FIRE EXTINGUISHERS AND PRE ENGINEERED SYSTEMS
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deaba: "La voy a hacer llorar. Voy a cantar Dixie hasta que llore" (Fairness and Accuracy in Media, 2001).
Puede parecer extraño que alguien como Helms fuera el adalid de Li, dado que aquel y la Heritage Foundation apoyan, en general, las creencias y prácticas conservadoras cristianas, y dado que Li señala que puede volar, que los espíritus de zorros y comadrejas se apoderan de almas humanas, que una civilización con dos mil millones de años de antigüedad practicó el Falún Gong y construyó reactores nucleares, y que mediante telequinesis puede colocar en el abdomen de sus seguidores la "rueda del Dharma" que reúne la energía vital "qi" y expulsa el mal karma. No obstante, el apoyo de Helms y de la Heritage Foundation al Falún Gong tiene más sentido cuando nos damos cuenta de que sirve para desestabilizar a la población de China a la par que se afirman los principios odiosos relacionados con la extrema derecha cristiana. El Falún Gong califica de degenerado el matrimonio interracial, señala que el cielo no incluye a personas con mezcla de sangre, condena la homosexualidad, ataca la teoría de la evolución, pone en tela de juicio la libertad sexual y es hostil a los derechos de la mujer.
El predicador popular Jerry Falwell también condena el feminismo, la homose- xualidad y la teoría de la evolución. De hecho, Falwell informó en un programa de televisión que los ataques terroristas en Nueva York y Washington fueron causados por feministas, homosexuales, el American Civil Liberties Union y People for the American Way, quienes, en un intento de secularizar a Estados Unidos, han provocado la ira de Dios y, en consecuencia, que el dios capitalista heterosexual permita que los enemigos de Estados Unidos lo castiguen. Los comentarios de Falwell han sido comparados adecuadamente con la retórica militante del fundamentalismo islámico y se le sitúa como un gemelo ideológico de grupos como el talibán.
Los ciudadanos buenos, honestos y conscientes que participan activamente en la vida política, cultural y económica de Estados Unidos, aunque suelen tener buenas intenciones, inconscientemente apoyan el statu quo al operar en campos ideológicos alimentados por supuestos no cuestionados sobre el capitalismo y sobre su relación con la libertad y la democracia. Y esto se debe a que, al participar no críticamente en el mismo campo discursivo burgués y ser partícipes de símbolos y rituales compartidos de la vida diaria, su "civismo" no logra despojarse de la propia túnica ideológica -y reincidente- que los protege. Cubriéndose con la bandera de Estados Unidos y sus expresiones de patriotismo, operan desde campos ideológicos estrechos.
Un proceso similar ocurre en algunas de las posturas que ha adoptado la vanguardia posmoderna. Sus críticas contraculturales suelen enmascarar un radicalismo aristocrático garantizado con políticas liberales afectivas que rara vez impugnan al sistema capitalista como un todo. Incluso, su énfasis retórico en el individualismo atomístico relacionado con la propiedad fortalece los elementos centrales del hu- manismo burgués liberal. Lamentablemente, dicha postura sigue siendo favorable a las relaciones sociales de producción existentes. Además, da peso a los peores elementos del nacionalismo chovinista y a los mecanismos imperantes de jerarquiza-
ción social. Y, con frecuencia, defiende una política de volición individual difundida por los sobremundistas y los politicastros globales que son sus cómplices. Algunas versiones de la crítica posmoderna concuerdan con cierto tipo de magnanimidad que se modula mediante el aburguesamiento de los arribistas académicos inclinados a atizar el sistema sin cambiarlo a fondo. Lo que trato de subrayar queda reflejado claramente en la distinción que hace Ollman entre una reforma que puede conducir a una proliferación revolucionaria y una reforma que puede impedirla. Merece la pena citar esta distinción:
Las verdaderas reformas implican cambios que mejoren la vida de la gente (algo que siem- pre merece la pena hacer), sin tocar los principales problemas de la sociedad ni las relacio- nes entre clases. Cada reforma también tiene efectos contradictorios importantes en la lu- cha de clases. Al demostrar la flexibilidad de la clase gobernante y su supuesto interés en el bienestar de la gente común, las reformas hacen que el sistema parezca más legítimo y, por lo tanto, más aceptable a ojos de la mayoría. Por otra parte, la lucha por la reforma, cuando tiene éxito -la clase gobernante rara vez hace reformas por iniciativa propia-, acre- cienta la confianza del oprimido en sí mismo y le deja medios organizacionales y de otra índole para intensificar la lucha en otros frentes. Dependiendo de cuál efecto sea el domi- nante, una reforma dada puede contribuir a establecer una proliferación revolucionaria o servir como parte fundamental de ésta (2001, p. 166).
Todo esto no debería sorprender ni causar el fruncimiento de entrecejos, parti- cularmente si se considera con qué descaro los medios estadunidenses se han in- clinado a la derecha, a pesar de las protestas de los conservadores en cuanto a que los medios están peligrosamente saturados de ideología liberal. Como resultado, los análisis marxistas -especialmente en el propio campo conservador de la educación- se consideran parte del extremo lunático. ¿Es de sorprender que el maestro común y corriente no se aficione al análisis de clases y sea particularmente susceptible a la formulación, "de pasadita", de teorías por parte de los anfitriones de talk shows de derecha? La mayoría de los ciudadanos estadunidenses promedio ven a través de la prestidigitación semántica del político procapitalista evasivo (¿acaso hay de otra clase hoy día?); el problema es que hay pocas alternativas creíbles para la política de statu quo que infecta a la mayoría del país (Kincheloe, 1998).
István Mészáros (2001) señala que la división funcional capitalista del trabajo es horizontal y potenáalmente liberadora porque participa de una universalidad socialmente viable: la armonización del desarrollo universal de las fuerzas productivas con todas las habilidades y potencialidades aledañas de los individuos que se asocian libremente. Sin embargo, es la dimensión vertical del capitalismo y su división jerárquica del trabajo lo que constituye el "horizonte reproductivo" y "la estructura de mando" del capital, garantizando que el trabajo viviente quede subordinado al trabajo muerto y que las mejoras productivas del capital sean contenidas por la necesidad imperiosa de acumular un superávit laboral. Esto