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Resulta ser de capital importancia el conocimiento de las fases o etapas por las que atraviesa la dinámica de este delito, cuando se comete en el medio intrafamiliar y la víctima conoce al victimario, lo que ocurre en nuestro medio con una frecuencia de alrededor del 80 % de los casos. La metodología que utiliza el abusador, conocido por la víctima, le imprime al delito una dinámica peculiar que va a incidir puntualmente en la revelación de los hechos y en la denuncia consecuente. Se reconocen en esta dinámica criminal las siguientes fases, a saber:

1. Fase de seducción: Seleccionada la víctima, el victimario comienza una etapa de acercamiento, tratando de ganar su confianza. Dádivas, obsequios, afecto, tratamiento cordial y cariñoso, hacen que la víctima ponga su atención en él y le deposite su plena confianza.

2. Fase de desinhibición: Al crédito que la familiaridad del menor brinda sigue, en forma progresiva y secuencial, un proceso o accionar destinado a desinhibir sexualmente a la víctima. Es necesario que el victimario rompa los tabúes y temores sexuales que inhiben al niño o a la niña. Si la víctima se en- cuentra en etapa prepuberal o cursando la pubertad, la acción se ve favore- cida por la natural avidez de conocimiento y curiosidad que a esa edad tienen los párvulos en materia de sexualidad. La mostración de pornografía infantil en dibujos, fotografías o videos; las charlas, conversaciones o relatos de con- tenido erótico; el exhibicionismo y la masturbación en presencia del menor; la observación de las víctimas desnudas; el acto de compartir el lecho, son acciones estratégicas utilizadas y planificadas en esta fase. Por ello en el abu- so crónico y continuado de un menor, que se extiende por meses y aún por años, no existen, resistencia de la víctima, ni lesiones físicas, ni signos de violencia corporal, salvo en casos de sadismo, violación o brutalidad, que en la práctica son los menos frecuentes y hasta se podría afirmar en nuestro medio, excepcionales.

3. Fase de interacción y contacto sexual abusivo: Desinhibida la vícti- ma comienza el abuso sexual propiamente dicho: tocamientos recíprocos, be- sos y caricias genitales, aproximamiento genital, coito interfémora, interglúteo, hasta consumar penetración, etcétera.

4. Fase de secreto: Es en esta fase en que se acentúa la relación de poder y dominio que impone el victimario. Para que el delito de abuso se perpetúe y se prolongue en el tiempo es necesario que el abusador asegure el silencio de la víctima y logre su complicidad. Para cumplir con esta premisa utiliza las si- guientes estrategias:

a) La agresividad, por medio de amenazas y coacción. Éstas son las vio- lencias ejercidas con mayor frecuencia, y están dirigidas hacia la víctima que teme por su propia integridad física o por la seguridad de su entorno, (madre o hermanos). Estas violencias, destinadas a lograr el control de la voluntad de la víctima, se vivencian con intenso temor, y también con la aparición de senti- mientos de sobreprotección o culpa grave, cuando la violencia se proyecta sobre los demás. Un claro ejemplo de intimidación, amenazas y coacción para preservar el secreto es el siguiente:

V.G.A. de 13 años, residente en la zona rural del departamento San Justo, convive con su madre y su pareja, una hermana bilateral y cua- tro medio hermanos. A partir del testimonio de una tía, vertido en la es- cuela, se toma conocimiento de los hechos presuntos y se efectúa la de- nuncia. Una pericia médico-forense revela desfloración de vieja data. El examen psicológico forense de la niña pone de manifiesto: a) baja auto- estima, b) imagen negativa de la maternidad, c) agresividad reprimida, d) inadecuación sexual, e) aislamiento y evasión, f) percepción de un hogar agresivo, y g) intensa inseguridad y sumisión. Tanto la niña como su madre se niegan a declarar y a precisar el origen del abuso y su autoría, guardando el más absoluto secreto. Su hermana T.A., un año menor, entra en crisis de pánico cuando se la interroga sobre la denun- cia efectuada. Cae bajo sospecha el padrastro que es una persona vio- lenta, alcohólica, golpeadora y autoritaria. No obstante, la denuncia queda sin formalizar y la causa permanece abierta. Un año después, cansada del maltrato que el concubino le propina, la madre de VGA le infiere la muerte mientras se encontraba dormido, golpeándolo con un hacha en la cabeza (19).

