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2. Pensions

2.8. Sensitivity tests

La teoría de la interacción pretende explicar las condiciones más propicias para que se produzca el aprendizaje en base a la interacción entre las empresas aglomeradas, lo que, según este enfoque, explicaría el éxito de los distritos industriales de muchas regiones, por ejemplo de Italia y Alemania y de otros en América Latina (Bianchi, 1992; Bellandi, 1996; Dini, 1992). La interacción da lugar a “juegos repetitivos” que elevan la confianza y reducen, por tanto, los costes de transacción y de coordinación. Asimismo, la interacción acelera la difusión del conocimiento y de la innovación, lo que es un bien “social” internalizado por el conjunto de empresas de la aglomeración (Ramos Quiñones, 1998). En efecto, la interacción intensa en una localidad genera spillovers (derrames u ósmosis) tecnológicos, economías externas y de escala para el conjunto de empresas aglomeradas, que no podrían ser internalizados de estar cada empresa actuando con otras a gran distancia.

Uno de los factores que promueven la interacción es el coste de transacción de la información, ya que si éste es alto, justifica la internalización de las relaciones productivas. En cambio, si los costes de coordinación interna son altos, debido a una excesiva burocracia, se produce una externalización de las relaciones, que el mercado puede estructurar con mayor eficacia. Dada la atmósfera industrial de las aglomeraciones empresariales, se da en ellas una reducción de los costes de información y coordinación, puesto que ciertos elementos contribuyen a crear el ambiente en el que la acumulación de conocimiento de las empresas permite su rápida reacción,

caracterizándose por las relaciones entre los sujetos que integran la comunidad: 1) el sistema informativo de transmisión de información y conocimiento: conjunto de canales y códigos de comunicación entre sujetos en el interior de la aglomeración y hacia fuera de ésta; 2) el sistema institucional local: conjunto de subsistemas de representación y organización (gobierno local, asociaciones gremiales, sindicatos) y las normas existentes, y 3) el sistema formativo: todo el conjunto de entidades y estrategias dirigidas a la formación de recursos humanos. Entre los múltiples beneficios que conlleva la cercanía física y cultural de las empresas, están la rápida difusión de la información, la facilidad del funcionamiento del mercado de trabajo y el fomento de innovaciones basadas en el aprendizaje práctico.

Desde esta perspectiva, y según Dosi (1988), la aglomeración de empresas se puede identificar como la red de instituciones del sector público y privado cuyas actividades e interacciones producen y difunden nuevas tecnologías a escala nacional o regional. Perspectiva que evolucionó y dio forma al enfoque de los sistemas nacionales de innovación (SNI). A juicio de Chudnovsky (1999), los elementos definitorios de un sistema nacional de innovación son la innovación, entendida como un proceso interactivo de producción y difusión de tecnología, y el aprendizaje colectivo. Enfoque que es posible trasladar al plano de los territorios subnacionales, orientación que da lugar a los sistemas regionales de innovación (SRI). Así, para que una aglomeración de empresas pueda desarrollarse es necesario aplicar un sistema de innovación en la región donde se ubica geográficamente, formando un sistema de actores e instituciones que interactúan y generan aprendizajes para producir e introducir innovaciones tecnológicas en torno a las prioridades y oportunidades regionales; a lo cual se concede actualmente gran importancia para que los actores locales puedan buscar nuevas respuestas creativas para ampliar su capacidad de enfrentar los rápidos cambios del entorno (Méndez, 2006).

Este enfoque resulta un exponente del llamado giro relacional o de los enfoques

ambientales en geografía económica, en economía industrial y en los estudios sobre

desarrollo, que valoran la importancia del entorno y de las redes de interrelaciones que con él establecen sobre el comportamiento de las empresas (Barnes, 2001; Yeung, 2001; Bathelt y Glücker, 2003). También convergen en la creciente atención prestada al territorio, no como simple escenario inerte, sino como acumulación histórica de

recursos, actores y relaciones socioeconómicas con características diversas, que condicionan de forma positiva o negativa los procesos de innovación y desarrollo.7

