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Si se observa el resultado del lado de México a partir de la entrada en el TLCAN vemos un proceso de primarización y una mayor dependencia de su actividad industrial respecto a la de los Estados Unidos, junto a un escaso incremento de los salarios y a las condiciones de vida y un saldo negativo de la cuenta de servicios financieros. Puede decirse que el tra- tado reafirma la dominación de un país sobre el otro, consolidando la relación centro semi- periferia. La dependencia es notable, cuando la tasa empieza a subir en los Estados Unidos, en el año 2004 se produce un desacople y el PIB mexicano crece menos, la confluencia se retoma en 2010 cuando las tasas ya estaban cayendo y en 2016 comienza tímidamente a pasar lo inverso, este es un escenario que puede seguir mientras la política monetaria res- trictiva estadounidense persista y más si se profundiza en el futuro.

Aunque por otras razones, también para Trump el TLCAN es un desastre. En su discur- so, este acuerdo y China habían provocado el vaciamiento del sector industrial estadouni- dense (Donnan y Webber 2017). Durante la campaña presidencial planteó terminar o nego- ciar otras condiciones (CNN español, 2017). Finalmente se firma el T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá) que comenzará a regir con las aprobaciones legislativas seguramente en 2020.

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Los temas revisados incluían propiedad intelectual, acceso agrícola, trabajo, energía, re- glas de origen y la “cláusula Sunset” de acuerdo a Lawder y Spicer (2018). Como afirmamos en Merino (2019), podemos sintetizarlo en estas cuestiones fundamentales:

a) La conversión del tratado en una suerte de conjunto de tratados bilaterales, cambio de nombre incluido (BBC, 2018).

b) Una cláusula de revisión más estricta cada 5 años y cláusula de finalización. Final- mente se estableció un acuerdo por 16 años a ser revisado cada seis.

c) La eliminación del mecanismo de solución de controversias, con la excepción de cinco industrias sensibles, con lo cual los otros países pierden capacidad decisoria sobre medidas proteccionistas.

d) El fortalecimiento del “compre estadounidense” en el gasto estatal

e) Más “protección” de derechos de propiedad intelectual -fundamental como ya se vió en la guerra comercial impulsada por Estados Unidos- mediante diversos mecanismos, en- tre ellos la potestad para detener la entrada o salida de mercadería sospechada de falsa y una nueva normativa de derechos de autor, patentes y licencias.

f) La representación de los trabajadores en la negociación colectiva y la inclusión de de- rechos laborales reconocidos por la Organización Internacional del Trabajo, exigidas por los sindicatos industriales estadounidenses.

g) En cuanto a aranceles y otros instrumentos para balancear el comercio, mientras los productos agrícolas quedaron exentos, en la cadena automotriz se produjeron impor- tantes cambios a favor de lo que pretendía el gobierno de EEUU. Por un lado, el aumen- to del porcentaje para definir “normas de origen” para ser considerado TLCAN para los autos, del 62,5% al 75% para el año 2023, aunque en forma gradual y con dos años más para las inversiones más recientes; inicialmente EEUU exigía un 85%. Esto afecta a las empresas alemanas y japonesas, aunque también a las estadounidenses que tie- nen gran parte de su producción para el mercado norteamericano en México y que

además incluyen partes asiáticas37.

Además, se fijó un cupo de exportaciones mexicanas y canadienses hacia Estados Uni- dos de 2.6 millones de automóviles al año, condicionado al caso en que hubiese un arancel para el resto del mundo del 25%.

Por otro lado, se acordó que entre 40 por ciento y 45% según el caso, del contenido de los autos debe ser producido por trabajadores que ganen al menos 16 dólares la hora, lo que implica una cláusula de valor de origen estadounidense. Finalmente se impuso la com- pra de aluminio y acero dentro de América del Norte, con el objetivo de elevar la producción siderúrgica al interior de la región, lo que como vimos es un objetivo fundamental del ameri- canismo estadounidense.

37 “Evercore calcula que 40% de los autos Volkswagen vendidos en EE.UU. se producen al sur de la frontera. Es posible que las automotrices europeas y japonesas, que usan proveedores de sus mercados locales, sean las que tengan más tarea por delante para que sus vehículos cumplan con las nuevas reglas.” Peter Cambell, “Los cambios al Nafta perjudicarán la producción automotriz en América latina”, Financial Times, Londres, 29 de agos- to de 2018.