b) La atención privilegiada: el trato especial de la víctima dentro del en- torno intrafamiliar es otra de las argucias utilizadas en esta fase por el abusa- dor. Una manipulación psicológica que consiste en hacerle creer que la revela- ción del “afecto” despertado en su victimario pondrá punto final a la relación de “amistad cariñosa” entablada. También es la acción de transferir la responsabi- lidad del acto disvalioso para ser compartido, al conseguir que la víctima, que percibe los hechos como algo “feo” o “sucio”, se sienta igualmente culpable y comparta con su victimario la necesidad o la conveniencia de ocultarlos. Se

puede, además, manipular a la víctima convenciéndola que la relación iniciada es del agrado de los padres, y que dar a conocer los hechos es poner a prueba la amistad que el victimario mantiene con ellos o bien cancelar la ayuda que éste brinda a la familia. Otro tipo de manipulación psicológica grave es crear en la víctima un sentimiento de culpa, por presunta tristeza o posible fastidio de los padres, si tuvieran certeza de la relación que ésta mantiene con su abusador. El siguiente testimonio de un abusador de menores confeso, sirve de claro ejem- plo:

“Siempre he tratado de convencer a mis víctimas menores de edad que la relación que llevábamos era del agrado de sus padres, de tal manera de crear en ellas una responsabilidad recíproca, compartida y dual, sobre la vigencia y la fuerza del vínculo que nos unía. Este sentimiento creaba en ellas la culpa de la ruptura si decidían revelar nuestro secreto. A la vez que no me cansaba de decirles lo triste que se pondrían sus padres si nues- tra relación terminaba de esa manera […]” (19).

c) El control exagerado: Es la vigilancia permanente, casi en forma de acoso, sobre la vida íntima y de relación de la víctima. Trasciende como un secuestro virtual, porque sustrae a la víctima de toda posibilidad de actuar libre- mente en su vida de relación. Todas sus actividades son severa y estrictamente controladas, (las amistades, las salidas, los juegos, el esparcimiento y la esco- laridad). Esta práctica de vigilancia opresiva es llevada a cabo por el victimario celosamente, en forma violenta y amenazante.

Las estrategias empleadas en esta fase dependen de la condición socio- cultural del abusador, mientras más culto e inteligente sea el victimario mayor posibilidad de manipulación psicológica, en tanto más atávico e inculto sea el desarrollo de su personalidad mayor será la carga de violencia usada. También dependerá del grado de fuerza que los ofensores sexuales empleen. Esta fase de secreto puede perdurar toda la vida de la víctima o bien puede continuarse con las fases siguientes.

5. Fase de revelación: El abuso sexual de menores puede ser revelado precoz o tardíamente. Se considera precoz cuando la revelación de los he- chos acontece mientras el menor está siendo abusado o cuando todavía no ha alcanzado la mayoría de edad a pesar de haber cesado la relación abusiva. La revelación tardía es la que acontece mucho tiempo después que la relación de abuso ha cesado, y por lo general cuando el abusado ha alcanzado la edad adulta.

“DYT, de 27 años, a raíz de una serie de deasaveniencias con su pare- ja y la disputa por la tenencia de los hijos, en el Juzgado de Menores de los Tribunales de San Francisco, revela que a los 14 años de edad fue accedida carnalmente por su padre biológico. Los accesos carnales se reiteraron en el tiempo, hasta quedar embarazada y dar a luz una niña fruto de la relación incestuosa. Al revelar la verdad recibe una furibun-

da paliza de su padre y la incredulidad e indiferencia de su madre y su hermano; prohibiéndosele, bajo amenazas, que realice cualquier tipo de denuncia. Tiempo después abandona su hogar y forma una familia con su actual pareja que reconoce a la niña y con la que tiene tres hijos más. En sede judicial, al relatar lo sucedido, expresa: “me siento liberada de un gran peso, que durante tanto tiempo me ha estado angustiando”. En conocimiento de los hechos la Fiscalía inicia la acción penal, pero debe archivar las actuaciones por prescripción debido al tiempo trans- currido” (19).

