Durante mucho tiempo el conflicto civil que su puso la G uerra de Sucesión se analizó desde un punto de vista básicamente geográfico. El en frentamiento de los súbditos de la monarquía his pánica se polarizó entre los de la Corona de C as tilla y los de la Corona de Aragón. Desde hace ya algunos años, la cuestión ha sido matizada desde una perspectiva social que la ha enrique cido de forma notable. Ni la adhesión al archi duque fue una cuestión asumida en bloque por los aragoneses, valencianos y catalanes, ni la C o rona de Castilla se decantó tan unánimemente por Felipe V. Un planteamiento de las actitudes ante la guerra por parte de los diferentes grupos sociales, nos dará una visión más adecuada de este aspecto de la realidad de aquella contienda.
El clero
Las importantes connotaciones religiosas que re vistieron la contienda por diferentes motivos —que más adelante veremos en el apartado de dicado a la propaganda— hicieron que la parti cipación del estamento eclesiástico fuese muy activa en favor de la causa de uno u otro con tendiente.
En la toma de postura por parte de los cléri gos influyeron numerosos motivos, que hicieron que sus posiciones fuesen muy variadas. La ma yoría de las órdenes religiosas, tanto de la C o rona de Castilla como de la de Aragón, se incli naron por el archiduque, así como los seculares del clero catalán, valenciano y aragonés. Feli-
E1 clero
La C o m p a ñ ía de J e s ú s ap o y ó d eci did am en te a Feli pe V; p a ra d ó jic a m ente un m o n a rc a d e s c e n d i e n t e de e s te rey, C a rlo s III, se ría el que d e c r e taría su expulsión un o s a ñ o s d e sp u és del te rrito rio e s p a ñol, co m o refleja e sta ilustración.El clero
La división política del clero o b ed e cía a los in te re s e s que u n as y o tr a s ó r d e n es ten ían en re la ción a las alian z as con am b o s c a n d i d a to s; así las ó rd e n es reg u la re s (a b a jo) a p o y a ro n al a r c h id u q u e a u s tr ía co a n te la p ro m esa d e é s te de p r e s e r var su s privilegios, h e re d a d o s d e la di nastía co n lo que e s ta b a e m p a re n ta do el c a n d id a to de la C a sa de A ustria.
pe V encontró su mayor apoyo en los jesuitas, el clero parroquial castellano y la mayor parte de los prelados. Entre estos últimos, tres de los catalanes, el de Zaragoza y la inmensa mayoría de los castellanos —el de Segovia, que se incli nó por el archiduque, fue una excepción— en tre los que destacaron los de Santiago, Murcia y Córdoba, que, curiosamente, no eran estricta mente castellanos.
Las causas que explican esta división fueron muy diversas y venían gestándose desde mucho antes del momento del conflicto; la guerra, en todo caso, lo que hizo fue sacarlas a flote. Así, por ejemplo, no debe extrañarnos que los jesui tas, defensores a ultranza del regalismo, se pro nunciasen por un monarca de Francia, cuna de esta doctrina. Tampoco que el clero regular, el más celoso defensor de los privilegios eclesiásti cos, se opusiese al representante de una dinas tía que tradicionalmente había intentado cerce nar estos privilegios.
La nobleza
La nobleza, al igual que el clero, tampoco reac cionó de forma unánime eligiendo entre las op ciones que se le presentaban; sin embargo, a di ferencia de los eclesiásticos y con notables aun que contadas excepciones, su papel fue mucho menos decidido. Hasta tal punto esto es así que la actitud de sectores muy amplios del estam en to nobiliario fue de cierta tibieza, cuando no de franca indiferencia.
La n o b le z a había vivido de esp a ld a s a la re a lid ad d e su tiem po. S u co n tro l p o lític o del E sta do, a tra v é s de la p a r t i c i p a c i ó n d e su s m ás re p re s e n ta tiv o s m ie m b ro s en lo s C o n s e jo s , no e r a s in o u n a fo rm a d e p r e s t i gio social m ás re la cionada co n el d is fru te de su s privi legios que co n el e je r c ic io d e l p o der: p u ed e d ec irse que fiestas y c a c e r í a s c o n s t i t u í a n su s m áxim as o c u p aciones. La nobleza
La nobleza R e co n stru c ció n de un palco te a tr a l r e se rv a d o a d am as y c a b a l l e r o s d e la n o b le z a c a s te lla na, un e s ta m e n to q u e sa lv o c o n t a d a s e x c e p c io n e s , se su m ó a la c a u sa del B orbón, ya que ta n sólo los n o b les c o n a s p ir a c io n e s d e c o n tro l s o b r e los a s u n to s del E s ta d o podían te m e r a la nueva ad m in is tra c ió n b o rb ó n ica y su te n d e n c ia al a b s o lu tis m o c e n tralista.
Por lo que respecta a Castilla, la alta nobleza dio un porcentaje muy alto de indiferentes y, en algunos casos, de oposición a las aspiraciones del Borbón. Una de las causas que se han bara jado para explicar esta actitud se encuentra en la pérdida de poder político y en la disminución de su influencia en las tareas de gobierno. Tam poco puede perderse de vista su oposición a la cada vez mayor influencia de los franceses en los negocios del Estado.