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Este es un punto central habida cuenta de la importancia de esta cadena en el déficit comercial. De este modo, se intenta reducir esta asimetría y fortalecer unilateralmente la industria nacional de Estados Unidos, considerada la base de la defensa, obstaculizar el desarrollo tecnológico de otros países y sus posibles alianzas globales y así lograr un ali- neamiento geoestratégico entre el comercio y la seguridad.

Uno de los temas centrales es entender si puede cumplir México con ese porcentaje de componente salarial de 16 dólares. Los analistas consideran que sólo en parte, especial- mente en autos pequeños. Entonces ¿trasladarán las compañías extranjeras sus fábricas a los Estados Unidos? Puede ser un proceso lento y costoso que seguramente repercutirá en la economía mexicana. Respecto a las partes mexicanas, Estados Unidos pueden diversifi- car ya que México no es un proveedor exclusivo, pero en cambio es muy dependiente. Este cambio puede ser más rápido y peligroso para México. Todo se puede hacer más duro por el límite impuesto a los componentes chinos vía protección al acero y por el nuevo porcenta- je del 75% de norma de origen. Además, se limitaron las exportaciones totales mexicanas. El tema igual es más complejo porque la fórmula salarial permite combinar puntos de com- ponente laboral a 16 dólares con puntos de costos de investigación y desarrollo y puntos por la capacidad de fabricar motores, transmisiones o baterías. Algunos suponen que esto es positivo. Además, la norma no especifica cuanto de ese porcentaje de salarios altos tienen que estar en cada país, sino que lo plantea en la región del T-MEC en general. En caso de ser así, las empresas tendrán libertad para elegir dónde subir y dónde mantener bajos los salarios, esto último teniendo en cuenta los salarios actuales en EEUU (Piña, 2019; BBC News, 2018). Por ahora en México están en proceso de apertura plantas de Audi, BMW y Mercedes Benz, con automóviles de gama media-alta, planificadas anteriormente.

Si bien hay diversas incógnitas, el desafío de México en este contexto es casi impo- sible. Buena parte del futuro dependerá de condiciones más generales, como las que vimos en los capítulos anteriores. El cambio de gobierno puede implicar una resistencia a su situación dependiente de los Estados Unidos y al tipo de inserción económica y geopolítica de los últimos 30 años, con un mayor acercamiento a otros polos de poder a nivel mundial, intentos por aumentar la producción de valor agregado local de forma autónoma (por ejemplo, con los proyectos de construir refinerías de hidrocarburos) y mirar más hacia América Latina.

Conclusiones

En torno al desarrollo del capítulo podemos plantear algunas conclusiones teniendo en cuenta los objetivos planteados al comienzo. En cuanto a la conformación del TLCAN es importante hacer hincapié en que este tratado no surge como algo espontáneo, sino que está alineado a políticas aperturistas realizadas en México durante la década del 80 y a un tratado previo con Canadá firmado en 1989. Es importante resaltar como se generó una

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dependencia de la economía mexicana con respecto a la estadounidense mucho más acen- tuada a lo que era anteriormente. El aparato productivo mexicano no logró complejizarse más allá del ensamblado de diferentes bienes de consumo, generando una industrialización desintegrada y dependiente. Pudimos observar que los eslabones más complejos de las cadenas de valor se siguieron ubicando en territorio estadounidense, en el caso de la indus- tria automotriz vemos como el diseño y la innovación siguen siendo estadounidense, por eso la cuenta de servicios es tan favorable a Estados Unidos. Lo mismo sucede con las partes más complejas que se siguen fabricando mayoritariamente al norte del Río Bravo para luego ensamblarse en México, que ostenta salarios mucho menores. Como conse- cuencia las condiciones de vida en México no mejoraron y el excedente producido en dicho territorio es apropiado en el Norte.

En ese clima Trump presionó y logró renegociar el TLCAN por considerarlo contrario a los intereses norteamericanos. Si bien es difícil analizar el impacto hasta que no entre en vigencia el nuevo tratado entre finales de 2019 y principios de 2020, en caso de mantenerse el escenario global y norteamericano, posiblemente México pierda algunos eslabones. Hay que ver la reacción del país azteca a partir de un gobierno que se plantea anti-neoliberal y pretende tener mayor autonomía relativa con respecto a Washington.

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La Alianza del Pacífico (AP) y el Acuerdo

Transpacífico (TPP), entre globalistas

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