• No results found

La economía es, de entre las ciencias sociales, la que mejor se adapta al análisis kuhniano. Esto no impide divergencias entre los autores a la hora de establecer cuáles han sido los paradigmas dominantes, si realmente ha habido revoluciones económicas y cuáles han sido éstas.

El trabajo de Ward es un clásico del análisis kuhniano de la economía. Este autor sostiene que la economía neoclásica cumple todos los requisitos de una ciencia normal en desarrollo: los investigadores forman una acade- mia invisible que se preocupa por solucionar problemas de detalle, está de acuerdo sobre cuáles son los principales problemas aptos para ser investiga- dos y sobre la forma general que debe adoptar su solución (sólo cuentan los juicios de los colegas). La economía neoclásica presenta además puzzles in- teresantes cuyas soluciones son modelos para la formulación de nuevos enigmas en la disciplina. Adquirir la capacidad de plantear problemas en términos de estos modelos es uno de los objetivos centrales de la educación económica87. Un modelo de este tipo lo constituye el esquema marginalista de demanda y oferta que se elabora como solución neoclásica (Jevons o Marshall) al puzzle que supone el problema de explicar la naturaleza del precio elevado de ciertas mercancías y sus fluctuaciones, interpretado por los economistas clásicos como meras anomalías.

La historia de la economía muestra la existencia de revoluciones cientí- ficas88. Un ejemplo claro de revolución científica, según Ward, es la keyne- siana. Ésta resuelve una serie de anomalías de la economía neoclásica que aparecieron en la década de 1920 y comienzos de 1930, procedentes de la teoría monetaria y de la teoría del capital. Ward afirma que «se necesitaba una teoría que explicara lo que funcionaba mal, que explicara lo que se po- día hacer y cuyas prescripciones fueran aceptables para los partidos políti-

87

B. Ward, 1972, p. 23.

88

Véase L. Kunin y F. S. Weaver, 1971

cos existentes»89. Esto es lo que hizo la teoría de Keynes. La revolución keynesiana llevó al centro de la Teoría Económica convencional el estudio de las variaciones del nivel de la producción agregada, permitió el desarro- llo de la macroeconomía y el de una teoría monetaria. Consiguió, por tanto, cambiar dramáticamente algunas de las ideas fundamentales de los econo- mistas sobre su objeto de estudio90.

Por otro lado, la economía actual, nos dice Ward, se encuentra con pro- blemas persistentes, reconocidos por los profesionales, que permiten pensar en la economía como una ciencia en crisis. El problema fundamental es que no se resuelven las anomalías a pesar del gran número de ellas en todas las especialidades centrales: microeconomía, macroeconomía, econometría.

El análisis de Ward coincide con la evaluación que hace Kuhn de la eco- nomía, a la que consideró la única ciencia social con paradigma dominante91. Sin embargo, hay varios desacuerdos con esta visión kuhniana de la econo- mía y su desarrollo en temas esenciales como cuáles son los paradigmas dominantes, la existencia de revoluciones científicas en la historia de la economía y cuáles son esas revoluciones. El trabajo de D. Gordon es una referencia obligada en este punto. Gordon sostiene que «la Teoría Econó- mica nunca ha tenido una revolución fundamental: su modelo de maximi- zación básico nunca ha sido reemplazado»92. En contra de lo que ocurre en las ciencias naturales, la visión económica fundamental del mundo ha per- manecido inalterada desde el siglo XVIII. Cuestiona, por tanto, que la historia de la economía haya transcurrido según el esquema kuhniano de sucesión de paradigmas. Al contrario, lo que encontramos en ella es continuidad en lu- gar de ruptura: los conceptos, problemas y soluciones de las teorías descar- tadas persisten o son recurrentes, y Kuhn no puede explicar el hecho básico de la eterna recurrencia en teoría económica.

Ward responde señalando que el supuesto de la maximización cierta- mente no ha sido remplazado, pero ¿constituye este supuesto básico de la economía un paradigma? Aquí reaparece la cuestión de qué concepción de paradigma está en juego en los diferentes enfoques. Según cuál sea ésta, se afirman como paradigmas cosas muy distintas, y ello supone valoraciones muy diferentes de la naturaleza de la economía y su desarrollo. Las diferen- cias se deben a la ambigüedad del concepto de paradigma, (al como indica- mos al comienzo de este apartado. Impendiendo de si se entiende que las revoluciones son, primero, un cambio en la metafísica básica y. segundo, un cambio en el ejemplar central concreto, se podrá entender la teoría neoclá-

89

B. Ward. 1972, p. 40.

90

B. Ward, 1972. p. 41. Otra revolución del periodo de posguerra más profunda aún que la de Keynes es, según este autor, la revolución formalista con la economía mate- mática y la econometría (B. Ward, 1972, pp. 43 y ss.).

91 En T. S Kuhn, 1970, pp. 231-278. 92 D. F. Gordon. 1965. p. 124. Este mat e rial es para uso de lo s estudiantes de la Universi d ad Nacional de

Quilmes, sus fines

son exclusivam ente di dácti cos. Prohibida su reprodu cción pa

rcial o total sin

per m iso escrito de la ed itorial correspondi ent e .

sica de la utilidad marginal, primero, como fundamentalmente continua con la economía clásica y, segundo, como una revolución respecto a aquélla.

Para Gordon paradigma alude a la «unidad de consenso más amplia» de toda la historia de la economía, es decir, al modelo de maximización93. Por tanto, no hay cambio en la metafísica básica. Su propuesta está sujeta a las críticas hechas en el apartado anterior a los paradigmas metafísicos de la sociología. Ward destaca el aspecto sociológico de paradigma señalando que Kuhn sugiere que el mejor modo de analizar una ciencia es considerar- la una clase especial de sistema social cuyos principales actores son los in- vestigadores que desarrollan la ciencia en su generación.