La innovación se ha convertido en un concepto de uso cada vez más frecuente, a partir de la progresiva aceptación de que un esfuerzo sostenido en la generación y difusión de la misma resulta hoy un factor clave, tanto para mejorar la competitividad de las empresas, como para favorecer un desarrollo de los territorios. Fue ya en la década de los años 1990 cuando se difunde otra manera de ver (respecto a la corriente

neoschumpeteriana,que centra su atención en la empresa innovadora, al considerar que

la innovación debía interpretarse a partir de factores internos a la propia firma y relacionados con su organización),8 según la cual la innovación en las empresas es, en gran medida, resultado de un entorno territorial (social, económico, cultural...) con características específicas (Maskell et al., 1998; Sternberg y Arndt, 2001). Los cada vez más numerosos estudios sobre sistemas territoriales de innovación parten de la aglomeración espacial en lugares específicos que registran, por lo general, las empresas innovadoras. A partir de esta evidencia, la atención prioritaria se ha dirigido a caracterizar e intentar comprender el ambiente en que nacen y operan esas empresas, intentando detectar la posible existencia de algunas claves, externas a la empresa pero internas a los lugares donde tienen lugar los procesos de innovación.

Como precedente de tales planteamientos, la teoría del distrito industrial destacó la importancia de la pequeña empresa localizada en la generación de externalidades y rendimientos crecientes derivados de la propia aglomeración, así como la interrelación entre economía, sociedad, cultura e instituciones que sustenta su construcción y desarrollo selectivo. Propuso, en suma, “un nuevo modo de interpretar el cambio económico, en la convicción de que el mismo no puede comprenderse fuera de la

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Como indica Méndez (2006), buena parte de estos estudios centran su atención en la existencia de aglomeraciones productivas especializadas, multiplicándose los neologismos utilizados para identificar esos espacios con una densa producción y/o difusión de innovaciones, a los que algunos identifican de modo más restrictivo como clusters de innovación, otros como distritos tecnológicos o sistemas locales de innovación, llegándose a perspectivas más amplias que hablan de territorios inteligentes, creativos, que aprenden, etc.

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En esa perspectiva micro, de supuesta racionalidad individual no condicionada por ningún contexto, el territorio resulta un sujeto pasivo que registra una determinada tasa de innovación –esencialmente tecnológica, que es su objeto prioritario de atención– a partir de la actuación de empresas e instituciones públicas de investigación y formación superior. Si bien es cierto que algunas de sus características aparecen de forma marginal en la argumentación (recursos humanos cualificados, infraestructuras y servicios avanzados...), su presencia apenas resulta relevante.

sociedad –siempre considerada desde su territorialidad, es decir, como sociedad local– donde actúan las fuerzas económicas” (Sforzi y Lorenzini, 2002:21), aunque sin incidir de forma directa sobre las estrategias de innovación.

Más tarde, la teoría sobre las ventajas competitivas de naciones y regiones (Porter, 1990a; Dunning, 2001), o la del medio innovador y las redes de innovación (Aydalot, 1985; 1986a; Maillat, 1992; 1999; Camagni, 1991a; 1991b; 1992b; Storper, 1992, 1993) establecieron ya una relación directa entre el éxito de determinados sistemas productivos y su capacidad para generar, incorporar y difundir innovaciones. También en este caso, frente a los modelos lineales de innovación y los enfoques sectoriales, se defendió la idea de que se trata de procesos de aprendizaje colectivo e interactivo, en los que participan actores múltiples, lo que explica su carácter localizado y la importancia de que las empresas establezcan una buena inserción (embeddedness o

encastrement) en el propio territorio. En los últimos años, tanto las ideas procedentes de

la economía del conocimiento –trasladada al plano territorial con conceptos como los de

región inteligente o learning region (Florida, 1995; 2003; Morgan, 1997; Antonelli, 1986; 2000; Ferrão, 1997, Ferrão et al., 1999)–, como sobre las dinámicas de

proximidad (Rallet et al., 1995; Gilly y Torre, 2000), o los estudios sobre sistemas

regionales de innovación (Lundvall, 1992; Cooke, 2002; Edquist, 1997), refuerzan una

visión sistémica de unos procesos innovadores en que participan actores diversos que producen, transmiten y/o utilizan conocimiento, junto a una serie de instituciones que regulan ese flujo, destacando la importancia ejercida por la proximidad física, organizativa y cultural en la creación de redes capaces de transmitir saberes tácitos, no formalizados y difícilmente codificables, pero que siguen siendo esenciales para la innovación.

