5 Service Information (SI) tables
5.2 Table definitions
5.2.3 Service Description Table (SDT)
no sea un modelo acabado al primer intento. Esos hombres que por vez primera sepultaron a sus semejantes muertos, y cuyos huesos encontramos en autenticas tumbas, son muy posteriores a los más antiguos vestigios humanos. A pesar de ello, esos hombres, los primeros en preocuparse por los cadáveres de los suyos, no eran todavía, exactamente, seres humanos. Los crá neos que nos han dejado muestran aún rasgos simiescos: su mandíbula es prominente y. con frecuencia, su arco superciliar
Sin dud*. -re tru é c a n o p lástico - (d es nudo fem enino de a sp e c to fálico). E s tatuilla a u n ñ ac te n se de Sireuil (D or dogne). vista de fren te, y esq u em ática m ente al rev erso .
Cf. H Breuil y D. Pe y ron y L sta tu iU a fe m e n in a a u r iñ a c te n s e , e tc . · Rcv A n tro p o ló g ica ·. en ero-m arzo- 1930. E. Saccasy della Santa; F ig u ra s h u m a n a s d e l p a le o lític o s u p e r io r e u r o a s iá tic o (196). A nvers. 1947
La céleb re V enus de L espugne. e sta tu i lla e n m arfil del A u n ñ acten se superior, vista de fren te, de perfil y p o r d etrás.
está bestialmente coronado por un reborde óseo. Por otra parte, estos seres primitivos no mostraban la correcta posición erguida que. moral y físicamente, nos designa y nos caracte riza. Sin lugar a dudas, se mantenían de pie. pero sus piernas no estaban claramente derechas como las nuestras. Debemos pensar también que. al igual que los simios, poseerían un sis tema piloso que los recubriría y protegería del frío... No tan sólo por los esqueletos y sepulturas que dejó, conocemos a aquel al que los prehistoriadores designan con el nombre de Hombre de Neanderthal, sino que tenemos también sus útiles y herramientas de piedra tallada, que representan un adelanto con respecto a las de sus antecesores. Estos fueron menos hu manos en conjunto y. por lo demás, el Hombre de Neanderthal fue superado rápidamente por el -Homo Sapiens·, el cual es.
K u alu ilU fem enina de B rm uem po«> (cuerpo fem enino llam ado -la P e ra ·). A unA acienw m edí..-inferior
Cf. E. Piette: L a s la llo n de Braaem- ptmv. - L A n th ro p o lo g ic-. I. V I, pi. I.
en lodos los aspectos, nuestro semejante. (A pesar de su nom bre. éste no -sabia* casi nada más que el ser. próximo aún al mono, que le precedía, pero desde el punto de vista físico era nuestro semejante.)
Los especialistas en Prehistoria dan al Hombre de Nean derthal. y a sus antecesores, el nombre de «Homo Faber-. Se trata efectivamente del hombre, desde que aparece la herra mienta adapladu a un uso y construida en consecuencia, ya que. si admitimos que saber es esencialmente -saber hacer», la herramienta es la prueba del conocimiento. Los más antiguos vestigios del hombre primitivo, osamentas y herramientas, fue ron hallados en Africa del Norte (en Temifíne Palikao). y datan de alrededor de un millón de años. Pero el momento realmente interesante (en particular en el plano del erotismo) es aquél en que la muerte se hace consciente, y viene señalado por la apa rición de las primeras sepulturas: la fecha es mucho más tardía, ya que en principio se trata de cien mil años antes de nosotros.
M usco de H istoria N atural. V iene C f. O tra c elebra e statu illa del A unA aciente J S zo m b atty . -L A n lh o p o lo p e · . t. su p erio r la V enus de W iU endorí X X I. p á ( 699. 1910
Por último, la aparición de nuestro semejante, de aquél cuyo esqueleto establece sin ningún género de dudas la pertenencia a nuestra especie (si no se tienen en cuenta los restos aislados de osamentas, sino de abundantes tumbas vinculadas a toda una civilización), nos remite, como máximo, a una antigüedad de treinta mil años.
Treinta mil años... Y esta vez no se trata de restos humanos ofrecidos por las excavaciones a la ciencia, a la prehistoria, que los interpretan exhaustivamente...
Se trata de señales resplandecientes... de signos que alcan zan la más profunda sensibilidad, y que poseen la fuerza nece saria para conmovemos y para no dejar en adelante de turbar nos. Esos signos son las pinturas que los hombres primitivos dejaron sobre las paredes de las cavernas, en donde debieron celebrar sus ceremonias de encantamiento.
Hasta la aparición del Hombre del Paleolítico superior, al que la prehistoria ha designado con un nombre poco justificado (el de «Homo Sapiens» '). el hombre de los primeros tiempos sólo es aparentemente un intermediario entre el animal y noso tros. En su misteriosa oscuridad, este ser forzosamente nos fascina, pero en conjunto los restos que nos has legado no aña den casi nada a esta informe fascinación. Aquello que sabemos de él y que nos conmueve interiormente, no va dirigido, ini cialmente. a nuestra sensibilidad ya que. si de sus costumbres funerarias deducimos que tenia conciencia de la muerte, esta conclusión es producto tan sólo de la reflexión. Pero al Hombre del Paleolítico superior, al «Homo Sapiens», lo conocemos actualmente por signos que no sólo nos impresionan por una excepcional belleza (sus pinturas son a menudo maravillosas), sino porque constituyen el múltiple testimonio de su vida eró tica. El nacimiento de esta intensa emoción que designamos bajo el nombre de erotismo, y que opone el hombre al animal, es. sin duda, un aspecto esencial del aporte que las investiga ciones prehistóricas realizan al conocimiento.
I. El calificativo sapiens significa ex actam en te d o tad o de conocim iento. Pero e s evidente que el instrum ento presupone, por p a rle de quien lo hace, el co nocim iento de su fin E ste co nocim iento del fin del instru m en to e s. p re c isa m ente. la base del conocim iento Por o tra p arte, el co n o cim ien to de la m uerte, cu y o fu ndam ento pone en juego la sensibilidad y q u e. por e sta razó n , es c la ra m ente d istin to del puro conocim iento d iscursivo, señala p o r su parte u na e ta p a en el d esenvolvim iento hum ano del conocim iento. El co n o cim ien to de la m uerte, muy p o sterio r al conocim iento del instrum ento, e s a su vez muy an te rio r a la aparición del ser al que la p rehistoria designa con el n om bre de Homo Sapiens.
Cf. Salom on Rcinach: £.'«aiuilla dr mujer desnuda, -A n th ro p o lo g ic -, t IX. M ujer desnuda de las C av ern as de págs. 26-31, I8S8. M usco de S ain -ü er- M cnton AuríAaciensc superior. m ain-en Laye
3. El erotismo, vinculado al conocimiento de la muerte