• No results found

Simple and Complex Decisions and Routine Data

No negaré tampoco una cosa que se deduce de lo dicho; y es que los menos instruidos declaman, al parecer, con más vehemencia. Dimana este error de pensar algunos que lo que se hace sin reglas del arte tiene más fuerza; así como son menester (dicen ellos) mayores para descerrajar una puerta que para abrirla; para romper el nudo que para desatarle; para llevar a uno arrastrando que para guiarle. Los tales tienen por más valeroso al gladiador que entra a pelear sin saber manejar las armas y al luchador que emplea todo el cuerpo en vencer al contrario; siendo así que a éste sus mismas fuerzas le postran en tierra, y todo el ímpetu del otro queda burlado por su competidor, con sólo hurtar el cuerpo 86 .

La aparente razón, que a los necios engaña en esta parte, se funda en que la división del asunto, que es de tanto momento en los discursos, disminuye a primera vista las fuerzas; y en que una cosa tosca abulta más que después de pulida y acepillada; y lo que está esparcido, más que lo que está ordenado. Hay además de esto ciertos vicios que se equivocan con las virtudes: al maldiciente se le gradúa de libre; al temerario de esforzado; al charlatán de afluente. Y ninguno habla mal de todos más abiertamente, ni más veces, que el necio, aunque sea con daño de la parte que defiende, y a veces con riesgo suyo. Semejantes cosas granjean opinión, porque los hombres oyen con gusto aquello mismo que ellos no hubieran querido decir.

A esto se junta que el necio es más atrevido en la elocución, punto muy delicado en la elocuencia; no desecha ninguna expresión, antes se atreve a todo. De donde nace que como siempre aspira a lo extravagante y raro suele decir alguna cosa grande. Pero esto, que rara veces sucede, no recompensa los demás vicios.

86

La comparación de que se vale para hacer ver que la oratoria más consiste en cierta maña y arte para vencer la dureza del corazón humano que en esfuerzos inútiles, no puede ser más natural y sensible. En uno y otro juego vemos que vence la astucia y habilidad más que el brazo, pues con un simple ladear el cuerpo quedan burlados los ímpetus y esfuerzos del contrario; los cuales, cuanto mayores son, más cansan al que los hace si dan el golpe en vago. ¡Cuántos cuando hablan en público se agitan, vocean, sudan, palmotean y se fatigan, y al cabo de la jornada el auditorio se sale tan frío como entró, riéndose a costa del orador!

Ésta es la causa por que los necios, que no tienen reparo en decir cualquier cosa, son tenidos por más afluentes, mientras que los sabios son más recatados en lo que dicen.

Además de esto, huyen cuanto pueden de probar su asunto; y así evitan el meterse en argumentos y cuestiones, que entre los jueces estragados son tenidas por frialdades, y sólo atienden a lisonjear torpemente los oídos del auditorio.

Las sentencias, que son muy de su aprobación, brillan en ellos mucho más que en otros; porque lo demás de la oración, donde están engastadas, es cosa humilde y baja, a la manera (dice Cicerón) que una antorcha resplandece mucho más en las tinieblas que en la sombra . Por tanto, téngaseles enhorabuena por ingeniosos, si así agrada, a tal empero que entendamos que semejante oratoria es vituperable e ignominiosa.

No obstante, hemos de confesar que el arte roba y cercena algo, como lo hace la lima con lo que pule, la piedra de amolar con los instrumentos embotados y sin filo, y como el tiempo con el vino; es cierto, pero quita los vicios, y todo aquello que se limó con las letras, es de tanto menos bulto cuanto está más acendrado.

En lo que más pretenden los tales fama de oradores es en la pronunciación. Porque ellos en todas las partes de sus discursos hablan levantando mucho la voz, alzando las manos, moviéndose de una parte a otra, muy sofocados, con mucha agitación, y con unos ademanes y movimientos que ni un loco 87 . Pues el palmotear, el dar patadas, el golpear los muslos, el pecho y la frente, va a decir no

87

Por este lugar de Quintiliano se prueba que el vulgo antiguo adoleció del mismo mal que el nuestro en graduar los oradores. Parece que no podía pintar más al vivo lo que pasa en nuestro tiempo en la mayor parte de los que asisten a los sermones de ciertos predicadores, cuya única habilidad consiste en ciertos arrebatos, palmoteos y voces desaforadas, que en medio de que aterran y meten en un puño al auditorio, no tienen otro objeto que deslumbrar a los ignorantes y ocultar aquella insuficiencia que en medio de tantos rebozos no deja de descubrir la vista delgada de los instruidos. Pero sin embargo de lo mucho que se ha escrito para desengañar al vulgo de que la palabra de Dios no se introduce en el corazón por medios tan violentos, aquél permanece en su error.

poco para ganar reputación de un auditorio de plaza 88 , cuando vemos que el buen orador, así como a veces baja el estilo y le da diversa disposición y figura, así en la pronunciación acomoda el ademán a la sentencia de las palabras; y sobre todo, siempre quiere parecer y ser modesto, que es lo más digno de observación en la oratoria.

Pero los menos instruidos tienen por espíritu y valentía lo que más propiamente debe llamarse violencia: habiendo no solamente muchos declamadores, sino aun maestros (cosa por cierto vergonzosa) que por tener algún ejercicio en el decir, sin seguir regla alguna, hablan movidos del ímpetu que neciamente los agita; graduando de inútiles, insulsos, aturdidos y cobardes en el decir (según les vienen a la imaginación los nombres más vergonzosos) a los que dieron más honor a las letras. Demos el parabién a aquéllos que sin razón alguna pasan plaza de elocuentes, sin haber trabajado ni estudiado. Y supuesto que hace ya tiempo que dejé el cargo de la enseñanza, y no me veo en la precisión de ejercer la honrosa carrera del foro, divertiré esta mi ociosidad escribiendo y discurriendo lo que me parece ha de aprovechar a los jóvenes de buena intención; lo que a mí me sirve de deleite y entretenimiento.

88

Alude, como dice Turnebo, al vestido negro de que usaba la plebe romana, según Tranquilo en la Vida de Augusto ; y según esta opinión traduciremos el pullatum... circulum del original populacho, auditorio de plaza .

Related documents