Un sistema productivo local innovador se define por la presencia de empresas organizadas en forma de cadena productiva(de uno o varios sectores de actividad), una parte significativa de las cuales realiza esfuerzos en el plano de la innovación tecnológica, incorporando mejoras en sus diferentes procesos de trabajo y fases, así como en los productos o servicios que ofrecen, con objeto de reducir costes, aumentar su eficiencia y flexibilidad, mejorar la calidad o lograr una más favorable inserción en los mercados, aumentando su capacidad negociadora con proveedores y clientes. Esas innovaciones, generalmente adaptativas y que tienden a acumularse hasta permitir

hablar de trayectorias tecnológicas espacialmente diferenciadas, tienen lugar de manera no ocasional y, en los casos más evolucionados, se incorporan ya como rutina al propio funcionamiento de la empresa. Otro tipo de innovación, tan importante como los anteriores, es la organizativa que puede incluir hasta cuatro planos complementarios: innovación funcional,9 innovación estructural,10 innovación comportamental,11 e innovación relacional.12

La presencia de algunas de estas formas de innovación empresarial debería traducirse en efectos tangibles en las propias empresas y en el territorio, con la presencia significativa de un conocimiento localizado, generador de diversas formas de innovación. En ellos se observa “una fuerte capacidad de alimentar círculos virtuosos de innovación con base en mecanismos interactivos de producción de conocimiento tecnológico localizado” (Antonelli y Ferrão, 2001:13). Es decir, los sistemas productivos locales innovadores permiten identificar en su interior cuatro dimensiones interrelacionadas causalmente: 1) una estructura productiva: aglomeración geográfica de actividades, especialización productiva y redes empresariales, acumulación de conocimiento tecnológico localizado; 2) unas ventajas competitivas: economías externas de aglomeración, dinámicas de proximidad, reducción de costes de transacción en la difusión de información y conocimientos; 3) unos efectos sobre la innovación: procesos de aprendizaje colectivo, mayores tasas de innovación y creatividad, y 4) unos efectos

en el dinamismo económico: rendimientos crecientes, mejora de la competitividad

empresarial y territorial, desarrollo económico, aumento del capital territorial. Así, la aglomeración espacial de empresas organizadas en torno a una o varias cadenas productivas, generadora de una acumulación de conocimiento tecnológico, tanto explícito como tácito, es el origen de diversas ventajas competitivas en forma de

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Que incorpora nuevas formas de hacer para posibilitar un mejor uso de los recursos materiales y humanos disponibles, una agilización de los procedimientos de trabajo, un mejor uso de la tecnología o una más eficaz gestión de los residuos generados.

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Asociada a nuevas formas de jerarquización y administración internas que afectan el reparto de los puestos de trabajo, con efectos sobre la circulación de la información entre los diversos componentes de la empresa (personas, departamentos) y sobre los procesos de decisión, haciéndolos más sencillos, flexibles y coordinados.

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Que introduce cambios en la cultura empresarial para incorporar actitudes, valores y patrones de conducta más favorables a la innovación, menos rutinarios, más participativos, así como más favorables a la negociación para la resolución del conflicto.

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Para mejorar los vínculos entre la empresa y su entorno, lo que puede conllevar una mayor atención a los cambios para anticiparlos o responder con rapidez, la búsqueda de una comunicación más fluida con otros actores locales, de una buena imagen social, etc.

externalidades y reducción de los costes de transacción en los procesos de comunicación. Eso se traduce en una mayor facilidad para llevar a cabo procesos de aprendizaje colectivo y difusión de ese conocimiento, lo que se reflejará en mayores tasas de innovación empresarial y socioinstitucional, junto a un más eficiente desempeño económico, con aumento de la competitividad individual y colectiva, junto a un incremento paralelo del capital territorial.13

