• No results found

Los componentes etiopatogénicos del ASM reconocen un origen multifac- torial que trasciende la específica relación criminológica entre la víctima y el victimario.

Como factores exógenos, medioambientales o mesológicos criminales, se mencionan los sociales, económicos y culturales, que influyen de manera de- cisiva y están representados por la marginación, la exclusión social, la pobreza y la falta de oportunidades. También el analfabetismo, las costumbres promis- cuas y la acción del medio familiar, que, en forma especial, juega un rol deter- minante en este tipo de conducta criminal. La destrucción de la familia por al- coholismo, toxicomanía u otras causas, produce, en el abandono de la infancia, un caldo de cultivo facilitador. El desconocimiento de los valores de la sexua- lidad normal, unido a la ausencia de educación escolar temprana e integral, contribuye notoriamente al crecimiento del fenómeno.

La desaparición y mutación cultural de la infancia, como resultado de vi- vencias y experiencias que antaño estaban identificadas con la ingenuidad, la candidez y la inocencia, en tiempos actuales en que los chicos y las chicas se visualizan como adultos en miniatura, cuando además los juegos infantiles tra- dicionales son reemplazados por el acceso a las nuevas tecnologías de comu- nicación social, son factores predisponentes de relevancia. El sexting es un

claro ejemplo de esta nueva cultura. Hogaño, se advierte claramente la disocia- ción existente entre la edad biológica y el grado de madurez intelectual y sexual de púberes y adolescentes.

En cuanto a los factores endógenos que aporta el estudio de la biología y la psicología criminal no están bien determinados, salvo el caso específico de la pedofilia de carácter general, en auge mundial constante. Especialmente la que se practica por medio de Internet que muestra un crecimiento masivo. En cam- bio la pedofilia primaria, de carácter parafílico exclusivo, tal como ha sido ex- puesta en el capítulo II de esta obra, en la modesta casuística de la Quinta Cir- cunscripción Judicial de la provincia de Córdoba, es un agente que interviene con frecuencia menor a lo esperado (19). Las psicopatías congénitas o adquiri-

das, las deficiencias intelectuales y los desórdenes psiquiátricos mayores son factores intervinientes de excepción, de acuerdo a la experiencia recogida. CLASIFICACIÓN DE ACUERDO A SU PARTICULARIDAD

En el análisis del ASM no resulta fácil proponer un esquema de clasificato- rio. Considero el intento clasificatorio de importancia, aunque no resulte a- barcativo de todas las formas de presentación del fenómeno, al sólo efecto de facilitar su estudio y exponer su temática en forma didáctica y ordenada para su mejor comprensión.

El primer criterio de agrupamiento, desde el punto de vista de su particula- ridad o naturaleza, es la posibilidad que el ASM se produzca con imposición de violencia física o no. Al respecto es necesario aclarar que la inmensa mayoría de los abusos de menores se realizan sin uso de fuerza física o empleo de bru- talidad. Esta primera gran diferenciación permite a su vez distinguir a los ofen- sores sexuales en: A) violentos y B) no violentos.

Con violencia física

Para el caso de ASM perpetrado con uso de violencia física se trata de rein- cidencias criminales o de prácticas sádicas brutales, violaciones con producción de lesiones físicas severas, (desgarros genitales o anales, hemorragias, con- tusiones), que llegan incluso a provocar la muerte de la víctima. MASTER y

JOHNSON han establecido, para los mayores, las siguientes categorías de violen-

cia sexual en el adulto: A) Violación por coerción, generalmente por uso de amenazas, (armas blancas o de fuego), y fuerza física; B) Violación por ira- cundia, llevada a cabo como un ataque colérico de furia o de furor, cuyo mó- vil es habitualmente un acto pasional impuro de venganza o revancha; y C) Vio- lación por sadismo, cuando el placer sexual del agresor se alcanza al producir sufrimiento y dolor en la víctima.

Sólo esta última variante sádica, (afortunadamente infrecuente), se relacio- na con el abuso de menores, ya que la indefensión de las víctimas no requiere del uso de la fuerza, de manera que se entiende su ejecución como un acto de

violencia por placer y perversidad, cuando es llevado a cabo por ofensores violentos, depredadores y psicópatas sexuales u homicidas perversos. Un caso paradigmático fue la violación seguida de muerte de la niña de 7 años, Megan Kanka, en los EE. UU., provocada por el ex convicto y reincidente, Jesse Ti- mmendequas(9). Crimen que culminó con la sanción de la llamada Ley Megan,

en homenaje a la víctima, que impuso la obligatoriedad de llevar registro de los ofensores sexuales violentos. Precedente que ha sido emulado por el sistema judicial de otros países, pero que en la Argentina de hoy es un debate irresuelto. Sin violencia física

Ésta es la forma habitual en que el ASM se consuma, y el carácter que lo diferencia sustancialmente de la agresión sexual que sufren las personas mayo- res. La violencia empleada por el ofensor sexual de menores es psicológica y moral, sea actuando por seducción, persuasión, amenazas o intimidación, o por todas estas siguiendo una metodología secuencial.

A su vez, esta variante se bifurca en dos diferenciaciones: A) El ASM que no requiere de contacto corporal, pudiendo ser éste virtual, (Child Grooming, Pedofilia por Internet) o real, (masturbación en presencia del menor, mostra- ción de pornografía, exhibicionismo).

Adviértase que, desde el punto de vista médico legal, estas acciones se interpretan como integrantes del ASM, aunque no requieran de contacto cor- poral; y B) El ASM que impone el contacto corporal con la víctima, sea direc- tamente, (por medio de besos, caricias, frotamientos, contacto genital, y/o penetración) o indirectamente, (por uso de objetos, instrumentos, o tocamien- tos de la víctima en su propio cuerpo).

Related documents