tipo, en especial la exagerada referencia del sentimiento a un objeto, lo cual dificulta extraordinariamente la actitud abstracta con respecto al mismo, imposibilitando, por tanto, con frecuencia, una relación de índole práctica con el objeto (lo cual no equivale a una relación desprovista de todo sentimiento). Tal actitud la conocemos, como manifestación normal, en los niños; como patológica en los psicópatas pueriles y en los débiles mentales con respecto a situaciones que su entendimiento no alcanza a comprender. Los neurasténicos la presen- tan no raras veces y los enfermos mentales frente a los contenidos de sus delirios y errores sensoriales.
De modo distinto a lo que sucede en la referencia aparente del sentimiento al objeto y que tiene lugar por un desplazamiento de la libido a favor de este último, el auténtico desplazamiento del sen- timiento se origina en virtud de una transposición del valor senti- mental mismo a un nuevo contenido, el cual pasa a ocupar, por lo que respecta a la estimación, el puesto que correspondía al conte- nido cnterior. Este mecanismo típicamente neurótico se pone habitual- mente en marcha cuando el primer contenido del sentimiento no re- sulta compatible con los restantes contenidos conscientes; así, por ejemplo, cuando es estimado como indigno o repulsivo y, por tanto, resulta reprimido. Su valor sentimental puede entonces ser desplazado a otro contenido que se halle, por ejemplo, en proximidad espacial o temporal con el primero o bien conectado con él por semejanza en cuanto a la forma de aparición, a las propiedades configurativas o a su sentido, y la reacción sentimental patológica a aquél representa entonces el síntoma. El descubrimiento del motivo original conduce entonces, generalmente, a la eliminación del síntoma. Al igual que
Alteraciones de los sentimientos 14b
sucede con respecto a otros mecanismos neuróticos, éste también puede desempeñar un papel en la psicosis y dar asimismo lugar en esta última a la formación de síntomas. También, y por el contrario, pueden resultar reprimidos el contenido representativo junto con el correspondiente sentimiento; pero escapando a la represión un cierto "quantum" de libido que por lo demás se hallaba unido a ellos, dan- do lugar a una angustia libre y flotante en tanto que constituye un factor perturbador no fijado.
Los sentimientos poseen una cierta conexión entre sí y con las si- tuaciones en las que surgen, conexión que se estima como natural, o al menos habitual, y así es generalmente reconocida en la expe- riencia humana. Esta conexión posee considerable importancia para la determinaci6n de emociones normales. Así, lo habitual es que el sujeto sano siente temor al darse cuenta de un peligro, vergüenza al ser herida su autoestima, alegría ante las demostraciones de cariño por parte de una persona a la que aprecia, e igualmente nos hallamos habituados a que un sentimiento dominante no se transforme en otro completamente distinto y no emparentado con él sin que a ello acom- pañe un cambio considerable de las circunstancias. Una aparente ex- cepción la constituye la llamada ambivalencia (véase más adelante).
El grado que asume la emoción correspondiente es individualmente diverso: un osado aventurero puede quizá experimentar menos temor ante un peligro que un hombre vulgar y corriente, mas la cualidad fundamental del sentimiento que le sobrecoge, aunque sea tan solo en grado ligero, será, sin embargo, la de temor, y al igual que este cabría establecer otros ejemplos. También se dan diferencias indi- viduales por lo que se refiere a los matices emocionales más finos de las vivencias correspondientes a los sentimientos: en un sujeto el miedo puede ser más apagado; en otro, más inquieto; en un ter- cero, más desafiante, etc.; pero en todos ellos está presente el miedo, y sobre todo el fundamental tono afectivo negativo. Pero también puede ocurrir que alguien, en una situación típica emocional, reac- cione no solamente con un matiz levemente inesperado de la emoción habitual, sino con una emoción que resulta patentemente aberrante e incluso dotada de una tonalidad afectiva diametralmente opuesta a la que sería lógico esperar; así, por ejemplo, mostrando alegría cuan- do resultaría natural manifestar tristeza, comportándose de una ma- nera orgullosa, a pesar de hallarse en una situación profundamente humillante, regocijándose con la desgracia ajena pese a mostrar una actitud conmovida. Tales contradicciones a toda experiencia normal pueden darse no solamente como reacciones aberrantes aisladas den- tro de una situación que determine y encuadre la respuesta emocio-
1 'lti t; 1 s e n t 1 r
nal, sino que también pueden pugnar entre sí y sucederse unas a otras de manera brusca dentro de la misma situación. Lo primero que he- mos de preguntarnos cuando algo de esto sucede es de qué depende.
