palabra en la intervención con niños. El tratamiento opera centralizando la atención en el niño y sus circunstancias. El niño tiene voz que se escucha y oídos que escuchan. Solamente partiendo de esta premisa, aparentemente fácil, pero imposible para muchas personas, se inicia un tratamiento digno y efectivo para el niño.

Se trata de analizar, de entender y de permitirle al niño acceder libremente a su historia y su saber. Replantearse su posición y caminar en la vida con sus particularidades, por su camino y su deseo. Un deseo propio que no le lastime y que el sufrimiento se module y no se consagre como pilar fundamental de su vida.

Se presentan fragmentos del estudio de algunos casos clínicos. Su identidad, historia y nombres se han modificado. El propósito es compartir ciertos momentos de las sesiones para ofrecer un ejemplo de cómo opera la clínica psicoanalítica infantil. No se incluyen aspectos como la historia o el origen de los síntomas.

Cada psicoanalista debe atravesar el propio análisis, y cada psicoanalista de niños deber recorrer varias veces en su análisis diferentes trayectos de la infancia. La escucha con niños es muy particular. No hay filtros, no hay máscaras. Es como es. Los discursos de los niños resultan tan transparentes que se puede ver y sentir el dolor como si fuera propio. La transmisión es directa, la transferencia es recíproca. El trabajo analítico resulta ser un vínculo momentáneo tan estrecho pero pasajero, en el que se transfiere lo sentido, de manera encriptada y la labor del analista es descifrar mediante la interpretación aquello que se traspasa y duele. Esto da otro sentido, hace consciente algo que el niño sabe pero no puede poner en palabras, lo siente y lo libera del dolor.

El propósito de esta tesis es hablar de no solo de los problemas a los que se enfrenta el psicoanálisis, sino también, a las fortalezas con las que cuenta. Existe un camino por el cual se puede seguir y trabajar por los niños y la niñas otro tipo de tratamientos que resultan ser efectivos y defienden la subjetividad y el deseo de cada uno de ellos y ellas.

A continuación se presentarán fragmentos del análisis que se realizó con algunos niños y se transcribirá mediante viñetas clínicas. Se utilizará esta forma de explicar el trabajo clínico por motivos de confidencialidad con cada uno de los niños y niñas. Es muy

importante guardar confidencialidad a la identidad e historia de cada niño y cada niña sin exponerlos a ser objetos de goce y de estudio de diferentes profesionales. Cada niño y cada niña merecen que su tratamiento permanezca en secreto profesional, merecen respeto. Por lo tanto los datos específicos fueron omitidos o modificados. Se transmite la dinámica básica para efectos ilustrativos para que se pueda explicar la intervención clínica realizada. No se habla de la casuística o del origen del síntoma, al haber trabajado ampliamente con la población infantil, se puede hacer referencia a problemáticas similares, que hacen referencia a algunos acontecimientos pero no a un caso específico.

Sin embargo mediante extractos de conversaciones y ejemplos se puede transmitir la dinámica de la palabra y la escucha en clínica infantil. Se pueden narrar ejemplos que describen situaciones clínicas en las que el psicoanálisis opera, donde se de muestra la efectividad de la escucha analítica. En la intervención analítica, en cada sesión cambiar algo y desamarra algo. Por eso cada sesión hay que trabajar como si fuera la última, aún sabiendo que vienen más.

Cada uno de estos casos presentados buscan reflejar los alcances del psicoanálisis infantil. Algunos se pudieron concluir, otros no. Pero en cada uno de ellos sí se hizo un cambio y un efecto significativo que se reflejó en la vida de cada niño. Se trata analizar la metodología particular utilizada y los alcances de esta en la vida de cada niño y cada familia.

Viñeta clínica 1

Mari, madre de Andrés consulta ya que la maestra le informa que su hijo se disfraza de mujer, se pinta los labios rojos con crayones y constantemente interroga a las maestras sobre temas de perfumes, maquillaje o zapatos.

La primera cita con la madre ella refiere que no entiende que pasa con su hijo, que ella ha visto que también lo hace en la casa y no entiende por qué lo hace. Comenta que ella tiene una mala relación con su esposo. Él grita cuando está enojado y se pasa de mal humor. Quien la acompaña y la consuela es su hijo Andrés, lo describe como su paño de lágrimas. Andrés tiene cuatro años, tiene un hermano menor de dos años que se llama Ramón.

La escuela también manifiesta preocupación ya que dicen que Andrés no se puede concentrar durante la clase. Le recomiendan evaluación con un neurólogo ya que tanto la maestra como la psicóloga consideran que necesita medicación.

Análisis Viñeta clínica 1

El ejemplo de esta viñeta clínica refleja claramente una de las principales dificultades que enfrentan los niños actualmente. En los centros educativos la sintomatología la relacionan a causas orgánicas neurológicas. Los criterios diagnósticos son síntomas físicos que se manifiestan por medio de la conducta observable de cada niño. Se busca la normalización y la estandarización de comportamientos. Si un niño sale de dichas expectativas es referido al psiquíatra o al neurólogo.

