II. Large-Scale Localization using Direct Matching
8. Image Retrieval for Scalable Localization
8.2. Selective Voting
Noam Chomsky define y conceptualiza, en todas sus investigaciones referentes al lenguaje, estos dos términos lingüísticos: (1) competencia lingüística y (2) gramática generativa. Algunos aportes de Chomsky (1957) en orden cronológico son:
La competencia lingüística es el conocimiento que el hablante- oyente tiene de su lengua tal como es representado por una gramática generativa. (...) y actuación es la conducta lingüística o uso real del lenguaje (...) Una gramática generativa es una teoría de la competencia (p. 6).
En consecuencia, para este autor la competencia lingüística es el conocimiento léxico y gramatical que el hablante-oyente tiene de su lengua; es decir, todas las reglas o principios de su idioma nativo, los cuales están abstraídos y
conceptualizados en su mente. Mientras que la actuación es la manera real en la que el hablante utiliza esos conocimientos de su lengua en situaciones concretas.
Por lo tanto, Chomsky (1957) agrega al respecto:
Parece claro que debemos considerar que la competencia
lingüística, lo que se llama saber una lengua, consiste en un sistema abstracto que subyace al comportamiento, sistema constituido por el conjunto de reglas cuya interacción determina la forma y el sentido intrínseco de un número potencialmente infinito de oraciones. Semejante sistema es lo que entendemos por una gramática generativa (p. 125).
Según el criterio de Chomsky (1957) se entiende por competencia gramatical al estado cognoscitivo o el conocimiento lingüístico, el cual considera todas aquellas situaciones particulares de forma (estructura) y significado (sentido), y sus
respectivas correspondencias; inclusive las estructuras subyacentes que entran en ese vínculo, se consignan propiamente al subsistema específico del pensamiento del ser humano, la cual relaciona las representaciones de la estructura y el sentido de las construcciones lingüísticas o palabras. El mismo Chomsky afirma que aunque tal vez sea una forma equivocada, él seguirá llamando a ese subsistema como la facultad lingüística.
Estas representaciones mentales o conocimientos acerca de la lengua son creadas; es decir, son el producto de un sistema de principios o reglas, las cuales constituyen la competencia gramatical del hablante (su competencia lingüística). Así, estas son reglas o normas que operan con ciertos principios generales que rigen y regulan el lenguaje. Al respecto, Nafría (2005) quien a su vez parafrasea a Lyons (1974), añade lo siguiente:
En un hablante-oyente ideal, la actuación es reflejo directo de la competencia. Para Chomsky, un hablante-oyente ideal es aquel que pertenece a una comunidad lingüística del todo homogénea, que sabe su lengua perfectamente y al que no afectan condiciones sin valor gramatical, como son limitaciones de memoria, distracciones, cambios del centro de atención e interés (característicos o fortuitos) al aplicar su conocimiento de la lengua al uso real (p. 45).
Por consiguiente, el ser humano que domina y usa un código lingüístico
específico tiene un instinto natural de su propia lengua, característica que le brinda la capacidad de analizar y distinguir las construcciones lingüísticas o frases como erradas y confusas; y, en cambio, otras oraciones son correctas y coherentes. Por lo tanto, todos los principios de la gramática de una lengua en particular deben tener la capacidad de concretar y expresar este instinto innato (Nafría, 2005).
Chomsky (1968) «describe la gramática de una lengua como un mecanismo para producir o entender oraciones, es decir, para generarlas» (p. 171). Es por eso que para definir su teoría se usa el término de gramática generativa; en otras palabras, se
trata de una gramática que refleja el aspecto creador del lenguaje humano, característica propia que lo distingue de cualquier otro sistema de comunicación animal y que constituye el principal problema de estudio en el campo de la Lingüística. ¿Cómo se concreta este proceso? Una vez que hemos aprendido y manejado el lenguaje, nosotros somos capaces y poseemos la habilidad de entender una cantidad indefinida de expresiones, frases u oraciones, las cuales no hemos oído antes; y, por lo tanto no tienen en absoluto alguna semejanza concreta en su
realización material ni tampoco son semejantes a las expresiones que forman nuestro contenido idiomático adquirido a través de la experiencia lingüística del entorno. Además, ya tenemos la potestad y la destreza de producir nuevas frases u oraciones de acuerdo a nuestras necesidades que se suscitan en las ocasiones apropiadas, habilidad lingüística que se concreta a pesar de su novedad e
independientemente de configuraciones de estímulo detectable; y, quienes nos oyen y comparten con nosotros esta gran capacidad pueden también comprendernos. La utilización del lenguaje es entonces una actividad creadora; la cual consiste en un uso creativo del mismo, el cual está libre del control o dominio de estímulos externos porque es innato e inherente al ser humano. En definitiva, nuestra
capacidad de habla no está condicionada ni supeditada a las influencias externas del medio, ya que esta es una facultad natural de todo ser humano y que viene añadida al funcionamiento biológico del cerebro.
