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Simulation Example for Eigenvector of the Covariance Matrix V

7.3 The Behaviour of the Covariance Matrix of the IM T Statistic

7.3.1 Simulation Example for Eigenvector of the Covariance Matrix V

El psicoanálisis ha sufrido a lo largo de su historia múltiples modi- ficaciones, variaciones y por supuesto desviaciones; entonces cuando hoy en día se habla de psicoanálisis la referencia no es siempre precisa, ni mucho menos unívoca. Es decir que cuando se habla de psicoanálisis se habla de muchas cosas. Lacan se esmeró por delimitar un campo, por señalar los límites gracias a los cuales se pudiera señalar qué era propiamente psicoanálisis y qué no lo era. Ese esfuerzo fue muy fruc- tífero, y sin embargo no fue ni contundente ni definitivo. Hoy siguen existiendo los mismos problemas de delimitación y definición y es por ello que si hemos optado por la afirmativa en cuanto al ingreso del psicoanálisis a la universidad nos queda pendiente la igualmente perti- nente pregunta: ¿cuál psicoanálisis?

Es la misma pregunta que orienta todo un seminario de la psicoa- nalista Colette Soler (1994); para ella la pregunta responde a una in- quietud que sobre todo pretende considerar la situación del psicoa- nálisis en la institución psicoanalítica. Nosotros procuraremos llevar el interrogante también hacia los límites que nos interesan, los de la universidad. Consideramos pues que en realidad el psicoanálisis, más allá de los esfuerzos de muchos, es una pluralidad. ¿Por qué una plu- ralidad? Porque si bien tiene una corta historia, a lo largo de su tras- curso, como hemos venido señalando a lo largo del presente trabajo, ha habido conflictos que han llevado a rupturas, a divergencias y a des- viaciones, que a su vez han ido dejando una multiplicidad de elabora-

ciones, de conceptos e incluso teoría enteras a las que no se les puede en ningún caso negar que han enriquecido al psicoanálisis. Y es que el hecho mismo de que haya habido diferencias ha permitido el progreso del saber, pues, insistimos, la existencia de la diferencia es el requisito fundamental para que el conocimiento progrese.

A partir de esa concepción es que puede señalarse que una ense- ñanza con un enfoque único, cerrada sobre sí misma, es indeseable. La apertura a conocer los diversos autores con sus ideas, favorecer el diálogo entre las diversas teorías y respectivas conceptualizaciones, su problematización, será pues el requisito ineludible de dicha enseñan- za. Es verdad que habrá que partir por los orígenes: Freud; pero en todo caso no olvidar que no es el único, que después de Freud hay muchos más, incluso aquellos que estuvieron a su lado contribuyendo a esa gesta. “El psicoanálisis no es incomunicable, puede ser objeto de intercambios discursivos no sólo en el nivel clínico sino también en los niveles metodológicos y teóricos” (Laplanche, J., citado por Mitjavila, M. 1992, p. 114), a partir incluso de las más diversas perspectivas.

Ese reconocimiento de la diferencia es ineludible; pero es igual- mente necesario reconocer qué es lo que a pesar de la diferencia hace posible una cierta unidad. Pues es innegable que si bien cuando se habla de psicoanálisis se habla de muchas cosas, cuando se habla de esas cosas uno puede tener la sensación, errónea o no, de estar ha- blando de psicoanálisis. Y es que efectivamente, más allá de los errores que al respecto siempre se pueden presentar, es cierto que a veces la palabra psicoanálisis se asocia a cosas que no tienen nada que ver con él, así como también hay los elementos que posibilitan su comunión. Fundamentalmente creo que lo que posibilita una cierta unidad inicial es la noción de inconsciente elaborada por Freud, pues es el concepto fundamental del psicoanálisis. Aunque es al mismo tiempo, quizá, el concepto al que más difícil es ceñirse, sobre todo porque con el tiem- po se ha ido presentando como uno de esos conceptos vaciados de sentido, sin llegárselo a comprender bien, y sin tomárselo en consi- deración en sus dimensiones realmente freudianas. Fue el hecho de haber despojado a la conciencia de su centro rector de la vida anímica, postulando en su lugar al inconsciente, la gran gesta de Freud, con la que se infligió a la humanidad su tercera herida narcisista, la psicoló- gica (junto a la biológica y la cosmológica); de ahí proviene toda su

fuerza, su novedad, su genio, su impacto. No olvidar este hecho es el fundamento esencial del psicoanálisis que debe ser trasmitido, pues le dará su unidad y le permitirá conservar toda su originalidad.