En la literatura que interpreta los factores que pueden dinamizar sistemas productivos concretos y elevar en ellos su componente innovador o que, por el contrario, suponen frenos a su constitución y desarrollo, se señala que los procesos de difusión de innovaciones parecen asociarse a territorios que cuentan con una cierta cantidad de recursos específicos, movilizados por un conjunto de actores locales públicos y privados capaces de ponerlos en valor. A todo esto se suma la construcción de densas redes formales e informales de interrelaciones empresariales para transmitir información y compartir proyectos, junto a una forma de organización institucional donde aparecen redes sociales de cooperación que colaboran de forma activa en el impulso de las innovaciones desde la perspectiva de una nueva gobernanza del

territorio. Analicemos más detenidamente cada uno de estos cuatros factores impulsores

de la difusión de las innovaciones en los sistemas productivos locales:

a) Capital territorial y recursos específicos: La literatura sobre los nuevos espacios

industriales ha destacado de forma reiterativa la necesidad de basar los procesos de dinamización socioeconómica e innovación en el conocimiento y utilización prioritaria de los diversos tipos de recursos endógenos existentes en cada área geográfica.14 El

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No obstante, conviene recordar que existen territorios en donde el esfuerzo innovador de algunas empresas tiene escaso impacto sobre el sistema productivo en su conjunto, o en donde la mejora competitiva no se traslada de forma automática a otras dimensiones del desarrollo territorial integrado. Ya se trate de enclaves de prosperidad ligados al espectacular crecimiento de actividades que pueden ir de la agricultura intensiva de exportación a la industria electrónica o el turismo, los ejemplos conocidos de disociación entre una alta competitividad económica frente a un conflicto social y ambiental, con una deficiente ordenación de los recursos o un muy escaso efecto multiplicador, son suficientes para aplicarles la denominación de territorios duales, en donde las contradicciones asociadas a la innovación se acentúan.

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Se ha consolidado así una amplia base conceptual “cuya principal aportación reside en la superación de la noción de espacio y la toma en consideración de la noción de territorio, entendido como un proceso en permanente construcción, que es posible iluminar a partir de consideraciones históricas, sociales, políticas y económicas, y cuyas lógicas se expresan a diferentes escalas” (Guillaume, 2005:9).

concepto de capital territorial destaca la desigual dotación de recursos (capital natural, capital físico inmovilizado, capital financiero y capital humano) como un primer factor a tener en cuenta para la explicación de los contrastes observables a todas las escalas. No obstante, ese concepto de capital territorial, además de resultar estático, no ofrece demasiadas precisiones sobre qué recursos tienen mayor importancia en cada caso, o por qué espacios que, en apariencia, podrían ofrecer condiciones de partida similares, muestran una capacidad efectiva de innovación tan dispar. Una aportación más significativa para avanzar en esta dirección ha sido la distinción entre recursos

genéricos, fácilmente sustituibles, y recursos específicos, construidos por la propia

sociedad local a lo largo del tiempo y, por eso mismo, mucho más difíciles de sustituir (Amendola y Gaffard, 1988; Colletis y Pecqueur, 1995), concepto próximo al de

recursos no convencionales utilizado por Max-Neef (1993). Frente a la habitual

concepción del territorio como simple acumulación de factores productivos o como

yacimiento de externalidades, esta perspectiva lo entiende como una construcción social

en donde, a partir de unas dotaciones iniciales variables, algunas sociedades son capaces de generar un contexto progresivamente favorable a la innovación y el desarrollo mediante la movilización de iniciativas que activan algunos recursos potenciales y generan así condiciones propicias para el anclaje empresarial. En consecuencia, construir, valorizar y gestionar de forma adecuada recursos específicos permite a ciertos sistemas productivos locales una competencia en calidad y diferenciación, muy distinta a la que se deriva de explotar, tan sólo, sus recursos genéricos (recursos naturales, mano de obra…). Entre los diferentes recursos específicos que suelen mencionarse para el impulso de la innovación en los sistemas productivos locales (recursos humanos con formación y/o saber hacer, capacidad de iniciativa y empresarialidad, servicios de apoyo a la innovación, patrimonio cultural…), el capital social y las instituciones han cobrado una creciente presencia.

