FINDINGS I: DESCRIPTIVE DATA
39 The social status of models■
Empezamos recuperando dos conceptos que nos parecen importantes para entrar en este aspecto del pensamiento de von Balthasar. El primero, de método, es el que acabamos de exponer, vale decir que la vida humana del Hijo representa el verdadero acceso para un
Ibíd. 219 Ibíd. 220 Cf. TD II, 225. 221
acercamiento al misterio intratrinitario, siendo Él imagen viviente de su relación con el Padre . 222
El segundo, de contenido, tiene que ver con la forma concreta según la cual se ha manifestado el misterio de Dios en Cristo Jesús. La cristología de von Balthasar ahonda sus raíces principalmente en el cuarto evangelio, a partir del cual elabora muchas de sus categorías. Una de ellas es, sin duda, la consideración de la vida de Jesús como del enviado del Padre . Es bueno recuperar acá las palabras que ya en el comienzo de 223
nuestro trabajo hemos citado y que nos permitieron ilustrar la segunda definición de obediencia que podemos identificar en la Teodramática.
La conciencia de Jesús de haber recibido la misión del Padre y de encarnarla en su totalidad en el mundo (…) es una conciencia de haberse identificado
Von Balthasar ha sido acusado de gnosticismo por Rahner a causa de su intento de profundizar en el
222
misterio trinitario a partir de la historia de la salvación (Cf. TD V, 15-16), como si, a la manera del gnósticos de los primeros siglos, hubiese considerado la misma historia de la salvación como una pura transposición terrenal de lo que acontece en la inmanencia trinitaria. ¿Es esto el caso de la teología trinitaria balthasariana? La acusación de Rahner nos parece injusta. Hemos ya tenido ocasión de mencionar el estrecho vínculo del pensamiento de von Balthasar con la teología joánica sobre el Hijo como “exégeta” del Padre (Cf. supra, 2.2.). Tal conexión se hace más profunda a través de la reflexión mística de A. von Speyr que también dedica muchas de sus páginas al comentario de los escritos joánicos y que permite a nuestro autor contemplar de cerca la experiencia de la pasión del Hijo y de su abandono en la cruz y en el Sábado Santo. Nos parece que nuestro autor logra en el intento de
acercarnos a la contemplación del rostro del Padre a través de su reflejo en el Hijo —“el que me ve, ve al que me envió” (Jn 12, 45)—, sin eliminar el misterio que el siempre-más de Dios representa.
El mismo von Balthasar, introduciendo el último volumen de la Teodramática nos recuerda que “lo que en último término cabe decir sobre el último acto del drama entre cielo y tierra no es más que un balbuciente y atónito dar vueltas y más vueltas alrededor del misterio basándonos en determinadas palabras e indicaciones iluminadoras de la Escritura” (TD V, 16).
Podemos añadir una ulterior observación, es la que ya introdujimos presentando la analogía de los trascendentales en el marco de la meta-antropología (Cf. supra, 1.1., especialmente la nota 39): la consideración de los trascendentales que propone von Balthasar —y que se distancia de la rahneriana— y su reflexión sobre la analogía del ser le permiten reconocer en Dios el fundamento de lo bueno que puede ser encontrado en la criatura finita.
Cf. Casale, «El envío», 154-195.
en la libertad más íntima con una tarea que le ha sido dada y que a cualquier precio tiene que llevarse a cabo y que por ello exige obediencia plena. Pero obediencia quiere decir lo siguiente: no disponer de uno mismo, sino dejar que dispongan de uno . 224
En Jesús la conciencia humana es conciencia de haber recibido una misión y de saberse uno con ella. Como es obvio, se trata de una conciencia que refleja exactamente lo que realmente es: la persona de Jesús es idéntica con su misión. Esta idea, si bien se puede encontrar como referencia en los sinópticos, según nuestro autor es, sin embargo, el punto central de la cristología joánica . En Cristo el enviado no se limita con cumplir 225
una función contingente y, finalmente, extrínseca, sino que “existe a partir del que lo envía”, “no puede existir más que tendiendo a él”, “vive de cumplir la voluntad [del Padre]” . Todas estas afirmaciones con las cuales von Balthasar comenta la figura de 226
Jesús que se trasluce en el evangelio de Juan pueden ofrecer una mayor claridad al paso que anteriormente hemos citado. “Identificarse con la tarea que le ha sido dada” coincide para Jesús con el contenido de su propia existencia, alcanzando, así, un horizonte que para la libertad creada puede ser solamente ideal, el de poder coincidir totalmente en la respuesta a la llamada con la cual ha recibido el ser.
