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5.6. Selection

Estilo de crianza, está referida el hecho de que los padres muestran conductas hacia sus hijos y al mismo tiempo, quienes se encargan de la protección y cuidado de los niños y niñas son los padres, hasta que estos llegue a la adolescencia (Céspedes, 2008).

Al realizar el análisis de esta variable (Tabla 6), encontramos que el estilo predominante es el democrático, en segundo orden, se encuentra el

estilo autoritario cuyo mayor porcentaje se sitúa en el nivel medio, finalmente en lo que respecta al estilo de crianza permisivo, la incidencia es muy baja.

En ese sentido es posible afirmar que la mayoría de veces, los padres de familia utilizan estrategias de crianza que equilibran las prácticas disciplinarias con las expresiones de afecto, lo cual genera consecuencias positivas en el niño ya que fomenta su independencia y su razonamiento analítico ante las normas. Asimismo, estos niños son más cariñosos y afectuosos debido a la carga emocional que han recibido por medio de sus padres. Este estilo es el más beneficioso pues tal como lo corrobora Pichardo, Justicia y Fernández (2009) el control parental desarrolla competencias sociales adecuadas.

Los padres autoritativos logran educar niños más seguros de sí mismos y con competencias sociales elevadas basadas en la empatía y en el diálogo (Isaza y Henao, 2012). Los niños formados bajo este estilo respetan los valores humanos y poseen un eficiente auto concepto, autoestima y buenas expectativas en el ámbito académico (Aguilar, 2005).

Del mismo modo al realizar el análisis de los estilos de crianza según el sexo (Tabla 7, 8 y 9) se evidencia que no existen diferencias estadísticamente significativas para ninguno de los tres estilos de crianza descritos, es decir, tanto padres como madres pueden manifestar estilos de crianza adecuados en inadecuados indistintamente, sin que en ninguno de ellos se muestre en mayor medida.

La forma en que los padres emplean estrategias para la regulación de las medidas disciplinarias y las expresiones de afecto hacia sus hijos, influye en sus desarrollo a lo largo de las distintas etapas, pues es punto esencial en el proceso de socialización, así úes, si ocurriera una falla en dicho proceso, ocasionado por un estilo de crianza inadecuado, entonces es probable que el niño manifieste conductas que dificultan su interrelación con los demás, como la agresividad.

Al hablar de agresividad, hacemos referencia al acto de provocar daño a un objeto o persona, animada o inanimada, por lo tanto, las conductas agresivas intencionales causan o pueden causar un perjuicio psicológico o físico (Gallego, 2011).

Al realizar el análisis de dicha variable (Tabla 10, 11), encontramos que a nivel general los distintos tipos de conductas se concentran porcentualmente en el nivel bajo, lo cual es indicador de que los infantes no tienen problemas acentuados en este aspecto.

En ese sentido, en relación a la agresión verbal, encontramos que se ubica en el nivel bajo, al hablar de ella, hacemos referencia a aquella respuesta ejercida de manera oral que ocasiona un daño en el otro, esta respuesta se da a través de insultos, ofensas, amenazas y rechazos. La agresividad verbal expresa descortesía y sentimientos negativos mediante la

palabra, además es la forma de agresividad mayor empleada, incluso en el salón de clases (Buss, 1961).

En lo concerniente a la agresividad física, se evidencia que se halla en nivel bajo, con ellos nos referimos a los mediante el propio cuerpo o instrumentos externos, este ataque genera daños corporales en el sujeto agredido, además de problemas psicológicos por el temor y miedo. En nuestra población de estudio, este tipo de agresividad no es predominante, pues un porcentaje menor registra niveles altos.

Así también, al hacer referencia a la agresión indirecta la misma que tampoco presenta niveles altos, en ese sentido, cuando hacemos referencia a este tipo de agresividad señalamos conductas que lastiman o indirectamente hieren a los otros. Este tipo de manifestaciones no se muestran acentuadas en nuestra población de estudio.

La agresión indirecta es llamada también agresión relacional ha demostrado tener mayores repercusiones negativas en la vida de las personas agredidas, además que estas repercusiones se mantienen a lo largo del tiempo, logrando provocar ausentismo y deserción escolar, ansiedad e incluso pensamientos suicidas (Brendgen, 2012).

Finalmente al analizar la irritabilidad, considerada aquella tendencia que hace reaccionar a las personas ante un estímulo externo, esta reacción es negativa puesto que hace que el sujeto explote de manera rápida y

agresiva ante mínimas provocaciones, evidenciamos que presenta niveles bajos. La irritabilidad temprana puede ser un indicador de problemas en el niño, lo cual debe alertar a los padres para que tomen medidas adecuadas en función al control de las reacciones del niño antes de que sean perjudiciales para sí mismo y para los demás.

Finalmente, de todos los tipos de agresividad la que se manifiesta con mayor porcentaje es la agresividad verbal, es decir, los infantes en la mayoría de ocasiones no evidencian conductas agresivas, no obstante, cuando lo hacen recurren a las palabras que tienen como propósito hacer daño hacia el interlocutor.

Del mismo modo encontramos que la mayor concentración porcentual se ubica en el nivel medio, lo cual es indicador de que si bien no se evidencian altos índices de conductas agresivas, más de la mitad de la población, evidencia conductas agresivas de cualquiera de los tipos, así pues, tienen conductas intencionales que pueden causar ya sea daño físico o psicológico. Conductas como pegar a otros, burlarse de ellos, ofenderlos, tener rabietas o utilizar palabras inadecuadas para llamar a los demás. Estos datos se corroboran con los encontrados por Idrogo y Medina (2016) en población Chiclayana.