b) El protagonismo de las empresas locales y los actores institucionales: Las teorías de la acción (Jambes, 2001) han centrado la atención sobre la existencia de individuos y organizaciones que, a partir de la toma de decisiones individual y de sus interrelaciones, ejercen un efecto determinante sobre la construcción de las diferentes realidades socioeconómicas y territoriales. Identificar qué actores operan en un sistema productivo local concreto, conocer y comprender sus características internas, sus intereses y valores, los mecanismos y percepciones que guían su proceso de decisión, las

estrategias que aplican para alcanzar sus objetivos, o sus posibles interacciones (colaboración, competencia, conflicto) con el entorno son aspectos relevantes a considerar. Las metáforas relativas a la existencia de territorios con proyecto,

territorios que piensan su futuro, territorios que aprenden, etc., se sustentan en esa

capacidad potencial de los actores locales para movilizar los recursos específicos del área, mejorar su inserción exterior y ofrecer respuestas innovadoras ante los retos del mercado. Capacidad que, en ciertos casos, permite al territorio convertirse en sujeto colectivo, que cuenta con un “sistema de actores que lo anima y puede pensar y actuar en su nombre” (Goux-Baudiment, 2001:23). En esta perspectiva, la mayoría de estudios destacan la importancia de una cultura empresarial y unas empresas locales que asumen la innovación, la apertura exterior y el consiguiente riesgo como necesarios, o de un gobierno local que no limita sus funciones a las meramente administrativas, sino que también es capaz de mostrar cierta capacidad emprendedora, tendente a mejorar las dinámicas económicas y sociales del lugar.15

c) Redes de empresas, relaciones de proximidad y externalidades: Un tercer factor de

impulso potencial en la construcción de sistemas productivos locales innovadores es la propia presencia de una organización de las actividades productivas de tipo sistémico. La densidad y estabilidad de las interdependencias empresariales, ya sean de carácter mercantil (redes proveedor-cliente, subcontratación...), o bien al margen del mercado (acuerdos de colaboración formales o informales, intercambio de información...), constituyen la base de las externalidades señaladas por los teóricos del distrito industrial (Becattini et al., 2003) o de los rendimientos crecientes (Krugman, 1991b). Pero, la simple concentración geográfica asociada a la presencia de una aglomeración ya genera cierto volumen de economías externas (oferta de materias primas, mercado de trabajo y

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Pero eso no significa negar la posibilidad de que empresas procedentes del exterior, o instituciones de carácter supralocal, puedan ejercer influencias favorables a la innovación mediante políticas que aporten recursos y contribuyan a debilitar las resistencias del tejido empresarial y social de determinadas localidades, poco receptivo al cambio. Algunos sistemas productivos locales pueden acceder a la innovación aprovechando las incitaciones o ayudas procedentes del exterior, siempre que sean capaces de gestionarlas de forma adecuada para alcanzar, más tarde, cierto grado de autonomía y autoorganización. No obstante, ciertos investigadores (MacKinnon et al., 2002) han afirmado que el protagonismo de las pymes locales resulta una situación transitoria en los sistemas productivos locales ganadores, en donde suele observarse una creciente dependencia exterior, bien mediante su absorción por grandes empresas o por instalación de filiales de éstas, bien por una frecuente dependencia de los grandes grupos de distribución, que verticalizan las formas de dependencia; el resultado sería un debilitamiento de las relaciones locales en beneficio de las supralocales, lo que a la larga acaba provocando la propia desintegración del sistema productivo local.

de servicios especializado…), que pueden ser aprovechadas de forma pasiva por las empresas allí localizadas; no obstante, tales externalidades “son ventajas estáticas que no bastan cuando las empresas de la aglomeración tienen que enfrentarse con situaciones de cambio que inciden negativamente en su capacidad de competir” (Stumpo, 2004:13). Por el contrario, otras dinámicas asociadas a la proximidad física, cultural y organizativa entre las empresas locales, que además de reducir los costes de transacción favorecen las relaciones de confianza entre individuos y, de ese modo, la transmisión de conocimientos tácitos y no formalizados, son las que propician la colaboración en acciones conjuntas y, a través de ellas, el aprendizaje colectivo,