Otra forma de enfocar la cuestión la encontramos en Coats, quien afir- ma que la uniformidad en la economía es mayor que la que se da en las ciencias naturales. A pesar de la crítica de los heterodoxos (socialistas, evo- lucionistas, institucionalistas), la economía ha sido dominada por un para- digma simple: la teoría del equilibrio económico vía el mecanismo de mer- cado. Pero a diferencia de Gordon, admite que la revolución marginal de 1870 y la keynesiana son revoluciones científicas kuhnianas94.

El paradigma clásico, el neoclásico y el keynesiano son los tres grandes paradigmas económicos reconocidos (con el marxismo como contrapara- digma). Bronfenbrenner identifica tres revoluciones en economía: la revo- lución del laissez faire, la marginal y la keynesiana95, Blaug afirma: «pare- ce que si la economía provee algunos ejemplos de revoluciones científicas el ejemplo favorito parece ser la revolución keynesiana»96.

D. Thomas está de acuerdo con la tesis de la continuidad y recurrencia en la economía, aunque no en el sentido de Gordon, sino en términos de la coexistencia de paradigmas que nos deja con una ciencia multiparadigmáti- ca. En la economía actual conviven los tres paradigmas señalados, clásico, neoclásico y keynesiano, y esto es así en la medida en que los tres son usa- dos para abordar distintos problemas económicos. Ello significa que pro- blemas, conceptos y soluciones de teorías superadas persisten de forma re- currente97. Un ejemplo de esto lo encontramos en el reciente enfoque de

93

D. F. Gordon, 1965. pp. 123-124.

94

A. W. Coals. 1969. También M. Black, A. W. Coats y Goodwin (eds.), 1973.

95

M. Bronfenbrenner. 1971.

96

M. Blaug. 1980, p. 147. Véase también M. Blaug, 1985, pp. 48-52. M. Blaug. 1985, p. 51, resalta que en las últimos versiones de su pensamiento Kuhn presenta cualquier periodo de progreso científico como mareado por un gran número de paradigmas super- puestos y entremezclados, algunos de los cuales pueden ser inconmensurables, aunque no todos lo serán. Los paradigmas nuevos no surgen de repente y se asientan sino des- pués de un largo proceso de competencia intelectual.

97

D. Thomas. 1979, p. 177, coincide en esto con Ward y Bronfenbrenner. B. Ward. 1972, p. 197, señala que la economía neoclásica puede verse alternativamente como un paradigma en eterna crisis con problemas recurrentes y como un paradigma en desa- rrollo.

economía clásica adoptado en trabajos dirigidos a afrontar problemas de países en desarrollo basados en el análisis de las relaciones entre un sector industrial y un sector de subsistencia tradicional en los comienzos de la in- dustrialización a gran escala. La reintroducción por Keynes del problema de la justificación de las desigualdades en la distribución, que había perma- necido latente en la economía neoclásica, es otro caso de pervivencia de problemas que reaparecen.

La economía para Thomas es una ciencia madura, pero multiparadigmá- tica, con periodos en los cuales un paradigma puede llamar la atención de la mayoría de profesionales en el campo, aunque estén siempre presentes otros paradigmas alternativos98. De todas formas, en la ciencia, y en la eco- nomía también, más que las revoluciones científicas y las etapas de ciencia normal, lo que predomina es la actividad de resolución de problemas en el contexto de un marco de trabajo aceptado. La situación de la economía no sería cualitativamente distinta de la de otras ciencias en este aspecto, ya que los paradigmas presentan problemas y anomalías durante mucho tiempo sin que se produzca una crisis de fundamentos que abra el camino al cambio. Sin embargo, en el caso de la economía, lo característico, según Thomas, es que estas etapas se desarrollen en coexistencia con otros paradigmas y que, por tanto, las crisis de fundamentos y el cambio no se den en el sentido kuhniano.

A pesar de todo lo indicado, la cuestión de hasta qué punto las catego- rías kuhnianas son útiles para el análisis de las ciencias sociales y en qué medida la historia de estas ciencias se adapta al esquema kuhniano no que- da definitivamente zanjada. En lo que respecta al desarrollo de las discipli- nas sociales, la situación dominante es la de la pervivencia de paradigmas alternativos que coexisten durante amplios periodos de tiempo. En econo- mía los paradigmas coexisten teniendo distintos niveles de aceptación entre los profesionales, pero sin terminar de entrar en crisis y de ser desplazados. En el caso de la sociología (la antropología, la psicología o la historia), esta situación se agrava: los paradigmas conviven indefinidamente, puesto que lo que se considera paradigma es algo bastante más laxo y falto de articula- ción de lo que habitualmente se entiende por ello. Por otro lado, el concep- to de paradigma plantea problemas (como ocurría con el de PIC en el caso de Lakatos), y las nociones de ciencia normal y revolución científica no parecen dar cuenta adecuadamente ni de la práctica científica social ni del desarrollo de estas ciencias. También es cierto que algunas de estas cuestio- nes han sido señaladas como problemáticas en relación a la ciencia en ge- neral, pero, como hemos visto, en lo que están de acuerdo los especialistas es en reconocerlas como fuente de problemas para el tratamiento kuhniano de las ciencias sociales. La situación de estas disciplinas parece adaptarse mejor a la noción de tradición de investigación de Laudan.

98 D. Thomas, 1979. p. 178. 271 Este mat e rial es para uso de lo s estudiantes de la Universi d ad Nacional de

Quilmes, sus fines

son exclusivam ente di dácti cos. Prohibida su reprodu cción pa

rcial o total sin

per m iso escrito de la ed itorial correspondi ent e .