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Brasil no asumió el papel protagónico que le correspondía en proporción a su peso político-económico en América Latina; y su participación, como veremos, se limitó a la exigencia de las circunstancias.

Brasil se vio en el centro de la crisis hondureña por la presencia de José Manuel Zelaya en su embajada en Tegucigalpa, y con ello se puso a prueba el rol conciliador del gigante sudamericano.

El profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Minas Gerais, Fabio Reis, ha señalado que “el protagonismo de Brasil quedó marcado por la opción del presidente Zelaya de escoger nuestra embajada”. Asimismo, María Araujo, especialista de la Universidad Federal Fluminense, señaló que “Brasil estaba en el centro de una situación que preocupaba a la propia ONU y a organismos regionales como la OEA”. En la crisis que se desarrollaba en Tegucigalpa, agregó Araujo, “Brasil no tuvo habilidad para encontrar una alternativa a la confrontación, no fue capaz de crear una solución pacífica” (El Nuevo Diario 2009).

El Ministerio de Relaciones Exteriores del Brasil, horas después del golpe de Estado en Honduras, emitió un comunicado en donde condenó el golpe militar que resultó en la retirada del presidente José Manuel Zelaya. En ese sentido, casi simultáneamente, el representante permanente del Brasil ante la OEA, Embajador Ruy Casaes, dio lectura de la posición de su país ante el Consejo Permanente: “El Gobierno brasileño condena enérgicamente la acción militar que dio lugar a la destitución del Presidente de Honduras, José Manuel Zelaya, y su conducción fuera del país... El gobierno brasileño se solidariza con el pueblo hondureño e insta a que el presidente Zelaya sea inmediata e incondicionalmente repuesto en sus funciones”. Agregó Casaes: “No hace mucho recibí una llamada del Canciller Celso Amorim, en la que me pidió que sugiriese a este Consejo que se mantenga en sesión permanente hasta que el presidente Zelaya sea restituido en sus funciones” (Consejo Permanente de la OEA 2009c: 22). Cabe añadir que en ese mismo tenor se pronunció el Senado brasileño, el 2 de julio del 2009.

Durante la segunda sesión plenaria del trigésimo séptimo periodo extraordinario de sesiones de la Asamblea General de la OEA, del 4 de julio del 2009, en la cual se decidió, por unanimidad, suspender a Honduras de su derecho del ejercicio de participación en la Organización, el jefe de la delegación del Brasil, Embajador Samuel Pinheiro Guimarães Neto (Secretario General y Viceministro de Relaciones Exteriores), sentó la posición de su país: “El Gobierno de Brasil condena de la manera más enfática el golpe de Estado en Honduras. El Gobierno de Brasil apoya con la mayor firmeza la resolución aprobada hoy, que tiene como objetivo promover la restauración de la democracia en Honduras y el regreso del Presidente Zelaya como el presidente legítimo de Honduras, sin condiciones, con la mayor urgencia, para evitar la consolidación del régimen ilegal en Honduras” (Asamblea General de la OEA 2009: 57).

Cabe señalar además que el 12 de agosto, José Manuel Zelaya –en el marco de su gira regional buscando apoyo contra el gobierno de facto de Micheletti- se

reunió con el presidente del Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva.

Asimismo, cabe precisar que desde el inicio de la crisis hondureña, para Brasil la solución estaba en manos de los Estados Unidos y la OEA. El Canciller brasileño Celso Amorim fue muy preciso: “El gobierno de facto hondureño podrá

resistir las apelaciones de las potencias regionales, pero no aguantará un embargo económico de los Estados Unidos, el Banco Mundial y el BID”. Así como cuestionó

con énfasis la ilegalidad del nuevo gobierno de Honduras, del mismo modo demostró su decisión de no involucrarse en las posibles soluciones. Amorim agregó que la salida de la crisis requiere una mediación política y “no hay mejor intermediación que aquella que pueda hacer la OEA” (Clarín 2009).

Cabe destacar que cuando José Manuel Zelaya regresó a Tegucigalpa el 21 de setiembre del 2009, se refugió inmediatamente en la Embajada de Brasil. Según Renato de Ávila Viana (Primer Secretario y Jefe de la División de México y América Central de la Cancillería de Brasil), a pesar que el gobierno de Brasil y la Embajada de Brasil en Tegucigalpa no tenían involucramiento o aviso de la sorpresiva aparición de Zelaya en su puerta, lo recibieron en la Embajada. Viana explicó que Zelaya llegó a Tegucigalpa por tierra y que fue un miembro del Congreso de Honduras que apoyaba a Zelaya, quien entró por primera vez en contacto con la Embajada de Brasil. La ex primera dama apareció en la Embajada con Zelaya y fue el Secretario General (Viceministro) de Relaciones Exteriores del Brasil, embajador Samuel Pinheiro Guimarães, quien dio la aprobación para que Zelaya entrara (Proceso Digital 2010).

El 28 de setiembre, Celso Amorim, Ministro de Asuntos Exteriores del Brasil, advirtió que la Corte Suprema de Honduras celebraría una sesión especial por la noche para denunciar la Convención de Viena, lo que permitiría al gobierno de facto

arrestar a Zelaya en la Embajada brasileña. En ese sentido, Amorim agradeció a los Estados Unidos por la declaración llamando al gobierno de facto a mantener la

Convención de Viena. Amorim señaló además que Brasil convocaría a una sesión del Consejo de Seguridad para hacer frente a esta amenaza inmediata para la paz y pidió el apoyo de EE.UU. como presidente del Consejo de Seguridad. Finalmente, el 30 de setiembre del 2009, una delegación de seis congresistas brasileños de diferentes partidos arribaron a Honduras para conocer la situación política de ese país y sobre todo la situación de su Embajada en Tegucigalpa.