La revelación puede ser parcial o total. Un hecho quizás intranscendente puede ponerla en evidencia. Es en el ámbito escolar donde habitualmente el ASM se pone de manifiesto. En la revelación parcial los antecedentes o sospe- chas de abuso sexual pueden integrar otro contexto. En este caso el menor alude a los hechos mostrando indiferencia o situándolos en el contexto como un hecho accidental o circunstancial.

6. Fase de represión: revelado el hecho de abuso, identificado el abusador como perteneciente al ámbito intrafamiliar o familiar ampliado y aún mediando la denuncia, comienzan las presiones sobre la víctima y/o los denunciantes, se- gún el caso. Se intenta reprimir el impacto causado, asumirlo y evitar las conse- cuencias sobre el resto del núcleo familiar, especialmente cuando existen razo- nes económicas de por medio, lo que sucede a menudo toda vez que el acusado es el sostén del grupo familiar. La familia trata de sobreponerse a la tragedia, mientras no exista disgregación por violencia familiar, alcoholismo o toxicoma- nía, entre sus miembros. La madre de la víctima trata de minimizar el proble- ma, poniendo en duda la veracidad de la denuncia, como ocurrió en el siguiente caso:

“Hace diez años que estoy juntada con GVM, y nunca vi nada. No sé por qué mi hija puede mentir, en la forma buena que él siempre la ha tratado. Muchas veces mi hija me dijo que él la hablaba que la quiere y la abrazaba. Yo le decía que es por el cariño que siente por ella, que él no quiere aprovecharse, que lo hace cariñosamente. Si bien la llamaba a su cama, cuando yo no estaba, yo le decía que seguramente él quería estar un ratito con ella, porque la quiere mucho, aunque no sea su pa- dre”(19).

Si fracasa el intento represivo familiar y las presiones que la víctima recibe continúan, acontece la última fase llamada de retractación.

7. Fase de retractación: se caracteriza por la rectificación, (modifica- ción parcial de los hechos), o la retractación total de la denuncia realizada. Instancia judicial que habitualmente termina en el sobreseimiento o la absolu- ción del imputado. Este vuelco sustancial que recibe la causa puede suceder tanto en la etapa de instrucción sumarial, como en la etapa de juicio oral y pú- blico y, con menor frecuencia, la hemos podido apreciar ante el tribunal de

juzgamiento penal. Un claro ejemplo de rectificación de denuncia de abuso sexual con sobreseimiento del imputado, es el siguiente caso:

“VC, de 15 años, relata en sede policial que al ingresar a una carnice- ría a pedir comida y quedar a solas con el comerciante comienza a ser manoseada. El carnicero le toca los senos y la besa en la boca. Asustada y llorando cuenta el episodio a su madre que efectúa la denuncia corres- pondiente. Al mes siguiente en sede judicial, en oportunidad de instar la acción penal, la menor declara: “Niego todo lo que dije en la policía. El

carnicero me dio un beso amistoso en la mejilla, fue como un gesto de ca- riño y sólo me tocó el hombro y no las tetas. Lo que dije en la policía fue porque estaba nerviosa y muy asustada”. El Fiscal de Instrucción solicitó

al Juez de Control el sobreseimiento del acusado y las actuaciones fueron archivadas” (19).

Puede inferirse con nitidez la importancia que adquiere en la práctica el análisis pormenorizado de la dinámica criminal del abuso sexual de menores en relación a la credibilidad del testimonio de la víctima menor de edad y a los parámetros en los que se basa su validación.

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