3.5 Conclusion
4.2.3 Soil sampling
El cambio social que provocó la actividad petrolera pudo contemplarse en
dos formas paradójicas. Por un lado, permitió a los indígenas acumular el capital necesario para la adquisición de bienes manufacturados como máquinas de coser, relojes, radios, motores, ropa, entre otros, así como ganado y tierras. Por otro lado, creó una situación inflacionaria en un contexto de urbanización mal controlada. En efecto, se dice que los quichuas fueron los primeros voluntarios para trabajar con las empresas petroleras cuando éstas se asentaron en la Amazonía. Por medio de contratos de un promedio de tres meses, que implicaba el traslado lejos de sus tierras originarias, algunos aprovecharon la bonanza petrolera para ganar dinero y conocer el funcionamiento del mercado laboral y la sociedad blanco-mestiza. También se reactivaron los vínculos entre los grupos étnicos como los son los kichwas del Puyo con los Achuar y Shuar (FONTAINE, 2007: 273).
En cuanto al impacto socio-cultural de la actividad petrolera se debe
distinguir a las poblaciones indígenas de los campesinos colonos. En efecto, mientras que los primeros siempre se radican en un territorio determinado antes de la irrupción de la industria, en general los últimos han venido estableciéndose en esos territorios en un período más reciente al continuar con la progresión del frente
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petrolero. En cuanto a las comunidades indígenas, el primer impacto de esta actividad es la invasión de las zonas de residencia. Es cierto que el área de influencia directa de la actividad petrolera es relativamente limitada si se compara con la extensión de los territorios indígenas tradicionales o legales. Sin embargo, el trazado de líneas sísmicas así como la construcción de una plataforma de exploración o explotación pueden afectar recursos vitales como los riachuelos y la pesca, así como los territorios de caza o de cultivos. Dentro de este ámbito, la amenaza procede de la industria y de los campesinos colonos (FONTAINE, 2007: 279).
Por otro lado, un segundo tipo de impacto constituye las relaciones
clientelares o paternalistas que se pueden establecer entre los indígenas y las empresas. Asimismo, un tercer impacto proviene de la división de las comunidades indígenas y las empresas fomentada por las negociaciones con las empresas para el acceso a los recursos, lo que significa a menudo una instrumentalización de las organizaciones sociales de base. Además, estas relaciones pueden tener efectos negativos en lo que concierne a la protección del medio ambiente por los daños ambientales, en lugar de anticiparlos y evitarlos (FONTAINE, 2007: 279).
Adicionalmente, la organización social de los pueblos indígenas se ve
afectada por la irrupción de nuevas posibilidades de trabajo y por la presencia de factores externos en el seno de dichas comunidades. La creación de empleos temporales que relativamente parecen atractivos por su remuneración, puede generar una dependencia económica, no sólo al introducir una redefinición del trabajo en el seno de la comunidad sino también al provocar un efecto de inflación sobre la economía local (FONTAINE, 2007: 279).
En relación con las poblaciones campesinas de colonos, los efectos están
principalmente vinculados con la precariedad de las condiciones de vida. En general, se trata de las poblaciones originarias de regiones externas a la Amazonía y poco preparadas para vivir en este entorno. Consecuentemente, se crea dependencia de las comunidades indígenas y de las empresas petroleras, por un lado para abastecerse de la caza, pesca y la agricultura, por el otro para ganar algo de dinero y adquirir otros productos básicos o bienes de consumo duradero.
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Es de esta manera que se forman enclaves urbanos con servicios públicos deficientes debido al crecimiento demográfico mal controlado. Esta urbanización acelerada se acompaña de los fenómenos sociales conocidos como la concentración de emigrantes pobres en barrios mal equipados en infraestructuras, violencia, prostitución, alcoholismo, entre otros (FONTAINE, 2007: 279).
En lo que respecta al Yasuní, la compañía llamada Maxus tomó la
concesión del Bloque 16 en 1992 y elaboró un “Manual de relaciones comunitarias”
para poder seguir relacionándose con los Huaorani. Dicho manual refleja una concepción paternalista en torno a esas relaciones, en la medida en que los
Huaorani no eran dueños de su “desarrollo” y se volvieron dependientes de la
empresa por medio de programas educativos y sanitarios o inclusive de asistencia económica directa. Por su lado, los Huaorani adquirieron una creciente capacidad de negociación con las empresas, lo que se materializó a través de la creación de la Organización de la Nacionalidad Huaorani de la Amazonía Ecuatoriana (ONHAE) en 1987. Asimismo, a pesar de la creación de dicha organización, sólo se tomaba en cuenta los intereses de las comunidades indígenas si éstos no obstaculizaban la actividad petrolera o la volvían viable. Desde esta época es notoria la contradicción estatal en cuanto a la política petrolera, ambiental e indigenista: por un lado brinda seguridad a las comunidades indígenas tras legalizar sus territorios, pero por el otro, les obliga a aceptar la irrupción de las empresas petroleras en su hábitat y en su hogar. El Estado pretende garantizar la conservación del medio ambiente pero a su vez estimula la actividad petrolera en áreas protegidas (FONTAINE, 2007: 387).
La insuficiencia de las instituciones y la desarticulación de las políticas públicas se hacen notorios a través de casos como el del Yasuní, en donde una reglamentación débil y poco eficiente gira en torno al manejo de los recursos naturales. Fontaine afirma que en el peor de los casos, esta desarticulación condujo a contradicciones en la política estatal, como lo ha demostrado el desarrollo de las actividades extractivas en áreas naturales protegidas. Es entonces que el proyecto de descentralización administrativa del país tendría sus mayores efectos positivos debido a que permitirá integrar las demandas y prioridades de las poblaciones locales y también podrá lograr la planificación del
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uso del espacio amazónico en conformidad con sus características ambientales y socioculturales (FONTAINE, 2007: 384).