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Desde mediados del siglo pasado, el valle de Tambo recibió a muchos pobladores migrantes sobre todo desde las regiones sureñas del país. Estos migrantes también eran agricultores que aprovecharon las oportunidades de trabajo en el valle. Si bien el proceso de migración ya cuenta con más de dos generaciones –donde se pueden ver agricultores migrantes que son propietarios de terrenos–, actualmente existe un proceso de desplazamiento de trabajadores de las regiones de la sierra sur (especialmente de Puno) al valle durante temporadas altas de trabajo agrícola.

Este desplazamiento de la mano de obra agrícola se da gracias a la existencia de redes sociales familiares, que favorecen la reproducción del sistema económico en el valle. Sin embargo, cabe mencionar que el proceso generacional migratorio ha traído consigo cambios sobre el modo de relación de uso con la tierra, como lo explica un agricultor migrante del valle

Nuestros padres pensaban en la sobrevivencia, tenía camote, le pasaba un poco de camote al vecino, el vecino le pasaba un poco de papas, el otro vecino le pasaba arroz, ahora no, nosotros sembramos pensando en ganar, en crecer, si hoy siembro dos mañana quiero sembrar cinco, entonces ya es

diferente el criterio, el pensamiento que tiene la gente (Jaime De La Cruz, ex Alcalde del municipio de Deán Valdivia, en conversación con el autor, Arequipa, abril de 2016).

Este cambio de modo de relación de uso con la tierra en relación a un criterio de “ganar más”, obedece a una mayor articulación del valle al mercado. Los agricultores del valle ofrecen sus productos al mercado nacional, sobre todo a las regiones del sur (Ver Figura 3.1).

Si bien una agricultura de mercado puede ocasionar daños a sus recursos de producción, lo relevante aquí es que los agricultores eligen los productos a sembrar para evitar una

degradación del suelo. En otras palabras, existe un control social de las Unidades

Agropecuarias (UA) sobre la producción agrícola, permitiendo generar una estabilidad entre la disposición de recursos y el hábitat.

Figura 3.1 Destino de la producción agrícola según el número de UA, en la provincia de Islay

Fuente: IV Censo Nacional Agropecuario, 2012-INEI

Este tipo de control sobre la producción descansa en un ciclo de cultivos transitorios según la disposición de agua, a razón de asegurar una sostenibilidad de los suelos que les permita seguir produciendo sin que la tierra descanse. En ese sentido, se alternan productos que tengan un rendimiento óptimo en el mercado –que son los que más perjudican la capacidad

fértil de los suelos, como por ejemplo el ají y el tomate– con otros que mejoren el mismo a fin de asegurar la producción agrícola durante el año.

El cultivo de arroz, por ejemplo, forma parte de una de las campañas agrícolas anuales de muchos agricultores en el valle para revitalizar el suelo. Como asegura uno de ellos: “el cultivo de arroz permite que los terrenos se mejore, se endulce, si no hay arroz el terreno se ensalitra, se vuelve pobre, se seca”48.Otro agricultor afirmaría lo mismo: “el arroz mejora el terreno, después del ajo voy a poner arroz, de ahí, luego tomate”49.

Aquí los suelos mejoran con la venida de agua, en tiempo de lluvias, por eso los agricultores siembran arroz para mejorar sus terrenos. La tierra no puede descansar, aquí salen hasta tres cosechas al año (Juan Paricahua, Director de la Agencia Agraria del valle de Tambo, en conversación con el autor, Arequipa, abril de 2016).

Conjuntamente con el arroz existen otros cultivos para revitalizar el suelo como sucede con la alfalfa y la cebada, según comenta una joven del valle: “en La Punta estaban sembrando ají, y como que malogra el terreno, entonces siembran cebada, la cebada no da cosecha, solamente es para arreglar el terreno”50.

Cuando sembramos arroz inundamos, y al inundar viene esa agua turbia que trae mineral y esas cosas que son saludables para nuestra tierra, que se mezcla y permite que vengan las otras cosechas mejor, porque si siembro ajo o papa en un terreno que no he sembrado arroz no me da la producción del que siembra arroz, entonces ya eso lo conocemos (Jaime De La Cruz, ex Alcalde del municipio de Deán Valdivia, en conversación con el autor, Arequipa, abril de 2016).

