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4. CASE STUDY

4.5 Data Preprocessing

5.1.1 Set of Origin and Destination Nodes and Flow Paths

Lo antedicho es un primer acercamiento para ubicar la pre- gunta a la que Marx intenta dar respuesta en El capital, la génesis de la misma en la lucha de clases y en la reflexión social científica y política en el siglo XIX. Un segundo acerca- miento diría así: a fines del siglo XIX,a la pregunta por qué significa explotar fuerza de trabajo asalariado se añadió la pregunta de qué significa que unas naciones capitalistas ex- ploten a otras naciones precapitalistas y que, en general, do- minen sobre una periferia de naciones no capitalistas o semi- capitalistas. En efecto, la polarización riqueza/miseria que los socialistas señalaron en el siglo XIX se proyectó geográfica- mente en la polarización del mundo entre centro y periferia. Por otra parte, durante el siglo XX pareció aminorar la virulen- cia de la producción de miseria en el centro a la par que la riqueza se incrementaba en proporciones insospechadas, pero al mismo tiempo se hizo más virulenta la polarización riqueza/miseria a nivel mundial —riqueza en el centro, miseria en la periferia—, lo cual puso a la orden del día la cuestión del imperialismo, del mercado mundial y del Estado nacional. Además, durante la década de los treinta del mismo siglo XX se evidenció otra forma de miseria adicional a las formas ya

conocidas: la miseria sexual, la cual se profundizó y se des- arrolló desde que Wilhelm Reich la denunciara en sus libros La lucha sexual de los jóvenes (1932) y La psicología de ma- sas del fascismo (1933). En general, a lo largo del siglo se va matizando la pregunta por la riqueza y la miseria al desple- garse los distintos tipos de riqueza y de miseria que va vivien- do la humanidad al desarrollarse su sometimiento bajo el ca- pital. Pero, sobre todo, el siglo XX puso a la orden del día, por un lado, la cuestión de la guerra como forma extrema de mi- seria y por otro lado —desde los años sesenta— la degrada- ción cultural y psicológica de la gente. De ahí que Paul Baran y Paul Sweezy, en el libro El capital monopolista, se vean obli- gados a introducir dimensiones culturales y psicológicas para analizar la sociedad y la economía de Estados Unidos. Se trata de una curiosa interferencia en el análisis de la empresa gi- gante. Para hablar de monopolios hay que hablar no solamen- te de ―economía‖, es decir, de valores, precios, mercancías y producción industrial, sino que hay que hablar de cultura, de psicología de masas, de problemas que vive la gente en su cotidianidad.

Como vemos, la cuestión social inaugurada por el socialis- mo del siglo XIX se expandió hacia ámbitos que antes no parec- ían estar incluidos en ella —aunque en verdad ya lo estaban—. Esos ámbitos no se evidenciaron con virulencia como pro- blemáticos sino hasta fines del siglo XIX y a lo largo del siglo XX. Así, cuando en 1971 se publicó el libro Los límites del creci- miento se revela el inminente agotamiento de las reservas de petróleo, los bosques y otros recursos naturales en relación a las necesidades de la acumulación de capital. Además, desde fines de los sesenta, y más agudamente a fines de los seten- ta, se puso a la orden del día la pregunta por la ―economía

sustentable‖, así como el problema de la creciente destruc- ción de la ecología planetaria en tanto expresión de la pro- ducción capitalista de miseria. Este problema se encuentra implícito en la cuestión social clasista del siglo XIX y ahora, en el siglo XX, es explicitado y desarrollado en la realidad cotidia- na.

Como vemos, al desplegarse las formas complejas de pro- ducción de miseria, se ha desarrollado la economía política, y sobre todo la crítica de la economía política. Con la globaliza- ción de los ochenta y los noventa, no sólo se profundizó la proletarización de la humanidad evidenciada desde los sesen- ta, sino que los flujos migratorios de la fuerza de trabajo en todo el mundo crecieron y se volvieron más complejos. Así se conformó un ejército industrial de reserva mundial. En gene- ral, se desarrollaron las formas de reproducción de la fuerza de trabajo —y, por ende, el núcleo que las regula, lo que de- nomino la comunidad doméstica capitalista—. Estos proble- mas actualizan el cuestionamiento al libro de Marx, invitándo- lo a que mida su capacidad científica de explicación y la des- arrolle a la par que la despliegue a partir de su teoría de la explotación de plusvalor y de la reproducción y desarrollo del capitalismo. ¿Qué significa producir en términos capitalistas y qué tiene que ver eso con la destrucción ecológica y, en gene- ral, con el conjunto de cuestiones culturales y psicológicas que vuelven problématica la vida social contemporánea?

Así, pues, El capital debe medirse en referencia a la cues- tión que él mismo planteó al transformar el terreno episte- mológico en el que se planteaba la cuestión social en la eco- nomía política clásica y en el discurso socialista. Pero ahora, a comienzos del siglo XXI, la pregunta de Marx ha quedado enriquecida y no simplemente sumada a nuevas cosas. A la

vez, la misma pregunta, desarrollada y profundizada, la pro- ducción compleja de riqueza y miseria, sigue siendo la que ocupa la reflexión de la crítica de la economía política.

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