6.6. Input datasets preparation and processing
6.6.4. Soil Input generation
La población de Suiza era en 2010 de 7.870.100 personas. Al igual que otros países desarrollados, su estructura demográfica presenta una baja tasa de natalidad (1,54 en 2010) y un porcentaje de población mayor de 65 años similar al de la población inferior a 19 años (16,8 y 20,9 respectivamente en 2010). La tasa de inmigración ha sido tradicionalmente elevada, aproximadamente un 10 por mil neto anual en los últimos cinco años. En consecuencia, el 30,6 por cien de la población suiza es de origen extranjero. Un tercio de ellos (10,1) posee la nacionalidad suiza (9,1 naturalizados) y el resto (20,5) está formado por extranjeros de primera y segunda generación.20 Por nacionalidad, los grupos más numerosos de residentes
extranjeros provienen de Italia (289.125), Alemania (264.227), Portugal (213.153) y de los países y territorios que formaban parte de la antigua Yugoslavia (309.109).21
La situación legal de los extranjeros delimita la esfera de los derechos civiles a su alcance. Los residentes ilegales no poseen ningún derecho, su posición es extremadamente vulnerable y son susceptibles de expulsión inmediata en caso de ser descubiertos. Los trabajadores que cruzan la frontera diariamente desde otros países para trabajar en Suiza sólo pueden hacerlo en determinados sectores y zonas, y no pueden fijar su domicilio en Suiza. Estos trabajadores no figuran en las estadísticas suizas de población. Por último, excepto en algunos cantones, los residentes permanentes no disfrutan de todos los derechos políticos, que sólo están reservados a los ciudadanos (Levy y Joye, 2007, p. 47).
En el año 2000, aproximadamente un 35 por cien de los residentes suizos era protestante y un 42 por cien católico. En 1980 estos porcentajes eran el 45 y el 48
20 Swiss Federal Administration, Swiss Statistics: Population (datos para 2010), disponible
en http://www.bfs.admin.ch/bfs/portal/en/index/themen/01.html
21 Federal Office for Migration, Foreign populations statistics (datos para 2010), disponible
en http://www.bfm.admin.ch/content/bfm/en/home/dokumentation/zahlen_und_fakten/ auslaenderstatistik.html
por cien respectivamente. En consonancia con la composición reciente de los flujos migratorios, los grupos que más han aumentado entre 1980 y 2000 han sido los ortodoxos (de un 0,58 a un 1,8 por cien), los musulmanes (de un 0,89 a un 4,26 por cien) y los no adscritos a ninguna religión en particular (de un 1,08 a un 4,33 por cien).22
Suiza posee cuatro comunidades linguísticas oficiales, la alemana (con un 63,7 por cien de hablantes entre la población residente en 2000), la francesa (un 19,5 por cien), la italiana (un 6,6 por cien) y la romanche (un 0,5 por cien). En los últimos años, el número de residentes que tiene como idioma nativo el inglés, el serbo-croata, el turco o el albanés ha superado al de estas dos últimas comunidades (Church, 2004, p. 28).23
En suiza también existe una cierta división social de tipo centro-periferia. Aunque no hay una gran metrópolis central, la región que se extiende entre Berna, Basilea y Zurich se distingue del resto del país en términos de renta, crecimiento y estructura social (ibíd., p. 2).
Tradicionalmente, las divisiones social basadas en dimensiones lingüísticas, religiosas, económicas o de tipo centro-periferia no han sido muy conflictivas porque no se solapan. Los grupos lingüísticos son numerosos, muchos cantones son multilingues, otros monolingues contienen diversas comunidades religiosas, y otros en los que coinciden lengua y religión se encuentran en situaciones económicas y sociales muy diversas. A consecuencia de ello, los partidos no suelen estar organizados en torno a una religión o un idioma, porque tampoco el voto se ejerce en términos religiosos o lingüísticos (ibíd., pp. 29-30). La mayoría de los ciudadanos forma parte de grupos lingüísticos, culturales y religiosos mayoritarios y minoritarios. Por esta razón, más que a un intento potencialmente conflictivo de imponer sus
22 Swiss Federal Administration, Swiss Statistics: Religions (datos para 2000), disponible en
http://www.bfs.admin.ch/bfs/portal/en/index/themen/01/05/blank/key/religionen.html
23 Swiss Federal Administration, Swiss Statistics: Languages (datos para 2000), disponible
puntos de vista, la diversidad fuerza a la multitud existente de partidos y grupos de interés a negociar permanentemente entre sí y con las diversas administraciones, y a forjar coaliciones para defender sus intereses (Fossedal, 2002, pp. 236-237). Esta ausencia de conflictos, en relación a su diversidad extrema, se ve favorecida por una historia de inclusión y tolerancia, una defensa tradicional de su diversidad frente a los intentos de homogeneización procedentes del exterior y una política educativa que en cada cantón que promueve el aprendizaje de las lenguas del resto, al tiempo que cada uno protege el idioma propio en su administración y su sistema educativo frente a la variación en el porcentaje de residentes que tienen como lengua propia ese idioma (ibíd., pp. 238-240).
