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2.3 THE TSTP PROTOCOL

2.3.3 Security

Esta semana continuamos con nuestra meditación sobre el pecado considerando cómo hemos tomado partido en la batalla cósmica entre el bien y el mal, cómo somos cómplices del pecado del mundo y cómo hemos experimentado los efectos del pecado original en nuestras vidas. El pecado es «original» en cuanto es un aspecto fundamental de la condición humana. Pero la gracia –la presencia de Dios en nuestras vidas– es aún más «original» en nuestra existencia, o intrínseca a ella, que el pecado. La gracia siempre prevalece si se lo permitimos.

Procura ser muy concreto. Fíjate en las acciones o pautas de conducta específicas que sean pecaminosas, y luego mira más allá de las acciones o hábitos para discernir las actitudes, tendencias e intenciones que las causan. Nuestro objetivo es un conocimiento, iluminado por la gracia, que alcance al corazón.

Recuerda que hacemos este duro trabajo en el contexto de nuestra experiencia de pecadores que son amados. Dios pretende librarnos de todo lo que obstaculice nuestro amor a nosotros mismos, a los demás y a Dios. En lo que nos concentramos no es solamente en poner nombre a nuestros pecados, cosa que puede convertirse a su vez en una forma de obsesión centrada en nosotros mismos. Antes bien, nos concentramos en quién es Dios y en quiénes somos nosotros ante Dios. Con esta orientación, descubrimos la fuente de nuestra liberación: la ilimitada misericordia de Dios. Empezamos a ver cómo el pecado ha distorsionado nuestras relaciones. Reconociendo lo generoso y fiel que es Dios, nos sentimos insatisfechos de nuestra respuesta mezquina y egoísta. Naturalmente, queremos reordenar nuestros valores y efectuar cambios tangibles. Esto no lo hacemos por deber u obligación, sino por amor a Alguien más grande que nosotros.

Oración para la semana

Pido las gracias siguientes: una conciencia y un dolor cada vez más profundos de mis pecados y una sentida experiencia del amor misericordioso de Dios para conmigo.

Día 1

Una Meditación de nuestros propios pecados (EE 55-61). Ignacio sugiere que utilicemos

la memoria para reflexionar sobre nuestra historia personal de pecado. Observa lo específico que es este ejercicio:

«Traer a la memoria todos los pecados de la vida, mirando de año en año o de tiempo en tiempo; para lo cual aprovechan tres cosas: la primera, mirar el lugar y la casa adonde he habitado; la segunda, la conversación que he tenido con otros; la tercera, el oficio en que he vivido» (EE 56).

Aquí lo importante no es enumerar todos los momentos de pecado de tu vida, lo cual es, de todos modos, imposible. En lugar de eso, invita a Dios a conducirte por tu historia vital y revelarte aquellos momentos en que no amaste a Dios, a otros o a ti mismo. Puedes considerar hechos o personas concretos o reflexionar sobre actitudes o pautas de conducta más generales. Ignacio propone la imagen de un «proceso judicial de mis pecados»; tú puedes encontrar más útil otra imagen.

En tu reflexión, observa el contagio del pecado: cómo mi pecado afecta a mi mundo y a las personas de mi entorno. Concluye como aconseja Ignacio:

«Acabar con un coloquio de misericordia, razonando y dando gracias a Dios nuestro Señor porque me ha dado vida hasta agora, proponiendo enmienda con su gracia para adelante. Pater noster» (EE 61).

Día 2

Repetición. En la consideración orante de tus propios pecados, ten siempre en mente la bondad y la misericordia de Dios. Considera: Dios trabaja por medio de toda la

creación, del mundo natural, de los santos del cielo y de las personas de mi vida para sostenerme y guiarme. Son muchos los que me han amado y ayudado a lo largo del viaje de la vida. Estoy lleno de asombro por la generosidad de Dios; y, a pesar de ello, me avergüenzo porque, no obstante, elijo actuar de manera egoísta o con excesivo interés propio. No advierto o aprecio los dones de Dios (incluidos mis talentos y habilidades). Dios me ofrece la libertad, pero yo elijo estar atado por preocupaciones

egoístas y cuitas mezquinas. Pido, con la ayuda de Dios, ser liberado de las ataduras del pecado.

Concluye con el coloquio de misericordia como en el día 1.

Día 3

Lee Lucas 7,36-50 (Jesús nos perdona como perdona a la pecadora que le lava los pies). Sitúate en la escena. Observa cómo conecta Jesús con la mujer en su necesidad. Repara en el pecado del gentío que la rodea.

Día 4

Lee 2 Samuel 11,1-12,25. Lee con espíritu de oración el relato de David y su hijo. ¿Qué aprendes sobre el pecado y sus efectos en este relato milenario? Los judíos han considerado a David su gran rey, y Jesús nació en la estirpe de David. ¿Qué nos dice esto sobre la abundante misericordia de Dios? ¿Hay partes concretas de este relato que encuentren un eco especial en ti?

Día 5

Lee Oseas 11,1-4; 8-9 (La compasión de Dios es como la de un padre amoroso). Fíjate en tus respuestas interiores a las meditaciones de esta semana –vergüenza, gratitud, paz, tristeza, confusión, esperanza–. ¿Qué dicen del punto donde está tu corazón ahora? ¿Qué imagen tienes de la compasión de Dios?

Día 6

Como repaso de la semana, reza el triple coloquio siguiente (EE 62-63), que Ignacio propone como medio para demostrar la sinceridad de tu dolor y tu deseo de conversión en tu modo de pensar, sentir y actuar.

Primero, reza a María, Madre de Dios y Madre nuestra.

Ruega a María que pida a Jesucristo, su Hijo, los siguientes dones para ti:

• Saber en lo hondo de ti mismo cuán arraigado está el pecado en tu vida y aborrecer de veras tus tendencias, elecciones y acciones pecaminosas.

• Tener un profundo conocimiento del desorden que tus pecados han causado en tu vida y en el mundo que te rodea.

• Reconocer aquellas cosas del mundo que impiden que ames y sirvas a Dios como estás llamado a hacerlo.

• Experimentar un profundo deseo de enmendar tu vida y apartarte de todo lo opuesto a Cristo.

Concluye este primer coloquio con un avemaría.

Segundo: haz las mismas peticiones a Jesucristo. Pídele que te obtenga de Dios

Padre las mismas gracias. Concluye con el Anima Christi (pp. 53-54).

Tercero: aquí haz las peticiones directamente a Dios Padre. Concluye con un

padrenuestro.

Observa la belleza del triple coloquio: incluso en nuestra muy real y visceral lucha con el pecado, Ignacio nos recuerda que nos envuelven la compañía y la ayuda divinas. No estamos solos.

Día 7

Lee el Salmo 32 («¡Dichoso el que está absuelto de su culpa!»). Concluye con el coloquio de misericordia del día 1 de esta semana o con el triple coloquio del día 6.

Para reflexionar más

«El que intenta reformar al mundo, comience por sí mismo; de otra suerte, perderá el trabajo y el fruto».

SAN IGNACIODE LOYOLA

Ignacio de Loyola dominaba el arte del aforismo, reduciendo verdades perennes a unas pocas palabras bien escogidas. Estas máximas fueron recopiladas por primera vez por un estudioso jesuita en 1712 bajo el título Scintillae Ignatianae (Centellas ignacianas). Han aparecido más recientemente en Thoughts of St. Ignatius Loyola for Every Day of the Year (Pensamientos de san Ignacio de Loyola para cada día del año), edición de Patrick J. Ryan, SJ[16].

SEMANA DEORACIÓN 9:

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