Una reacción emocional inesperada no demuestra nada patológico. Sus motivos pueden aparecer como claros y comprensibles en cuanto los descubrimos. A aquel sujeto que muestra júbilo mientras los demás permanecen tristes puede habérsele muerto una tía a la que odiaba y cuya fortuna ha heredado, con lo cual queda aclarado de sobra su comportamiento. En otros y numerosos casos que correspon- den más bien al campo de las neurosis o de las alteraciones neuró-
ticamente estructuradas o "neurotoides" (ScHULTZ-HENCKE), la repre-
sión, el desplazamiento afectivo, así como la muy frecuente transfor- mación defensiva de un afecto en su contrario ("negación" y "for- mación reactiva" en el sentido de FREUD) son responsables de que la
reacción curse de modo diferente al habitual, de modo distinto a lo que esperan los demás o el propio sujeto. Aquí, sin embargo, no sola- mente quedan descubiertas las conexiones mediante una exploración psicología profunda, sino que las simples observación y anamnesis clínicas muestran que las emociones aberrantes se limitan a determi- nados sectores vivenciales, a veces a situaciones muy definidas y que, por tanto, tienen sus raíces en complejos patógenos. Aparte nueva- mente de la ambivalencia, del oscilar entre polos contrarios como síntoma de tensión psíquica, en tales casos no se encuentra aquella sucesión absurda de emociones dispares dentro de la misma situación a la cual aludíamos antes. En otros casos, una reacción sentimental aparentemente impropia puede hallarse determinada por un estado de enfermedad orgánica, como sucede en algunos posapopléticos, los cules lloran en cuanto se emocionan, aunque tal emoción sea de índole alegre. La monótona estereotipia de la reacción, junto con la enferme- dad orgánica concomitante, aclaran rápidamente la disparidad entre motivo y efecto.
DISOCIACION AFECTIV A.-No incluimos aquí la risa o el llanto
compulsivos que presentan ciertos enfermos diencefálicos, ya que en estos casos se trata de expresiones mímicas automáticas que no co- rresponden a sentimento alguno. Si todas estas posibilidades quedan excluidas, no resta sino tomar en consideración la disociación afecti
va en sentido estricto, en la cual veía E. BLEULER uno de los síntomas
primarios de la esquizofrenia. Decimos "en sentido estricto", pues tal sentido se halla históricamente determinado, ya que de hecho este concepto de disociación afectiva sería tan aplicable a los mecanismos neurotoides como a los psicóticos. En realidad, la investigación psi-
Disociación afectiva 147 cológica profunda ha mostrado que los mecanismos neurotoides son mucho más ampliamente operantes en las psicosis de lo que creía E. BLEULER cuando estableció su concepto. Un resto de disociación, o como preferimos decir, de ruina de la continuidad o de la configura- ción, permanece, sin embargo, inexplicable mediante mecanismos neurotoides en la psicosis esquizofrénica, por lo cual la delimitación histórica del concepto de disociación afectiva puede hallarse justifi- cada.
Nada, sin embargo, encontramos que nos impida hablar de diso- ciación afectiva con. respecto a neurosis y procesos afines, siempre que pongamos bien en claro que tal expresión no es empleada en el limitado sentido patognomónico que lo hacía su autor. Como disocia- ci6n afectiva entendemos, pues, tanto una alteración de la referencia de los sentimientos y emociones a circunstancias por las que han de quedar troquelados, como una alteración de sus mutuas conexiones normales en el sentido de una ruina de la configuración. Expresado de un modo algo más gráfico, se la podría designar como una diso- lución de la lógica del sentimiento.
Ejemplo 8, (E. 11 424), 18 años. hembra.
La abuela paterna era mujer de temperamento desigual y violento. El hermano del padre era un bebedor tuberculoso. Una hermana y dos hermanos de la paciente sufren evidentemente de esquizofrenia.