La economía suiza es una de las más abiertas y globalizadas del mundo. Cuenta con importantes sectores económicos altamente desarrollados y orientados la exportación. Cuenta también con muchos centros urbanos pequeños y medios, que coexisten con economías de aglomeración alrededor de ciudades de mayor tamaño. Una gran parte de su industria está especializada en manufacturas de alto valor añadido, en cuya producción juega un importante papel una fuerza laboral cualificada, producto del extenso sistema de formación profesional, y la mayoría de las compañías son pequeñas o medias, pero coexisten con multinacionales de gran tamaño (Levy y Joye, 2007, p. 39).
Por otra parte, la política económica suiza se ve afectada por una institución, la democracia directa, como en ningún otro país del mundo.24 Un estudio sobre el
llamado referendo fiscal, mediante el cual los habitantes de cantones y comunas se pronuncian sobre las decisiones en materia de gasto público tomadas por gobiernos locales y regionales, concluyó que en los que se utiliza este instrumento de democracia directa, el gasto público es menor, los ingresos fiscales son más bajos,
24 Como en muchos otros aspectos, es interesante la comparación del caso suizo con
California, cuya Asamblea legislativa debe acomodar cada año los resultados de los múltiples referendos e iniciativas en materia de gastos e ingresos públicos que se celebran en el Estado, en muchos casos haciendo imposible que los legisladores puedan aprobar un presupuesto fiscal coherente.
la deuda pública es menor, así como la evasión fiscal, y su producción económica es mayor. Esto no hace más que reflejar las preferencias de los votantes frente a las de los políticos y administradores públicos, pero el resultado económico final no es tan positivo. Por una parte, Suiza disfruta de un producto interior bruto elevado y de un índice de desempleo relativamente bajo, pero su crecimiento económico ha sido uno de los más bajos de la OCDE durante las últimas dos décadas, y de ello se ha culpado, en parte, a las distorsiones en materia económica que introducen instrumentos de democracia directa como referendos e iniciativas (Feld, 2007, pp. 109, 117, 120).
La renta per capita suiza es un 50 por cien mayor que la media de los países miembros de la UE.25 No obstante, en 1950 esta diferencia era del 80 por cien, dado
que su estructura económica de postguerra estaba intacta, frente a la de una Europa Occidental que partía prácticamente de cero. A medida que se fue acrecentando la capacidad industrial en el continente, la diferencia fue menguando hasta llegar a un 14 por cien en 1998,26 aunque se ha vuelto a ampliar en la última década como
consecuencia de una extensión de la UE hacia Europa Oriental que ha disminuido su nivel medio de renta.
La mayoría de los trabajadores suizos (un 60 por cien) no está empleado en las grandes multinacionales, ni siquiera en la pequeña y mediana industria exportadora, sino en el sector servicios (construcción, comercio al por menor, hostelería, consultoría, atención sanitaria, etc.). Este sector está a salvo de la competencia no sólo internacional sino también doméstica, dada la elevada regulación cantonal, que dificulta en ocasiones hablar de un verdadero mercado interior en Suiza.27 En comparación con la regulación existente en la mayoría de
25 En Paridad de Poder de Compra (PPP), 100 y 144, respectivamente, en 2010. Eurostat,
GDP per Capita, disponible en http://epp.eurostat.ec.europa.eu/tgm/refreshTableAction.do? tab=table&plugin=1&pcode=tec00114&language=en