Sin este control social sobre la producción no sería posible una sostenibilidad agrícola en el valle. Los agricultores saben lidiar con las lógicas de mercado, aprovechan la rentabilidad económica que ésta puede ofrecer, pero también no descuidan la capacidad de producción de sus tierras. No terminan degradando sus suelos, por ese motivo siembran casi siempre los mismos cultivos (Ver Figura 3.2).

48Víctor Zevallos, agricultor, en conversación con el autor, Arequipa, abril de 2016.. 49Héctor, agricultor, en conversación con el autor, Arequipa, abril de 2016.

Especialmente en los terrenos que son sembrados por alfalfa se nutren, entonces cuatro o cinco años que dura la alfalfa sacan esa alfalfa y siembran ajo, cebolla, cualquier otro producto que se de en Mejía, entonces sale fortificado, porque si uno va a sembrar cebolla-ajo, cebolla-ajo, no resisten, por qué, por el agua. El agua es mala. Tienen que meterle veneno también, y veneno fuerte (Claudio, miembro del Comité de Regantes de Punta de Bombón, en conversación con el autor, Arequipa, abril de 2016).

Figura 3.2 Razón principal de siembra, según número de las UA, en la provincia de Islay

Fuente: IV Censo Nacional Agropecuario, 2012-INEI

La propia actividad agrícola orientada al mercado produce externalidades ambientales que afectan a los propios pobladores y a la capacidad de producción de los suelos. No tiene sentido hablar de un movimiento en defensa del medio ambiente cuando en la práctica cotidiana se afecta al mismo. Se hace uso consciente y directo de recursos químicos que ayuden a una mayor producción agrícola originando una continua degradación de los suelos, aunque se ejerce un control social sobre la producción que asegure un equilibrio económico- ecológico.

En ese sentido, los tambeños han aprendido a vivir con dichas externalidad ambientales, forman parte de la lograda entre la comunidad y su hábitat, aunque no implique

Ahorita quién contamina más?, mira yo te digo, tu siembras en tu chacra tomate; el tomate es un producto que tiene mucha plaga, qué hace el agricultor entonces: fumiga, fumiga y fumiga. El Temix es un producto que incluso ya está vetado, pero igual te lo venden, su precio es más cómodo y te resulta más económico combatirlo con el Temix […] yo vivo en mi casa, la chacra está alrededor de mi casa, está al centro, cuando fumigas tus hijos están con dolor de cabeza, dolor de estómago, entonces por qué el agricultor no sale, los que dicen que están en contra de la contaminación, los suelos ya no funcionan, ya no producen, cuánto de

contaminación directa tenemos nosotros (Juana Rosa, Alcaldesa del municipio de Mejía, en conversación con el autor, Arequipa, abril de 2016).

Bueno la agricultura yo veo que está deprimida, estancada, por varios factores, uno de ellos que pienso que es el principal, es la calidad de los suelos. Los suelos se han degradado por la explotación intensiva que han tenido, como es irrigación, inicialmente han sido suelos pobres, eriazos, poco a poco lo han ido mejorando con la incorporación de materia orgánica, cultivos como la alfalfa que incorpora nitrógeno, pero después se han vuelto más crítico porque ya no se incorpora materia orgánica, más se usa abonos químicos, sintéticos, entonces se degradan los suelos, entonces cada vez hay menos producción, y si quieren más producción hay que agregarle más abono químico (Javier Segovia, Ingeniero de la Junta de Usuarios de Ensenada- Mejía-Mollendo, en conversación con el autor, Arequipa, abril de 2016).

La agricultura en el valle actualmente enfrenta problemas. Uno de ellos, como ya se dijo, es la falta de abastecimiento de agua que asegure las campañas agrícolas, especialmente con el arroz. A este problema netamente agrícola se sumó el uso de las aguas del río Tambo por las empresas mineras en la parte superior del río, como lo vienen haciendo la compañía minera Aruntani (La Punta 2013). Sin embargo, el problema actual más importante es el ingreso de capitales de la gran minería como es el caso del proyecto minero Tía María, el cual amenaza la producción agrícola en el valle.