me basaré en mi experiencia y en lo que a mí me ha dado resultado.
Los jugadores por lo normal necesitan un poco de tiempo para entrar en el entrenamiento y dar el máximo rendimiento. No pueden estar 100% concentrados y a tope desde que pisan el césped, por tanto subiremos poco a poco en la intensidad y la concentración.
Utiliza palabras de ánimo y reseña cada vez que un jugador o la jugada en sí esté siendo realizada bien. Por ejemplo, en mi caso, la jugada empieza en la defensa, y ellos van progresando de manera adecuada (bien movida, encara al contrario, muy bien, no te encierres en una banda…) la jugada sigue progresando y la intensidad de la misma y el acierto también pues los contrarios se están descolocando por el buen hacer del equipo que posee el balón a lo que yo aumento mi tono de voz y de arenga (Bieeeen, eso es,
Página 31 de 49 dale la pared, y ahora tirooo!) la jugada acaba, en gol o no, pero ha sido realmente buena (Perfecto, esto es lo que quiero). Me gustaría que fuerais conscientes de que he ido aumentando mi tono de voz y de manera seria y con mis palabras (bien, perfecto, eso es) que son de apoyo y de buen hacer he hecho ver mi acuerdo con la jugada que se estaba realizando. Os puedo asegurar, que los chicos cogen confianza pues se sienten reforzados cuando hacen bien las cosas. Lo que hace que aumente el nivel pues ellos quieren seguir teniendo palabras de ánimo de reconocimiento de su entrenador. Podéis preguntar a la gente con la que entreno como saben de este efecto (aunque en realidad no sabéis quiénes son) pero ellos cuando lo lean sabrán de lo cierto de lo escrito.
Pongámonos en el otro lado, digamos que estamos haciendo correctamente lo de reforzar a los jugadores cuando actúan muy bien en el campo, pero evidentemente ellos van a cometer fallos a lo largo del partido o el entrenamiento. Es decir, tienen una buena línea y están haciendo las cosas bien, aunque no sea el mejor nivel, simplemente bien. ¿Cuál es nuestra postura cuando cometen esos fallos normales en cualquier juego? Podemos parar el entrenamiento, pero no es lo que recomiendo, deja que sigan jugando y trata de explicárselo solamente al jugador en cuestión, si ves que es algo que ocurre con la mayoría, para el entreno pero trata de ser rápido, no tardes más de 15 segundos en corregir el fallo y rápidamente que siga el juego. La intensidad es una de las claves del juego rápido de un equipo, cada vez jugarán más rápido, lo que les obliga a pensar más rápido, lo que les hace mejores futbolistas. Las constantes paradas del entrenamiento implican bajadas de ritmo y pérdida de concentración en lo que se está haciendo.
Ni que decir tiene que el tono utilizado para corregir debe de ser totalmente calmado en la mayoría de los casos, pues como he dicho antes, estamos partiendo de la base de que los jugadores están haciendo bien las cosas pero como es normal cometen algún fallo que otro, que tú tienes que corregir. ¿Los corregimos todos? Todos no es necesario, porque algún niño falle algún pase no hay que corregirlo pues puede que haya arriesgado un pase interior y se lo hayan cortado, es una decisión que no ha salido bien, pero no es un fallo en sí. Corregimos los fallos que se producen repetidamente o aquellos por falta de conocimiento que pueden repetirse o darse en el futuro. Por ejemplo, un jugador que juega demasiado en horizontal en medio campo pero cerca de su portería. El jugador puede pensar que no falla pues el pase llega a su destinatario en la mayoría de ocasiones, pero no es consciente del peligro que crea en su portería si uno de esos pases se ve cortado por un contrario. Corregimos un aspecto para evitar un fallo futuro.
¿Y cuando tenemos que utilizar un tono más alto, un grito? Pues en situaciones en las que se busque la reacción de un jugador o de un grupo. Hay entrenos en los que al haber sido segundo entrenador y no estar el primer entrenador los niños han tendido a la
Página 32 de 49 relajación, pues saben que tengo un rol más cercano a los jugadores y realmente porque ellos creen que no soy quién los quita y los pone en el campo.
Esto lleva a que yo quiera tener una intensidad pero ellos lleven otra. Recuerdo una semana de la que de tres entrenamientos tuve que dar por terminado dos antes de tiempo, pues los jugadores no estaban entrenando con la actitud adecuada. De ese momento en adelante vinieron como motos pues ya sabían que podía ser más serio incluso que el míster principal. Me llevaba todo el entrenamiento gritando pues veía que el equipo que entrenaba con el míster y conmigo no era el mismo que entrenaba sólo conmigo y yo tenía que llegar a la misma intensidad de siempre. Llegué, pero a base de enfados, aunque cada vez que se cogía una intensidad parecida a lo que quería también me encargaba de hacerlo saber a partir de lo cual fue más fácil mantener esa intensidad. Todos queremos que nos hagan ver que bien hacemos las cosas, pero no hay nada como sentir que estás haciendo bien las cosas ahora, pero que tienes que seguir haciéndolas de la misma manera para que te sigan reconociendo, porque si no las haces así, también te van a decir que te estás equivocando. Pensad bien esta frase. Esa sensación es la que hace que ante un momento bueno del equipo, que tú te preocupas de animarlos porque lo están haciendo bien, ellos quieran seguir haciéndolo igual e incluso aumenten su rendimiento pues saben que además de hacerlo bien se lo están reconociendo.
El fútbol no tiene memoria porque se vive jugada a jugada (otro tópico pero pensad lo que viene a continuación). Si tú haces una parada increíble pero en la siguiente jugada fallas, la gente ve el fallo y no recuerda la parada, la parada duró el tiempo entre hacerla y el fallo. Imaginad la parada, espectacular, a mano cambiada e iba a la escuadra, se va córner tras la misma. Se lanza el córner y en el balón aéreo no agarras la pelota, se te cuela entre las manos y acaba en gol del contrario. ¿Cuánto duró la gloria? ¿30 segundos?
Resumiendo, soy un defensor del reconocimiento a los jugadores, pero del reconocimiento con intensidad. Si ellos se están partiendo la cara entrenando y haciendo bien las cosas yo me parto la voz animándolos y arengándolos, y ellos os puedo asegurar que se irán viniendo cada vez más arriba. Los errores, se corrigen, pero parando lo mínimo y razonando, no gritando. Busca el grito sólo para encontrar una reacción ante el mal comportamiento o actitud de un grupo o de un jugador.