26 The Economist, 1994a, p. 10. 27 The Economist, 1994a, p. 11.
países europeos, la protección del trabajo en Suiza es muy baja. El despido tiene pocas trabas legales, y el seguro de desempleo es de corta duración y está sujeto a la búsqueda activa de trabajo por parte del beneficiario. Esto explica que la tasa de paro sea de las más bajas de Europa,28 un 4,2 por cien en 2011, si bien esta cifra
oculta algunas diferencias regionales significativas, ya que en la Suiza de lengua alemana es de un 3,5 mientras que en la de habla italiana o romance es de un 5,9 por cien.29
En contraste con las cifras de renta y de empleo, Suiza es un país estratificado y poco igualitario. El Coeficiente de Gini, que mide el grado de desigualdad de ingresos en un grupo de población dado de tal forma que la distribución es más igualitaria cuanto más bajo es el índice, estaba situado en 2010 para Suiza alrededor del 30 por cien. En países europeos más igualitarios, como los escandinavos, el Coeficiente de Gini es aproximadamente del 24 por cien.30 Si nos
fijamos en indicadores de pobreza relativa, como el número de personas que dispone de un 40 por cien de los ingresos medios, la cifra era en 2010 de un 4,3 por cien para Suiza frente a un 3,7 y un 2,4 de países más igualitarios (Suecia y Finlandia, respectivamente).31
Las diferencias en los niveles educativos de los diversos estratos sociales son pronunciadas, al igual que los ingresos asociados a cada posición en la estructura laboral. Estas diferencias en renta y riqueza se han agrandado en los últimos años (Levy y Joye, 2007, p. 44).
28 The Economist, 1994a, p. 13.
29 Swiss Federal Administration, Swiss Statistics: Taux de chômage (datos para el tercer
trimestre de 2011), disponible en http://www.bfs.admin.ch/bfs/portal/fr/index/themen/03/03/ blank/data/02.html.
30 Eurostat, datos para 2010, disponible en http://epp.eurostat.ec.europa.eu/tgm/table.do?
tab=table&init=1&language=en&pcode=tessi190&plugin=1
31 Eurostat, datos para 2010, disponible en http://epp.eurostat.ec.europa.eu/tgm/
La movilidad social en Suiza es un fenómeno complejo. Aunque la movilidad nominal es elevada, muchos jóvenes acaban estancándose con el tiempo en un nivel social similar al de sus padres, porque iniciaron su recorrido laboral en un nivel más bajo que el de generaciones anteriores. En gran medida, su movilidad social no es más que lo que se ha dado en llamar “catch-up mobility” (ibíd., p. 46).
En términos internacionales, el Estado de bienestar suizo es poco ambicioso si tenemos en cuenta el nivel de desarrollo económico del país, cuyo gasto público está muy por debajo de la media de la OCDE (ibíd., p. 52). Como se ha señalado con anterioridad, la relativa modestia de las políticas sociales en Suiza suele justificarse por un cierto efecto restrictivo o de veto derivado de la utilización de los instrumentos de democracia directa (el votante medio prefiere un gasto público moderado) y por la estructura política federal de Suiza (tradicionalmente, las políticas sociales, educativas y sanitarias han sido competencia de los cantones y las comunas, y su centralización a nivel federal ha sido muy compleja). La limitada capacidad fiscal del gobierno federal ha impedido que pudiera financiar políticas de seguridad social a gran escala, lo cual ha dado entrada, junto a los programas cantonales y municipales, a organizaciones privadas que han complementado la iniciativa pública local (Linder y Vatter, 2001, pp. 106-107). A pesar de que el gobierno federal ha acabado jugando un papel decisivo en la legislación y la financiación de las grandes áreas de la política social del país (a excepción de las políticas de asistencia social, de subsidios familiares y de subsidio al desempleo, competencia exclusiva de los cantones), ello no ha tenido como consecuencia una homogeneización de las condiciones de vida a lo largo del país. Debido al mayor o menor activismo en materia social de los cantones y a sus diversos regímenes fiscales subsisten diferencias importantes entre ellos y entre municipios de un mismo cantón (Obinger, 2005, pp. 265-267). Así, no podemos afirmar, al menos en términos comparados, que una de las funciones principales del Estado suizo sea el mantenimiento del nivel de vida de los ciudadanos.