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3 Experimental

3.5 SIMFuel pellet characterisation techniques

3.5.5 Size distribution analysis of microstructural features

La mayor parte de las investigaciones orientadas a identificar factores de riesgo con fines de utilidad preventiva han desarrollado la metodología de encuestas a muestras de participantes con objeto de predecir a las poblaciones que dichas muestras repre- sentan (Guilbert & Del Cueto, 2003; Herrera & Avilés, 2000). Más adelante se han realizado análisis correlacionales o pruebas estadísticas que comparan las diferen- cias respecto de algún atributo que tengan la muestra de participantes con antece- dentes de intento suicida o de suicidio de algún familiar, en comparación con mues- tras de participantes controles. Este tipo de estudios no están exentos de algunas dificultades de tipo metodológico (p. ej., el problema de la deseabilidad social o las respuestas poco sinceras cuando lo que se quiere evitar es regresar al recuerdo desa- gradable de la experiencia de intento suicida).

Estos estudios están orientados a una primera caracterización de un perfil del suicida o de la persona que intenta suicidarse, en un plano sólo descriptivo, sin in- tentar identificar factores causales de riesgo, que implicarían una cuidadosa medi- ción del factor de riesgo analizado.

La dimensión social como influencia de riesgo, se puede dividir en un nivel ma- crosocial, y otro microsocial. En la primera categoría se incorporan aspectos más de tipo sociodemográfico como el hecho de que hay más suicidios en hombres que en mujeres, pero más intentos en éstas respecto de aquéllos. Los estudios epidemioló- gicos mexicanos también reportan que el período entre los 15 y los 24 años es el de mayor prevalencia en el país, en desempleados y personas con menor nivel educativo (Borges et al., 2009), tanto para suicidio como para comportamientos parasuicidas (intento fallido, ideación suicida o autoagresión) y que por lo general, la mayoría de las personas que intentan suicidarse pertenecen a un nivel económico bajo.

Es evidente que la poca capacidad de satisfactores básicos en dicho sector (Arlaes, Hernández, Álvarez & Cañizares, 1998; Martínez, Moracen, Madrigal & Alomenares, 1998), en un país como México, en que la mitad de la población vive en pobreza; y la certeza de que ello no cambiará en un futuro ni inmediato ni mediato, genera en algu- nos individuos de estos grupos, una condición de vida muy aversiva y llena de privacio- nes, así como un estado crónico de depresión, en la que el recurso de escapar median- te la finalización de la vida es una opción plausible y en algunos momentos en sumo deseable. Guilbert & Roldan (2001) por ejemplo, encontraron una mayor incidencia en intentos suicidas en personas desempleadas en Cuba, debido a su contexto.

Los segmentos de adolescentes que tienen modelos de adultos poco atractivos, la posmodernidad que acabó con los grandes proyectos e ideales sociales, la dificultad para tener medios de trabajo y productividad que permitan tener un mínimo nivel de vida decoroso, son factores generan malestar en la población y de manera especial,

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en la población joven. Por otra parte, esta condición de malestar orienta a las perso- nas a vivir la inmediatez del momento, con poca visión de futuro y con poca toleran- cia a la frustración. Algunos autores plantean que una personalidad impulsiva, con poco desarrollo de las estructuras pre-frontales que inhiben los arranques emociona- les inmediatos, en un contexto social como el descrito, es el caldo de cultivo para que emerjan fenómenos como los comportamientos suicidas (Turecki, 2005).

A nivel microsocial, la dinámica familiar juega un rol preponderante en términos del grado de apoyo social presente o pasado que se ha brindado al individuo. Esta dinámica familiar puede actuar como factor de riesgo (Herrera & Avilés, 2000). Al respecto Guilbert y Roldán (2001) señalan que cuando las relaciones en la familia en términos emocionales son cálidas y cooperativas, sus integrantes se fortalecen y se fomenta la evolución personal.

En cambio, una familia disfuncional o con bajo nivel de cohesión (Pérez-Amez- cua et al., 2010) propicia un riesgo más elevado de comportamientos suicidas con mayor prevalencia en mujeres, el cual está presente cuando la familia afronta crisis como por ejemplo: divorcio de los padres o abandono, muerte de uno de los hijos o cónyuge, infertilidad, enfermedad de alguno de sus miembros, agresiones, abuso sexual dentro del núcleo familiar. Ante la imposibilidad de resolver la crisis, en la fa- milia se generan múltiples expresiones de aversividad (González-Forteza, Ramos-Li- ra, Vignau-Brambila & Ramirez-Villarreal, 2001; Brown, Cohen, Johnson & Smailes, 1999).

También, influye la ausencia de apoyo familiar en el presente, expresado como falta de comunicación y desinterés por el joven, o abierto rechazo de los padres y cuando el individuo no tiene otros vínculos afectivos y se enfrenta a la soledad (Guilbert y Del Cueto, 2003; Martínez et al., 1998, Borges et al., 2009).

Según Pérez-Amezcua y colaboradores (2010), la prevalencia de hombres con abuso sexual que se suicidan es mayor, aunque las mujeres en esta situación lo in- tentan más veces sin concretarlo. Antecedentes familiares de conducta suicida es otro factor de riesgo importante (Arlaes et al., 1998).

Pareciera que los factores identificados en este nivel microsocial tienen tres ele- mentos en común: 1. Las experiencias de pérdida implican condiciones en sumo aversivas, que en lo inmediato generan estrés en cualquier individuo, ya sea de for- ma intensa y aguda pero corta en el tiempo, o de baja intensidad pero extendida du- rante años. Cuando estas condiciones son crónicas pueden desembocar en ansiedad generalizada y depresión mayor que pudiera ser la antesala al comportamiento sui- cida como se analizó en el segmento de las variables psiquiátricas como factor de riesgo, en líneas arriba. 2. Un segundo elemento es que los individuos bajo esta condición tienen pocas competencias sociales para sustituir los apoyos que no se tienen en un contexto como el familiar, con otros apoyos, como los amigos. 3. Por último, como efecto de estar expuesto a este tipo de condiciones se produce la inca- pacidad para disfrutar o experimentar gozo y placer aun cuando se esté en contacto con objetos, actividades o personas que antes sí habían producido estos efectos. Este análisis aunque parezca lógico, espera la validación de datos empíricos en nuestro entorno.

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