Para Chomsky (1968) el uso del término generativo dentro de su teoría, además tiene otro sentido, este es el de explícito; ya que en ella se expresan y explican con real precisión los preceptos de la gramática y las circunstancias específicas bajo las que estas se ejecutan. Así, el mismo autor, Chomsky (1968) agrega sobre ellas que
«deben ser especificadas tan exactamente -formalizadas es el término técnico- como las reglas de la aritmética»(pp. 47- 48). En consecuencia, el conocimiento de estas reglas forma la competencia lingüística del hablante-oyente, la cual está regida, regulada y representada por la gramática de la lengua. De otro lado, cuando aparecen en el habla oraciones erradas o lo que se denominan como oraciones no gramaticales, estas se deben a equivocaciones o desaciertos en la actuación lingüística, es decir, en el uso y la aplicación de las reglas de la lengua.
Por lo tanto, según Chomsky (citado por Nafría, 2005) quien afirma y nos dice:
La gramática de una lengua, entonces, es un sistema de reglas que especifica el conjunto de oraciones de esa lengua y asigna a cada oración una descripción estructural, la cual muestra qué clase de elementos tiene esa oración, cómo están organizados y las
condiciones para un uso apropiado. Por tanto, la estructura de una lengua será el conjunto de descripciones estructurales de las oraciones de esa lengua (p. 46).
De este modo, si la organización gramatical de una lengua, o lo que llanamente denominamos como gramática, describe la competencia lingüística del hablante- oyente ideal, y, como además dice Chomsky (1965) «No depende de la inteligencia y comprensión del lector -antes al contrario, proporciona un análisis explícito de lo que el lector pondría de su parte-, podemos llamarla (con cierta redundancia)
gramática generativa» (p. 6). Por lo tanto, el hablante-oyente ha construido y creado su competencia lingüística a partir de datos escasos y degradados, pero esta
situación no le impiden captar, entender y abstraer las reglas de la gramática de esa lengua (Nafría, 2005).
Al respecto, Chomsky (1965) en su obra Aspectos de la teoría de la sintaxis, asevera:
Esto no quiere decir que tenga consciencia de las reglas de la gramática, ni siquiera que pueda llegar a tener consciencia de ellas, ni que sus asertos sobre su conocimiento intuitivo de la lengua hayan de ser exactos (...). Una gramática generativa intenta, pues, especificar lo que el hablante sabe efectivamente, no lo que diga acerca de su conocimiento (p. 10).
Por lo tanto y como hemos venido afirmando, el conocimiento de una lengua involucra a su vez la capacidad de comprender y producir una cantidad infinita de frases; por consiguiente, una gramática generativa tiene que proponer y expresar ese sistema de preceptos gramaticales, las cuales tienen la potestad de repetirse las veces que sean necesarias para poder crear y producir una cantidad ilimitada de
construcciones lingüísticas. Este sistema de reglas o conjunto organizado de normas lingüísticas que posee toda lengua se clasifica en tres elementos que lo conforman: el sintáctico, el fonológico y el semántico. De estos tres, es el elemento sintáctico de cada oración el que precisa detalladamente y define la estructura profunda (latente), que es la que manifiesta las funciones gramaticales que decretan la interpretación semántica; mientras que la estructura superficial (patente) lo precisa su
interpretación fonética o lo que ya hemos considerado como su forma física (Chomsky, 1965). Al respecto, citamos el siguiente ejemplo: En la oración la
profesora inteligente es noble, podemos captar la estructura superficial a través del análisis y el reconocimiento del sujeto (la profesora inteligente) y también del predicado (es noble). Pero la estructura profunda de dicha oración extrae de ese sujeto superficial la proposición que subyace con el sujeto «profesora» y el
predicado «es noble». Estas partes o funciones gramaticales de sujeto y predicado de la estructura profunda de la emisión son esenciales para determinar el sentido
semántico o el significado de la oración (Nafría, 2005).
