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9. Results and Discussion

9.5 Separation of polyester and cotton

católico

En Constantinopla, a finales del año 338, vuelve a enviarse al exilio, encadenado, al furioso seguidor de Nicea, el arzobispo Pablo -el asesino de Arrio según los arríanos-, al que Constantino ya había desterrado a ' ii Ponto. (En realidad, las noticias sobre su vida y su destino son muy con- ( tradictorias.) Su sucesor, Eusebio de Nicomedia, el prominente protector de Arrio, muere unos tres años más tarde. Con autorización imperial. Pablo, que vive como exiliado con el obispo de Roma, regresa en el año 341. El fanático Asclepio de Gaza, también con el permiso de Constantino, vuelve de su destierro y prepara la entrada del patriarca, con toda una serie de muertes, incluso en el interior de las iglesias. Impera una «situación análoga a la de una guerra civil» (Von Haehiing). Cientos de personas son asesinadas antes de que Pablo haga su entrada triunfal en la capital y excite los ánimos de las masas. Macedonio, el semiarriano que fuera su viejo enemigo, es nombrado antiobispo. Sin embargo, según las fuentes, la culpa principal de los sangrientos desórdenes en constante aumento es de Pablo. El general de caballería Hermógenes, encargado por el emperador en 342 de restablecer el orden -se trata de la primera intervención del ejército en un conflicto interno de la Iglesia-, es acorralado por los seguidores del obispo católico en la iglesia de Santa Irene, la iglesia de la paz, quienes, tras prender fuego al templo, dan muerte a Hermógenes, y arrastran su cadáver por las calles, atado por los pies. Partícipes directos: dos adscritos al patriarca, el subdiácono Martirio y el lector Marciano, según los historiadores de la Iglesia Sócrates y Sozomenos. El procónsul Alejandro consiguió huir. Tampoco en Constantinopla cesan las revueltas de religión; sólo en una de ellas, perdieron la vida 3.150 personas. No obstante, el patriarca Pablo, alejado por el propio emperador, es llevado de un lugar de destierro a otro hasta que muere en Kukusus, Armenia, presuntamente estrangulado por arríanos, y Macedonio queda durante mucho tiempo como pastor supremo único de la capital.56

Después del triunfo de la ortodoxia, en el año 381 se trasladó el cadáver de Pablo a Constantinopla y se le enterró en una iglesia arrebatada a los macedonianos. Desde entonces esa iglesia lleva su nombre.57

Es muy probable que la brutal entrada en escena del salvador de almas católico tuviera también un trasfondo de política exterior. Cuando se dividió el Imperio, la diócesis de Tracia, junto con Constantinopla, debió de pertenecer al principio al territorio de Constante, aunque éste se la cedió en el invierno de 339-340 a Constancio en agradecimiento por su ayuda contra Constantino II. Sin embargo, en esa época se hallaba separado de su cargo y no parece improbable -tesis recogida de nuevo por historiadores jóvenes- que el patriarca Pablo estuviera ya preparando en Constantinopla la devolución de la ciudad al Imperio de Occidente.58

En cualquier caso, el emperador Constante, que apoya en Occidente a los partidarios de Nicea, buscaba también la influencia política en Oriente. No es casual que hiciera intervenir al obispo Julio I de Roma a comienzos de la década de 340. Tenía que interceder ante Constancio en favor de Atanasio, Pablo y otros perseguidos y convocar un sínodo general, que contó con el apoyo de otros católicos influyentes. Un año después de que se condenaran mutuamente dos concilios, uno de Oriente y otro de Occidente, con Atanasio, en Serdica (Sofía) (aquí se inicia la escisión de la Iglesia producida en 1054 y que perdura hasta la actualidad), Constante protesta en Antioquía, su residencia en ese momento, a través de los obispos Vicencio de Capua y Eufrates de Colonia. (En el dormitorio del anciano pastor de Colonia se produjo un penoso incidente que costó el puesto a su iniciador, el obispo amano local Esteban; su sucesor, Leoncio, fue también «traidor como los escollos ocultos del mar».) Sin embargo, es evidente que detrás de estas intrigas de Occidente contra Oriente estaba Atanasio. Es el protegido y compañero de polémicas del obispo romano. Reaparece también varias veces en la corte imperial. Soborna con espléndidos regalos a los funcionarios de palacio, en especial a Eustasio, muy apreciado por Constante. Por último, acaba manteniendo una conversación en Tréveris con el propio soberano, que quiere conseguir de Constancio el regreso de los exiliados, incluso amenazando con la guerra. De manera escueta e insolente escribe a su hermano: «Si me avisas de que les restituirás su trono y que expulsarás a aquellos que les importunan sin razón, te enviaré a los hombres; pero si te niegas a hacerlo, has de saber que iré yo mismo y aunque sea en contra de tu voluntad devolveré los tronos a quienes les pertenecen».59

O sus sedes episcopales o la guerra. No parecía pequeña la seducción de atacar por la espalda al hermano en eterna lucha con los persas, sobre todo cuando el rey persa Sapur se disponía a un nuevo ataque en Nisibis. Sin embargo, a comienzos del verano del año 345, Atanasio consiguió en Aquileja, donde había pasado un año completo, que Constancio le reclamara. Con todo, fue primero a Tréveris, a la corte, allí «formuló sus quejas», hizo «reclamaciones y advertencias», en suma, despertó «en el emperador el fervor de su padre» (Teodoreto). Pero también Constancio se

quejó en otro escrito, al que siguió un tercero, del retraso del obispo e invitó a «Monseñor a subir sin desconfianza y sin temor al correo estatal y acudir con presteza a nosotros [...]». Finalmente, Atanasio, con insistentes recomendaciones de Constancio para que se mostrara conciliador en la patria, partió en el verano de 346 de Tréveris hacia Roma, donde estuvo otra vez con el obispo Julio, y continuó después viaje a Oriente, reuniéndose en Antioquía con Constancio, que le recibió con benevolencia e hizo destruir todos los antiguos expedientes que había en contra suya. No obstante, esto no impidió que el patriarca, lo mismo que en su regreso del año 337, volviera a dar todo tipo de rodeos, a intrigar para que se nombrara a obispos de su agrado, que se expulsara a otros, a hacer que el obispo Máximo de Jerusalén convocara un pequeño sínodo que por mayoría acogiera de nuevo en la comunidad eclesiástica a los desterrados por los orientales en Serdica, y que enviara una recomendación exaltada al clero egipcio para que facilitara su regreso.60

Regreso de Atanasio (346), nueva huida (356) y amparo