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3. WINDOWS SNMP INTERFACES

3.1. Local Database Functions

3.1.1. SnmpGetTranslateMode()

D Z I G A VERTOV

Afirmamos que, pese a la existencia relativamente larga del concepto «cinematografía», pese a la multitud de dramas psicoló- gicos, seudo-realistas, seudo-históricos y policíacos puestos en circulación, pese al número infinito de salas de cine en activo, no existe cinematografía bajo su forma auténtica y que sus tareas fundamentales no han sido entendidas.

Nos atrevemos a lanzar esta afirmación refiriéndonos a las informaciones de que disponemos sobre los trabajos e investiga- ciones llevados a cabo aquí y en el extranjero.

¿Cuál es la causa?

La causa es que la cinematografía sigue yendo por mal ca- mino.

El cine de ayer y el de hoy siguen siendo únicamente un asunto comercial. El desarrollo de la cinematografía está dictado únicamente por unas consideraciones de beneficio. Y no hay nada sorprendente en que el gran comercio de los films-ilustraciones de novelas, de romances y de seriales pinkertonianos haya deslum- hrado a los productores y les haya atraído a él.

Cada film no es más que un esqueleto literario envuelto en una cine-piel.

En el mejor de los casos, bajo esta piel aparece una cine-grasa y una cine-carne. Pero nunca vemos una cine-osamenta. Nuestro film no es más que el famoso «pedazo sin hueso» ensartado en una vara de madera de álamo, sobre una pluma de oca de literato.

W

Resumo lo que acabo de decir: no existen obras cinematográfi- cas. Existe una combinación de las cine-ilustraciones con el teatro, la literatura, la música, con todo lo que se quiera, durante todo el tiempo que se quiera.

Entiéndaseme bien. Aplaudiríamos con todo nuestro corazón la utilización del cine en beneficio de todas las ramas del saber humano. Pero definimos estas posibilidades del cine como unas funciones anexas e ilustrativas. No olvidamos ni un solo instante que la silla está hecha de madera y no de la laca que la cubre. Sabemos perfectamente que la bota está hecha de cuero y no del betún que la hace brillar.

Pero el escándalo, el error irreparable, es que sigáis conside- rando que vuestra misión es la de lustrar con betún cinematográfi- co los zapatones literarios de unos y otros (si se trata de un film de gran espectáculo, digamos que son zapatos franceses de tacón alto). Recientemente, creo que con motivo de la presentación del decimoséptimo Kino-Pravda, un cineasta dijo: «¡Qué horror! Son zapateros y no cineastas.» El constructivista Alexei Gan, que no estaba lejos, replicó oportunamente: «Que se nos den más zapatos de esta clase y todo irá bien.»

En nombre del autor del Kino-Pravda, tengo el honor de declarar que se siente muy halagado por esta apreciación sin reservas preferente a la primera obra zapatera de la cinematografía

soviética.

Es mejor que ser un «artista de la cinematografía soviética». Es mejor que ser un «realizador artístico».

Al diablo el betún. Al diablo las botas embetunadas. Que se nos den botas de cuero. Alineaos con los kinoks, primeros cine- zapateros soviéticos.

Nosotros, zapateros del cinematógrafo, os decimos a vosotros, limpiabotas: «No os reconocemos ninguna antigüedad en la fabri- cación de las cine-obras. Y si se puede hablar, en general, de la antigüedad como de un privilegio, este derecho nos pertenece enteramente.»

Y lo poquísimo que hemos realizado en la práctica es mucho más que vuestro nada producido en tantos años.

Hemos sido los primeros en hacer films con nuestras manos desnudas, unos films quizá torpes, palurdos, poco brillantes, unos films quizá un poco defectuosos, pero en todo caso unos films necesarios, indispensables, unos films dirigidos hacia la vida y exigidos por la vida.

Nosotros definimos la obra cinematográfica en dos palabras: el

montaje del «Yo veo».

La obra cinematográfica es el estudio acabado de la visión perfeccionada, precisada y profundizada por todos los instrumen- tos ópticos existentes y principalmente por la cámara que experi- menta el espacio y el tiempo.

El campo visual es la vida;

la materia de construcción para el montaje es la vida; los decorados es la vida;

los artistas es la vida.

No impedimos ni podemos impedir que los pintores pinten sus cuadros, que los músicos compongan para el piano y los poetas compongan para las damas. Dejémosles, pues, que se diviertan...

Pero se trata de juguetes (incluso cuando están fabricados con talento) y no de una cosa seria.

Una de las principales acusaciones que se nos inflige es que no somos accesibles a las masas.

Aun admitiendo que algunos de nuestros trabajos sean de difícil comprensión, ¿obliga esto a deducir que ya no debemos

hacer el menor trabajo serio, la menor investigación?

El hecho de que las masas necesiten fáciles folletos de agita- ción, ¿obliga a deducir que no les interesan los artículos serios de Engels y de Lenin? Quizá tenéis entre vosotros un Lenin de la cinematografía soviética y no le dajáis trabajar bajo el pretexto de que los productos de su actividad son nuevos e incomprensibles... Pero nuestro trabajo no tiene nada que ver con eso. De hecho, no hemos hecho nada que sea más inaccesible a las masas que cualquier cine-drama. Muy al contrario, al establecer una relación visual muy precisa entre los temas, hemos disminuido considera- blemente la importancia de los rótulos y con ello hemos aproxi- mado a la pantalla cinematográfica a espectadores poco instruidos, cosa de gran importancia en el momento actual.

Y como para reírse de sus nodrizas literarias, he ahí que obreros y campesinos se muestran más inteligentes que sus desco- nocidas niñeras...

De esta manera nos encontramos frente a dos puntos de vista extremos.

El primero es el de los kinoks que se han fijado como objetivo la organización de la vida real...

El otro es la orientación hacia el drama artístico de agitación con sensaciones fuertes o aventuras.

Todos los capitales estatales y privados, todos los medios materiales y técnicos están puestos actualmente en el segundo platillo de la balanza, en el platillo «artístico-propagandista».

En cuanto a nosotros, nos acercamos igual que antes al trabajo con las manos desnudas y esperamos confiadamente que llegue nuestro turno de apoderarnos de la producción y de alcanzar la victoria.

(Estenograma abreviado de la intervención de Dziga Vertov con motivo de un debate de la A R R K1 el 26 de septiembre

de 1923.)

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