Según Chomsky (1968) en su obra El lenguaje y el entendimiento, asevera que los sistemas teóricos estructuralistas con respecto a la lingüística se sustentan en la afirmación de que ambas estructuras (profunda y superficial) son una o podrían entenderse como lo mismo. Sin embargo, para su propuesta de gramática generativa son diferentes; aunque están interrelacionadas por las transformaciones
gramaticales, postulados del que deriva la denominación de gramática generativa transformacional. Por tal motivo a Chomsky le parece que actualmente el ámbito teórico más adecuado para estudiar el lenguaje es el de los racionalistas de los siglos XVII y XVIII. Esta concepción tradicional propone que en el entendimiento se producen simultáneamente las proposiciones que expresan el sentido de una oración y su realización física; en la que ambas están normadas y vinculadas por reglas formales y operaciones establecidas dentro de la lengua, las cuales son denominadas como transformaciones gramaticales. Así, este acercamiento teórico se diferencia fehacientemente de los postulados más modernos, los cuales consideran que el proceso de la adquisición y el uso del lenguaje se podría interpretar como un sistema de hábitos o como una rutina repetitiva, en un procedimiento de la clase estímulo- respuesta, fundamentos de analogía y generalizaciones; además de otras nociones
que se han ido descubriendo e investigando en el siglo XX dentro de la lingüística y la psicología, como ramas afines; y, que en opinión de Chomsky son erróneas, ya que el abordar el lenguaje desde esta perspectiva es rechazar la pretensión del estudio abstracto de la competencia lingüística (Nafría, 2005).
Tal y como propone Chomsky, el que una persona tenga el conocimiento de una lengua considera que este tiene el poder de precisar la estructura profunda y la estructura superficial de una porción ilimitada de emisiones, entiéndase estas como oraciones o frases; a su vez vincular dichas estructuras de forma adecuada y
atribuirles una interpretación semántica (un significado con sentido) y una
interpretación fonética (referente al sonido) a las dos estructuras que están presentes en toda oración. Así, Chomsky (1968) propone que:
Una persona que sabe una lengua específica dispone de una
gramática que genera el conjunto infinito de las posibles estructuras profundas, traspone estas últimas en las estructuras superficiales asociadas con ellas y determina la interpretación semántica y la interpretación fonética propias, respectivamente, de cada uno de los objetos abstractos (pp. 60-61).
Por lo tanto, la competencia lingüística, como característica innata e inherente al ser humano, es el conocimiento de las reglas que rigen y regulan una lengua, lo que supone y considera el buen manejo o dominio de estos procesos gramaticales.
Para Nafría (2005) quien a su vez parafrasea a Chomsky, manifiesta que el lingüista elabora una acotación considerable referente a Humboldt y a Saussure con respecto a la gramática generativa y postula que la configuración del lenguaje es, para Humboldt, basado en un sistema o en un plan procedimental generativo de reglas, o también llamada como gramática generativa, en la cual se entiende la forma de la construcción lingüística como posesión del conocimiento de la lengua; es decir, la posesión de la competencia del hablante. Asimismo, el sistema propuesto por la teoría lingüística estructuralista se asemeja con este concepto de forma
organizada del lenguaje porque se le concibe como un sistema, en la cual todos los constituyentes que conforman el lenguaje están conectados e interrelacionados y la trascendencia de cada componente proviene ya definido por su función en los procesos generativos, los cuales conforman la forma subyacente. En otras palabras, todas aquellas construcciones lingüísticas que se derivan de una emisión del
lenguaje o de la lengua (Chomsky, 1965).
De este modo, y según los postulados vistos anteriormente, sería interesante establecer todas las semejanzas entre las muchas lenguas que existen, las cuales puedan ser consideradas e incluidas dentro de la forma del lenguaje; es decir, características comunes entre ellas que puedan ser definidas como propiedades universales o propias de una Gramática Universal. Por lo tanto y según la teoría de Chomsky, el adentrarse e investigar estas reglas propias del lenguaje lograría enriquecer los postulados de la gramática generativa (Nafría, 2005).