Entre los casos más sonados de abandono de la causa de Felipe V está el ya señalado del Al mirante de Castilla. En esta línea hay que situar la detención, en 1709, del duque de Medinaceli y su posterior encarcelamiento y muerte en el castillo de Pamplona. Situaciones muy ambi guas, en algunos casos saldadas con destierro, mantuvieron otros cualificados representantes de la grandeza, como los condes de Oropesa y Tendilla o los duques de Béjar y del Infantado.
La pequeña nobleza y la masa de los caballe ros e hidalgos fue más proclive que los grandes hacia el Borbón, aunque un número notable de casos señala que no fueron excepcionales las posturas contrarias.
En los países de la Corona de Aragón la no bleza titulada se dividió de forma muy profunda a la hora de establecer sus preferencias. Si mu chos fueron los que se pronunciaron por Carlos III, también fueron numerosos los que optaron por Felipe V. Entre los primeros, los casos más relevantes fueron los condes de Fuentes y de la Corzana. Muchos testimonios de la época vie nen a señalarnos que frente al mayoritario apo yo que las clases populares ofrecieron al partido del archiduque, la nobleza apoyó al bando de los Borbones. La explicación a esta situación se ha formulado sobre la base de una fuerte oposición de clases, que llevaba a la adopción de posturas contrapuestas entre la nobleza y el pueblo.
La nobleza
La p e q u e ñ a no b le za y los hidalgos ap o y aro n en C a s ti lla a Felipe V uná n im e m e n te ; a lg o sim iliar o c u rrió en el a p o y o d e e s te e s t a m e n t o al a r c h id u q u e C a r l o s p o r p a rte d e a r a g o n e s e s y c a ta la nes. En el prim er ca so , se dio la fide lid a d tr a d i c io n a l de C astilla al p o d e r real; en el s e g undo, se libró un conflicto d e cla se s que llevó a los s e c to re s p o p u la re s de A ragón a identifi ca r a C a rlo s com o el paladín d e su s r e i v i n d i c a c i o n e s an tiseñ o riales. 39
La burguesía El p ueblo en C a s ti lla había s o p o r ta do con u n a e n te r e z a a d m ir a b le los d e s a s tr e s de la di n a stía a u s tría c a , y a n te la p ersp e c tiv a de un ca m b io se m o s t r a r o n e n t u sia sta s en el apoyo de F elipe V, c o n la e s p e ra n z a de v e r se libres d e las c a r g a s q u e h a b í a n a rru in a d o las tie r r a s de C astilla a c a u sa de la sa n g ría p ro v o c a d a p o r la política im perial.
La burguesía y las cla ses populares
Bajo la denominación de burguesía y clases po pulares se englobaba un heterogéneo tejido so cial que incluía desde cualificados sectores eco nómicos hasta grandes masas de jornaleros hambrientos. Pese a esta falta de cohesión so cial, a la postre, fue la masa de la gente acogida bajo esta denominación la que, tanto en Castilla como en Aragón, adoptó una postura más ho mogénea, aunque en el primer caso apoyase a Felipe V y en el segundo al archiduque Carlos.
En Castilla, la burguesía y las clases medias se identificaron rápidamente con la nueva dinas tía, que las vinculó de inmediato a las tareas de gobierno frente a la organizada oposición de los
grandes. Al apoyo de este grupo y a la lealtad
de las clases populares debió Felipe V el m ante nimiento de la corona, cuando ésta se vio seria mente am enazada en los momentos difíciles de 1706 y 1710.
En Aragón, se produjo la misma situación, pero a la inversa. La burguesía siguió al archidu que, aunque al principio su vinculación al aus tríaco no fue tan decidida como la de los caste llanos al francés. No olvidemos que el levanta miento de Cataluña y Valencia sólo se produjo en 1705 y ante el estímulo que supuso la presen cia de una poderosa fuerza militar aliada. Ahora bien, como veremos más adelante (pág. 52), a partir de los decretos de Nueva Planta en 1707, tras la batalla de Almansa, (en la que vencieron las tropas de Felipe V), la adhesión a la causa del archiduque fue casi unánime, no sólo entre la burguesía sino en todos los sectores sociales, porque esta vinculación significaba, al mismo tiempo, la defensa de los fueros.
La burguesía
En A ragón la d e fensa d e los fu ero s im ponía u n a u n an i m idad casi general e n tre pueblo y b u r guesía. El c a r á c te r c e rra d o de la e c o nom ía foral e ra in com patible co n la abolición de a d u a nas y la im posición d e t r i b u t o s q u e la a d m in is tra c ió n b o rb ó n ica p ro p u g naba. 41
El C o rp u s d e S a n gre, c u a d ro de An-
to n i E s tr u c h q u e refleja la rev u e lta d e los s e g a d o r e s en B a r c e lo n a , el día del C o rp u s del a ñ o 1640.