La paciente no mostró anormalidad alguna durante sus años escolares. Después de la escuela primaria hizo un aprendizaje como sastra, realizando durante los dos primeros años excelentes progresos en el oficio. Al tercer año, sin embargo, enfermó. No podía trabajar ni comer, no era ya capaz de concentrarse y tan sólo con el mayor esfuerzo le resultaba posible adoptar las más sencillas resoluciones. Percibía como si el mundo entero fuese turbio y "no natural". El primer brote, pobre en síntomas, curó bien con un tratamiento de insulina. Nueve meses después tuvo un segundo brote, acompañado esta vez por un agudo estado de agitación, siendo internada. Aun cuan- do parece prestar poca atención a cuanto le rodea, conoce por sus nombres al mé- dico y a la hermana que la tratan y sabe muy bien que se encuentra de nuevo en la clínica. Tan pronto yace tranquilamente 'en su lecho, como se arroja de un lado a otro, revuelve las mantas, cambia un par de saludos amistosos, los interrumpe con
fuertes gritos guturales y escupe después sin tener en cuenta a quién y a dónde. De
vez en cuando lanza chillidos. De la comida que se le ofrece prueba algunos bocados, vierte de pronto el plato y grita a la hermana, con la cual acaba de hablar, que le dan veneno. Acto seguido ríe bruscamente a carcajadas. Después de algún tiempo,
durante el cual se ha mostrado tranquila y abordable, comienza a insultar grosera-
mente a sus padres y entre un torrente de insultos se echa a reir, se contorsiona y
grita, continúa lanzando improperios. Poco a poco se tranquiliza y tras una hora vuelve a estar tan tratable como en sus días de normalidad.
148 E 1 s e n t i r
SENTIMIENTO DE FALTA DE SENTIMIENTOS.-Cuando la alte-
ración de la referencia afecta no solamente a las circuntsancias de- terminantes de los sentimientos, sino también a su relación con el yo, que normalmente es siempre unívoca, nos hallamos ante una alie- nación patológica de los sentimientos, tal como se da en la esquizo- frenia, pero también en otras enfermedades que pueden cursar con despersonalización. Los enfermos se quejan de notar aún sentimientos; pero estos últimos "no son los suyos", sino otros extraños, para los cuales no existe sujeto. De esto al sentimiento de falta de sentimien
tos que tan frecuentemente expresan, no hay sino un paso. Les oímos
entonces decir, con expresiones cargadas de afectividad, que no tienen ya sentimientos, que se dan cuenta que debían sentirlos en determinadas ocasiones, pero que no los sienten y que se desesperan por esta imposibilidad, por su presunto embotamiento. Junto a esto,
y en completa contraposición con la disociación afectiva, el enfermo
muestra expresiones de sentimientos adecuados a la situación y una completa conciencia acerca del carácter de las exigencias generales planteadas por la situación que condiciona el sentimiento en cues- tión; es decir, en modo alguno se halla "falto de sentimientos" en el sentido corriente de esta expresión, acusándose, no obstante, de ello. El hecho de que un comportamiento emocionalmente adecuado se halle la mayoría de las veces presente, y a lo sumo ligeramente li- mitado, nos permite ver en el "sentimiento de falta de sentimientos", no tanto un sentimiento "suí generis" y cualitativamente erróneo, sino una especial alteración de la referencia normal del sentimiento. La referencia al yo no se halla tan laxa como en la alienación de senti- mientos. Podría pensarse, para explicarlo, que persisten aún senti- mientos más o menos referidos al yol como ha de deducirse casi con seguridad del comportamiento del paciente, pero que su "quantum" normal de libido se ha desprendido tanto de ellos que incluso apenas son capaces de ejercer su efecto dinámico en el campo inmediato al yo del enfermo, mientras que la libido, en parte desprendida y en parte en relación aún con el sentimiento original, se hace notar como alteración en el "sentimiento de falta de sentimientos". Pero, sin em- bargo, no podemos ir mucho más allá de esta hipótesis. El "sentimien- to de falta de sentimientos" lo encontramos no raras veces en la esquizofrenia. También se da en los más diversos estados depresivos, en los que muchas veces constituye una fuente de autorreproches; casi nunca lo hallamos en las neurosis y en las enfermedades orgá- nicas cerebrales difusas. Tampoco en las depresiones neuróticas, lo cual puede utilizarse eventualmente para su diagnóstico diferencial
Alteraciones cuantitativas 149
con la forma endógena. Debe ser tajantemente diferenciado de la conciencia acerca de un auténtico embotamiento del estado de áni- mo, tal como se da especialmente a consecuencia de la demencia orgánica, siendo no pocas veces percibido de modo penoso por el enfermo y constituyendo asimismo motivo de quejas por parte de éste.