Al identificar si existen diferencias en la expresión de conductas agresivas según el sexo (Tabla 12. 13. 14 y 15), encontramos que los cuatro tipos de agresividad se hallan más acentuados en la población de sexo

masculino, quienes tienen mayores manifestaciones de expresiones verbales dañinas, conductas violentas que ocasionan daño, acciones de exclusión social y mayor tendencia a reaccionar de modo explosivo ante la más mínima provocación. Al respecto Tur, Mestre, Samper y Malonda (2012) indican que la agresividad masculina está más relacionada con los factores de crianza respecto a la madre sumada a una evidente inestabilidad emocional. Al respecto, se resalta nuevamente la importancia del rol materno en la formación de los niños, en la medida que suele ser ella quien pasa más tiempo con el niño y por lo tanto quien tiene mayores oportunidades de intervenir.

Al analizar la relación entre los estilos de crianza y las conductas agresivas (Tablas de la 17 a la 27), encontramos que no existe relación entre ninguno de los diferentes estilos de crianza y las diversas manifestaciones de la agresividad.

Dichos resultados guardan relación con los encontrados por Gutiérrez (2012) quien evidenció que no existía una relación entre ninguno de los factores analizados respecto a la relación madre-hijo y las conductas agresivas. Del mismo modo López y Huamaní (2017) en Lima, manifestó que no existía asociación entre dichas variables, sin embargo, respecto a la dimensión autonomía de la crianza parental y problemas de conducta, se demostró que existía una relación significativa, en otras palabras, esto quiere decir que aquellos padres que manifestaban ser indiferentes antes sus roles y se desentendían ante ellos, sus hijos presentaban mayores problemas de conducta en el colegio.

No obstante, existen estudios que manifiestan y evidencian relación entre ambas variables (Raya, Pino y Herruzo, 2009; Franco, Pérez y Pérez, 2014; Senabre, Ruíz y Murgui, 2012). En realidad nacional, Díaz (2013) identifico que los estilos permisivos y autoritarios tenían una relación con las conductas agresivas de los infantes, las cuales se manifestaban de manera verbal, en forma de insultos y de manera física mediante golpes y agresiones. Del mismo modo Bernable, Guadalupe y Narváez (2015) en Lima, encontraron relación significativa entre ambas variables, además se logró evidenciar que los estudiantes que poseían un buen rendimiento académico percibían que su dinámica familiar era cohesionada, sin embargo, los estudiantes con bajo rendimiento académico percibían a sus familias sin cohesión, es decir, con una dinámica familiar aislada de sus miembros.

La diferencia en estos datos puede deberse muy probablemente a las diferencias entre las muestras, ya que no corresponden a los mismos grupos etarios, ni realidades sociodemográficas. No obstante, esto deja una brecha de conocimiento que es necesaria acortar para tener una visión más clara y lograr una mejor intervención preventiva a través de trabajo interdisciplinario.

Es importante también considerar que las experiencias previas, tienen efectos en etapas posteriores, tal como lo señala Estévez, E., Murgui, S., Moreno, D. y Musitu, G. (2007), las conductas parentales en los problemas de conducta en la escuela, por su parte Tur, A., Maestre, M. y Del Barrio, V. (2004) hace hincapié en que los hábitos de crianza están relacionados con los

problemas conductuales de los adolescentes por tanto se ve afectada la disciplina y la autonomía.

Ante esto y siendo la infancia un periodo clave en el desarrollo de las personas, resulta importante priorizar las estrategias que permitan asegurar un buen desarrollo y un correcto proceso de socialización.

CONCLUSIONES

PRIMERA: No existe relación entre los estilos de crianza y conductas agresivas en niños de 5 años de las Instituciones Educativas Públicas del Distrito de Puno, 2018.

SEGUNDA: El estilo de crianza predominante es el democrático en los niños de 5 años de las Instituciones Educativas Públicas del Distrito de Puno, 2018.

TERCERA: La conducta agresiva más frecuente es la de tipo verbal en los niños de 5 años de las Instituciones Educativas Públicas del Distrito de Puno, 2018.

CUARTA: No existe relación entre el estilo de crianza democrático y las conductas agresivas en niños de 5 años de las Instituciones Educativas Públicas del Distrito de Puno, 2018.

QUINTA: No existe relación entre el estilo de crianza autoritario con las conductas agresivas en niños de 5 años de las Instituciones Educativas Públicas del Distrito de Puno, 2018.

SEXTA: No existe relación entre el estilo de crianza permisivo y las conductas agresivas en niños de 5 años de las Instituciones Educativas Públicas del Distrito de Puno, 2018.

SUGERENCIAS

PRIMERA Se recomienda a los directores de las Instituciones educativas considerar los datos obtenidos en el presente estudio para la implementación de estrategias que mejoren la convivencia en el aula e intervengan en la percepción de agresividad.

SEGUNDA Se sugiere a las responsables del área de Psicología de las instituciones educativas, diseñar y aplicar programas de intervención, para realizar un trabajo junto a los docentes de la institución con el objetivo de mejorar los indicadores de conductas agresividad identificados en niveles que no son óptimos.

TERCERA. Se recomienda realizar investigaciones que consideren otros factores tanto para los estilos de aprendizaje como para la agresividad en la población infantil, así como la realización de estudios comparativos según distintos criterios.

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