Así pues, estas dos consideraciones que acabamos de recuperar, sobre el método del conocimiento intratrinitario y sobre el contenido nuclear de la cristología expuesta en la Teodramática, arrojan una luz sobre el instante eterno de la generación del Hijo.
¿Qué quiere decir von Balthasar cuando, hablando del Hijo encarnado, afirma que “obedecer quiere decir no disponer de uno mismo sino dejar que dispongan de uno”? El Hijo no recibe la interpelación del Padre separadamente del acto con el cual este lo engendra.
Gracias a la identidad de persona y misión, el drama mundano se convierte realmente en teodrama. Pues tal identidad es posible sólo en virtud del
TD III, 173.
224
Cf. por ejemplo TD III, 145ss. o TD II, 272.
225
TD III, 146-147.
presupuesto de que la persona enviada no recibe su misión como algo accidental sino como una modalidad de su misma personalidad eterna y de que la missio del Hijo es la forma económica de su eterna processio del Padre . 227
El Hijo, en ningún instante de su vida eterna —si es que podemos hablar de instantes con referencia a la eternidad trinitaria— es Hijo sin el Padre. Es Hijo, precisamente, viviendo su propia identidad y afirmándose como relación total a Aquel que, autodonándose, le dona todo el espacio y lo provoca con su misma autodonación a responder con una entrega igualmente total. En este sentido, entonces, los dos gestos del Padre nacen de una única voluntad.
«La voluntad del Padre de generarlo y de enviarlo al mundo constituyen juntas una única voluntad» . 228
Según las categorías normales de las relaciones humanas, se trata de dos gestos distintos, la generación y el envío, sin embargo, en la eternidad de Dios coinciden en un único
TD III, 188.
227
Adrienne von Speyr, Johannes vol. 4, 263, citado en TD V, 80. La frase citada podría dejar espacio a
228
dudas sobre la naturaleza realmente gratuita de la creación, ya que hablar de coincidencia entre generación y envío al mundo podría dejar pensar que el mismo mundo creado sea una idea eterna de Dios, como si fuera en él algo necesario. Nos parece que von Balthasar evita este peligro mirando la creación del mundo en la luz del misterio de la eterna generación del Hijo y describiendo esta última como un donarse del Padre que no puede ser motivado sino por sí mismo (Cf. TD V, 81-82). “Dios Padre no tiene necesidad de realizar su fecundidad, ni engendra al Hijo para tener un receptáculo para su riqueza, sino que lo hace desde la plenitud sobreabundante de su amor «desinteresado»” (TD III, 267), “por eso hay en Dios «eterna admiración estupefacta y afirmación de la alteridad recíproca en el ser uno» y «novedad eterna en una perfecta constancia supratemporal»” (TD V, 82; las citas entre comillas angulares son de A. Brunner, Dreifaltigkeit, 42-45). La “admiración estupefacta” con la cual el Padre mira al Hijo describe la gratuidad con la cual lo mira y recibe la espontánea autoentrega con la cual este vuelve a él. Por esta razón, a partir de la misión del Hijo, vivida de manera agradecida y recibida con estupor por parte del Padre, von Balthasar puede llegar a afirmar que “el acto de la creación es, desde la libertad trinitaria, una comunicación «desinteresada» de esta vida gozosa y generosa de entrega a creaturas indigentes” (TD III, 267).
movimiento e intención. Es la raíz que está bajo tierra y que florece visiblemente como identidad entre persona y misión en Jesús.