Una vez establecido su fundamento, se pueden delimitar unos cier- tos derroteros de lo que sería el psicoanálisis en la universidad, y para ello vamos a seguir la propuesta de Mercè Mitjavila, en su texto ¿Qué puede enseñarse de psicoanálisis en la universidad? En este texto la au- En este texto la au- tora llega a diferenciar hasta 5 aspectos a través de los cuales se puede articular la respuesta a la pregunta que nos convoca, veamos:

1. El aspecto teórico. Señala el autor que se puede enseñar historia, teoría psicoanalítica, conceptos técnicos y clínicos, esforzándose siempre en demostrar lo que tiene de racional y de operativo el psicoanálisis. Y es que en relación con la teoría todo resulta tras- misible, tanto así que si llegara a considerarse que algo ha sido su- perado tendría que ser incluido como historia. E insiste en que lo que se debe transmitir es una actitud de autocrítica hacia el propio modelo y la capacidad de revisarlo. “Considerarlo como algo supe- rior o mejor que otros modelos es caer en una especie de misticis- mo y en ello caemos también cuando convertimos la experiencia analítica en algo intransmisible o casi intransmisible” (Mitjavila, M. 1992, p., 114). Es verdad que mucho se ha insistido en la necesidad de la experiencia terapéutica personal, como medio de al final inte- grar todo el conocimiento psicoanalítico a fondo, pero tiene razón Joaquim Posch cuando señala que como las grandes experiencias humanas tales como el amor, la paternidad, etc., por el hecho de ser experienciales no se hacen incomunicables; como tampoco es cierto que comunicarlas sea suficiente, pero al menos permiten un conocimiento a partir del cual se pueden comenzar a comprender ciertos fenómenos de la clínica.

2. Aunque es también una cuestión que se puede abordar concep- tualmente, transmitir la actitud distintiva del psicoanálisis frente al conflicto humano, la cual implica todo un cuestionamiento del sig- nificado y las variables inconscientes, es de un orden que podemos decir resulta de la mezcla entre la teoría y la experiencia personal de quien transmite dicha actitud. Y con experiencia personal aquí no nos referimos al análisis personal, sino más bien, con aquella experiencia que lleva a un sujeto determinado a interesarse por el

psicoanálisis, experiencia que tiene una marca singular, pues ge- nera una actitud, como dijimos frente al conflicto humano, que a partir de entonces ya no se puede abandonar.

3. El abordaje de la dimensión terapéutica es ineludible. Dicha di- mensión tiene una triple manifestación que requiere ser puesta en escena: subjetiva, relacional e inconsciente, sin olvidar que la implicación no es sólo del paciente, sino también del terapeuta. La forma en que el abordaje se haga caerá en las manos de quienes tiene a cargo la transmisión, y depende también de su propia expe- riencia tal como la formulamos hace un momento.

4. Deben ser tenidas en cuenta también las aportaciones psicoanalíti- cas a las disciplinas clínicas. En este sentido nos parece pertinente por ejemplo que se puedan transmitir las reflexiones acerca de las estructuras psicopatológicas, pues no desconocemos que cada vez más se impone la tendencia a establecer diagnósticos meramen- te descriptivos, obviando la perspectiva estructural psicoanalítica, de la que parten rigurosos y numerosos estudios que bien podrían abrir otra perspectiva diversa a la que impera hoy y que conduce inexorablemente a la medicalización del ámbito mental.

5. Por último, y en complemento con los demás ítems, se debe trans- mitir la dimensión técnica y la aportación psicoanalítica a la prác- tica asistencial. Pues en continuidad con la perspectiva estructural se han desarrollado numerosas indicaciones, todas basadas en la experiencia clínica y sus respectivas reflexiones teóricas, en cuan- to a los tratamientos se refiere. El tema de la técnica puede ser complicado al tratarse fuera del marco terapéutico, porque se con- vierte en algo artificial. A pesar de ello hay conocimientos básicos como la importancia del encuadre, la utilización de la asociación libre, la interpretación como herramienta fundamental de trabajo, o la explicación de los fenómenos que aparecen en la relación en- tre terapeuta y paciente, pueden ser transmitidos para comenzar a entender en qué consiste la terapia psicoanalítica.

Nos parece precisa la formulación que la autora nos ofrece como síntesis de sus reflexiones, así que nos suscribimos a ella:

No quiero parecer detractora de las asignaturas bási- cas y metodológicas, al contrario, me parecen fundamen-

tales. Tampoco defiendo una facultad con predominio psi- coanalítico, abogo por una universidad que, mereciendo este nombre, de cabida a la máxima diversidad de modelos y disciplinas, abogo para que el psicoanálisis, además de otras operaciones ni siquiera contempladas en los actua- les planes de estudio, tenga su espacio en la universidad. (Ibid., p. 115)

Ahora bien, como ya señalamos dicha enseñanza no puede en nin- gún momento cerrarse dogmáticamente sobre sí misma; la precaución recaerá siempre en que se pueda fomentar una actitud crítica, reflexi- va, abierta al diálogo. Esta labor corre sobre todo a cargo de los profe- sores; si son ellos los que ocupan el lugar privilegiado desde donde se orientan las rutas a seguir, serán ellos los encargados de estimular a los alumnos a seguir indagando, de despertar en ellos el deseo de saber más acerca del psicoanálisis. No deberán transmitir un saber cerrado sobre sus premisas, una verdad conformada dogmáticamente como catecismo. No se erigirán como modelos a copiar, como estereotipos de una práctica establecida de una vez para siempre. Como escribe con maestría y certeza Néstor Braunstein:

no se trata de salpicar con temas diversos a un lector -alumno- desprevenido, sino darle la oportunidad de cor- tar y armar, de organizar el psicoanálisis a su modo, con fragmentos, con aforismos, con retazos de experiencias clínicas, de alusiones y de citas. (Braunstein, N. 2001, p. 9)

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