Es llamativo como el síntoma por el cual se llama a la madre es el síntoma de la dificultad en la atención y concentración, que se relaciona con el aprendizaje. El tema de disfrazarse de mujer se deja en un segundo plano, este tema se vincularía más al plano emocional. Resulta sorprendente cómo el adulto no quiere saber nada del plano emocional del niño, o prefiere evadirlo, por eso recurre a buscar enfermedades de orden neurológico que no existen. La angustia de ver a un niño sufrir no la tolera cualquier adulto, por eso para el trabajo de analista infantil es necesario además de

obligatorio el análisis personal, haciendo un especial recorrido por el sufrimiento vivido en la propia infancia y aceptarlo.

La historia de Andrés queda desapercibida y no se muestra intención por entender de donde vienen los síntomas de ansiedad, falta de atención y concentración en la clase. Lo que le sucede al niño lo manifiesta mediante diferentes síntomas que no son descifrados y no se profundiza en su significado. Esto genera un aumento en los mismos en el intento subjetivo de emerger de alguna manera.

El niño necesita ser escuchado con su historia y su realidad según sus palabras. El primer paso para el tratamiento psicoanalítico con niños es este: Permitir que el niño hable de sí mismo y que alguien lo escuche con interés y apertura. Esta escucha es atenta, se respeta lo que el niño tiene que decir y es totalmente válido. El trabajo analítico con niños coloca al niño en una posición de saber y poder.

El análisis infantil utiliza técnicas en las cuáles el niño se expresa según sus posibilidades y sus intereses, estos son el juego, los dibujos, las historias y diferentes representaciones que asuma. El analista está dispuesto a escuchar y asumir estas actividades como discurso. El trabajo inicia con lo que el niño tenga que decir, no con lo que el motivo de consulta nos diga que decir. El deseo del niño prevalece y es válido en el proceso. Así como en los procesos de adultos se respetan los temas y el tiempo de cada uno de ellos, igualmente en el análisis de niños se trabaja de esa forma.

Andrés llega a mi consulta ya que la madre busca una alternativa diferente a la medicación de lo contrario habría asistido a la cita donde el médico. La madre sabía de ese “algo más” que sucedía en la dinámica familiar.

Por lo tanto, el psicoanálisis infantil no se queda inmóvil frente a la referencia de la escuela, la maestra o la madre. Es todo lo contrario, se moviliza frente al niño y se pregunta por algo más. Por ese resto que no se verbaliza y queda atrapado en el cuerpo del niño y se transforma en un síntoma físico.

Lo que el niño tenga que decir, es lo que el analista ha de escuchar. Se facilitará una dinámica en la que se respete el lenguaje del niño y se trabaje por medio de la interpretación para poder acceder poco a poco, según el ritmo del niño a lo que se encuentra como contenido latente en su discurso.

Jorge. Viñeta clínica 2

Jorge es un niño que da la impresión que está muy triste. Hace muchas preguntas y presta mucha atención a las respuestas. Tiene un tono de voz muy agudo, como si fuera una niña. Es fácil conversar con él. No le gusta jugar, cada cita dice que él está cansado. En las sesiones habla mucho, parece que necesita que lo escuchen.

Jorge claramente le dice a su madre que porqué no se separa de su papá si él siempre está enojado y trata tan mal a toda la familia.

Las sesiones con Jorge al principio eran solo hablar de temas generales y anécdotas que le suceden en la escuela. Luego poco a poco, facilitando el tema de hablar de la familia se procura que Jorge hable de sus sentimientos, expresaba que se sentía muy mal por la forma de ser de su papá y buscaba desahogarse en la sesión. Durante esta etapa se le escuchaba con atención y se enlazaba su discurso con el sentimiento subyacente a él. Esto le ayudaba a producir más discurso. Cuando contaba sobre los gritos del padre y se le enlazaba con que eso le causaba miedo, o enojo cuando ese era el caso, eso le ayudaba a hablar más sobre el tema. Generalmente respondía intensificando la emoción que yo decía. Si yo decía sentía miedo, él respondía “sí…terror”. Si yo decía que su papá expresaba el enojo de una manera muy fuerte, él decía que “como un loco”. Esto llevó a que Jorge pudiera expresar la frustración con su padre. Inclusive reconoció que lo odiaba. Esto fue muy importante en una etapa inicial, ya que Jorge escuchaba las quejas de su madre, escuchaba las agresiones de su padre, pero él no tenía con quien hablar y decir sobre lo que él sentía. Esto le generaba un sentimiento de soledad y frustración. Establecer una relación en la que sin sentirse culpable pudiera hablar de él y sus sentimientos ya que transformaba en algo terapéutico.

Análisis viñeta clínica 2

Cuando el niño lo llevan a análisis, entiende su posición en el mismo. Aunque sea un adulto quien pide consulta para él, asume su lugar en el proceso, el analista lo propone

y el niño decide si lo acepta o no. Es una posición en la que será escuchado, como dice Doltó “entenderá mejor sus sentimientos y lo que le pasa”. El niño asume ese lugar y se puede decir que se compromete con el proceso.

Jorge inicia su tratamiento deseoso de hablar y ser escuchado. Dice que no quiere jugar, solamente habla sobre diferentes temas sobre su vida. Existe una evasión a adentrarse en el terreno inconsciente, terreno doloroso. Jorge recurre a un disfraz de mujer en ese momento para pensar en sí mismo como alguien diferente. Lo importante no es lo que no hace un niño en análisis, es lo que sí hace, porque con eso está diciendo algo importante que el analista tiene que escuchar. El analista se coloca en una posición abierta en su escucha y se adapta a los mecanismos de transmisión del

Related documents