5. Modelling Rice Production in East Laguna Village using a Hierarchical Linear Model
5.2. Simulating Bias Due to Non-normal Error and Random terms in a Hierarchical Linear
Nieves Soria Dafunchio: Buenas tardes, tengo el gusto de pre- sentarles a Marcela Mas. Ella es psicoanalista, colaboradora docente del ICBA, es docente en la cátedra de Psicopatología de la Facultad de Psicología de la UBA e integrante del equipo de trastornos graves del Hospital Álvarez. Vamos a escuchar su caso.
Marcela Mas: Gabriela consulta a comienzos del 2008 a los cua- renta y nueve años por sugerencia de la gastroenteróloga. Meses antes de la consulta le diagnostican colon irritable. Gabriela ubica como el “detonante” de su enfermedad una cena con su marido y los amigos de éste, en la que “se hizo encima”. A partir de allí, comenzó a tener depo- siciones “sin previo aviso” y a rechazar invitaciones a cenar por temor a que le ocurriese lo mismo. También padece de psoriasis, enfermedad ésta que se ocasiona luego del 11 de septiembre del 2001.En aquel mo- mento Gabriela no sabía si su esposo había muerto en el atentado. Una semana después pudo contactarse con él y días más tarde le aparecieron las primeras lesiones en los codos.
Aclara que éste es su segundo matrimonio. Gabriela se casó por pri- mera vez a los veintitrés años para irse de su casa paterna, desoyendo las opiniones desalentadoras de sus padres y amigos. Con su actual esposo, con quien tiene dos hijos adolescentes se casó a los treinta años. Luego de esto comenta que sus padres están separados desde hace doce años. Menciona que la relación con su madre ha sido siempre muy mala ya que siempre la ha criticado fuertemente al igual que su esposo, quien le gritaba o la ridiculizaba delante de sus amigos en las cenas. Recuerda
se desliza hacia el padre como si fueran uno mismo. Al señalarle esto, Gabriela dice: “hay algo que me da mucha vergüenza y no sé por qué me pasa, pero cuando estoy con mi marido teniendo relaciones sexuales se me aparece la cara de mi papá. No sé si tiene algo que ver, pero yo le digo “papito.” Pero yo no tengo ninguna fantasía con mi viejo eh!”. Señalo con énfasis: “¡Papito!”, y pongo fin a la sesión.
Una nueva discusión con su esposo debido a su reticencia a mantener relaciones sexuales pone en cuestión su falta de deseo. Frente a las “ganas” del esposo, ella intenta afearse para que no la mire, y agrega: “¡tampoco lo logré así!”Intervengo señalando: “¡Menos mal!”, y la despido.
En una oportunidad en la que se quejaba de su falta de deseo, Ga- briela profiere una frase que pone al descubierto un punto de identifica- ción con su madre. Según dice, esto le ocurre “desde que soy mamá”. Al igual que su madre, se dedicó exclusivamente a la crianza de sus hijos sin tomar en consideración al marido, pero con una diferencia. A sus doce años la madre la ponía al corriente de sus problemas de alcoba. En aquel entonces le hablaba de su frialdad sexual en contraposición con lo fogoso de su padre. Recuerda que al volver su padre verificaba si era cierto que sólo había manejado desde su trabajo a la casa. Este cálculo se hacía tocando el capot del auto, si éste estaba muy caliente, pues no venía del trabajo.
Posteriormente, un recuerdo pone a trabajar la frialdad que atribu- ye tanto al marido como al padre. A los quince o dieciséis años desfilaba delante de su padre para que la mirase de la misma manera en que miraba a otras mujeres por la calle, sin conseguirlo. De aquella época recuerda que no comprendía muy bien las razones por las que su padre era agradable con los demás y en la casa se tornaba “una tumba”. Re- conoce que se esfuerza en ser agradable con los demás por temor a que no la acepten, pero sus dichos muestran que ese esfuerzo se encuentra al servicio de mantener a distancia una fantasía que aparece cuando se suscita algún conflicto: que se mueran su padre y su marido.
En una sesión en la que dice que es “dura” o “blanda” con sus afectos, afirma que es mejor no decir lo que piensa “por si cae mal”. Al concluir esa sesión critica despiadadamente un desafortunado corte de cabello que en su casa paterna las cenas eran la ocasión de duras peleas entre
sus padres. Ante esta situación, Gabriela dejaba de comer para ir a encerrarse en el baño. Lo que ocasionaba las peleas eran las acusaciones de infidelidad que la madre le hacía al padre. Tanto su padre como el primer esposo compartían el mismo rasgo, la infidelidad.
Quisiera mencionar un detalle que se repitió durante los dos pri- meros meses de entrevistas. Cada vez que Gabriela hablaba de cómo su marido la “cagaba a gritos”, al irse pedía pasar al baño. En una ocasión, Gabriela se refiere a los dolores que su hija tenía en el abdomen y que atribuía a los nervios. Intervine señalando: “pescás rápidamente eso”. Un primer efecto de esta intervención se evidenció en un gesto de alivio en su rostro. Un posible segundo efecto podría ser ubicado en el modo de concluir las entrevistas. Estas ya no volvieron a finalizar haciendo una pasada por el baño.
Una discusión con su madre culmina en una descompostura. A raíz de negarse a gestionarle un trámite, su madre le dice: “ojalá no hubieses nacido. Tendría que haberme desecho de vos.” Estos dichos de la madre fueron sancionados por Gabriela con una prohibición a que le hable de esa manera. Recuerda que cuando su madre se enojaba le decía “te voy a meter la cabeza en el inodoro” e insistía en que se tendría que haber desecho de ella. Intervine preguntando: “¿por qué la descompostura?” La respuesta de Gabriela fue la siguiente: "cuando me pongo nerviosa recurro a eso". Señalé: “con hablar es suficiente” y puse fin a la sesión.
Las quejas respecto de su esposo estaban centradas en lo que éste no le dejó hacer, como por ejemplo, trabajar. Se acusaba de ser una “cagona” puesto que requería de su opinión para decidir. En ese punto expresó: “No quiero que mi marido me haga tanto de papá. Me protege como si fuera una nenita, que me suelte un poco. No me cuenta”. Al interrogar sobre esa frase, “no me cuenta”, comenta que el marido siempre que sale con ella, no lo hace solo. Las salidas son siempre con los matrimonios amigos de él. Si bien esto nunca fue de su total agrado, comenzó a evitar hacerlo puesto que las conversaciones terminaban ridiculizando a su padre por su nueva pareja treinta y cinco años menor que él.
ubica que es su padre el que siempre disfrutó de la clandestinidad. Al decir esto, se angustia.
Se formula una interesante pregunta en relación a su madre: “¿cómo es que se llegaron a mezclar las cosas para mí?” Dicha pregunta permite actualmente poner en cuestión su idea de que por ser su hija debe ser igual, idea que a veces desliza hacia su propia hija.