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La concepción socio-cultural de la juventud, como reconoce Dávila (2004), no desecha por completo el concepto etario-administrativo sino que reconoce su utilidad como punto de partida para un concepto más integral de juventud: “Lógicamente que por sí sola la categoría etaria no es suficiente para el análisis de lo adolescente y juvenil, pero sí necesaria para marcar algunas delimitaciones iníciales y básicas” (Dávila, 2004, p. 911). Para esta perspectiva, se hace necesario abordar el concepto de juventud partiendo de lo etario pero teniendo en cuenta que la edad es una condición socio-cultural y no meramente biológica. Como Agulló (1997) aduce:

La «estructuración social de la edad» sería un buen punto de partida para acometer con éxito la definición de juventud. La edad, por tanto, debería ser el punto de partida. Pero no la edad como categoría «naturalmente dada», no como magnitud biológica, sino como una construcción social llevada a cabo sobre la base de hechos biológicos y en interacción con ellos, que corresponde a fuerzas diferenciadas de la sociedad (Agulló, 1997, p. 17).

46 Lo que esto quiere decir es que para llegar a un concepto integral de juventud se requiere entender el rango de edad de la juventud como una experiencia situada dentro de contextos sociales, históricos y culturales, y no sólo como una fase cronológica universalmente valida. En otras palabras, no todas las personas en el rango de edad de la juventud experimentan su juventud del mismo modo, sino que los contextos en que están situados como individuos y miembros de grupos sociales introducen diferencias que conllevan a una multiplicidad de experiencias de juventud (Margulis, 2008).

Margulis (2008) señala que en la determinación del concepto de juventud se deben tener en cuenta, entonces, componentes etarios, simbólicos y sociales. Los componentes etarios ya se han señalado, y se corresponden con los mismos del concepto etario-administrativo; los componentes simbólicos aluden a las representaciones sociales sobre la juventud: su asociación con determinados estilos de vida, con determinada valoración social de la juventud (usualmente para exaltarla), su vínculo con determinadas estéticas y prácticas de consumo; los componentes sociales son las determinaciones de clase social, de género, de ideología, de momento histórico, de lugar de residencia y de posición social que el joven ocupa en un momento dado. Al respecto Margulis (2008) plantea:

La juventud, como toda categoría socialmente constituida, que alude a fenómenos existentes, posee una dimensión simbólica, pero tiene que ser analizada desde otras dimensiones: se debe atender a los aspectos fácticos, materiales, históricos, políticos, en los que toda producción social se desenvuelve (Margulis, 2008, p. 17).

En este sentido, Margulis y Urresti (1997) consideran que el criterio de “generación” es más adecuado que el de la edad (biológica) para precisar el concepto de juventud:

Las clasificaciones por edad dan lugar a la construcción de categorías estadísticas relacionadas con la biología; la noción de generación, en cambio, remite a la edad pero procesada por la cultura y la historia… La generación remite a la historia, da cuenta del momento social en que una cohorte se incorpora a la sociedad. Ello define características del proceso de socialización, e incorpora a la misma los códigos culturales que imperan en una época dada y con ellos el plano político, tecnológico, artístico, etc. Ser integrante de una generación implica haber nacido y crecido en un determinado período histórico, con su particular configuración política, sensibilidad y conflictos (Margulis & Urresti, 1997, pp. 6-7).

47 Al conceptualizar a la juventud como una generación, se están involucrando necesariamente los procesamientos culturales y sociales de la edad; se está aludiendo a que ese grupo específico de edad, que vive en un momento histórico dado, se diferencia de otros grupos sociales por compartir una serie de experiencias y sensibilidades históricamente determinadas. El análisis no queda limitado, entonces, a decir que juventud es el grupo en tal rango de edad, sino que al nombrar a ese rango de edad como una determinada generación, se traen a la mente alusiones al momento histórico, a las condiciones sociales y las sensibilidades que unifican la experiencia de ese grupo a pesar de que sus trayectorias vitales (clase, género, sub- cultura) pueden ser muy distintas. Teniendo en cuenta estas perspectivas, Margulis (2008) ofrece la siguiente definición de juventud:

La juventud es una condición social que se articula social y culturalmente en función de la edad con la generación a la que se pertenece, con la clase social de origen, con el género, y con la ubicación en la familia (Margulis, 2008, p. 33).

El concepto socio-cultural de juventud hace parte de los documentos de PPJ en Colombia tanto a nivel nacional como municipal. A nivel nacional el documento base de la política de juventud sostiene que estas políticas:

Se refieren a una juventud heterogénea que no se puede reducir a una identidad o a unos intereses únicos sin tener en cuenta las diferencias culturales, sociales y económicas de nuestros habitantes. Las políticas, planes y programas para la juventud deben ser diferenciados, en concordancia con las características particulares de los jóvenes (Presidencia de la República, 2004, p. 37).

Del mismo modo, en la Política Pública de Juventud para el municipio de Santiago de Cali se identifican las dimensiones territorial y simbólica entre las dimensiones a través de las cuales se materializara dicha política. Esto quiere decir que la política de juventud del municipio presta atención, por un lado, a los espacios y lugares en los que la juventud realiza su socialización y donde los jóvenes “se reconocen, se identifican o se diferencian” (Concejo de Cali, 2006, p. 4), y por otro, a las formas estéticas y simbólicas que son tan importantes para la expresión de la juventud.

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