los distintos tamaños de poros y se presentaron en la Figura 5.
La distribución del espacio poroso mantiene una estrecha relación con la estructura (BAVER y GARDNER, 1973), lo que se aprecia perfectamente en la Figura 5. La porosidad gruesa que presentan las muestras se van transformando en poros más finos a medida que aumenta la densidad aparente. Esto se aprecia en la Figura 4, donde las curvas de retención de humedad muestran que las densidades aparentes bajas poseen una gran cantidad de poros gruesos y un menor volumen de poros finos, esto provocado porque esas muestras no presentan una estructura ni tampoco han pasado por ciclos de secado y humectación, por lo que no existe un reordenamiento de las partículas de suelo. A medida que aumenta la densidad aparente existe una redistribución de la porosidad. Según ELLIES (1995), al incorporar suelo virgen a la actividad agrícola, se produce un asentamiento del suelo, lo que provoca un cambio en su porosidad. Estos cambios en la estructura del suelo, como consecuencia del incremento en la densidad aparente, alteran la economía de agua, aire y el transporte de calor en el suelos (DEC et al., 2009).
Según HERNANDEZ (1992), quien también trabajó con el suelo Cudico, es una limitante tener más de un 20% de macroporos en el suelo, lo que se manifiesta prácticamente en todas las muestras disturbadas, no así en la muestra EST, como se presenta en la Figura 6. El agua percola con mayor facilidad hacia napas subterráneas, pudiendo crear líneas de flujo preferencial para el agua, lo que haría perder humedad al suelo por percolación, en desmedro de la vegetación existente. Por otro lado, autores como Grable (1971); Cannell (1977); Carter (1988), citados por GREENWOOD
y McNAMARA (1992), mencionan que una macroporosidad de menos del 10% indica limitaciones para las condiciones de salud de las plantas y la aireación del suelo.
La porosidad total de las muestras EST fue de 59,07%, valor que se encuentra dentro de lo esperado, ya que DÖRNER (1999) y PASQUALETTO (1993) obtuvieron valores de porosidad total de 56,8% y 58,9% respectivamente, para el mismo tipo de suelo.
En relación a los distintos tipos de poros, los macroporos (PDR y PDL) ocupan un 8,35% en las muestras EST. Según datos aportados por DÖRNER (1999), los macroporos aportan un 14% a la porosidad del suelo medido fuera de la huella, mientras que PASQUALETTO (1993) obtuvo 15% para los macroporos. La diferencia en la porosidad se debe al distinto manejo al cual han sido sometidos los suelos utilizados para esta investigación.
PASQUALETTO (1993) determinó PAU en distintas densidades aparentes y obtuvo valores de 18,3% de PAU para una densidad aparente de 1,0 g cm-3 y de 14,51% para muestras con 1,1 g cm-3 de densidad aparente. Este mismo autor analizó muestras hasta una densidad aparente de 1,4 g cm-3, para lo cual obtuvo valores de PAU 5,75%, muy similar a lo obtenido en DA 0,8 g cm-3.
PASQUALETTO (1993), trabajó con distintas densidades aparentes (1,0 g cm-3 a 1,4 g cm-3), donde se repitió la misma tendencia que en esta investigación, que a medida que se aumenta la densidad aparente, la porosidad gruesa da paso a la porosidad más fina, y además existe una pérdida de la porosidad por la mayor masa de suelo que debe haber en un mismo volumen. Además, este autor asegura que la destrucción de agregados en conjunto con la reorganización y encaje de las partículas es lo que genera la reducción de la porosidad gruesa y favorece a los poros más pequeños, donde se observó un alza sostenida de los PAI a medida que se les aumentaba la densidad aparente a las muestras. En relación a los PAU, en esta investigación se encontró una tendencia al alza, excepto en la DA 0,8 g cm-3 y DA 1,1 g cm-3 que presentan valores notoriamente más bajos que los demás (6,42% y 8,92% respectivamente).
MIHOVILOVIC (1984) aplicó distintas cargas a suelos Palehumults, entre ellos de la serie Cudico, y pudo observar que existió una pérdida moderada de la porosidad en comparación con otras series, debido a diferencias en sus características físicas y por el tipo de minerales constituyentes.
ELLIES (1986) afirma que los suelos Palehumults pierden cantidades apreciables de su escasa porosidad, restándole calidad al suelo, cuando son sometidos a cargas y presiones externas, como un pastoreo animal o el tránsito de maquinaria agrícola. MIHOVILOVIC (1984) sometió a cargas y descargas con distintos niveles de humedad a suelos Palehumults, dejando en evidencia que existe una clara deformación del suelo, el cual es capaz de recuperarse, pero no en toda su magnitud. Esto provoca cambios en la porosidad del suelo, principalmente en los macroporos, y los suelos deficitarios en este tipo de poros experimentan un daño relativo mayor por el efecto de las cargas. Esto es lo que ocurre con las muestras disturbadas, ya que a medida que aumenta la densidad aparente la porosidad tiende a disminuir, proceso que se aprecia bastante bien en la pérdida de los macroporos.
Si esta situación la llevamos al terreno práctico, donde después de preparar una cama de semillas, vemos que las posibilidades que el agua percole en profundidad son bastante altas, ya que la gran cantidad de macroporos hace que esto sea posible. Con el tiempo y como consecuencia de ciclos de humectación-secado y la contracción se produce una redistribución del sistema poroso, como se puede apreciar en las muestras EST, que en el caso del suelo estudiado se manifiesta con un incremento de la porosidad fina y una reducción de la gruesa, pero presentando una mayor capacidad de conducir fluidos a una misma densidad aparente (Figura 5).
Existen diferencias en las curvas de porosidad entre las muestras disturbadas y estructuradas y esta diferencia es mayor cuando los suelos estructurados tienen un mayor desarrollo estructural. Cuando se rompe la estructura del suelo para el establecimiento de algún cultivo, cambia completamente la distribución de la porosidad. Con las labores posteriores al establecimiento de la semilla, también ayudan a que la porosidad cambie. El paso de maquinaria sobre el suelo provoca una carga, donde existe un reacomodo de las partículas, una redistribución de la porosidad y también un
cambio en la densidad aparente. Sin embargo, el suelo es capaz de recuperar sus condiciones originales, no en su totalidad, pero si se acerca bastante a ello, dependiendo de su capacidad de resilencia.
5.2.2 Contracción. La contracción del suelo es un proceso que implica un