Para un acercamiento a la identidad entre persona y misión, von Balthasar toma en consideración la vida de los profetas del Antiguo Testamento (inclusive y, especialmente, Juan el Bautista), tratando de mostrar cómo esa identidad comienza a ser anunciada en ellos . La imaginación humana no podía alcanzar sola una idea de este tamaño, el 229
único acceso a esta novedad es la historia de la salvación que Dios mismo ha querido empezar con el hombre. En los profetas la vida de la persona con su historicidad y con sus antecedentes naturales e históricos se muestra como una preparación a la llamada que Dios les dirige a una cierta altura de su vida, como si hubieran nacido y vivido para ser llamados y como si toda su existencia participara en prepararlos a la llamada, hasta identificarse con ella. Los nombres nuevos que algunos de ellos reciben son el signo de una llamada que los precede y que les dona su propia identidad en un momento particular de su vida. La disponibilidad que ellos manifiestan comienza de manera explícita en un momento dado de su existencia frente a una iniciativa explícita que Dios toma en la temporalidad que ellos viven y, en el teodrama presentado por von Balthasar, gracias a esa iniciativa.
Lo que vive el Hijo, representado proféticamente por las figuras veterotestamentarias, arraiga, sin embargo, en una profundidad que es eterna. Por esta razón, von Balthasar, aunque dedique mucho espacio a tratar de describir el surgir de la conciencia verdaderamente humana de la misión en el Hijo , con la misma decisión ilustra la 230
obediencia con la cual el Hijo recibe su misión como un gesto eterno, que no tiene un comienzo distinto de la generación misma.
El mundo (…) no puede haber sido creado sin calcular en toda su trayectoria esta misión del Hijo amado; y en consecuencia el enviado no puede haber
Cf. TD III, 144ss.
229
Cf. todo el apartado que dedica explícitamente a este tema en el tomo III de la Teodramática: TD III,
230
sido revestido de semejante misión a posteriori, sin haber sido consultado en el momento de su resolución. La resolución a aceptarla no es posible habérsela arrancado mediante una especie de razonamiento persuasivo, sino que, al contrario, dicha posición debía hallarse en él a priori y haberle sido declarada espontáneamente «antes de la creación del mundo» . 231
La perspectiva en la cual von Balthasar coloca la creación es la que tiene su foco en el mismo consejo intratrinitario, ese acontecimiento, que es al mismo tiempo eterno y originario, en el cual el Padre y el Hijo se reconocen en la disposición que el primero manifiesta y en al disponibilidad con la cual el segundo se abre. Lo que el Padre pide el Hijo en el mismo instante desea poderlo ofrecer. No un instante después, ni uno antes. Para el Hijo recibirse y donarse en la obediencia son una sola cosa. Esto lo reconoce von Balthasar en la existencia de Jesús, en la conciencia que tiene de su misión y de la forma con la cual la abraza.
[Se reconoce una] identidad en el enviado entre la espontaneidad totalmente libre para la misión y su llevarla-a-cabo en la obediencia más perfecta. Esta identidad significa en su origen la codivinidad del Hijo con el Padre creador y la libertad filial en la aceptación de la misión reconciliadora, que aparecería desde el inicio como una misión hasta la «sangre». Dicha misión no puede ser asumida posteriormente por un «siervo» que no hubiera estado siempre allí, ni siga estando después . 232
La obediencia del Hijo en la misión no comienza un instante después de que él mismo se reciba como el engendrado. Es, en este sentido, que von Balthasar describe la codivinidad del Hijo con el Padre. Donar toda la divinidad al Hijo y poseerla junto con él, significa para el Padre pedirle una disponibilidad a ser acogido por completo en una identificación con la misma kénosis con la cual él se vacía en la generación. Recibir y vivir toda la divinidad significa para el Hijo recibirse como respuesta a una llamada que le pone delante toda la dramaticidad de la kénosis, que llegará para él hasta la sangre, es decir, hasta la encarnación y hasta derramar toda la sangre abrazando en su propio
TD III, 474.
231
TD III, 475.
cuerpo la negación del pecado y entrando en lo antidivino, que es el espacio de la muerte.
La obediencia del Hijo es para von Balthasar, desde el comienzo, soteriológica, de tal suerte que, cerrando el círculo de nuestra reflexión, “la elección antes de la creación del mundo” y la “redención por medio de la sangre”, mencionadas en el himno de la carta a los Efesios, pueden ser leídas como dos aspectos del mismo gesto con el cual se manifiesta la sobreabundancia del amor divino que se auto-comunica y se auto-dona en la creación del ser y de la libertad finita. Ese gesto lo podemos reconocer ahora, en la consideración de von Balthasar, como la misión del Hijo llevada hasta el extremo . 233