En el libro colectivo Pourquoi nuevos su sueños paso nietzschéens (Grasset, París, 1991) que significó la revisión del nietzschianisme francés, André Comte- Sponville dice: Si no soy nietzscheano, si no puedo ni quiero serlo, es porque
no puedo vivir más allá del bien y del mal, ni transvalorar todos los valores, ni dar la vuelta a la tradición judeocristiana (p. 69). La propuesta nietzscheana
sería, en esta perspectiva, una forma más de los immoralismes que se han propuesto a lo largo de la historia de la filosofía. Pero no tener ninguna moral es también una forma de tener, en este caso en concreto se trataría de una moral individualista, que desprecia cualquier forma colectiva de valorar el mundo y que, en consecuencia, está muy cerca del totalitarismo , en la medida en que el totalitarismo es la falta radical de aceptación del otro. Si para Nietzsche el concepto de verdad es absurdo ( Voluntad de poder y, 207) y realmente no hay nada más que voluntad de poder, entonces nos encontramos en el muelle del hueso de la sofística.
El problema de la verdad es crucial para toda filosofía. Si, acaso, sólo existe el poder y si sólo el poder construye la verdad, entonces nos encontramos de lleno en la tesis que habían afirmado los sofistas contra Sócrates. Pero toda filosofía es una apuesta por la verdad. Es necesario que nos entendiéramos: no es aceptable la tesis sofística-y nietzscheana-según la cual "el poder es la verdad", sino que para la filosofía la verdad vale más que el poder . Es sofística la afirmación según la cual la verdad se ha de someter a cualquier cosa diferente a ella misma (voluntad de poder, vida ...) Lo que es verdad "vale" por él mismo. Una doctrina que afirmara que lo que es verdad no es verdad, que lo justo no es justo ... se convierte en un juego de palabras y niega la capacidad del hombre para razonar. La filosofía de Nietzsche-magnífico castillo de fuegos- pone el deseo puramente subjetivo e irracional en el lugar de la razón que tiene una estructura lógica. Así Nietzsche necesariamente tenía que dar pie a los totalitarismos. Un totalitarismo político no es más que la afirmación de una subjetividad (de una voluntad irracional, de un líder, de un grupo más o menos mesiánico) por encima de la ley (objetiva y colectiva). Si no hay verdad, entonces todo estará permitido y en este "todo" entra desgraciadamente el totalitarismo. La frase de la revuelta de Mayo del 68 "prohibido prohibir" es absurda porque significa que no se podría prohibir ni el totalitarismo, ni el racismo, ni el sexismo. No siempre quien más llama tiene más razón.
Otra crítica a Nietzsche proviene de las filas de la filosofía católica, especialmente de Max Scheler en El resentimiento de la moral (1915). Para Scheler, la filosofía nietzscheana arranca de una mala comprensión del cristianismo. En definitiva se trata de disculpar el cristianismo de la acusación nietzscheana de ser el origen del resentimiento. Scheler "contraataca" haciendo un análisis casi psicológico del resentimiento, que presenta como un tipo de venganza "fría" (distante, calculada) aplazada conscientemente y enfriada para poder hacer más daño. Pero también implica envidia, celos y competencia. En el resentimiento está la constatación impotente que nunca seremos el modelo que queremos ser. El resentido es el individuo que vive perpetuamente en una comparación valorativa de sí mismo con los otros que le lleva a un sentimiento de impotencia.
Scheler analiza diversos tipos de resentimiento (el de la mujer respecto al hombre, el de los viejos respecto a los jóvenes) se detiene especialmente en dos formas de resentimiento "espiritual": el del apóstata religioso y el del alma romántica.
La lucha de la apóstata entre la vieja y la nueva fe hace que este personaje viva envenenado por la negación y la crítica, este fue el problema de Nietzsche que aún había separado poco de lo que criticaba (en lo alto sus metáforas son cristianas) y por eso en vez de crítica hace parodia.
El alma romántica influida por el resentimiento vive en la nostalgia del pasado: Nietzsche que reivindica el mundo dionisíaco y acusa a la represión de la vida burguesa en realidad está mostrando un negativismo universal. El pasado es un refugio del que siente la impotencia para comprender o dominar el presente.
Para Scheler el cristianismo no puede ser una forma de resentimiento porque el sacrificio y el amor cristiano sólo pueden nacer de la seguridad interior y de la propia plenitud vital. El amor del resentido no auxilia y-además-se ha de volver. El amor cristiano, en cambio, auxilia y es gratuito. Para Scheler, Nietzsche ha confundido el cristianismo con la beneficencia y, en consecuencia, critica no la moralidad cristiana sino su degradación humanística. Lo que Nietzsche critica-y con razón-no es la moral cristiana, sino la mala comprensión del cristianismo degradado doctrina social, política o biológica-cuando el cristianismo no es nada de eso. El cristianismo no es una "fraternidad universal" sino una religión, no se refiere para nada en el mundo terrenal, sino en el mundo perfecto y divino. El cristianismo no es una teoría de la justicia (humana) sino de la caridad (divina). En este sentido, para Scheler, Nietzsche habría errado el tiro, situando el cristianismo a un nivel "demasiado humano".